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El mito y lo deforme

Mitología



RESUMEN

El objetivo del presente trabajo es el estudio de los antiguos mitos, de la creación del mundo, como el paso de caos al cosmos, los cuales son simbolizados por las aguas y por el desierto donde toda forma parece diluirse.

Las aguas del mar, las arenas del desierto son metáforas de la nada, de la ausencia de toda forma. Crear un mundo es, entonces, formarlo, darle coherencia, es decir pasar de los informe a lo formado.

EL MITO Y LO DEFORME


Los antiguos mitos hablan de la creación del mundo como el paso del caos al cosmos, es a menudo simbolizado por las aguas ; también puede serlo por el desierto, donde toda forma parece diluirse. Las aguas del mar, las arenas del desierto son metáforas de la nada, de la ausencia de toda forma. Crear un mundo es, entonces, formarlo, darle coherencia, pasar de lo informe a lo formado.

En la versión cristiana del Libro de Gènesis Cap. 1ª vers. 1 y 2 puede leerse “Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas”. Abismo, vacío, aguas, confusión y oscuridad son nombres de lo informe, de la ausencia. Dice el Popol Vuj en su libro que contiene la cosmogonía , la mitología, la relación de las migraciones y la crónica de los reyes del pueblo quiché. Este libro fue encontrado en Guatemala a fines del siglo XV por un fraile dominico: Francisco Jiménez , quien lo tradujo al español: “No había un hombre, ni un animal. No habìa aves o pájaros, ni peces, ni cangrejos. No había maderas, ni piedras, ni pantanos, ni barrancos, ni vegetación, ni ciénagas, …” El rostro de la tierra no podía ser visto. Sólo el tranquilo mar y la extensión del cielo”.

Estas historias, sagradas para sus pueblos, muestran a un Dios, que es la plenitud del ser, enfrentado con la nada, nombrada de muchas maneras.

El Dios puede llamarse Jeovhá o Javé Eloim , el Altísimo, o el único, o puede ser Marduk Dios que mata a la antigua diosa Tiamat, la gran serpiente marina de cuyo cuerpo descuartizado saldrá el mundo, o como lo dice el Popol Vuj: “El creador y Hacedor, La Madre, el Padre de la Vida y de la existencia”. Sea uno o múltiple, lo divino está siempre en el origen de las formas.

Para los indios de América del Norte , sin embargo, el mundo es creado por el pensamiento y el deseo de un Dios. Encontramos en el Timeo, mito en el deseo de un Dios. Encontramos en el Timeo, mito en el que Platón relata la formación del mundo mediante el modelo de formas perfectas, subsistentes por sí mismas, incorruptibles y eternas, cito pág. 765 , de las Obras Completas dice : “en cuanto al universo que llamamos cielo o con cualquiera otro nombre, lo primero que debemos averiguar es aquello por lo que, según hemos dicho, debe comenzarse en todos los casos, a saber: si ha existido siempre, no habiendo tenido principio, o si habiendo tenido principio , no ha existido siempre. El mundo ha tenido principio, en efecto, el mundo es visible, tangible, corporal, todo lo que tiene estas cualidades es sensible y está sometido a la opinión acompañada de la sensación , nace y es engendrado” Pero el demiurgo, tiene que contar también con la Thorá , libro de la Ley de los judíos, especie de materia indócil, cuya dificultad y ambigüedad en las traducciones nos sugiere su parentesco con la nada y lo informe. De esta conjunción resulta que las formas creadas, las que constituyen nuestro mundo sensible sean imperfectas, limitadas, cambiantes y perecederas.

En términos más propios de la filosofía podría decirse que lo relatan estos mitos cosmogónicos es que de la conjunción del ser con la nada surge el ente. El ente es la determinación del ser, las formas que adquiere en el tiempo, y que formas significa límite, modo específico, determinación.

Para los pueblos arcaicos todas las cosas tienen su arquetipo mítico. También todos los actos importantes del hombre: el nacimiento, la alimentación, el trabajo, el sexo y la muerte. El mito cosmogónico tiene una importancia fundamental en las sociedades primitivas. Está presente en numerosos rituales: todo comienzo, toda fundación debe actualizar el acto primordial de la creación del mundo.

El tiempo debe regenerarse para reconquistar su condición primera, también los chamanes utilizan el mito cosmogónico en sus curaciones para hacer retroceder al hombre en el tiempo y conquistar su estado primitivo. Y hasta los poetas lo utilizan para recuperar la inspiración perdida. En la tradición de los mitos mesopotámicos el hombre presenta una condición dual: modelado en arcilla su cuerpo es amasado con la sangre de un Dios sacrificado. En el Enuma Elish se cuenta que Marduk condenò al rebelde dios Kingu a ser sacrificado y prosigue: “Lo ataron teniéndolo asido en presencia de dios Ea, cargaron sobre él, el peso de su culpa y le abrieron los vasos de su sangre. De su sangre fabricaron la humanidad” Este carácter dual de la condición humana según los textos citados, origina inesperadas consecuencias, como por ejemplo rebelión y angustia. Adan y Eva, comen el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal y son arrojados del Paraíso. Por su parte Gilgamesh, el héroe mesopotámico, descubre la muerte con carácter ineluctable de todo lo viviente: al morir su amigo y compañero Enkidu llora la pérdida y al mismo tiempo conciencia de su propia finitid. Desde entonces todas sus acciones sólo tienen por objeto conseguir el secreto de la inmortalidad. Lo descubre y lo pierde porque no es un dios. Todo lo que se aleja de la vida cotidiana, en suma lo deforme. Sin embargo, el soplo divino, los griegos dirían el “tojaion neuma” o la sangre de un dios que está en el hombre, lo convierte en un co-creador del mundo. Aparecen nuevas formas creadas por el hombre, bajo su poder la naturaleza se transforma. Las aguas de los grandes ríos discurren obedientemente por los canales, los barcos surcan el mar, los cereales se siembran, los animales son domesticados, se levantan palacios y templos, cambia el paisaje donde el hombre construye su morada. Imitando su modelo divino el hombre crea nuevas formas donde transcurre su existencia. Es decir, actúa conforme a su modelo. También los mitos le proporcionan paradigmas de conducta, originan normas para actuar conforme a las acciones de los dioses, los héroes civilizadores, los antepasados míticos de sus pueblos.

