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La juventud de Odiseo

Barco de odiseo
El viaje de Odiseo


Autor: José Antonio Gutiérrez Alcoba 

DE CAMINOS

Cuenta el poeta Homero, que llegado el decimoquinto año de su nacimiento, el encanecido Autólico, vio llegada la hora de cumplir a sus padres, la promesa que les hiciera de invitar al palacio a su nieto, cuando habiendo venido este al mundo, le bautizó con el nombre que todos conocemos diciendo: "¡Yerno, hija mía, ponedle el nombre que os voy a decir!. Cuando llegué aquí, después de haberme airado con muchos hombres y mujeres yendo por la fértil tierra, sea Odiseo el nombre que le ponga. Y cuando llegue a mozo y vaya al Parnaso, a la gran casa paterna donde se hallan mis riquezas, le daré parte de las mismas y os lo enviaré contento".

He aquí que al tiempo propicio envió a Euríbates, heraldo de su ciudad con este mensaje para sus padres y la orden de regresar con el joven bien protegido hasta su casa.

Al llegar Euríbates, entróse por la amplia avenida de ancha calle y fue recibido por Euriclea quien dio aguamanos al heraldo y lavó su cuerpo polvoriento. Le dio de comer Eurínome, la despensera del palacio y poniéndole bellas vestiduras sobre los hombros, le condujo hasta la sacra potestad de Laertes quien conversaba animadamente con su consorte Anticlea, mientras esta ocupaba sus manos en tejer un manto purpúreo.

Se inclinó el heraldo ante los reyes, semejantes a los dioses y así habló:

--Vengo, portador de mensajes, enviado del rey Autólico que impera en el Parnaso, a entregarles el cumplimiento de su antigua promesa de invitar a Odiseo a su sagrada ciudad, apenas el barbiponiente rostro anunciara su entrada a la edad viril.

--Laertes: Esperábamos tan grato anuncio por estos días, no otro era el asunto que ahora ocupaba nuestras palabras.

--Anticlea: Bien vale ser comedido y respetar las formas convenidas entre los hombres, sé bienvenido a nuestra casa; ¿traes contigo el símbolo?

--Euríbates: Al partir, vuestro padre me dio este molde convexo, cuyo cóncavo contrario contiene la figura de Febo Apolo.

Anticlea envió a Euriclea traer la tablilla de yeso y, una vez comprobaron que las formas opuestas se correspondían perfectamente, dispusieron violáceo vino en las rebosantes cráteras y libaron a los dioses en copas de electro labrado, elevando a los olímpicos agradecidas preces:

"¡Sacratísimas divinidades a quienes sea grata Ítaca y cuantos en ella moramos, enviad sobre nosotros vuestros dones y tú, Hermes cilenio, que guías a los viajeros, protege y cuida a nuestro joven hijo a quien disponemos enviar al Parnáso, a la ilustre mansión del ínclito Autólico!"

Apenas la aurora de rosáceos dedos emergía de la noche en cuyo seno las pléyades se entregaban al confortador sueño, levantáronse los jóvenes y el hijo de Arcesio les instruyó:

--"Lleven a Autólico la señal de nuestra amistad. He dispuesto dos veloces caballos conocedores del camino y dos yeguas con los obsequios apropiados para los anfitriones que habrán de recibirles. Ni a derecha ni a izquierda difieran el trayecto. Si por fuerza mayor, porque así pluguiera a las deidades, se ven obligados a tomar desvíos y atajos; actúen con mente flexible y por ningún motivo, tuerzan su objetivo". Dijo y alzando ambas manos prosiguió: ven caro hijo a que te bese y despidiéndote ahora puedas volver a nosotros sin contratiempos". Odiseo inclinó la cabeza ante su padre quien besó su frente y luego tornó a la anchurosa puerta, desde donde les vió partir hasta que aquellos se esfumaron tras el horizonte.

La tierra hundía ya su luminosa faz hacia la negra noche y titilaban dispersos los candiles con que los mortales hombres combaten al oscuro aliento atmosférico de Hades, cuando Euríbates y Odiseo arribaron.

Autólico muy alegre les recibió a las puertas de su murallosa ciudad y ordenó a sus ciervos atender con toda diligencia al huésped.

