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Llovizna sobre el rojo

el viaje de los dias, llovizna sobre el rojo

Autor: Jorge Anagnostópulos
Llovizna sobre el rojo



A pesar de la lluvia anunciada, viajo hacia Kalambaka.
La ciudad de ondulados tejados resguarda una iglesia paleocristiana de setecientos años: la Asunción de la Virgen.
Ingreso en el espacio consagrado, vulnerando el silencio.
Su interior revela la dedicación del devoto. La lámpara encendida, la corona entrelazada de oro y ramas de olivos nunca marchitas, son actos de fe rendidos ante la perfecta cruz.
Solitario en la penumbra, veo mi sombra temblorosa acrecentada en las paredes. Ante la imagen de la Virgen, pronuncio espontáneamente dos palabras: perdón y gracias. Y regreso a la claridad del día.
Así, como entre dos luces, voy al encuentro del mítico río que desembocaba en el mar de Tesalia. El versátil diseño del que sabe transformó la escenografía. Favorable al espíritu de los hombres que procuraban comprender el enigma de la propia existencia.
Recluidos en las Meteoras, los eremitas oraban ignorando que ya eran la memoria de Dios.
El monasterio de la Transfiguración oculta una iglesia bizantina con las reliquias de Atanasio, el monje desterrado del monte Athos.
Los frescos policromados refieren las persecuciones y los martirios expiados por los cristianos. Delatan la crueldad turca y la furia albanesa, que expulsaban a los muertos del cementerio.
Semejante al asceta en retiro, invoco tu presencia sintiendo a tu corazón uno con el mío y me atrevo a expresar, como aquel otro griego: “Nada deseo, nada temo, soy libre” (*).

(*) Epitafio de Niko Kazantzakis.

Autor: Jorge Anagnostópulos