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Catecismo Ortodoxo Parte I


Catecismo
Ortodoxo


“Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en el amor que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 1:13).


Contenido: Instrucción. Sobre La Divina Revelación. Sobre la Sagrada Tradición y las Sagradas Escrituras. Sobre las Sagradas Escrituras en particular. La Composición del Catecismo. Primera Parte del Catecismo Ortodoxo Sobre la Fe. Sobre los artículos del Símbolo de la fe. La Segunda parte del Catecismo Ortodoxo. Sobre la esperanza. Tercera parte del Catecismo Ortodoxo. Sobre el amor. Conclusión.
 


Instrucción


Pregunta: ¿Qué es el Catecismo Ortodoxo?
Respuesta: El Catecismo Ortodoxo es la enseñanza en la fe cristiana ortodoxa, para instruir a cada cristiano a fin de agradar a Dios y salvar su alma.
Pregunta: ¿Cuál es el significado de la palabra Catecismo?
Respuesta: Es una palabra griega que significa instrucción, o enseñanza oral. Ha sido usada desde los tiempos de los Apóstoles para dar el conocimiento elemental de la fe cristiana ortodoxa, necesaria a todo cristiano (Lucas 1:4; Hechos 18:25).
Pregunta: ¿Qué es necesario para agradar a Dios y para salvar nuestra alma?
Respuesta: En primer lugar, conocer al verdadero Dios y tener fe en Él. En segundo lugar, llevar una vida acorde con la fe y realizar buenas obras.
Pregunta: ¿Por qué la fe es necesaria en primer término?
Respuesta: Porque según el testimonio de la palabra de Dios: “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebr. 11:6).
Pregunta: ¿Por qué debe ser inseparable de la fe la realización de buenas obras?
Respuesta: Porque según el testimonio de la Palabra de Dios: “La fe sin obras está muerta” [Santiago (Jacobo) 2:20].
Pregunta: ¿Qué es la fe?
Respuesta: De acuerdo con la definición de San Pablo: “Es, pues, la fe la sustanciación de lo que se espera, la demostración de lo que no se ve” (Heb. 11:1). Es la certeza en lo que no se ve, como si lo estuviésemos viendo; en lo deseado y esperado, como si estuviese presente.
Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre conocimiento y fe? 1
Respuesta: El conocimiento tiene por objeto las cosas visibles y comprensibles. La fe, tiene por objeto las cosas que son invisibles e incluso incomprensibles. El conocimiento está fundado en la experiencia, en el examen de un objeto. En cambio, la fe se basa en la confianza al testimonio de la verdad. El conocimiento pertenece propiamente al intelecto aunque puede actuar también sobre el corazón. La fe pertenece principalmente al corazón, pese a que comienza en pensamientos.
Pregunta: ¿Por qué es necesaria la fe y no sólo el conocimiento en la instrucción religiosa?
Respuesta: Porque el objeto principal de esta instrucción es Dios invisible e incomprensible, y la Sabiduría de Dios oculta en un misterio. Consecuentemente, gran parte de esta enseñanza no se puede alcanzar mediante el conocimiento, pero se debe recibir mediante la fe. La fe, dice San Cirilo de Jerusalem, “es el ojo que ilumina toda conciencia y le da el conocimiento al hombre.” Pues, como dice el profeta: “Si no creyereis, no entenderéis” (Isaías 7:9; Cir. Cat. 5).
Pregunta: ¿Cómo se puede ilustrar más la necesidad de la fe?
Respuesta: San Cirilo ilustra esa necesidad así: “No sólo entre nosotros llevamos el nombre de Cristo, no sólo para nosotros la fe es algo tan grande, sino que todo lo que es hecho en el mundo, incluso por personas desconectadas de la Iglesia, es hecho por fe. La agricultura está fundada en la fe. Porque nadie que no crea que obtendrá aumentados para sí los frutos de la tierra emprende-ría los trabajos de la siembra. Los marinos están guiados por la fe cuando se confían a un débil madero y prefieren la agitación de las aguas inestables a los estáticos elementos de la tierra. Se entregan a expectativas inciertas, y no retienen para sí mismos más que la fe en la que confían; confían más en la fe que en las anclas” (Cir. Cat. 5).