Así como la pelícana cuida a sus polluelos, al punto de renunciar a la peregrinación anual de sus compañeros hacia lejanos parajes donde encontrarán opíparo alimento y cálido abrigo; ella permanece allí bajo crudelísimo invierno padeciendo rigores y luego, al retornar aquellos en primavera, les ve, alégrase su corazón y les muestra orgullosa a sus aliponientes críos. Así Autólico y sus hijos se alegraron con la llegada de Odiseo a palacio.

Autor: José Antonio Gutiérrez



¿Dónde fue vencida Troya realmente?

Ithaka
Ítaca


Autor: José Antonio Gutiérrez Alcoba 


EL PUNTO DE VISTA DE ANFIMEDONTE

Dijiste al Atrida:

--La hija del ínclito Icario, nos preparaba negra muerte, mientras tejía con el día, y en noche deshacía lo urdido, de un sudario para la sacra potestad de Laertes, semejante al sol o a la luna.

Henos aquí conducidos como un rebaño de cabras por el cilenio Hermes, hijo de Maya. Somos ciento cincuenta pretendientes que preferíamos ser reyes de Ítaca, a imperar sobre Samos, Crocilea, Egilipe, Duliquio o la selvosa Zacinto.

Nuestros padres, negáronse a acudir a la vasta Troya de anchurosas calles, para vengar el rapto de Helena y no hicieron esfuerzo alguno por disuadirnos de nuestro empeño.

--Agamenón:
Tan alto número de ilustres varones, con heraldos y servidumbre, sólo podían sostenerse con frecuentes hecatombes. Di, ¿sacrificabais a las deidades?

--Anfimedonte:
Sólo una vez se mencionó eso. Ya cercana la hora postrera, Antínoo, cuya inane cabeza ves, pidió al cabrero Melantio traer nutridos bueyes para sacrificar a Apolo flechero, con motivo de ser impotentes en armar el arco de Odiseo durante el funesto certamen. Celebrábase entonces la fiesta del Dios en la espaciosa Ítaca, y ya el pérfido Odiseo, cual pestífero mendigo y haciéndose llamar Epeo, tomaba en sus manos los agudos dardos.

--Agamenón:
Se encuentra, lo recuerdo bien, un aposento dedicado a Zeus hospitalario en el palacio de Laertes. Allí bajo el pie de su altar, honramos con la sangre de vigorosos bueyes, al artero hijo de Cronos antes de partir hacia Ilión. Ya debió advertir Odiseo, fecundo en ardides, que la renuencia de Eupites, el rechazo de Politerses, de Damástor, de Pólibo y Niso aretíada, vuestros padres, de embarcar hacia la ventosa Troya para vengar el ultraje de Paris contra el Padre Cronida; ocultaba el deseo por su muerte y la codicia por sus bienes.

Y así como la cierva desampara a su criatura para ir al selvoso bosque y mastica hojas de comestibles retoños para, al volver, regurgitar en la boca de su cachorro el nutricio alimento; mientras el león oculto acecha el momento de su partida para devorar al crío; y al volver aquella, se lamenta con inconsolables balidos. Así vuestros padres acecharon la partida de Odiseo.

Esto dijiste al Atrida.

Ahora escucha, soberbio e impío pretendiente:

La gruta de Calipso, de lindas trenzas, me retuvo
Mientras tejía con lanzadera de oro un peplo.
La bella Circe urdía un manto, mientras mis hombres comían como cerdos (acuérdense aquí de ustedes mismos)
Polifemo inhospitalario y Antifates lestrigón, antiguo linaje de los feacios, devoraban los cuerpos de mis esforzados compañeros.
Las simulantes voces engañosas de las Sirenas
El odre ventoso de las desatadas tempestades

Escila eyectando desde la profunda cueva seis hambrientas fauces rugidoras, en las peñas prominentes allende el golfo funesto de la ojizarca Anfitrite.

Pregunta:

De otra parte el abismo absorbedor de Caribdis
Lampetia y Faetusa y cómo perecieron.

Di a Eupites:

Que no se es insolente con Zeus para vivir impune, así se trate de un ejército.
Ni se toma para sí lo que corresponde a las deidades en los banquetes.

Dile:
Que mientras perviva la memoria de Odiseo, castigará duramente las hecatombes sacrílegas que profanaron su casa.

Que no le bastó a Heracles ser hijo de Zeus para no pagar su crimen contra el deiforme Ífito Eurítida engañándole con falsa hospitalidad. ¡Inicuo! Figurábase que las celosas deidades, con olvido, no le cobrarían esa maldad.