Pero si bien la forma en que el hombre actúa debe ser conforme a sus modelos sagrados ocurre que esos mismos modelos realizan actos que no coinciden con las costumbres y posibilidades de los seres humanos. En el mito tiene cabida lo maravilloso, lo sobrenatural. Lo incita a superar el curso ordinario de las cosas y buscar lo extraordinario, en suma deformar las formas habituales. En el mito del héroe se nos dice que si el hombre siente ese llamado misterioso y lo asume, comienza una aventura que lo llevará lejos de sus afanes cotidianos. Tendrá que vencer terribles pruebas, encontrarà ayuda sobrenatural, penetrará en un mundo de horror y fascinación. Su triunfo será la sabiduría y el deber de enseñarle a su pueblo. El regreso del héroe tiene tantas dificultades como su partida. Él trae lo nuevo y los hombres están apegados a las formas más fáciles, más conocidas. A menudo su mensaje no es comprendido de inmediato y el héroe debe morir, después de su triunfo a manos de aquellos a los que quiere salvar. “El mito de la caverna” de Platón da el ejemplo para una historia semejante.

El contacto con lo sagrado produce maravilla y terror, significa penetrar en un mundo cuyas formas no coinciden con las que contemplamos habitualmente con nuestros ojos. Entonces ¿cómo decir o representar lo que se conoce por esas experiencias extraordinarias? Porque si bien Dios es creador de formas que conocemos ¿cuál es su forma, si es que la tiene? Y si es que tiene forma igual que todo lo que nos rodea o que nosotros mismos, ¿como representarlo? ¿cómo imaginar sus actos? El hombre entonces, recurre a lo inaudito, a lo insólito, a lo desmesurado, en suma a lo deforme.

Y así el arte nos muestra imágenes de ángeles, de figuras danzantes sobre cráneos humanos, de una serpiente desplumada, en el centro de una cruz, de gigantes con un solo ojo, de monstruos y quimeras, de ángeles y demonios.

Joseph Campbell habla de las máscaras de Dios, de un rostro de que oculta y reaparece continuamente en diversas formas, a través del espacio y el tiempo. Conocerlo en su plenitud estaría más allá de las posibilidades humanas. La tradición bíblica dice que aquel que ve a Dios cara a cara, desde aquí abajo, muere instantáneamente. En consecuencia cada cultura sería una perspectiva de lo divino. En ese bosque de símbolos que es el mito aparecen señales, mensajes cifrados. Pero el misterio no termina de desvanecerse. Esta historicidad de las manifestaciones, de lo sagrado, nos hace pensar en cierta relatividad de opciones, tales como deformidad, conformidad, belleza. También los mitos nos muestran costumbres extrañas a nuestra sensibilidad y nos exigen a veces un gran esfuerzo para descubrir su significado. Es cierto que el investigador actual dispone de una serie de aportes metodológicos que ayudan a su tarea, pero además del bagaje teórico los mitos nos reclaman una actitud de apertura espiritual, de simpatía intelectual, del recuero a nuestra propia experiencia para tratar de comprender la razón del otro.

Pero también los mitos pueden deformarse a través del paso del tiempo. En este caso uso el tèrmimo “deformarse” en su sentido “peyorativo”, no como una ruptura de las formas en busca de la trascendencia . Un ejemplo lo encontramos en la formación de los aztecas, siendo el Dios que instruyó a los hombres en la agricultura y en las artes de gobernar. Guerreros, bárbaros al conquistar pueblos antiguos de refinada cultura, tergiversan el sentido de la tradición tolteca. La “guerra florida” que significa la lucha del hombre consigo mismo para destruir sus tendencias negativas y quemar sus cobardías y bajezas , se convierte en conquista militar para conseguir prisioneros de guerra y sacrificarlos a sus dioses. De esa manera se degrada el sentido del sacrificio religioso como donación libre y voluntaria del hombre a la divinidad.

Perder el sentido de los símbolos puede ser peligroso para una cultura, también lo es el manejarlos en provecho propio. Es lo que ocurre a veces en nuestro tiempo a partir de los ámbitos sociales. De esa manera se degrada, por ejemplo el mito del héroe, en la búsqueda del poder y las riquezas materiales. El mito, tantas veces olvidado, despreciado o deformado, aún no ha perdido su poder.


Autora: María Alejandra Crespín Argañaraz


Bibliografía

*Cambell, Joseph.- El héroe de las mil caras. F.C.E. , Mèxico 1959
*Frazer, James George.- La rama dorada F.C.E. México 1996
*Platón. Obras Completas. Tomo II Omeba, Argentina 1967
*La Sagrada Biblia. Nacar Fuster y A. Colunga, Madrid 1965