Sobre La
Divina Revelación


Pregunta: ¿De dónde proviene la enseñanza de la Fe Ortodoxa?
Respuesta: De la Revelación Divina.
Pregunta: ¿Qué se entiende por las palabras Revelación Divina?
Respuesta: Que Dios mismo se reveló a los hombres para que puedan creer en Él con rectitud, para su salvación y para honrarlo como se merece.
Pregunta: ¿Otorgó Dios esa revelación a todos los hombres?
Respuesta: La otorgó a todos, porque la revelación es necesaria a todos por igual, y es capaz de llevar salvación a todos. Pero, dado que no todos los hombres pueden recibir inmediatamente la Revelación de Dios, Él empleó personas especiales como heraldos, para presentarla a todos los que desean recibirla.
Pregunta: ¿Por qué no todos los hombres son capaces de recibir la Revelación directamente de Dios?
Respuesta: Debido a la impureza de sus pecados y a la fragilidad de su cuerpo y de su alma.
Pregunta: ¿Quiénes fueron los heraldos de la Revelación Divina?
Respuesta: Adán, Noé, Abraham, Moisés y otros profetas recibieron y predicaron los Principios de la Revelación Divina; pero fue el Hijo de Dios encarnado, Nuestro Señor Jesucristo, quien la trajo a la tierra en toda su plenitud y perfección y la expandió por todo el mundo por medio de sus discípulos y apóstoles. El Apóstol San Pablo dice en el comienzo de su Epístola a los Hebreos: “De manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios a nuestros Padres por medio de los Profetas; en éstos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien puso como heredero de todo, por Quien también creó al mundo.”
El mismo Apóstol escribe a los Corintios: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció... Dios nos la reveló a nosotros por su Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1Cor. 2:7-8 y 10). El Evangelista San Juan escribe: “A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer” (Juan 1:18). Jesucristo mismo dice: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre lo conoce nadie sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mat. 11:27).
Pregunta: ¿Entonces el hombre no puede tener ningún conocimiento de Dios sin una espe-cial revelación del Él?
Respuesta: El hombre puede tener cierto conocimiento de Dios contemplando las cosas que Él ha creado. Pero este conocimiento es imperfecto e insuficiente y puede servir solamente como pre-paración para la fe, o como una ayuda ante el conocimiento de Dios por su revelación. “Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y divinidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Rom. 1:20). “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, pueden hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en Él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:26-28). “Con respecto a la fe en Dios, está precedida por la idea de que 'Dios Es'. Recibimos esta idea de las cosas que fueron creadas. Examinando atentamente la creación del mundo, percibímos que Dios es Omnis-ciente, Todopoderoso y Bueno. Percibimos también sus propiedades invisibles. Por esos medios lo reconocemos como Soberano Supremo. Viendo que Dios es el Creador del mundo entero y que nosotros formamos parte del mundo, se deduce que Dios es también nuestro Creador. De este conocimiento viene la fe, y de la fe viene la adoración” (San Basilio el Grande, Epíst. 232).


Sobre la Sagrada Tradición
y las Sagradas Escrituras


Pregunta: ¿Cómo se difunde la Divina Revelación entre los hombres y cómo se preserva en la verdadera Iglesia?
Respuesta: Por medio de: la Sagrada Tradición y las Sagradas Escrituras.
Pregunta: ¿Qué se entiende bajo el nombre de Sagrada Tradición?
Respuesta: Por el nombre de Sagrada Tradición entendemos la enseñanza de la fe, la Ley de Dios, los Sacramentos y los ritos que nos fueron transmitidos por los verdaderos creyentes y ado-radores de Dios de generación en generación.
Pregunta: ¿Hay algún depositario de la Sagrada Tradición?
Respuesta: Todos los verdaderos creyentes unidos por la Sagrada Tradición de la fe, colectiva y sucesivamente, por la voluntad de Dios componen la Iglesia. Y la Iglesia es la segura depositaria de la Sagrada Tradición. Como expresa San Pablo: “La Iglesia del Dios viviente, el pilar y fun-damento de la verdad” (1 Tim. 3:15).
San Ireneo escribe: “No debemos buscar entre otros la verdad que podemos obtener bus-cándola en la Iglesia. Porque en Ella, como en una rica Casa del Tesoro, los Apóstoles nos deja-ron en su plenitud todo lo que pertenece a la verdad, de manera que quien la busque, reciba de Ella el alimento de vida. Ella es la puerta a la vida” (Adv. Haeres. T. 3 C. 4).
Pregunta: ¿Qué son las llamadas Sagradas Escrituras?
Respuesta: Son libros escritos por el Espíritu de Dios, a través de hombres santificados por Dios, llamados Profetas y Apóstoles. La reunión de estos libros se llama Biblia.
Pregunta: ¿Qué significa la palabra Biblia?
Respuesta: Es un término griego que significa “Libros.” El nombre indica que los Libros Sagra-dos merecen atención antes que cualesquiera otros.
Pregunta: ¿Qué es más antigua, la Sagrada Tradición o las Sagradas Escrituras?
Respuesta: El más antiguo instrumento para difundir la Divina Revelación es la Sagrada Tradi-ción. De Adán a Moisés no hubo libros sagrados. Nuestro Señor Jesucristo mismo dio su divina enseñanza y fundamentos a sus Apóstoles por la palabra y el ejemplo, y no por la escritura. El mismo método fue seguido por los Apóstoles al principio, cuando difundieron la fe y establecie-ron la Iglesia de Cristo. La necesidad de tradición es más evidente, si se entiende que los libros eran y son accesibles sólo a una pequeña parte de la humanidad, mientras que la tradición llega a todos.
Pregunta: ¿Por qué, entonces, fueron dadas las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Para que la Sagrada Tradición sea preservada más exactamente y permanezca sin modificaciones. En las Sagradas Escrituras leemos las palabras de los Profetas y Apóstoles como si estuviesen vivos y las oyésemos de ellos mismos, a pesar de que los libros sagrados fueron escritos un milenio o varios cientos de años antes de la era Cristiana.
Pregunta: ¿Debemos seguir la Sagrada Tradición incluso si poseemos las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Debemos seguir la Tradición que está de acuerdo con la Divina Revelación y con las Santas Escrituras, como nos lo expresan éstas. El Apóstol San Pablo dice: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por Epístolas” (2 es. 2:15).
Pregunta: ¿Por qué la Tradición es necesaria en la actualidad?
Respuesta: Como guía para la correcta comprensión de las Sagradas Escrituras, para la correcta administración de los Sacramentos y para preservar los sagrados ritos y ceremonias en la pureza de su institución original. San Basilio el Grande dice sobre esto lo siguiente: “Las enseñanzas y los mandamientos se conservan en la Iglesia. Algunas están y otras las recibimos por Tradición Apostólica. Todas tienen la misma fuerza mediante la devoción. Lo dicho no puede ser impug-nado, aun por los que tienen poco conocimiento en las disposiciones de la Iglesia. Porque si re-chazáramos las costumbres no escritas, como si tuvieran poca importancia, estaríamos, sin duda alguna, mutilando el Evangelio en lo más importante, o de lo contrario, de los sermones de los Apóstoles dejaríamos el nombre vacío.
Por ejemplo, en primer lugar mencionamos sobre lo más común: Para que los esperanzados en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo se signen a sí mismos con la señal de la Cruz, ¿quién lo enseño por escrito? ¿Qué escritura enseña a dirigirse a Oriente para rezar? Respecto a las Pa-labras para la transmutación del Pan Eucarístico y del Cáliz de las bendiciones, ¿cuál de los san-tos nos lo dejó por escrito? No nos conformamos con las palabras que el Apóstol dice y el Evan-gelio registra, sino que antes y después pronunciamos otras, de gran fuerza para el Sacramento, que hemos recibido por enseñanza no escrita. ¿En qué Escritura se nos habla sobre la forma en que debemos bendecir las aguas para el Bautismo, el aceite de la unción y a la persona misma que es bautizada? Por una tradición silenciosa y secreta. ¿Qué más? La práctica misma de ungir con aceite, la norma de la triple inmersión y el resto de las ceremonias del Bautismo, la renuncia a satanás y sus ángeles, ¿de qué Escritura están tomadas? ¿No son acaso todas esas enseñanzas inéditas y privadas las que nuestros Padres conservaron, por medio del silencio, de la curiosidad y las disquisiciones profanas, habiendo sido instruidos en el principio de resguardar por el silen-cio la santidad de los misterios? ¿Por qué publicar por escrito la enseñanza referente a lo que no se les permite a los no bautizados siquiera ver?” (Can. 97, sobre el Espíritu Santo, cap. 27).


