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Poemas de Damianos II

Mykonos

GRECIA PATRIMONIO DE LA
HUMANIDAD


Creyeron los bárbaros,
Que destruyendo el templo,
Erigido en honor de Palas Atenea,
Diosa de la sabiduría, de la belleza,
Y del amor, Grecia sucumbiría,
Dejando de existir el Partenón.

Creyeron que con su sanguinaria saña,
Derribarían los ideales y principios
De un pueblo amante,
De la libertad, la dignidad y la razón,
Pretendiendo sepultar a sangre y fuego,
Su milenaria civilización.

Creyeron que Grecia sometida,
Había perdido ante el funesto arrebato,
Su identidad, su cultura,
Su heroica estirpe, su gloriosa prosapia,
Y su invencible hidalguía,
Con la que luchó.
Jamás creyeron los tiranos,
Que Grecia emergería como el Ave Fénix,
Que de las Cenizas resucitó,
Demostrándole al mundo,
La pujanza en defender su tierra
De la esclavitud,
A la que nunca se sometió.

Bajo el diáfano cielo del Ática ilustre
Se eternizó el santuario,
De la cultura y la civilización,
Con el bronce de los bravíos guerreros,
Que lucharon por los sagrados principios
De la libertad, la justicia,
Y la emancipación.

HOMBRE, PADRE, AMIGO…
QUERIDO HIJO……


El día que me veas ingresar,
En el fortuito designio de ser mayor
Y no ser el que era,
Ten paciencia, entendimiento y piedad.

Si comiendo me ensucio,
O no puedo vestirme como lo hacía,
Por ser el castigo de la ancianidad,
Recuerda que en la vida
Todo lo he dado con sacrificio
Por verte un hijo honrado,
En la sociedad.

Deseo que me escuches,
No me desaires, ni me refutes
Y no me hagas callar,
Si algún consejo te quiero dar
No te burles de mis principios
Que te prodigo,
Con mi amor paternal.

Si pierdo la memoria,
Dame tiempo para recordar,
Deseo estar contigo
Para poderte escuchar,
No importa si mi voz,
Entrecortada y ronca,
No me deja expresar,
Hablará mi sentimiento
De amor y amistad.

Si mis piernas cansadas,
Tiendo a arrastrar
Dame el sostén de tu brazo fraterno,
Que me dará fuerza en la vida,
Para seguir un poquito más.

Y si llegara el día
Que tengamos que separarnos,
Por designio natural,
No temas, seguiré a tu lado
Para guiarte con mi amor paternal
Protegerte y decirte,
¡Hijo mío!, sigue adelante,
Con honor y dignidad.

MUJER, MADRE, ESPOSA……

Creación divina, sublime y especial,
Misión apasionada maternal,
Ha cargado en sus hombros
El peso del mundo,
Que le legó su natalidad.

Suave, tierna y sutil
Aferrada a su fuerza interior,
Que estoicamente soporta
El alumbramiento de un hijo
Milagro viviente,
De su majestuosa personalidad.

Perseverante, aguerrida e incondicional
Absorbe el llanto, el dolor
Y la adversidad,
Y con su ilimitado cariño,
De ternura celestial
El perdón otorga,
Para a nadie lastimar.

Su excelso amor no tiene respiro,
Y si una lágrima
De su sutil mejilla deslizara,
Es el agua bendita
Que de amor, cariño e idolatría,
Nos bendecirá.

PENSAR EN GRECIA

Cierro los ojos y me sumerjo,
En un divino sueño,
Me veo en mi viejo pueblo,
Un lugar de colorido intenso,
Perfil de mi raza y terruño eterno.

Es convivir con el sueño,
Que cada día me despierta,
Con un admirable recuerdo
Donde la nostalgia me impone,
El sentir un gran anhelo.
De encontrarme en el suelo,
De mis desvelos.

Mi memoria rememora,
A los patriotas y lugareños,
Que han dejado en mi aldea,
El espíritu heleno,
Luminoso y fecundo,
Habitado por parientes y amigos,
Cuyo afecto, olvidar no puedo.

Su inmenso caudal de gloria,
Atesorado por la riqueza,
De una herencia que llevamos adentro,
Y que nos insta a mantener,
El culto de nuestras tradiciones,
Que profesamos fervientemente
a pesar del paso
del tiempo.

“POR SIEMPRE AMIGOS”

No puedo darte soluciones
Para todos los problemas de tu vida,
Ni tengo respuestas
Para tus dudas o temores,
Pero sí puedo escucharte,
Compartiendo contigo,
Tus tribulaciones.

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro,
Pero sí puedo, para cuando me necesites,
Estar a tu lado
Para alentarte y estimularte
Con la sinceridad de mi alma pura.

No puedo evitar que tropieces,
Pero si puedo, darte mi mano
Para que te sujetes y no caigas, abrupto,
Y sin sentido desplomado,
Yo te ayudaré y estaré a tu lado.

No juzgo tus decisiones,
Pero sí puedo, apoyarte y ayudarte
Para que el éxito y el triunfo,
Concuerden con el anhelo profundo,
De tus ilusiones.

Si algún sufrimiento te aqueja,
Y te parte el corazón,
Te daré mi sentimiento de amor,
Aceptándote como eres
Y ser tu buen amigo en toda ocasión,
Solamente basta que me quieras,
Como amigo del alma,
Y yo te daré mi corazón.

MIENTRAS HAYA…

Mientras haya unos ojos
Que reflejan los ojos
Que los miran…

Mientras respondan
Tus labios suspirando,
A los labios que suspiran…

Mientras sentirse puedan
En un beso,
Dos almas confundidas…

Mientras exista
Una mujer hermosa,
Que sienta,
Un corazón que palpita…

Mientras haya un alma,
Que sienta la esperanza
Y la alegría de la vida..,
Entonces si, ¡habrá Poesía!

tadamianos@hotmail.com
Taso Damianos
Poeta-Escritor-Periodista

Afrodita

Afrodita
Afrodita


Autor: José Antonio Gutiérrez Alcoba 

AFRODITA: FUROR, EROTISMO Y VENGANZA EN EL HIPÓLITO DE EURÍPIDES

Una pregunta necesaria a la estructura trágica consiste en preguntar acerca de sus orígenes, ya que es allí donde se pueden conocer sus causas y aislar algunos rasgos relevantes para realizar una interpretación fundada. Esta pregunta permite también, ir aclarando paulatinamente, a medida que se descubren los hilos secretos que tejen al mito (en tanto que hermenéutica de lo real en su totalidad) en sus múltiples vinculaciones internas, así como su potencia de sentido.

