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Mostrando entradas de agosto, 2011

Gracias por el fuego

Gracias por el fuego
No abro los ojos, presiento que al hacerlo, me alejo.
Verano en Grecia. No recuerdo el día ni el año, sólo el impulso del corazón me invita a  escribirte.
En cada monasterio, traspasados los muros y el alto portal, me espera el sabor reparador de ta lucumbia y to ousho. Me gusta este cansancio y su efecto narcótico exacerbado alguna vez por los poetas malditos y la percepción de lo bello es común, se instala en mí, es mi propia naturaleza. El cuerpo y la mente, aligeran su peso.
Juego con los colores: lucumbias dulces, amarillas, rojas, el mentolado verde y el alcohol suave, mantienen mi  lucidez.
Un cuarto austero, amplio y en penumbras. Un catre, una ventana y el vasto universo. Esta es la hospitalidad de los monjes.
Caminé seis horas. ¿Fueron seis? Estoy en Xiropotamus, el monasterio de las rosas. No existe el tiempo en los senderos que los helenos denominaron monopaty. Me estremece pensar que antiguos peregrinos transitaron estos mismos caminos, ser uno más en sus …

Monasterio de Agia Lavra

Monasterio de Agia Lavra
Te escribo desde una  habitación en el Peloponeso, la enorme isla en la que nació Despula Arfanis, quien no sabía que sería mi madre.

Asistí a misa, nada habitual en mí. Hace minutos terminó la liturgia.
Me asignaron la misma habitación que alojó a mi tío Nikiforos, y  en la cual murió hace ya tres años.

Aquí estoy, cansado e inmensamente conmovido. Te pienso sin distancia.

Aún está clara la noche tardía y veo el valle como lo describe la alta literatura: dorado de maduros trigos, montañas de color magenta y cipreses orgullosos de su altura. Calor intenso. La naturaleza es extraña. De pronto, el aguacero golpea con fuerza los cristales de la única ventana del cuarto. Una línea imaginaria dibuja en ella su  simetría. Como en el escudo de Aquiles, la dualidad divide el paisaje en lluvias y  sequías.

Detrás de las montañas el cielo se abre dorado. Sí, dorado.

Los últimos, no débiles, rayos de sol, perforan las nubes de azul oscuro. En el alféizar se detiene una p…

La Segunda Grecia