Sobre las Sagradas
Escrituras en particular


Pregunta: ¿Cuándo fueron escritos los Libros Sagrados?
Respuesta: Fueron escritos en distintas épocas, algunos antes del nacimiento de Cristo, otros des-pués.
Pregunta: ¿Tienen estas dos divisiones de los Libros Sagrados sus propios nombres?
Respuesta: Sí. Los escritos antes del nacimiento de Cristo son llamados Libros del Antiguo Tes-tamento, mientras que los escritos después del nacimiento de Cristo son llamados Libros del Nuevo Testamento.
Pregunta: ¿Qué son el Antiguo y el Nuevo Testamento?
Respuesta: Dicho en otras palabras, son la Antigua y la Nueva Alianza de Dios con los hombres.
Pregunta: ¿En qué consiste el Antiguo Testamento?
Respuesta: Consiste en que Dios prometió a los hombres un Divino Salvador, y los preparó para recibirlo.
Pregunta: ¿Cómo preparó Dios a los hombres para recibir al Salvador?
Respuesta: Dios preparó a los hombres con revelaciones graduales, profecías y preimágenes.
Pregunta: ¿En qué consiste el Nuevo Testamento?
Respuesta: Consiste en que Dios dio a los hombres un Divino Salvador, su Hijo Único, Jesucris-to.
Pregunta: ¿Cuántos son los libros del Antiguo Testamento?
Respuesta: San Cirilo de Jerusalem, San Atanasio el Grande y San Juan Damasceno dicen que son veintidós libros, coincidiendo con los judíos, que así los numeraban en la lengua hebrea ori-ginal (Atanas. Ep. 39, J. Damasc. Theol., líbro 4, c. 17).
Pregunta: ¿Por qué debemos respetar el recuento de los hebreos?
Respuesta: Porque, como dice el Apóstol San Pablo, a ellos les fueron confiados los oráculos de Dios. Y los libros sagrados del Antiguo Testamento fueron recibidos por la Iglesia Cristiana en el Nuevo Testamento (Rom. 3:2).
Pregunta: ¿Cómo enumeraron San Cirilo y San Atanasio los libros del Antiguo Testamen-to?
Respuesta: De la siguiente forma:
1. El Libro del Génesis.
2. Éxodo.
3. Levítico.
4. El Libro de los Números.
5. Deuteronomio.
6. El Libro de Josué, hijo de Nun.
7. El Libro de los Jueces, y con él, como apéndice, el Libro de Ruth.
8. El Primero y Segundo Libro de los Reyes (1y 2 Samuel), como dos partes de un mismo Libro.
9. El Tercer y Cuarto Libro de los Reyes (1y 2 Reyes).
10. El Primer y Segundo Libro de Paralipómenos (Crónicas).
11. El Primer Libro de Esdras y el Segundo o, como se lo titula en griego, el Libro de Ne-hemías.
12. El Libro de Esther.
13. El Libro de Job.
14. Los Salmos.
15. Los Proverbios de Salomón.
16. El Eclesiastés, también de Salomón.
17. El Cantar de los Cantares, también de Salomón.
18 El Libro del Profeta Isaías.
19. De Jeremías.
20. De Ezequiel.
21. De Daniel.
22. De los Doce Profetas.
Pregunta: ¿Por qué no se nombra en esta enumeración de los Libros del Antiguo Testamento al Libro de la Sabiduría del hijo de Sirac y a algunos otros?
Respuesta: Porque no existen en el Antiguo Testamento Hebreo.
Pregunta: ¿Cómo debemos considerar estos Libros?
Respuesta: Atanasio el Grande dice que eran indicados por los Padres para ser leídos por aque-llos que se preparaban para su admisión en la Iglesia.
Pregunta: ¿Hay alguna división de los Libros del Antiguo Testamento, que dé una idea aproximada de su contenido?
Respuesta: Pueden ser divididos en:
1. Libros de la Ley, que forman la base del Antiguo Testamento.
2. Libros Históricos, que contienen principalmente la historia de la religión.
3. Instructivos, que contienen la enseñanza de la religión.
4. Proféticos, que contienen profecías o predicciones del futuro, y especialmente sobre Je-sucristo.
Pregunta: ¿Cuáles son los Libros de la Ley?
Respuesta: Los cinco Libros escritos por Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deutero-nomio. Jesucristo mismo da a estos Libros el nombre general de “Ley de Moisés” (Lucas 24:44).
Pregunta: ¿Qué contiene en particular el Libro del Génesis?
Respuesta: Contiene el relato de la creación del mundo y el hombre, y la historia de las reglas religiosas en los primeros tiempos de la humanidad.
Pregunta: ¿Qué contienen los otros cuatro Libros de Moisés?
Respuesta: Contienen la historia de la religión en el tiempo del Profeta Moisés, y la Ley dada por Dios a través de él.
Pregunta: ¿Cuáles son los Libros históricos del Antiguo Testamento?
Respuesta: Los Libros de Josué, hijo de Nun; Jueces; Ruth; Reyes; Crónicas; Esdras; Nehemías y Esther.
Pregunta: ¿Cuáles son los instructivos?
Respuesta: El Libro de Job, los Salmos y los Libros de Salomón.
Pregunta: ¿Qué observaciones particulares debemos hacer sobre el Libro de los Salmos?
Respuesta: Este Libro, junto con la enseñanza de la religión, contiene alusiones sobre su historia, y muchas profecías concernientes a nuestro Salvador Jesucristo. Es un perfecto manual de ora-ción y alabanza, y por ese motivo es de uso continuo en los Divinos Servicios de la Iglesia.
Pregunta: ¿Qué Libros son proféticos?
Respuesta: Los de los Profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel y los otros doce.
Pregunta: ¿Cuántos son los Libros del Nuevo Testamento?
Respuesta: Veintisiete.
Pregunta: ¿Hay libros de la ley en el Nuevo Testamento, es decir, que formen su base?