No poseemos tal vez otro camino, que el ascenso esforzado en dirección a su cima. La lectura constante, el análisis comparativo de las obras en sí, el diálogo en torno a ellas, la continua y deseable revisión de obras críticas de investigación que exploran en el género trágico y de modo fundamental la inmersión necesaria con nuestra propia vida, que actualiza el acervo inagotable de enseñanzas espirituales al alcance de quienes estén dispuestos a pagar el precio de su comprensión. Nada es más ajeno al objetivo que infundió a sus creadores que la conseja que limita su disfrute a cenáculos esotéricos cerrados. La tragedia es, por esencia, un patrimonio común de la humanidad en todo tiempo y lugar.

Conscientes de nuestras limitaciones actuales en este punto, podremos barruntar interpretaciones que, cual puntos arquimedianos de apoyo, puedan proyectar evolutivamente, interpretaciones futuras acerca de las cuales esperemos que nuestros esbozos iniciales constituyan apenas un tímido balbuceo.

Se patentizan en el transcurso del Hipólito de Eurípides a dos genealogías heroicas que fluyendo por su origen en el mismo padre Zeus, divergen hacia caminos diversos como el tallo de un árbol subdivide su masa en los ramajes. Me refiero a la doble genealogía atribuida a Tántalo por una antigua tradición y que Sófocles menciona aquí al pasar.[1]

Pertenece a la historia de Tántalo la invitación de que fuera objeto por parte de los dioses para asistir a sus festines, y su contumaz costumbre de revelar aquello que debía mantenerse en secreto. En el texto citado aquí al pie de página, además con calificable actitud prometeica, da a los hombres bienes reservados a los dioses, configurando así regularmente su intención de revelar lo oculto, una falta de discreción como de reserva. Tántalo expone a la luz pública una sagrada intimidad.[2]

El segundo personaje mítico aquí considerado, Pélope, rey de Frigia e hijo del anterior: “...expulsado de su patria, se refugió en Pisa, cerca de Olimpia, donde se enamoró de Hipodamia. Como condición para obtener la mano de ésta, había de vencer al padre de Hipodamia en una carrera. Pelope ganó esta haciendo que Mirtilo, su automedonte, quitase la clavija del carro del monarca...” op cit. Idem. Una tradición distinta sostiene que Hipodamia se enamora locamente de Pélope, siendo ella la que asesina a su padre para casar con aquel.

Se verifica aquí un hecho destacable: los miembros del linaje de Tántalo se ven regularmente poseídos tanto por el furor amoroso capaz de llevarles hasta el crimen como por la asociación de la pasión con figuras de tipo zoomórfico: Hippos-damos, palabras que compuestas significan “posesa por el daimón del caballo”. Esto indica en el nombre de Hipodamia, apelativo que la describe también como una amazona, misántropa, misógina, castradora de sus hijos cual solían hacerlo estas con su prole masculina, y siendo las amazonas representación de los persas en los mitos atenienses, es posible colegir que su posesión por parte de Pélope debió ser particularmente violenta. De esta unión nacerá Piteo, rey de Trecen, sabio adivino quien consigue por medio de ardides que Egeo, rey de Atenas cohabite con Etra, su hija, a fin de adquirir derechos territoriales sobre el Ática.

Los anteriores engendran a Teseo en el que reside el complejo mítico de la destrucción del imperio minoico-cretense. El poeta incide en algunos aspectos particulares con relación a esta trama, asi hace notar que Teseo casa con Hipólita, otra amazona: “...No admitían –las amazonas- a ningún hombre en su compañía: hijas de Ares y de la ninfa Armonía...abandonaban, cegaban o castraban a los niños de sexo masculino y solo conservaban a los de sexo femenino a los que quitaban un seno para permitirles mayor capacidad en la práctica del arco y de la lanza...”[3]

Las Amazonas son claramente andróginas y poseen un corazón varonil. Odiando, como odian a los hombres cabe suponer nuevamente el uso de la violencia por parte de Teseo para poseerla. La presencia de este ser andrógino reitera así una no velada tendencia a unirse con seres de ambigua sexualidad por parte de los herederos de Tántalo.

Hipólita y Teseo engendran a Hipólito (según la Traducción de P. Girard, nombre que significaría “destrozado por los caballos”). Al morir la amazona, Teseo casa con Fedra, hija de Minos, rey de Creta, hijo a su vez de Zeus, es decir que Fedra viene a ser hermana de Ariadna, nieta de Zeus e hija de Pasifae, quien concibiera, a causa de su furor erótico por un toro a un ser monstruoso, el Minotauro, un ser mitad hombre y mitad toro.

En este momento, la predisposición sexual patológica, zoofílica alcanza un momento decisivo de tensión. Han transcurrido seis generaciones partiendo desde Zeus para el linaje de Teseo (lejanía mayor del centro divino) y apenas dos para el de Fedra, de modo que puede colegirse que ambas genealogías se mezclan en las proximidades de la teogonía. La colisión entre destinos los reconfigura en una nueva situación. Sabemos que Teseo pudo matar al minotauro (mediohermano de Fedra y Ariadna) quien exigía sacrificios a la Micenas histórica (y aquí a la Atenas mitologizada) gracias a la ayuda de Ariadna a quien moviera a este fin un desenfrenado amor por Teseo. Este, luego de matar al Monstruo, gracias al hilo que aquella le cediese para penetrar y volver del laberinto, la lleva consigo para luego despreciarla dejándola abandonada en la isla cicládica de Naxos, lugar de donde la recogerá Dionisos para casar con ella y llevarle a Creta donde a la sazón reinaba. Teseo luego tomará por esposa a Fedra en la cual engendrará hijos.

Acá el erotismo desenfrenado devora a los personajes con arrasador e insaciable poder. El mito, desarrollándose en las cercanías divinas, torna a encarnar en los hombres, trocándose psicología humana.

¿No se ha dicho que es Eurípides el más humano de los trágicos al llevar a la escena las vidas y las situaciones concretas de los espectadores bajo la máscara ya desdivinizada de los dioses? ¿no se le ha criticado por restar protagonismo al coro, introducir prólogo y epílogo, al “deus ex machina”, la antilogía, alargar la monodia? En el paroxismo de una crítica que recogiendo los injustos ataques de que fuera objeto por parte de Aristófanes, haciéndole falsamente contemporáneo de Sócrates, se le acusa de matar al mito, al convertir la tragedia en un instrumento al servicio del relativismo sofístico como de la racionalidad socrática.

