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Atenea

La diosa Atenea o Minerva
La diosa Atenea o Minerva

Atenea, hija de Zeus, parida de su cabeza, es la diosa del sabio consejo, de la prudencia e inteligencia. Podríamos decir que a Odiseo se le llama “sagaz” y “prudente” debido a la protección y el resguardo de Palas Atenea, un calificativo que se le da como protectora de los héroes griegos legendarios, y en especial de Odiseo en sus errancias por los mares y océanos de Grecia. Aunque en seguida veremos que también protege a su hijo Telémaco, pues su intención es cuidar la casa de Odiseo, su gen o familia completa.
La búsqueda de Odiseo se conecta con la búsqueda de la continencia. Al contrario de la compulsión poseidónica, Odiseo requiere contención; por ejemplo, ante las sirenas de dulce cantar. El objetivo de Odiseo siempre será el regreso a casa, una vez que Troya ha sido tomada. Calipso lo retiene mal de su grado durante unos siete años. Mientras que Circe, la peligrosa hechicera, prácticamente lo obliga a acostarse con ella, para que todos sus amigos recobren la forma de seres humanos, pues Circe los ha convertido en cerdos.

Su deseo es llegar a Ítaca, continencia entre las líquidas aguas que lo sumergen en el olvido de la patria a su pesar. Por tal razón, necesita el consejo de Atenea para luchar y conseguir su regreso, dilatado y demorado por Poseidón, el cual airado contra Odiseo lo mantiene casi como un náufrago, de isla en isla, pasando trabajo y muchos pesares en su larga travesía por el Helesponto, hasta que después de tantas y tan terribles errancias, llega el vigésimo año a su tierra patria, Ítaca, luego de estar anhelante por tanto tiempo de su hogar, mujer e hijo.

En este sentido, como normalizadora, Atenea es la diosa que dispone la acción en Telémaco, así como la concreción del regreso de Odiseo a la patria. Nos dice López Pedraza que Atenea es el camino para que un paciente en psicoterapia supere el complejo materno, lo cual es palpable en la Odisea, ya que Telémaco sale de la casa materna, pues ya él ha crecido, en compañía de otros itacenses, sin mencionar a la propia Atenea, transfigurada en un amigo de su padre Odiseo, quien es creído muerto o perdido.
Podemos pensar en Atenea como un ánfora o como un recipiente, que lo contiene todo en su interior, protegiéndolo del despilfarro y de la incontinencia. Según López Pedraza, Atenea y su psicología asociada evitan o le ponen freno a las emociones sin límite y sin medida.
Telémaco ha podido ser presa de la angustia y arremeter contra los pretendientes, pero hubiera sido sin éxito, ya que a pesar de haber crecido, Telémaco se enfrentaría con muchos hombres, en condiciones desiguales, no sólo por tener invadido su palacio real de esa gente que a su madre pretende, sino por encontrarse solo y como decimos angustiado por no tener noticias de su padre.
Todo lo contrario sucede con los pretendientes, quienes viven prácticamente en un palacio ajeno, comiendo y bebiendo, sin medida y sin coto, logrando que Telémaco ansíe el regreso de Odiseo, pues sabe bien que con su ayuda los echaría a todos, sea frontalmente o con dolo; es decir, con astucia.


Atenea Parthenos Atenea Parthenos

Atenea también es diosa de la victoria, armada, que goza y se deleita en combates, estruendos bélicos y refriegas. Ella pone en marcha o dispone la acción de la Odisea, pues lo que le sucede a Telémaco es esencialmente algo ateneico. Él sale de su casa en búsqueda de noticias de su padre, visitando primero a Néstor Nelida (Pilos) y luego a Menelao Atrida (Esparta), gracias al sabio y oportuno consejo de la diosa de ojos de lechuza, símbolo de la sabiduría y protectora de la polis y del Estado griego.
Atenea guía a Odiseo por su consejo y prudencia hasta la tierra, a la patria, que aunque en griego ambas palabras sean de género femenino, la palabra patria proviene de “pater” o padre, quizá por la identificación de Atenea con su padre, de quien fue nacida por su cabeza.
Nos dice Walter Otto que Atenea es enemiga de los espíritus salvajes. Ella nació “en oro reluciente”, con una lanza y vociferando en un grito que hizo estremecer la madre tierra. Dado su carácter propenso a la batalla y a pesar de que se complazca en el ardor de la guerra, su espíritu es civilizador por excelencia. Pues existe cierta relación entre guerra y civilización, mantenida y sostenida por muchos años en la historia.
Pero no solamente, dice Otto, Atenea encarna el espíritu belicoso en el sentido propiamente guerrero. Esta diosa es la mente y el consejo antropomorfos. No le gustan aquellos que consumen su vida entera “en el tumulto del combate”; sino que inspira, incita y mueve a la acción práctica a los héroes. De esta clase de acción inspiradora es que también se obtiene la victoria.
A través de la acción práctica, el socorro e intervención oportuna, Atenea alienta en los héroes la compostura, la medida y la sensatez. Por esto podemos verla como madre del consejo, o madre al fin, más que como simplemente una virgen olímpica pura. Su consejo sabio es siempre la palabra necesitada por el héroe para continuar su camino.
¿Pero qué camino es ese? Es el gran camino recorrido por el hombre en la vida para hacerse digno de llamarse tal. Donde hay espacios todavía salvajes en la mente animal y virginal del hombre aparece con frecuencia una mente ateneica para fundar la razón sobre la sinrazón, el orden sobre el caos, el ánimo civilizado y civilizador sobre la barbarie.
Atenea es esencialmente la contenedora de los ímpetus irracionales y barbáricos del hombre y del ser. Ella es el freno y la brida. ¿Cómo puede existir una constitución de hombre civilizado allí donde reina el animal a sus anchas? Nuestra tarea es domesticar el animal, la bestia, el caballo y amansarlo, frenarlo e integrarlo cuidadosamente a los dominios propios de nuestra cultura, sea cual fuere. Esta es mi opinión particular.

Autor: Sócrates Adamantios Tsokonas