Respuesta: Sí. El Evangelio, que consiste en los cuatro Libros de los Evangelistas Mateo, Mar-cos, Lucas y Juan.
Pregunta: ¿Qué significa la palabra Evangelio?
Respuesta: Es una palabra griega que significa Buena Nueva.
Pregunta: ¿Qué Buena Nueva tenemos de los Libros llamados Evangelios?
Respuesta: De la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, de su advenimiento y vida sobre la tie-rra, de sus milagros y enseñanza salvadora, y finalmente de su muerte en la Cruz, su Gloriosa Resurrección y Ascensión a los cielos y de su victoria sobre el infierno y que nos concedió la salvación.
Pregunta: ¿Por qué se llama Evangelio a estos libros?
Respuesta: Para el hombre no puede haber nada mejor ni más gozoso que la novedad de un Divi-no Salvador y de la Salvación eterna. Por esta razón, el Evangelio que se lee en la Iglesia, es pre-cedido y acompañado por las alegres exclamaciones: “Gloria a Ti, Señor, Gloria a Ti.”
Pregunta: ¿Son históricos algunos de los libros del Nuevo Testamento?
Respuesta: Sí. El Libro de los Hechos de los Santos Apóstoles.
Pregunta: ¿Sobre qué relata este libro?
Respuesta: Sobre el Descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la expansión de la Iglesia de Cristo.
Pregunta: ¿Qué es un Apóstol?
Respuesta: La palabra Apóstol significa Enviado. Es el nombre dado a aquellos discípulos elegi-dos por Nuestro Señor Jesucristo, a los que Él envió a predicar el Evangelio.
Pregunta: ¿Cuáles de los libros del Nuevo Testamento son instructivos?
Respuesta: Las siete Epístolas Universales, o sea: una del Apóstol Santiago (Jacobo), dos de San Pedro, tres de San Juan, una de San Judas Tadeo y catorce Epístolas del Apóstol San Pablo: una a los Romanos, dos a los Corintios, una a los Gálatas, una a los Efesios, una a los Filipenses, una a los Colosenses, dos a los Tesalonisenses, dos a Timoteo, una a Tito, una a Filemón y una a los Hebreos.
Pregunta: ¿Hay entre los libros del Nuevo Testamento alguno profético?
Respuesta: Sí. El Libro del Apocalipsis.
Pregunta: ¿Qué significa la palabra Apocalipsis?
Respuesta: Significa Revelación, en griego.
Pregunta: ¿Cuál es el contenido de este Libro?
Respuesta: Es la revelación mística del futuro de la Iglesia Cristiana y del mundo entero.
Pregunta: ¿Con qué cuidado debemos leer las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Primero, debemos leerlas con devoción, como palabra de Dios, y orar para compren-derlas. Segundo, hay que leerlas con el puro deseo de instruirse en la fe y despertar a las buenas obras. Tercero, debemos aceptarlas en conformidad con las interpretaciones de la Iglesia Ortodoxa y de los Santos Padres.
Pregunta: Cúando la Iglesia propone la enseñanza de la Divina Revelación y de las Sagradas Escrituras al pueblo por primera vez ¿qué signos ofrece de que en realidad es la Palabra de Dios?
Respuesta: La Iglesia ofrece los siguientes signos:
1. Lo sublime de la enseñanza, que testimonia que no puede ser invención de la razón humana.
2. La pureza de esta enseñanza, que muestra que es la purísima mente de Dios.
3. Las profecías.
4. Los milagros.
5. El poderoso efecto de esta enseñanza sobre el corazón de los hombres, por el Poder Divi-no.
Pregunta: ¿De qué manera las profecías son señales de una verdadera Revelación de Dios?
Respuesta: Esto se puede demostrar por un ejemplo. Cuando el Profeta Isaías predijo el naci-miento del Salvador Jesucristo de una doncella (algo que la razón natural del hombre no podía imaginar) y cuando cientos de años después de esta profecía Nuestro Señor Jesucristo nacío de la Purísima Doncella María, se ve que la profecía era la palabra del Dios Omnisciente, y su cum-plimiento la obra del Dios Todopoderoso. Por eso también San Mateo el Evangelista, cuando relata el nacimiento de Cristo menciona la profecía de Isaías: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor, que habla por medio del Profeta: He aquí que una doncella concebirá y dará a luz un hijo. Y llamará su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con no-sotros” (Mateo 1:22-23).
Pregunta: ¿Qué son los milagros?
Respuesta: Son hechos que no pueden ser realizados por el poder o arte de los hombres, sino sólo por el poder de Dios Todopoderoso; por ejemplo, despertár a los muertos.
Pregunta: ¿Cómo se sabe que los milagros son la señal de la palabra de Dios?
Respuesta: El que realiza verdaderos milagros lo hace por el poder de Dios. Consecuentemente, está a favor de Dios y participa de su Divino Espíritu; para ello debe hablar sólo la verdad pura. Cuando un hombre así habla en nombre de Dios, estámos seguros de que su boca expresa real-mente la Palabra de Dios.
Nuestro Señor Jesucristo mismo obra milagros como poderoso testimonio de su Divina mi-sión: “Las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado” (S. Juan 5:36).
Pregunta: ¿Dónde podemos ver particularmente el poderoso efecto de la Enseñanza de Cristo?
Respuesta: En los doce Apóstoles, elegidos entre gente pobre e inculta, de la clase más baja, que por su enseñanza superaron y subyugaron para Cristo a los fuertes, a los sabios, a los ricos, a los reyes y sus reinos.


