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Vino salvador, vino maldito

polifemo y odiseo
Odiseo en la cueva de Polifemo


En el libro ix de la Odisea se narran las peripecias de Odiseo y sus amigos guerreros, que después de verse encerrados en la cueva de Polifemo, y al ver que éste se comía a algunos de ellos, logran escaparse gracias a una astucia o ardid muy célebre para quienes nos aficiona la lectura de Homero. Odiseo urde un plan para poder salir de la cueva, pues el Cíclope Polifemo, hijo de Poseidón y de una ninfa, se ha comido ya a varios de los amigos de Odiseo, quien le dice a Polifemo que se llama “Nadie” y que le iba a ofrecer un dulce presente. Polifemo no conoce los dones de la hospitalidad y no se alimenta de pan, sino que es antropófago y no es temeroso de los dioses.

Una vez que Polifemo ha devorado a varios compañeros de Odiseo, éste resuelve darle vino de beber en grandes cantidades, de tal modo que poco a poco Polifemo va cayendo en un gran sopor y llega a embriagarse con el vino y se duerme. Odiseo prepara al fuego una estaca de encina para clavársela con sus compañeros en el único ojo del Cíclope, el cual tras haber bebido vino en tales cantidades cae en un profundo sueño. Este es el momento en que Odiseo le clava la estaca ardiente de encina en el ojo, y lo deja ciego. En resumen, Odiseo y sus amigos se evaden de la gruta atándose a los vientres de las ovejas de Polifemo. Mientras tanto, el Cíclope gritaba “Nadie me ha herido”, “Nadie me ha herido”, con lo que los demás cíclopes no le prestaban atención pues lo daban por loco.

Por esta razón, Poseidón, el que bate la tierra, retrasa el regreso de Odiseo a Ítaca, ya que a quien Odiseo ha cegado es a su propio hijo; es decir, al mismo hijo de Poseidón.
Otra historia la tenemos en la misma Odisea, en el libro xi, cuando Odiseo desciende al Hades en búsqueda de las profecías de Tiresias. En este libro, el primero en aparecer es Elpénor, uno de los remeros y compañeros de Odiseo, que tras haber bebido demasiado vino en la mansión de Circe, pierde el equilibrio y se precipita desde lo alto de una habitación, cayendo rápidamente y rompiéndose el cuello. Elpénor se le aparece a Odiseo para pedirle le hagan honras fúnebres, pues su cadáver se halla insepulto, ya que a Odiseo otros trabajos lo apremiaban. Y así se lo cumplen, le hacen exequias y le erigen un túmulo, pues las almas de los insepultos están condenadas a vagar por cien años revoloteando en torno de las riberas del Estix, sin posibilidad de ser albergadas en el Hades hasta tanto no se le hagan los debidos funerales.

Autor: Sócrates Adamantios Tsokonas