Una vez observado el papel fundamental realizado por el mito en el análisis anterior, podremos diferir en este punto.

Según el teórico de las religiones Mircea Eliade, en una aserción distribuida a lo largo de toda su obra pero que lo es particularmente en su trabajo titulado “El Mito del Eterno Retorno”, el rito es la actualización del mito, una vuelta a la intemporalidad ejemplar de la historia sagrada que permite regenerar desde su comienzo la potencia absoluta de la naturaleza agotada en el transcurso de los eventos históricos –Eliade entiende a la “historia” en sentido espiroidal evolutivo, acumulativo, en perspectiva hegeliana, por diferencia con la “historia” sagrada en cuanto narración de hechos arquetípicos ejemplares-. Las crisis sobrevenidas como efecto de acontecimientos históricos constatables: pestes, guerras, enfermedades, muerte y dolor precipitan inexorablemente la ruptura del cosmos arcaico y su sumergimiento en el caos.

Una vez llegado el cosmos al punto de saturación y entropía máxima de la cultura en que, agostada y próxima a perecer no puede forzar por otros medios su continuidad; el hombre arcaico procede a iniciar el rito, a actualizar el tiempo de los comienzos que aporta modelo y estructura a su mundo agonizante. Siguiendo la teoría de Eliade, se aclara el papel de las genealogías en el fundamento ritual del drama trágico: a través suyo, el hombre recupera en medio de la crisis, la regeneración del mundo y la discriminación o discernimiento reflejos, para conjurar las experiencias disgregadoras, centrífugas y aniquilantes debidas a la penetración furtiva de fuerzas extrañas como novedosas cuya presencia amenaza con la aniquilación del cosmos instituido. En este sentido, la identificación con los héroes en el retornar a su pasado por el hombre griego y su catarsis final (en la concepción de Aristóteles) constituye un auténtico acto religioso y no puede sostenerse que la tragedia de Eurípides carezca de piedad.

La historia sagrada del Hipólito constituye una atmósfera mito poética que sostiene con hilos visibles el desenlace de los acontecimientos en el drama, es auténticamente un rito. Y si bien el poeta hace concesiones, por demás necesarias a la dialéctica sofística [4] (observar la antilogía Fedra-nodriza), como a la política de su época, en sentido contrario a los cuestionamientos aludidos, puede afirmarse que su dramaturgia constituye una remitologización trágica de la realidad de su tiempo, un retorno hacia los orígenes puros de la religiosidad griega traducida en un nuevo contexto.

Por ello, la mitología se hace psicología en él, aquella abona y prepara el surgimiento del personaje euripídeo.

Conocemos, gracias a Humberto eco, el horizonte abierto de la obra de arte, susceptible de sucesivas resemantizaciones, y no pretendo interpretar completamente al Hipólito en las cortas reflexiones de un ensayo. No obstante, considero útil llamar la atención acerca de preguntas surgidas del método aquí seguido, y patentizadas en la contraposición Fedra-Hipólito.

a)Tántalo ha revelado conversaciones secretas de los dioses. Fedra expone un secreto que se le hizo manifiesto durante la iniciación de Hipólito (según P. Girard Hipólito es órfico: por su vegetarianismo, por las ofrendas incruentas a Artemisa, frugalidad etc. Y para cuya iniciación debía desnudarse. Se sugiere así que Fedra pudo haberle conocido desnudo) de modo que Fedra habría incurrido en violación de una obligación religiosa mistérica. Contrariamente, Hipólito permanece fiel al juramento dado de callar el amor de Fedra por él.

b)Pélope (homicida) – Hipodamia (parricida) llegan al crimen por pasión amorosa, lo cual enuncia furor erótico-patológico, sugieren bestialismo, ambigüedad sexual y el uso de tretas para satisfacer su apetito carnal.

c)Piteo: realiza celestinaje y con engaños urde el amor de Egeo por su hija Etra. Siendo, como efectivamente lo es, mentor de Hipólito, se infiere que pueda incitar subconscientemente a este para aceptar la invitación amorosa que le hace Fedra por medio de la nodriza.

d)Teseo: amor por la amazona Hipólita (ser con ambigüedad sexual, de corazón varonil y mutilada de un seno) andrógina, odia a los hombres. Penetra en lo oculto, lo destruye y expone a la luz (“no me agrada ningún dios venerado en la noche” dirá su hijo Hipólito); así, da muerte al minotauro, rasgo tantálico que revela lo mistérico.

Conquista el amor de Ariadna mediante trampas (rasgo compartido con Tántalo, Pélope y Piteo) y con la ayuda de esta consigue destruir al Minotauro (mediohermano de Ariadna, luego ella comete fratricidio en correspondencia simétrica con Hipodamia-parricida, ellas son capaces de asesinar o dejar asesinar a sus parientes por causa de su amor. También en Teseo-filicida se verifica esta tendencia).

Abandona después a Ariadna en Naxos (tema del amor despreciado) y casa con su hermana Fedra ¿No podría suponerse el drama de Fedra como una venganza ulterior contra su hermana? Tendríamos así varias lecturas en sospecha: Fedra venga su amor rechazado por Hipólito, Ariadna venga en aquella y en este al suyo y Teseo hace pagar el propio. El hecho de que al final, la aparición del toro cause el desbocamiento de los caballos de Hipólito, hace presumir que las reparaciones se retrotraen hacia el símbolo bestial que signa al linaje de Minos.[5]

Por otro lado, la triada Toro-Poseidón-Afrodita en este escenario muestra, por vía de Teseo, fusión contradictoria de deidades, que contribuye a una sensación de intensa perplejidad.[6]

e)Hipólito: culto exclusivo a Artemisa, desprecio por los demás dioses, especialmente Afrodita de quien dirá: “porque soy casto, de lejos la saludo”, “No me agrada ningún dios venerado en la noche”, “a tu diosa Afrodita le digo adiós con gusto”. Personaje misógino, odia a las mujeres, se verifica en él un particular gusto por la compañía masculina de sus amigos, actitud contrastante con el odio que su madre debió sentir hacia él dado el sentimiento contrario de las amazonas hacia los varones. Admitida la costumbre de aquellas en cuanto a mutilar a los niños del sexo masculino, es pertinente suponer que su castidad se deba, no a una consagración, sino a una castración.[7]