Con el obsequio que me hizo Eurito su venerado padre, encontró justicia aquella muerte artera, cobrada con la vida de ustedes.

En valor, en linaje, en trabajos ni en honra puedes semejarte a Heracles.
He aquí, uno mayor que él te habla
Desde lejanos tiempos, embajador en la salitrosa Same, ¡quien lo diría! Las deidades instruyeron al joven nieto de Arcesio para lo porvenir

Graba en tu memoria:

Que la iniquidad de los hijos recae sobre los padres
Tres años con la ninfa de hermosas trenzas, quién lo diría
Así lo decidió el Cronión, que en veinte días arribara a la isla de los feacios en la fértil Esqueria.

Sabio en ardides, urdimbres y tramas: Helena, Penélope, Calipso, Circe, Areté, Hefesto, Ares, Afrodita

Sabio en huecas emboscadas: el caballo, Polifemo, Escila, Caribdis

Sabio en falsos encantos: Lotófagos, Sirenas

Aprendí a vivir.

Atravesando por el anchuroso abismo del estruendoso océano,
Las trampas del artero Poseidón que bate la tierra

Pregunta:

A las inanes cabezas de los muertos
Si Odiseo, el griego, desamparó a un suplicante
Si trocó hospitalidad por traición
Si descuidó los sacrificios a las deidades
O injurió a los ilustres reyes en las sacras asambleas
¿Que mal te hizo Telémaco?
¿Qué tomó Laertes de ti?
¿Por qué habría de amarte la hija de Icario?

A los pies del Nérito, corvos y fúnebres bajeles soltaron las amarras de papiro y azotando al abismo del estruendoso mar, llevaron en sus negras entrañas ciento cincuenta y seis exánimes cuerpos a sus hogares.

Tal suerte no la tuvieron las ruinas mortales de los más valientes aqueos

Pregunta al atrida:

¿Pueden ustedes compararse con Aquiles, con Patroclo Menetíada, igual a un dios, con Ayax Telamoníada u Oileo, acaso con el irreprensible Antíloco?

Cual un enjambre copioso de abejas se dispersa por la espaciosa tierra cuando los capullos florecientes se afanan unos a otros en liberar los pistilos que mostrarán exuberantes al dorado polen, divino alimento; así su gloria se expandía como el manto de la tímida Aurora por la cromosfera estelar de la patria griega.

Y mientras ustedes hilaban en otra rueca el manto de la infamia, para decir a los futuros hombres de voz articulada que fueron inútiles nuestros desvelos por hacer respetar a nuestros dioses, Palas Atenea educó a su nación con duras pruebas.

Paris e Ilión, criadora de corceles, pretendieron obtener mediante el rapto y la usurpación, cuanto no merecieron por su valor.

Te lo dirá Tiresias el tebano, eximio entre los largovidentes augures:

Que Troya no fue vencida en el promontorio ventoso de Hissarlik en la altísima Asia;

Sino en Ítaca mediterránea.

Autor: José Antonio Gutiérrez

Poemas de Damianos III


NO ACELERES…

No aceleres…ni tu alegría
Ni tu tristeza,
El tiempo transcurrirá igual…
No desesperes,
Lo que tiene que pasar,
Pasará igual.

No aceleres tu amor,
Deja que tu corazón
Escoja lo mejor;
Él te impartirá el cuándo,
Con su sensación.
No aceleres en pedir nada,
El tiempo con su sabiduría
Te marcará el momento
Para que tu anhelo se cumpla,
Y satisfaga tu ambición.

AYÚDAME…

Ayúdame, Señor;
A comprender a mis hijos,
Escucharlos y sentirlos,
Compartiendo sus inquietudes,
Debilidades, errores,
Y sus ambiciones.

Ayúdame a ser tolerante
Para disipar la confusión,
Guiándolos por el camino sensato,
De la verdad y la razón.
Dame fuerza,
Para no robarles la alegría,
En su corazón,
Solamente como madre
Un consejo darle,
Y una opinión.

Deseo que no caigan
En la trampa de la tentación,
Solamente protegerlos de la falacia
Y la corrupción,
Resguardando su dignidad,
Y su reputación.

TENDRÁS TIEMPO…

Para ayudar a un hermano
Alicaído, desamparado y olvidado
Que sufre y padece
El abandono, marginado.