La Composición
del Catecismo


Pregunta: ¿Cómo se debe componer correctamente la presentación de la instrucción catequística de la religión?
Respuesta: Para esto debemos seguir el libro de la Confesión Ortodoxa, aprobado por los Pa-triarcas Orientales; y tomar como base lo dicho por el Apóstol San Pablo, que toda ocupación del cristiano en la vida presente tiene que estar compuesta por tres cosas: fe, esperanza y amor. “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres” (1Cor. 13:13). Así, el cristiano nece-sita: primero, enseñanza sobre la fe en Dios y sobre los Sacramentos que Él revela; segundo, en-señanza sobre la esperanza en Dios y los medios para basarse sobre ella; tercero, enseñanza so-bre el amor a Dios, y todo lo que Él nos manda amar.
Pregunta: ¿Qué usa la Iglesia como instrumento para introducirnos en la enseñanza de la fe?
Respuesta: El Símbolo de la fe.
Pregunta: ¿Qué debemos tomar como guía para la enseñanza de la esperanza?
Respuesta: Las bienaventuranzas de Nuestro Señor y la oración del Señor.
Pregunta: ¿Dónde podemos encontrar los elementos de la enseñanza del amor?
Respuesta: En los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.


Primera Parte del Catecismo
Ortodoxo Sobre la Fe

Sobre el Símbolo de la fe
en general y su origen.