Se observa en Hipólito un conjunto de actividades sustitutivas del objeto erótico: afición a los caballos, a las lecturas, a las tertulias, la cacería y la alimentación frugal, sintomáticos de la melancolía, en Fedra se verifican también agudos rasgos melancólicos.

f)Fedra: hija de Pasifae y de Minos, reyes de Creta, hermana de Ariadna. Poseída de febril pasión por Hipólito llega a violar un voto o juramento sagrado del secreto, revelándolo a su nodriza. Pugna por guardarlo y en esa misma medida el furor erótico le devora consumiéndola irremisiblemente. Ya al comienzo de la obra el coro expresa este hecho “Con duelo oculto la arribada intenta, cual nave, al fin infortunado de la muerte” en tanto la nodriza insiste en conocer su mal “Que ocurre, mi alma conocer ansía ¿porqué está demacrado el cuerpo pálido de Fedra?”, ella calla, “oculta su mal, no dice de qué está enferma”. Así, la heroína continúa resistiendo al torturante interrogatorio de que es objeto: “¿qué haces? ¿quieres forzarme a hablar cogiéndome de la mano, suplicante?” y por otro lado advierte las peligrosas consecuencias de revelarlo: “me vas a traer la muerte”, la nodriza insiste: “Aún sigo sin saber lo que deseo oír”. En este punto poseída, enajenada de sí, embriagada por el hechizo afrodisíaco de Eros, cede finalmente y expresa abrasada por la pasión: “cualquiera sea su nombre, a él, el de la amazona”.

En este momento se desencadena una sucesión de hechos mortales. “ésta es tu muerte, sacaste a luz cosas infames” (relación con Tántalo) dirá el coro. Fedra entona una larga monodia explicando su proceder al cual considera el más correcto. Luego la nodriza le incita a aceptar el amor: “ten el valor de amar... deja tu obstinación y cesa en tu impiedad”. Nuevamente aquí, bajo situación de crisis, los personajes se retrotraen al pasado de la historia mítica, buscando allí un cosmos ordenado, pero esta vez sin percatarse que la dirección de su búsqueda les conduce precisamente hacia Afrodita, la divinidad que ha urdido vengarse de Hipólito por causa de su insolente culto exclusivo a Artemisa, diosa de la virginidad. Así la nodriza prosigue: “es Afrodita quien da el amor, del cual hemos nacido todos cuantos vivimos en la tierra” (mito cosmogónico en Hesiodo) refiere que “Zeus ansió la boda con Sémele”, la Aurora amó a Céfalo y, si tal los dioses, luego Fedra, en opinión de la nodriza, desafía con su comportamiento a las divinidades. Le propone filtros y encantamientos que solamente ella conoce “usando alguna cosa del amado, o una palabra [8] -subrayo esto porque será el método utilizado y condenado al fracaso- o un trozo del vestido, para, de dos personas hacer un amor único”. La nodriza, viéndola perecer, esgrime entonces el argumento decisivo: “¿A qué estas prédicas? No son palabras púdicas las que ahora te hacen falta: ¡sólo el varón” y, abrasada por el furor erótico Fedra cede.

Resulta ilustrativo observar que los conjuros y filtros amorosos, bien para propiciar, bien para alejar, conducen a la muerte en las tragedias euripídeas como en “Medea” y en “Las Traquinianas” de Sófocles. Se puede entender aquí que la concesión de Fedra se deba a una intención ambigua: o conoce que con ello conducirá a la muerte de Hipólito, dado que anteriormente ha deliberado cavilando sobre su suicidio y en este sentido planifica una venganza por causa de la invencible resistencia de aquel: “Pero al morir seré la ruina de algún otro, para que aprenda a no ser orgulloso en mi desgracia”, o bien lo hace porque próximo Teseo a volverse a Trecen, se cumplirá el oráculo según el cual habrá de marchar con ella a Atenas y, en consecuencia, ante la perspectiva de no ver más a Hipólito, cesa entonces de luchar por él. Aunque esta presunción de lectura posea alguna certidumbre, debemos decir que no excluye sin embargo la hipótesis de la venganza por parte de Fedra, punto de vista en el que acuerdan una gran parte de los estudiosos que han abordado esta tragedia. En este caso añadiremos que la venganza de Fedra sólo efectúa la venganza de Afrodita por motivos distintos.

Autor: José Antonio Gutiérrez


Notas


[1] Tántalo “...Hijo de Zeus y Pluto casó con Dione, una de las pléyades. Se atrajo la cólera de Zeus por no haber entregado a Hermes el perro del cronida, que le había confiado pandareo. Zeus le puso encima el monte Sípilo y luego lo precipitó a los infiernos. Allí sufrió, según la descripción que hace Homero en “La Odisea” uno de los más terribles tormentos: permanecía bajo una piedra siempre a punto de caer, pero en perpetuo equilibrio. También con hambre y sed eternos hundido hasta el cuello en el agua, no podía saciar su apetito: el líquido huía y no alcanzaba su boca una rama cargada de frutos que pendía sobre su cabeza...entre los motivos de este castigo, se le acusa de orgullo por revelar a los hombres las conversaciones divinas de la mesa de los dioses, o bien de haberse apoderado del néctar y la ambrosía de sus festines para darlas a los hombres...” Cfr. Diccionario Enciclopédico Quillet.
[2] Observaremos en esta tragedia que Teseo, descendiente de Tántalo dirá: “ya no retengo en mi boca más este infortunio”
[3] Cfr. Dicc. Enciclopédico Quillet
[4] Literalmente dirá Teseo al referirse a Hipólito “¿No es un sofista, un impostor ese hombre?”
[5] Indudablemente también al de Tántalo. Teseo dirá: “Viene de lejos, según yo pienso este infortunio, por el pecado de antepasados”
[6] Resulta notable la similitud entre la muerte de Hipólito y la de Enómao, padre de Hipodamia, por obra de caballos no sujetos a control por el auriga.
[7] Las palabras de la nodriza a Fedra, parecen sugerirlo en este punto: “Los que son castos, no por su voluntad mas, sin embargo aman el mal”
[8] Nuevamente, la revelación de un secreto.