Tendrás tiempo para dispensar
Tu mano extendida,
Para ayudar a un enfermo,
A un indigente o a un anciano
Por la soledad azotado.

Tendrás tiempo para ofrecer
Un plato de comida a un desposeído
Que lo hiere y lo atormentan
Sus debilidades,
En un mundo olvidado.

Si una mano fraterna,
De ayuda podemos dar
Para mitigar las penurias
Que sufren los sumergidos
Dentro del dolor y la impiedad
Cumpliremos un mandato divino
De amor y caridad.

QUIERO REGALARTE…

Afecto,
Para cuando tu alma está dolorida,
Sonrisa,
Para tus lágrimas sentidas,
Y dicha y felicidad,
Para afrontar el infortunio en tu vida.

Prodigarte bellos sueños,
Para fortificar tu mente
Y darles forma y esencia,
A tus pensamientos.

Aún si tus fuerzas flaquean,
Con el paso del tiempo,
Cansado en tu andar extenso,
Sabe que tendrás
La mano extendida,
De un Amigo,
Que comparte tus sentimientos.

Tendrás a tu lado el cariño sincero
De alguien que no te abandona
En la soledad postrera,
De tu padecimiento
Alguien que te comprende
Ofreciendo la ternura,
Que te acompañará,
En el paso del tiempo.

tadamianos@hotmail.com
Taso Damianos
Poeta-Escritor-Periodista

Meditación para mi papá

Itaca
Viaje a Ítaca

Autor: José Antonio Gutiérrez Alcoba

El hijo de Arcesio compró este campo en otra época
después de pasar muchas fatigas

Lejos de la ciudad construyó esta casa y entristecido
por la muerte de Anticlea, quiso vivir aquí su vejez

Ayer lo enterramos
Erigió esta atalaya para mirar al occidente, hacia Sicilia
de allí provino la noble esclava que le cuidó

Ella, su marido dolio y sus seis encanecidos hijos
reposan aquí

Ya viejo, sin fuerzas, me he fatigado

subiendo las escalas hasta el puesto del vigía y miro:

Más allá de Sicilia el Lacio, Etruria, Iberia

De allí vienen barcos cada vez más numerosos, hacen
piratería y se cuenta

que vencieron a una flota fenicia

No es mucho si a ver vamos

todavía la Hélade está en formación

dorios, aqueos, pelasgos en plena amalgama

Nuestros dioses son jóvenes y se disputan su lugar en
el Éter.

Vendrá la hora en que un Titán desafíe al Crónida

y hombres que desprestigien a nuestras deidades

Esto habrá de suceder, los griegos perderán

la fe con Asia y Egipto fusionados

ya no impetrarán a Zeus y creerán en la sola fuerza
de su mente, tal como Áyax creyó en su brazo.

Sólo el teucro Eneas escapó a nuestras invictas
manos y se cuenta que pasó cerca de Ítaca con una
flota en dirección al oeste.

Desde esta atalaya, contemplo el enigmático mar como el augur las vísceras de las aves

Tiempos vendrán, en que los poetas digan toda mentira
de Odiseo.

Cuando los griegos les crean, allanarán el camino de la
derrota

y venciendo, hombres bárbaros digan que así
vengaron a la pérfida Ilión

Ahora senecto, ante el umbral de la muerte

preparo mi corvo bajel

He ordenado los avíos para el cóncavo vientre y erguir
el mástil velero de mi nave bien proporcionada de
ligero curso.

Esta vez, no habrá despedidas en el fondeadero de
Ítaca

Mi vida sobre la patria griega se extingue así

es de noche y he de emprender solo este viaje

Braman horriblemente las negruzcas olas azotando la
árida costa, cubriéndolo todo con saladas espumas

Más allá ruge el gran abismo del océano fecundo en
hondas corrientes

Voy hacia la orilla del mar anchuroso en caminos

inhalo el acervo olor salobre del Ponto profundísimo

Y una vez desatada la amarra de la piedra agujereada

el vasto seno del mar, abundoso en peces me recibe

Navego ahora hacia la otra Troya en la memoria de los
tiempos postreros

Anticlea, Telémaco, Penélope, Laertes, y Argos mi perro,
van conmigo.