Pregunta: ¿Qué es el Símbolo de la fe?
Respuesta: El Símbolo de la fe es una exposición, en pocas pero precisas palabras, de la ense-ñanza sobre la fe cristiana.
Pregunta: ¿Cuáles son las palabras de dicha exposición?
Respuesta: Son las siguientes:
Creo en el Único Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra y de todo lo visible e invisible.
Y en un sólo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, que nació del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz; Dios verdadero de Dios verdade-ro; nacido, no creado; consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; quién por nosotros, los hombres, y para nuestra salvación, descendió de los cielos, encarnó del Espíritu Santo y María Doncella y se hizo Hombre; fue crucificado, también por nosotros, en tiempos de Poncio Pilatos; padeció, fue sepultado y al tercer día resucitó conforme con las Escrituras; subió a los cie-los, está sentado a la diestra del Padre; vendrá otra vez con gloria, a juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin.
Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado; que habló por los profetas.
Y en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica; confieso un sólo bautismo para la remisión de los pecados; espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

Pregunta: ¿Quién redactó de esta manera la enseñanza de la fe?
Respuesta: Los Padres del Primer y Segundo Concilios Ecuménicos.
Pregunta: ¿Qué es un Concilio Ecuménico?
Respuesta: Una Asamblea de los sacerdotes, obispos y feligreses de la Iglesia Católica de Cristo, en lo posible del mundo entero, para la confirmación de la verdadera enseñanza y de la santa dis-ciplina entre los cristianos.
Pregunta: ¿Cuántos Concilios Ecuménicos hubo?
Respuesta: Siete:
1º. de Nicea;
2º. de Constantinopla;
3º. de Efeso;
4º. de Calcedonia;
5º. segúndo de Constantinopla;
6º. tercéro de Constantinopla;
7º. segúndo de Nicea.
Pregunta: ¿De dónde viene la regla de reunir Concilios?
Respuesta: Del ejemplo de los Apóstoles, que se reunieron en el Concilio en Jerusalem (Hechos 15). Esto está basado en las palabras de Jesucristo mismo, que dio a las decisiones de la Iglesia tal peso, que quien las desobedezca sea privado de la gracia, como pagano. El medio por el cual la Iglesia Ecuménica pronuncia sus decisiones, es un Concilio Ecuménico. “Dilo a la Iglesia; y si no oyere a la Iglesia, considéralo gentil y publicano” (Mat. 18:17).
Pregunta: ¿Por qué causas especiales se convocaron el Primer y Segundo Concilios Ecu-ménicos, en los cuales se compuso el Símbolo de la fe?
Respuesta: El Primero se reunió para la confirmación de la verdadera enseñanza respecto del Hijo de Dios, contra la herejía de Arrio, que sostuvo una enseñanza errónea sobre el Hijo de Dios. El Segundo, para la confirmación de la verdadera enseñanza respecto del Espíritu Santo, contra Macedonio, que predicaba errores respecto del Espíritu Santo.
Pregunta: ¿Hace mucho que se reunieron estos Concilios?
Respuesta: El Primero se reunió en el año 325 d. C. y el Segundo en el 381 d. C.


Sobre los artículos
del Símbolo de la fe


Pregunta: ¿Qué método conviene seguir para entender mejor el Símbolo de la fe Ecuménico?
Respuesta: Debemos advertir que hay una división en doce artículos o partes y considerar cada artículo individualmente.
Pregunta: ¿Qué se expresa en cada artículo del Símbolo de la fe?
Respuesta: El Primer artículo del Símbolo de la fe habla de Dios como primer origen, particu-larmente de la primera Persona de la Santísima Trinidad, Dios Padre, y Dios como Creador del mundo. El Segundo, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, Jesucristo el Hijo de Dios. El Tercer artículo, de la Encarnación del Hijo de Dios. El Cuarto artículo, del sufrimiento y muerte de Jesucristo. El Quinto artículo, de la Resurrección de Jesucristo. El Sexto artículo, de la Ascensión de Jesucristo al cielo. El Séptimo artículo, de la Segunda Venida de Jesucristo a la tierra. El Octavo artículo, de la tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. El Noveno artículo, de la Iglesia. El Décimo artículo, del Bautismo, en el cual están implicados también los otros Sacramentos. El Undécimo artículo, de la futura Resurrección de los muertos. El Duodécimo artículo, de la Vida Eterna.