Poemas de Damianos I

Grecia

GRITO SAGRADO

Déjenme ser libre, independiente
Y soberano…
Déjenme volar como el pájaro,
Que no acepta vivir enjaulado

Déjenme ejercer el supremo derecho,
De pensar, escribir, crear y hablar,
Sin temor a ser sometido o encarcelado,
Dentro de la siniestra celda,
De la oscuridad.
Ciego y esclavo.

Déjenme vivir en plenitud,
El derecho inalienable de mi identidad,
Que no acepta imposiciones,
De silenciar el clamor de mi voz,
En pos de la verdad.

Déjenme ser dueño de mis actos,
Que surgen de mi alma, para gozar,
Del don preciado de la libertad,
Y no caer prisionero en manos,
De quienes me quieren hacer callar.

A LOS HERMANOS FILHELENOS

Inmenso es mi honor y enorme mi gratitud,
Hacia los Hermanos Filhelenos,
Admiradores y amantes de la Cultura,
Del Arte, de la Lengua, de la Música,
De la Mitología, de la Danza,
Y de la Historia de la Grecia Eterna.

Amar a Grecia es penetrar en su luminoso
Manantial ilustrado, por su prístina civilización,
Cuna legendaria de su historia épica,
De perenne sabiduría, de su cultura universal.

Decía el gran filósofo griego, Isócrates,
Todo aquel que admire la cultura de Grecia,
Debe considerarse griego, al concebir los atributos
De la esencia rectora de las letras,
Vasto vergel inextinguible,
En el firmamento de la humanidad.

Blandidos los siglos de su heroica hazaña,
Muchos fueron los poetas que le cantaron sus odas,
Decía Lord Byron,

Digna es de Ti,
La tumba del soldado,
Cuanto menos buscada, honrosa más.
Búscala en este suelo que es sagrado,
Escoge el sitio y duerme, el sosegado,
El sueño de la eterna paz.
El corazón de los hermanos filhelenos,
Palpita con un solo sentimiento, afirmando:

¡Grecia!, sabed que allende los mares,
Hay una nación que os apellida hermanos,
Donde la libertad tiene su templo,
Para no sucumbir ni rendirse jamás,
A los Tiranos.

HASTA TENER ALAS

Para llegar al cielo,
Y construir un Santuario,
Divino y bello,
Que me prodigue el amor
Del cual soy tu dueño.

Quemarme en mi propio cuerpo
Y fundirme en la hoguera
Del fuego pleno,
Ansioso e inquieto
Con la fuerza de mi deseo.

Déjame que te apriete en mi seno
Con aliento acelerado e intenso,
Con la dulzura de tus labios,
Y el clamor de un ferviente beso.

Tener alas para llegar al cielo,
Con agitada respiración que vibra
Con el fuego del volcán que ruge,
En el corazón de mi cuerpo.

GRECIA
¡AÚN ESPERA!


Espera que las obras milenarias
Acrisoladas por el arte,
La ciencia y la belleza,
Sagradas reliquias
Inmortales e imperecederas,
Ilegalmente hurtadas de su suelo,
Le sean devueltas a su seno.

Espera que sus obras usurpadas
Vuelvan al origen de su creación,
Como legítimo derecho inviolable,
Ilícitamente arrancadas,
De las manos de su pueblo.

La Grecia eterna,
Cuna de civilización,
De todo el universo,
No quedó huérfana por el robo,
Ni por las tropelías,
De los esbirros siniestros,
Luce hidalga, heroica, gloriosa,
Libre y soberana,
Como faro de una ejemplar nación
De excelencia humana.

Grecia aun espera,
Que el mundo civilizado,
Reclame las reliquias,
Obras y objetos profanados,
Patrimonio irrevocable
De entidad de su raza,
Para que las devuelvan,
Quienes ilegalmente de ellas,
Se han apropiado de sus obras
Que pertenecen a la Grecia
Eterna

EL INMIGRANTE
AHORA QUE EL DESTINO…


Ahora que el destino
Me impartió alejarme
De la tierra que he nacido,
Dejando reminiscencias,
Y recuerdos idos…

Ahora que parto
Con rumbo desconocido,
Llevo de mi Patria,
Un puñado de tierra
Como herencia
Que acompañe mi destino….

La tendré a mi lado,
Para cada dolor o alegría,
Para sentir su aroma,
Como incienso,
De sagrada epifanía…,

Recordaré a mis ancestros
Que me dieron, Patria, Identidad
Y lengua, honrosamente,
Por más extensa
Que sea mi lejanía….

En ningún lugar me sentiré ajeno
Y honraré la hospitalidad,
De la segunda patria mía
Con la herencia de la dignidad
Y veneración sentida.

Pero si lejos de mi tierra natal muero,
Aspiro que mi tumba sea cubierta
Por el puñado de tierra
Que traje de mi suelo.
Entonces sí, descansaré en paz
En mi piadoso y eterno sueño.

QUE MÁS QUIERES…

Recibiste el regazo de tu Madre,
El preludio de la mejor canción,
La amistad y la sonrisa de un niño,
Que excitó tu corazón.

El gorjeo de un pájaro,
La savia de una flor,
Las olas de los mares,
El día, la noche, y el sosiego
Del silencio reparador.

Todo nos ha dado la vida,
Luz, ternura, dicha y amor,
Todo diagramado sencillo,
Por el Gran Hacedor.

Qué más pedirle a la vida,
Frente a la felicidad
Que se nos concedió,
Reverberemos dignamente,
Exclamando,
¡Gracias Señor!


tadamianos@hotmail.com
Taso Damianos
Poeta-Escritor-Periodista

Una lectura diversa sobre el Filoctetes de Sófocles

Filoctetes
Filoctetes (Jean-Germain Drouais)


Autor: José Antonio Gutiérrez Alcoba 

IMPUREZA RITUAL, REINTEGRACIÓN Y HUMANIDAD: UNA LECTURA DIVERSA SOBRE EL FILOCTETES DE SÓFOCLES

“…Los que cultivaban los campos de Metone y Taumacia, y los que poseían las ciudades de Melibea y Olizón Fragosa, y tuvieron por capitán a Filoctetes, hábil arquero, y llegaron en siete naves…mas Filoctetes se hallaba padeciendo fuertes dolores en la isla de Lemnos, donde lo dejaron los aqueos después que lo mordió ponzoñoso reptil. Allí permanecía afligido; pero pronto en las naves, habrían de acordarse los argivos del rey Filoctetes…” Homero. La Iliada Canto II.