Autor: José Antonio Gutiérrez

Sobre el Infierno en La Eneida

Caronte y el Infierno
Caronte y el Infierno

RESUMEN

Del rico y complejo contenido religioso, filosófico, histórico, mítico y legendario del Libro VI, elegimos un pasaje para reflexionar, el instante en que Eneas y la Sibila pisan el umbral de la domus Ditis. Allí encuentran un grupo de abstracciones personificadas, “espíritus personificados”, “figuras alegóricas”, que ocupan ambos umbrales de la entrada. En esta comunicación nos planteamos si son creadas o imitadas por Virgilio, por qué y para qué están ubicadas en este sitio.

CONSIDERACIONES SOBRE EL INFIERNO EN “LA ENEIDA”


Del rico y complejo contenido religioso, filosófico, histórico, mítico y legendario del Libro VI, elegimos un pasaje para reflexionar, el instante en que Eneas y la Sibila pisan el umbral de la domus Ditis. Allí encuentran un grupo de abstracciones personificadas, “espíritus personificados”, “figuras alegóricas”, que ocupan ambos umbrales de la entrada. En esta comunicación nos planteamos si son creadas o imitadas por Virgilio, por qué y para qué están ubicadas en este sitio.

Este locus virgiliano empieza con el verso 268: “Ibant obscuri sola sub nocte per “umbram”, Iban oscuros bajo la noche sola través de la sombra. A partir de este verso hasta el 272 Virgilio crea el clima inquietante, de claridad incierta, sin huella de color, un bosque frondoso, con silbido del viento entre las hojas; un clima que provoca el temblor de lo desconocido a punto de develarse. Siguen nueve versos, del 273 al 281, que contienen el catálogo de personificaciones: el Dolor, las Preocupaciones, las Enfermedades, La Vejez, el Miedo, el Hambre, la Necesidad, la Muerte, la Fatiga, el Sopor y los Malos Goces del alma, ocupan un umbral de las “fauces”; el otro está ocupado por las Euménides, la Guerra y la Discordia.. La descripción de esta entrada se completa con otro catálogo, esta vez de monstruos mitológicos: los Centauros, las Escilas, Briareo, la Hidra de Lerna, la Quimera, las Gorgonas, las Harpías y Gerión, nombrados entre los versos 285 a 289. De v. 290 a 294 se da la acción defensiva o conjuradora de Eneas, que opone el filo de su espada a las sombras. Un total de 27 versos, distribuibles en una estructura tripartita: 1) Introducción, del verso 268 al 272; 2) Desarrollo, del verso 273 al 289 y 3) Conclusión, del verso 290 al 294. Las citas latinas seguirán el texto establecido por Goelzer para la edición francesa de Les Belles Lettres. El aparato crítico transcribe, referido al v. 289 los cuatro versos describiendo a la gorgona Medusa, que Servius decía haberlos dejado el poeta para este lugar; pero los editores Vario y Tuca los suprimieron.

Los conocidos versos creadores de la atmósfera a la que acceden Eneas y la Sibila han sido muchas veces comentados por su excelencia de forma y contenido; sin embargo he de citarlos y dar una traducción literal de ellos porque inician el pasaje que comento y porque su elocuencia sonora deja percibir, según jueguen las nubes con la luna, la semipenumbra de gris esfumado sin diferencia de lleno y vacío; y a ratos, el soplo de vientos que mecen la fronda y rozan, al pasar, a los ingresantes al Orco:

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram
perque domos Ditis uacuas et inania regna:
quale per incertam lunam sub luce maligna
est iter in siluis, ubi caeleum condidit umbra
Iuppiter, et rebus nox abstulit atra colorem.

Iban oscuros bajo la noche sola a través de la sombra y la casa vacía, el desierto reino de Plutón, como se viaja en un bosque bajo la luz maligna de la inconstante luna, cuando Júpiter oculta al cielo con una sombra y una noche negra arrebata el color a las cosas.