Sobre el Primer artículo


Pregunta: ¿Qué es creer en Dios?
Respuesta: Creer en Dios significa tener una viva creencia en su ser, sus atributos, sus obras, y recibir con todo el corazón su palabra revelada sobre la salvación del género humano.
Pregunta: ¿Se puede demostrar por las Sagradas Escrituras que la fe en Dios consiste en esto?
Respuesta: El Apóstol San Pablo escribe: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es nece-sario que el que se acerca a Dios crea que existe, y que Él premia a los que le buscan” (Heb. 11:6).
El mismo apóstol expresa el efecto de la fe en los cristianos en la siguiente oración por éstos a Dios: “Para que os dé, conforme con las riquezas de su gloria, el ser fuertemente afirmados, por su Espíritu, en el hombre interior; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones” (Efesios 3:16-17).
Pregunta: ¿Cuál debe ser el efecto constante e inmediato de una sincera fe en Dios?
Respuesta: La confesión de esta misma fe.
Pregunta: ¿Qué es la confesión de la fe?
Respuesta: Es reconocer abiertamente que guardamos la fe ortodoxa con sinceridad y firmeza; que ni las seducciones, ni las amenazas, ni las torturas, ni la muerte misma no pueden hacer abandonar nuestra fe en el verdadero Dios y en Nuestro Señor Jesucristo.
Pregunta: ¿Por qué es necesaria la confesión de la fe?
Respuesta: El Apóstol San Pablo testimonia que es necesaria para la salvación. “Porque con el corazón se cree para verdad, pero con la boca se confiesa para salvación” (Rom. 10:10).
Pregunta: ¿Por qué es necesario para la salvación no sólo creer sino confesar la fe ortodoxa?
Respuesta: Porque si alguno, para preservar su vida temporal o sus bienes terrenales, deja de confesar la fe ortodoxa, muestra con ello que no tiene una verdadera fe en Dios el Salvador y en la vida bienaventurada que vendrá.
Pregunta: ¿Por qué no se dice en el Símbolo de la fe simplemente “Creo en Dios,” sino con la adición “en el Único Dios”?
Respuesta: Para contradecir el error de los paganos, que creían que había muchos dioses.
Pregunta: ¿Por qué nos enseñan las Sagradas Escrituras sobre la Unidad de Dios?
Respuesta: Las palabras del Símbolo de la fe sobre este punto están tomadas del siguiente pasaje del Apóstol San Pablo: “No hay nada más que un Dios. Pues aunque háyan algunos que se lla-men dioses, sea en el cielo o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores) para noso-tros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros so-mos en Él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de Él” (1 Cor. 8:4-6).
Pregunta: ¿Podemos nosotros conocer la verdadera esencia de Dios?
Respuesta: No. Está por encima de todo conocimiento, no sólo del hombre, sino también de los ángeles.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de este punto?
Respuesta: El Apóstol San Pablo dice que Dios es “El único que tiene inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver.” (1 Tim. 6:16).
Pregunta: ¿Qué idea de la esencia y de los atributos esenciales de Dios puede derivarse de la Revelación Divina?
Respuesta: Que Dios es un Espíritu eterno, todo bueno, omnisciente, todo recto, todopoderoso, omnipresente, inmutable, todosatisfecho y todobendito.
Pregunta: ¿Se demuestra esto por las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Jesucristo mismo ha dicho que “Dios es un Espíritu” (S. Juan 4:24). De la eternidad de Dios, David dice: “Antes que existieran los montes y se formase la tierra y el mundo desde el siglo, y hasta el siglo, eres Tú” (Sal. 90 [89]:2).
En el Apocalipsis leemos la siguiente invocación a Dios: “Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir” (Apoc. 4:8). El Apóstol San Pa-blo dice que el Evangelio fue manifestado “De acuerdo con el mandamiento del Dios eterno” (Rom. 16:26). Sobre la bondad de Dios, Jesucristo mismo dice: “Ninguno hay bueno sino uno: Dios” (Mat. 19:17). El Apóstol Juan dice: “Dios es amor” (1 Juan 4:16). David canta: “El Señor es bondadoso y misericordioso, muy paciente y grande en misericordia. Bueno es el Señor para con todos, y sus bondades sobre todas sus obras” (Sal. 145 [144]: 8-9). De la omnisciencia de Dios, el Apóstol San Juan Dice: “Dios es mayor que nuestro corazón, y todo lo conoce” (1 Juan 3:20). El Apóstol San Pablo exclama: “¡Oh, profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la razón de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Rom. 11:33). Sobre la recta justicia de Dios, David canta: “Porque Dios es recto y ama la verdad. Su rostro ve la verdad.” El Apóstol San Pablo dice: “El cual pagará a cada uno conforme con sus obras,” y “porque no hay acepción de personas en Dios” (Rom. 2:6-11). Sobre el poder de Dios, el Sal-mista dice: “Porque Él dijo y fue hecho, Él mandó y se formó” (Sal. 33 [32]: 9). El Arcángel di-ce en el Evangelio: “Porque no hay nada imposible para Dios” (Lucas 1:37). La omnipresencia de Dios la describe David así: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presen-cia? Si subiere a los cielos, allí estás Tú. Si bajara al Hades, ahí estas Tú. Si tomare alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra. Si dijere: cier-tamente las tinieblas me cubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor mío. Ya que la penumbra no se oscurecerá ante Ti, y la noche se iluminará como día” (Sal. 139 [138]: 7-12). El Apóstol Santiago (Jacobo) dice: ..”.del Padre de las Luces, en el cual no hay mutación, ni sombra de va-riación” (Santiago 1:17). El Apóstol San Pablo escribe que “Ni es honrado por mano de hom-bre, como si necesitase algo; pues Él es quien da a todos vida y aliento, y todo” (Hechos 17:25). El mismo Apóstol llama a Dios: “Sólo Soberano, Rey de reinantes y Señor de señores” (1 Tim. 6: 15).