Frecuentemente encontraremos que los poetas trágicos extraen buena parte del material de sus dramas, de la tradición épica antecesora recogida y cantada por Homero unos tres o cuatro siglos anteriores a la democracia ática. Algunas de las alusiones tomadas son, como observaremos, bastante pequeñas en su extensión y sintéticas en su concisión temática.

Por ello cada vez que observamos la extremada complejidad que estos núcleos narrativos épicos alcanzan en la tragedia ática, nos sentimos inclinados a pensar que el poeta dramático pudo apelar del mismo modo que a Homero, a una tradición oral altamente elaborada y luego recompuso los mitos en la perspectiva hermenéutica que le posibilitaba su género artístico, así como su personal e intransferible capacidad creadora.

Nada nos dice Homero sobre la condición sagrada de la serpiente que inocula veneno en el pié de Filoctetes, nada nos dice acerca del lugar sagrado donde aconteció la mordedura, y de seguir la narración que nos hace, tampoco sabremos sobre la causa verdadera por la cual los aqueos tendrían que acordarse de aquel salvaje, abandonado como un náufrago sin esperanzas en una perdida isla del mar Egeo.

Este es pues el enigma cuya aclaración constituye el argumento de la tragedia de Sófocles.

Los helenos no pueden conquistar a Troya y un oráculo les indica que no podrán hacerlo sin que Filoctetes en persona dispare las amargas saetas que le han sido obsequiadas por Hércules. Es así que los jefes aqueos, los atridas, envían a Neoptólemo, hijo de Aquiles, y al deiforme Odiseo con la misión de traerlo consigo hasta el campamento griego de la costa Troyana.

La comprensión de la trama en esta obra se nos facilita porque siendo el héroe bastante torpe y lerdo tal como nos es mostrado, permite que los argumentos se reiteren, hasta arrancarle una decisión voluntaria y en este trayecto desarrollamos sentimientos de empatía y compasión por el Filoctetes, quien es dibujado con pinceladas humorísticas.

Será el joven Neoptólemo, con quien logrará establecer un sincero nexo de amistad, el encargado de explicar al viejo general, el contexto complicado de su existencia y las causas que le han signado a padecer, de tal modo que Filoctetes recupera con lentitud un sentido de vida hasta lograr incorporarlo nuevamente con la comunidad humana.

Neoptólemo a Filoctetes: “...No obstante te diré –y pongo a Zeus por testigo, vengador de los perjuros, y esto entiéndelo bien y grábalo en tu corazón- que tu sufres esa dolencia por castigo divino; porque en el templo de Apolo en Crisa, te aproximaste al custodio, que era la cuidadosa serpiente que, encubierta, guardaba el descubierto recinto sagrado. Y curación de esa grave dolencia sabe que no la alcanzarás –mientras el sol se levante por este lado y se ponga por el otro- hasta que tú mismo vengas espontáneamente a los campos de Troya y presentándote a los hijos de Esculapio, que entre nosotros están, te alivien de esa dolencia y con este arco y con mi ayuda seas el destructor de la ciudadela de Troya...”

Con estas palabras, ya al final de la tragedia, Neoptólemo, hijo de Aquiles, se dirige a Filoctetes con el fin de disuadirle en su obstinado empeño de negarse acudir a destruir Troya. Inmediatamente después, Hércules, desde la meseta donde acaba el camino, cerca de la cueva en que ha vivido Filoctetes le reiterará a este su destino que es ya de un modo determinante “designio de Zeus”. El héroe posee todas las razones para dudar de las anteriores ocasiones en que le fuera manifiesto este oráculo por boca de Neoptólemo tales como aquel en que un hijo de Príamo capturado por los aqueos, juró por su vida esta profecía y le suplica “curarte primero de esa dolencia y luego ir contigo a devastar Troya”. Duda con mayores motivos de Ulises, quien ha urdido contra él una trampa con el fin de apropiarse de sus armas para obligarle a ir a Troya como, en caso de negativa suya, robar para sí la gloria de aquel evento.

El oráculo conoce un proceso de revelación progresiva, que si bien Filoctetes ignora al comienzo, es dado suponer que Ulises conozca perfectamente, lo cual le permite anticiparse a la comprensiva negativa de Filoctetes. La duda persistente de Neoptólemo puede entenderse como el dilema ético de quien conociendo la voluntad divina, la resiste hasta comprenderla del todo, será Filoctetes quien expresará esta aporía “¿qué va a pensar uno de esto, cómo lo ha de aplaudir, si queriendo alabar las obras divinas encuentra inicuos a los dioses?”. Tanto Neoptólemo como el hijo de Peante, el uno a-priori opuesto a obedecer cualquier disposición emanada de los jefes aqueos; el otro dividido entre la obediencia a estos y su odio por ellos, entre su amor a la gloria y su sentido de la justicia, entre su afecto adquirido a Filoctetes a quien “quiere bien” y la sujeción a los dioses; conocerán un develamiento paulatino del designio, que en este caso, no violenta con mano homicida a los personajes. Podría llamársele “tragedia de la Justicia”, aquí, los elementos llegan a ordenarse evolutivamente sin llegar al caos del cosmos humano-divino.

Un elemento notable de esta tragedia consiste en la vinculación existente entre las dolencias del pié con el destino de los héroes. Aquiles tendrá su único punto débil en el pie que al no ser mojado por las aguas de la laguna estigia donde Tetis le bañara al nacer, quedó separado como un lugar de su cuerpo no consagrado, es decir, separado, profano, impuro. En efecto, parece apuntar este hecho a una concepción del cuerpo como lugar fenoménico de lo sagrado, como un campo dialéctico en lucha de las teofanías. Hefesto, el artífice metalúrgico y particularmente de armas es cojo del pié por el que Zeus le asiera para arrojarlo del olimpo hacia la isla de Lemnos donde aterrizó después de un día de constante caída. Edipo, cuya vida se debiera al incumplimiento por Lábdaco y por su hijo Layo luego del oráculo que les conminara a no tener hijos, será marcado a hierro por el pié del cual cojeará después visiblemente, marca por la cual será reconocido por su madre-esposa Yocasta. Edipo descifrará el enigma de la esfinge como un enigma referido a los pies en relación con el destino humano. Luego él, descifrador contumaz, hasta atraer sobre sí la más inenarrable desgracia, concluye en Colono; no solamente con un bastón sino llevado tanto por los pies de Antígona como por los de Hermes, es decir con ocho pies.