Virgilio diseña la entrada del Orco como la de una casa rica de su época; no en vano anticipó, con una chispa de humor en el v. 269, “domos Ditis vacuas”, la casa vacía del Rico. Las casas de la antigua Roma tenían un “vestibulum”, el espacio entre la calle y la puerta de la fachada, un “atrium” con su “compluvium” y la habitación principal o “tablinum”. Las casas de la Roma de Augusto tenían agregada, detrás de “tablinum”, una segunda casa, helenística, con peristilo, a la cual se accedía por otro pasillo, un segundo “fauces”

La “domos Ditis” tiene un vestíbulo y un primer pasillo, verso 273:
Vestibulum ante ipsum primis in faucibus Orci

En este sitio, “ante el mismo vestíbulo en el primer pasillo de Orco, están aposentadas las personificaciones de los males que destruyen la vida humana: el Dolor, las vengadoras Preocupaciones; allí habitan las pálidas Enfermedades, la triste Vejez, el Miedo, el Hambre, mala consejera, la torpe Necesidad; formas terribles de ver, las llama Virgilio; La Muerte y la Fatiga, el Sopor, hermano de la muerte, “consanguineus Leti”, aludiendo al entorpecimiento de todas las facultades del hombre sumido en un sueño profundo como la muerte, aletargado; y en este mismo sitio están los malos Gozos (mala Gaudia) del alma. Y en el umbral del frente, “in limine aduerso”, están la Guerra (Bellum) portadora de la muerte, mortífera, los lechos de hierro de las Furias (Eumenidum) nombradas con su nombre griego tanto por razones de eufonía, métrica y estilo, como porque el poeta refleja la religión de la Roma de Augusto, que él vive como una religión natural, sin distinguir dioses por su origen más o menos indígena. Cerrando este umbral y este primer catálogo se nombra a la Discordia (Discordia) demente, tejida su cabellera viperina con ínfulas sangrientas.

“Espíritus personificados” ha llamado a estas criaturas Cyril Bailey, los ha supuesto provenientes de Homero, Hesíodo, sugeridos posiblemente por Lucrecio, III, 65. La diferencia fundamental entre las personificaciones usadas por Homero y las de Virgilio está en la actitud casi inactiva de estas últimas. El Sueño es convocado por Hera para adormecer a Zeus y cumple su mandato. Virgilio las nombra como presencias, por ejemplo en Georgica III, 552, aparecen las Enfermedades y el Miedo empujados por Tisifone delante de ella; igual en Georgica IV, 481 las moradas de la Muerte se llenan de estupor ante el descenso de Orfeo. En Eneida IV, 183 y ss. se narra la acción de la Fama pregonera de la unión de Dido con Eneas; pero allí más que una personificación, la Fama es un monstruo.

Hesíodo en su Teogonía, nombra la segunda generación de dioses, los hijos de la Noche y de Eris; el catálogo da primero los nombres de los hijos de la Noche y Erebo, después los de la Noche sola, hasta el nacimiento de la “astuta Gris”, quien engendra una larga serie de males personificados. El catálogo virgiliano coincide con algunos nombres de este pasaje de la Teogonía; pero siendo más conciso, cubre y sobrepasa en significado al hesiódico, porque el poeta latino no se propone una divinización del mundo como el griego, sino dar otro mensaje a sus lectores.

Lucrecio en De Rerum Natura, III trata la naturaleza y composición del alma y el sentimiento de la muerte. Culpa al terror a la muerte de todos los pecados que el hombre comete contra sus semejantes y contra sí mismo. Los versos 65-67 aducidos como inspiradores de Virgilio son:

Turpis enim ferme contemptus et acris egestas
semota ab dulci wita stabilique uidetur,
et quasi iam leti portas conctarier ante.

En efecto, por lo común, el desprecio torpe y la acuciante pobreza parece alejada de una vida dulce y estable y parece vacilar ante las puertas de la muerte.

En realidad Lucrecio explica cómo obra en los hombres el terror a la muerte “la avaricia, la ciega codicia de honores obligan a los hombres dignos de lástima...”; no parece estar nombrando personificaciones; en su forma poética de decirlo la que crea la similitud aparente. Virgilio no comparte el materialismo de Lucrecio sobre la naturaleza del alma, y para liberar al nombre del terror a la muerte busca vías diferentes.

Robert Schilling en 1982 da la interpretación más reciente, conocida por nosotros, de las personificaciones de Virgilio, las considera creaciones del poeta romano, que no integran el panteón reconocido, algunas son réplicas infernales de entidades terrestres; considera el nombrar las Euménides “una nota mitológica para enriquecer la lista” y asigna a todo el conjunto el rol esencial de producir una atmósfera lúgubre e inquietante. Acerca del uso del nombre griego de las Euménides ya anticipamos que Virgilio vive en forma natural la religión de su época, síntesis de panteones, conforme lo explica Boyance. La atmósfera adecuada ya estaba creada en los versos 268-272, iniciales del pasaje y es difícil que se haya pensado en dobletes infernales de divinidades veneradas por los romanos.