En los casos señalados, el defecto físico o la privación de una función corporal implica siempre un alejamiento relativo de lo divino. Hefesto será expulsado hacia el océano debido a su fealdad intolerable, Edipo será doblemente expulsado a causa de la transgresión a un tabú, Aquiles por causa de su invisible mácula tornará al reino de Hades. Pero por otro lado y como compensación a esta situación que bordea los límites de lo permitido, las fronteras entre lo sagrado y su profanación; significa la tensión decidida hacia la reincorporación del dios o del héroe con la comunidad humana, reincorporación que conoce dos fases: el personaje será protegido por dioses u hombres (Aquiles por Tetis, Hefesto por Hera, Edipo por Teseo en Colono) y en segundo lugar porque poseen una habilidad especial que los convierte en seres imprescindibles para dirimir una causa (Hefesto es luego reincorporado por Hera, a causa de su insuperable capacidad como artífice, Edipo por su capacidad descifradora y luego porque su cadáver garantizará la paz a la ciudad en que reposen sus restos, Aquiles, para obtener una victoria decisiva sobre los troyanos) curiosamente en el caso de Hefesto, debe apuntarse que su primera fragua aconteció en una caverna mientras duró su expulsión. Estas asociaciones mueven a realizar ciertas comparaciones con Filoctetes, dado que en él se verifican, sin obviar que su historia se encuentra tejida en una red mítica mucho más vasta.

Filoctetes ha incurrido en profanación de un lugar sagrado “porque en el templo de Apolo en Crisa, te aproximaste al custodio, que era la cuidadosa serpiente que, encubierta, guardaba el descubierto recinto sagrado” se pone de relieve aquí una contradicción propia de la dialéctica sacral: si lo santo debe estar separado de la presencia profana, luego ¿por qué se muestra?, ¿a cuál actitud debemos atribuir la aproximación de Filoctetes? Él no es un sacerdote, lo cual se observa en su obstinada resistencia al oráculo, él no posee el don de la adivinación y esta sólo le es notificada, viéndose en el caso de descifrarla penosamente con ayuda de Neoptólemo y Ulises. Se puede suponer, sin que eso implique una afirmación, que él, heredero de Hércules, posea especial confianza en otros flechadores como Apolo tales como Artemisa u Orión. Sin embargo; dado que el poeta no informa de ello, la suposición más simple es que Filoctetes atravesó los umbrales del templo y penetró en las inmediaciones del custodio-serpiente por pura curiosidad. Filoctetes es pues, un profano que amenaza la integridad sacral del lugar santo con su impura presencia y por ello le sobreviene un castigo inmediato.

No puede desdeñarse aquí la presunción de que la impureza del héroe pueda provenir de las flechas de Hércules contaminadas con la sangre del centauro Neso, así como que el contagio mortal adquirido por Hércules al vestirse con el manto que le obsequiara Deyanira que sucediera durante una hecatombe purificatoria lo cual permite colegir una transgresión ritual e impureza de algún tipo. Asi, no sería meramente la llama de las víctimas que incitaron a que fuera abrasado en fuego; sino un castigo sobrevenido al introducir un objeto mágicamente contaminado. En Traquinias el sacrificio se invierte, el sacrificador es sacrificado, cual si sólo con muerte habría de purgarse un mal desconocido, una afrenta contra los dioses en ese mismo momento. Ello nos inclinaría a pensar que la muerte de Hércules acontece por unas causas diferentes a los solos celos de Deyanira.

De modo similar, Filoctetes es inmediatamente castigado: la serpiente le muerde el pié causándole una herida purulenta que destila sangre y pus y sangre permanentemente. Como efecto de la enfermedad sagrada queda contaminado y, constituyendo así una amenaza para la sociedad militar aquea que navega hacia Troya, deciden abandonarle en la isla de Lemnos.

Los aqueos tienen especial miedo a la peste que pueda desatarse por causa de enfermedades sagradas. Ellas parecen repetir el peligroso mecanismo que las funda: una vez contraídas, impiden la comunicación con lo divino, entorpecen los sacrificios y las ofrendas “pues de la llaga que lo devoraba le destilaba el pié gota a gota y no nos dejaba celebrar tranquilamente las libaciones ni los sacrificios” dirá Ulises" “¿Podrá ser ataque de enfermedad divina?” dirá a su vez el coro en un contexto diferente, el de Ayax, en momentos en que se teme que la locura se propague destruyendo los nexos sociales de la sociedad aquea. Sabemos que Apolo castigó duramente con dardos y pestes a las tropas griegas, que Tebas fue asolada por una peste debida tanto a la desobediencia a un oráculo como a un incesto y estos hechos mueven a considerar que tanto las pestes colectivas como las enfermedades individuales son debidas a errores cometidos en el orden moral, religioso, mítico y ritual, debiendo ser subsanadas en la región de esas esferas específicas. Filoctetes debió discutir con Ulises este argumento, antes de ser abandonado en Lemnos “ Es que, ¡oh infame aborrecido de los dioses!, ¿ya no soy para ti cojo y maloliente? ¿es que ya te es posible quemar sacrificios a los dioses, aunque yo los presencie? ¿ya puedes hacer libaciones a los dioses?. Este, pues, fue tu pretexto para desecharme ".

Filoctetes padece exclusión u ostracismo, se encuentra extrañado de la sociedad humana, expulsado hacia la más absoluta soledad. No posee en este caso el auxilio de hombre o dios alguno que le infunda una esperanza a su término, sino que vive completamente en el seno de una naturaleza silente, aislado de todo contacto que pueda difundir su mal. El hecho de que viva en un habitáculo subterráneo parece confirmar la idea de que ha sido enterrado en vida. Por todos los medios a su alcance los crueles atridas le han confinado a perecer. No obstante, si bien no puede acudir como un suplicante a instancia alguna, el papel protector lo asume la isla de Lemnos que aparece aquí humanizada y Filoctetes ante la cueva que le diera amparo y cobijo, se dirige a ella cual si se tratase de una persona y se detiene para despedirse: “¡Oh, antro de cóncava piedra, caliente y frío! ¡Cómo se ve que no debía yo, pobre de mí, dejarte jamás, sino que has de ser testigo de mi muerte!” Le saluda: “Deja, pues, que al marcharme dirija un saludo a esta tierra. ¡Salve, oh mansión, compañera mía...os dejo ya”. Filoctetes desterrado pues, encuentra en Lemnos protección a su vida del mismo modo que lo encontrase Hefesto.

En cuanto a su dolencia e impureza, reiteraremos que esta sólo puede ser curada en la perspectiva de la reincorporación a la sociedad. El héroe debe ser purificado, lavado de su mal antes de emprender cualquier acción en ella, so pena de atraer sobre sí y sobre el mundo un castigo mayor. Por ello, de manera explícita Neoptólemo le recordará que antes de destruir Troya, debe acudir a los hijos de Esculapio con el fin de sanar, y sin lo cual el mal no le será retirado. Se advierte aquí el orden ritual estricto que debe seguir para lograrlo: él no puede destruir Troya sin la ayuda de Neoptólemo, ni este sin aquel, no puede hacerlo sin antes acudir a los hijos de Esculapio, no puede alcanzar la salud ni la gloria (la reincorporación con sus iguales y reintegración social) hasta no destruir a Troya.

Filoctetes es en suma él mismo un arma mortífera, lo es por su cuerpo, lo es por sus armas. Con uno amenaza con destruir el cosmos aqueo, con las otras el cosmos troyano.

Expulsado a causa de una enfermedad sagrada contraída por descuido ritual, protegido por una isla que lo recibe como a un suplicante y luego por la profunda piedad humana del joven Neoptólemo, el héroe es librado de sus sufrimientos a causa de su insuperable habilidad en el manejo del arco por él heredado de Hércules y devuelto a su dignidad originaria.

No deja de sorprender la actitud de Ulises cuya figura legendaria es sometida por el poeta a corrosiva crítica: un despreciable ladrón de glorias ajenas cuya ausencia constituyera tal vez una suerte para su joven hijo Telémaco que a la sazón le esperaba en Ítaca. Ninguna figura resulta en este sentido más contradictoria con aquel pedagogo de Telémaco llamado Mentor que el propio padre de aquel, quien es visto aquí en el triste papel de corruptor de la nobleza en el joven Neoptólemo, amaestrándolo en toda clase de mentiras, trampas e hipocresías con el fin de obtener fraudulentamente el poder y la gloria. Se dibuja con nitidez la disimetría existente entre Neoptólemo y Ulises. En este combate, la piedad y la amistad del joven terminan triunfando sobre la perfidia, tal vez en un velado ataque del poeta contra la sociedad de su tiempo.

Un aspecto destacable de la técnica dramática sofoclea, se pone de relieve en la relación de proximidad existente entre los lugares en los cuales acontece y las urgencias propias del desenlace. Así, se puede notar una correspondencia completamente ficcional, la geografía se encuentra supeditada a las exigencias dramáticas o narrativas.

La obra se inicia en la isla de Lemnos, equidistante tanto de la isla de Creta, las costas griegas y el sur del continente asiático en una formación insular conocida como islas cicládicas constituidas entre otras por Imbros, Naxos, Lemnos y Paros. Sin embargo el poeta hace decir a Neoptólemo que Lemnos se encuentra situada a dos días de navegación en dirección a Troya, en dirección al norte de Asia, distancia ciertamente insalvable por la navegación de aquel tiempo. Prácticamente las distancias geográficas muy lejanas son salvadas en términos de un día o dos, favoreciendo así con rapidez los desplazamientos propios de los personajes, todos, excepto Hércules, marineros.

Ya al final, tanto Filoctetes como Neoptólemo, infundido por el afecto cordial que experimenta por aquel, deciden navegar hacia Esciro. El joven ha depuesto su inclinación a cumplir por la fuerza el mandato divino, optando por el amor al amigo y el respeto a su voluntad. Ha depuesto su legítima ambición a la gloria supeditándolo todo al afecto de aquel a quien “quiere bien” y, una vez formado un primer nexo indestructible de cohesión interpersonal, encontrándose así preparados para emprender nuevos trabajos; interviene Hércules para asegurarles el buen término de su expedición por él a ellos exigida hasta la ciudad de Troya:

“Y en esto debeis pensar después que desvasteis el campo troyano: en ser piadosos con los dioses; pues las demás virtudes las estima como secundarias el padre Zeus, porque la piedad no muere con los mortales: que vivan o mueran estos ella no perece”


Autor: José Antonio Gutiérrez

Dos cuentos sobre Diógenes

Diogenes
Diógenes en su tonel

Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas sentado en el umbral de una casa cualquiera.
No había nada en toda Atenas más barato en comida que el guiso de lentejas.
Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas era definirse en estado de la mayor precariedad.
Pasó un ministro del emperador y le dijo:
-¡Ay! Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas.
Diógenes dejó de comer, levantó la vista y mirando al acaudalado interlocutor profundamente, le dijo:
-Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador.

Dicen que Diógenes paseaba por las calles de Atenas vestido en harapos y durmiendo en los zaguanes.
Cuentan que una mañana, cuando Diógenes estaba amodorrado todavía en el zaguán de la casa donde había pasado la noche, pasó por el lugar un acaudalado terrateniente.
-Buen día -dijo el caballero.
-Buen día -contestó Diógenes.
-He tenido una muy buena semana, así que he venido a darte esta bolsa de monedas.
Diógenes lo miró en silencio, sin hacer un movimiento.
-Tómalas, no hay trampas. Son mías y te las doy a ti, que sé que las necesitas más que yo.
-¿Tú tienes más? -preguntó Diógenes.
-Sí, claro -contestó el rico-, muchas más.
-¿Y no te gustaría tener más de las que tienes?
-Sí, por supuesto que me gustaría.
-Entonces guárdate las monedas que me dabas, porque tú las necesitas más que yo.

Y cuentan algunos que el diálogo siguió así:
-Pero tú también tienes que comer y eso requiere dinero.
-Tengo ya una moneda -y la mostró-, y ésta me alcanzará para un tazón de trigo hoy por la mañana y quizá algunas naranjas.
-Estoy de acuerdo, pero también tendrás que comer mañana y pasado y al día siguiente, ¿de dónde sacarás el dinero mañana?
-Si tú me aseguras, sin temor a equivocarte, que yo viviré hasta mañana, entonces, quizá tome tus monedas...

Fuente: Jorge Bucay. Recuentos para Demián. Editorial Océano.
ISBN: 970-651-320-5