Sin embargo con Schilling admitimos la libre creación de Virgilio y su libertad al agrupare personificaciones no por su genealogía sino por su significado.

En el ordenamiento se diría que le preocupa mostrar la sucesión, en el transcurso de la vida humana, de estas realidades negativas: al dolor o sufrimiento provocado por las pasiones suceden las preocupaciones o remordimientos y las enfermedades, que acompañan al debilitamiento espiritual del hombre. La vejez está a menudo acompañada por el miedo, el hambre y la necesidad o pobreza, precursora de la muerte; los malos gozos del alma o perversas complacencias de la mente provocan la decadencia moral, la fatiga física y anímica y precipitan al hombre en el sopor, consanguíneo de la muerte por la anulación del ser.

Parece un pensamiento trivial, por lo contemporáneo; pero en el momento y para la sociedad que fue formulado, tenía la potencia explosiva suficiente para convocar a una reflexión sobre el valor de la vida humana, que se complementa con las imágenes del segundo umbral, nombradas en orden regresivo: la discordia entre los hombres engendra furias asesinas que dan nacimiento al mayor monstruo, la guerra, azote de la Humanidad. Es tal el peso significativo que Virgilio pone en la Guerra, que basta para equilibrar la mayor cantidad de criaturas agrupadas en el primer umbral. El V. 279 completa al anterior con “Gaudia” y luego con dos sinalefas crea un bloque sonoro y contundente para caracterizar a Bellum:

Gaudia, mortiferumque aduerso in limite Bellum

Virgilio declara su adversión a la guerra en cada una de sus obras; pero en la Eneida más contundentemente, porque lo hace a través de reflexiones, de imágenes de muerte y destrucción y también lo dice en los adjetivos caracterizadores de la palabra “bellum” en toda la obra; Espinosa Polit hizo el rastreo en su bello libro sobre el poeta romano.

“Mortiferum”, formado por “mors” muerte y “fero”, llevar, la que lleva la muerte, la portadora de la muerte, tiene la rapidez de la flecha, que rasga el aire antes de segar una vida; “mostiferum Bellum” es “segadora veloz de miles de vidas humanas”.

Hasta aquí llega la parte fundamental del pensamiento virgiliano en el pasaje comentado; lo demás, el encuentro con el olmo cobijador de sueños y el catálogo de monstruos mitológicos es complementario; pudo o no estar en él; sin embargo el significado total del pasaje se alcanza sólo con ellos. El olmo, hogar de los “somnia uana”, es un puente entre ambos conjuntos: los sueños vanos aligeran las cargas de la vida; pero pueden infiltrar las pasiones en el ser; porque los monstruos mitológicos del segundo conjunto representan, el triunfo de los instintos sobre el espíritu, lo inferior sobre las facultades superiores, las pasiones sobre la razón, la desmesura sobre la medida. No creemos que los versos 285-289 estén en una nekya griego, o si lo están, Virgilio los ha enriquecido en significado nuevo. Lo innegable es que hay complementariedad entre ambos conjuntos, entre v.273-281 y v. 285-289, porque el poeta usa el verbo “habitant” frecuentativo de “habeo”, habitar, hallarse habitualmente en, para las personificaciones; y en v.286, “stabulant”, verbo denominativo derivado de “stabulum”, vivir en un establo; hay dependencia y equilibrio de opuestos entre ambos significados, porque el primero indica acción que cumplen los seres racionales y el segundo, los irracionales.

Muchas veces se ha señalado al dolor como una de las mayores preocupaciones de Virgilio. El poeta mantuano, temprano conocedor del dolor, del sufrimiento humano, se ha dicho, busca, sin hallarla, una justificación del mismo. Pese al “fatum”, cuya presencia indestructible guía la acción de los hombres en la Eneida, Virgilio admite, en este pasaje, el dolor junto con las preocupaciones, enfermedades, miedo, vejez, como cargas inevitables en la vida. El hombre puede, en cierto modo, sobrellevar su peso con los sueños, siempre que sepa contener los asaltos de las pasiones, como lo intenta Eneas con su espada.

Atravesado el zaguán, Eneas y la Sibila prosiguen su marcha adelante, cruzando los espacios tenebrosos del Infierno, hacia la luz.


Autora: María Alejandra Crespín Argañaraz