Pregunta: Si Dios es Espíritu, ¿cómo las Sagradas Escrituras le adscriben partes del cuerpo, como corazón, ojos, oídos y manos?
Respuesta: Las Sagradas Escrituras siguen en esto el lenguaje común del hombre. Pero debemos entender dichas expresiones en un sentido más alto y espiritual. Por ejemplo, el corazón de Dios significa su bondad o amor. Los ojos y oídos significan su omnisciencia. Las manos, su poder.
Pregunta: Si Dios está en todas partes, ¿por qué dicen las personas que Dios está en el cie-lo, o en el templo?
Respuesta: Dios está en todas partes, pero en los cielos tiene una especial presencia manifestada en gloria eterna a los espíritus bienaventurados. En los templos tiene una especial, graciosa y misteriosa presencia, devotamente reconocida por los fieles, y manifestada muchas veces por signos extraordinarios.
Jesucristo dice: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mat. 18:20).
Pregunta: ¿Cómo deben entenderse las palabras del Símbolo de la fe: “Creo en el Único Dios Padre”?
Respuesta: Esto debe entenderse con referencia al misterio de la Santísima Trinidad. Porque Dios es uno en sustancia, pero Trino en personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la Trini-dad consustancial e indivisible.
Pregunta: ¿Cómo se habla de la Santísima Trinidad en las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Los principales textos del Nuevo Testamento sobre este punto, son los siguientes: “Por tanto, id y convertid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19). “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: El Padre, la Palabra y el Espíritu Santo; y éstos tres son uno” (1 Juan 5:7).
Pregunta: ¿Está mencionada también la Santísima Trinidad en el Antiguo Testamento?
Respuesta: Sí. Sólo que no tan claramente. Por ejemplo: “Por la palabra de Dios fueron hechos los cielos, y su ejército por el aliento de su boca” (Salmo 33 [32]: 6). “Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6:3).
Pregunta: ¿Cómo es un Dios en tres Personas?
Respuesta: No podemos comprender este misterio inherente a la Divinidad. Pero lo creemos en el infalible testimonio de la palabra de Dios. “Las cosas de Dios no las conoce el hombre, sino el Espíritu de Dios” (1 Cor. 2:11).
Pregunta: ¿Qué diferencia hay entre las personas de la Santísima Trinidad?
Respuesta: La diferencia consiste en que El Padre no nace ni procede de ninguna otra persona; el Hijo ha nacido del Padre en la eternidad y el Espíritu Santo, desde la eternidad, procede del Pa-dre.
Pregunta: ¿Las tres Hipóstasis o Personas de la Santísima Trinidad tienen igual dignidad?
Respuesta: Sí. Todas de absolutamente igual Divina dignidad. El Padre es verdadero Dios, el Hijo es igualmente verdadero Dios y el Espíritu Santo es verdadero Dios también. Así, en tres Personas hay un sólo Dios tri-personal.
Pregunta: ¿Por qué es llamado Dios Todopoderoso, Pantocrator?
Respuesta: Porque Él contiene, en su poder y voluntad, todo lo que existe.
Pregunta: ¿Qué significan las palabras del Símbolo de la fe: “Creador del cielo y de la tie-rra y de todo lo visible e invisible”?
Respuesta: Esto significa que todo fue hecho por Dios, y que nada puede ser sin Dios.
Pregunta: ¿Son tomadas estas palabras de las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Sí. El Libro del Génesis comienza así: “En el principio creó Dios los cielos y la tie-rra.” El Apóstol Pablo, hablando de Jesucristo, el Hijo de Dios, dice: “Por Él todo fue creado, lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra, visible e invisible, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por Él y para Él” (Colos. 1:16).
Pregunta: ¿Qué quiere decir en el Símbolo de la fe la palabra invisible?
Respuesta: Se refiere al mundo invisible o espiritual, al cual pertenecen los Ángeles.
Pregunta: ¿Qué son los Ángeles?
Respuesta: Son Espíritus puros, con inteligencia, voluntad y poder.
Pregunta: ¿Qué significa la palabra Ángel?
Respuesta: Significa Mensajero.
Pregunta: ¿Por qué son llamados así?
Respuesta: Porque Dios los envía para anunciar su Voluntad. Por ejemplo, Gabriel fue enviado para anunciar a la Santísima Doncella María la concepción del Salvador.
Pregunta: ¿Qué fue creado primero, lo visible o lo invisible?
Respuesta: Lo invisible fue creado antes que lo visible, y los Ángeles antes que el hombre (Con-fesión Ortodoxa, parte 1, preg. 18).
Pregunta: ¿Podemos encontrar algún testimonio de esto en las Sagradas Escrituras?
Respuesta: En el Libro de Job, Dios mismo habla de la creación de la tierra así: “¿Quién puso su piedra angular? Cuando las estrellas fueron creadas, todos mis Ángeles me alababan con fuerte voz” (Job 38:6-7).
Pregunta: ¿De dónde sale el nombre de Ángel Guardián?
Respuesta: De las siguientes palabras de las Sagradas Escrituras: “Pues a sus Ángeles mandará cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Sal. 91 [90]:11).
Pregunta: ¿Tiene cada uno de nosotros su Ángel Guardián?
Respuesta: Sin duda. Podemos estar seguros de ello, por las siguientes palabras de Jesucristo: “No menospreciéis a ninguno de estos pequeños; porque os digo que sus Ángeles en los cielos ven siempre el rostro de Mi Padre que está en los cielos” (Mat. 18:10).
Pregunta: ¿Son todos los Ángeles buenos o benefactores?
Respuesta: No. Hay ángeles malos, llamados también diablos.
Pregunta: ¿Cómo llegaron a ser malos?
Respuesta: Fueron creados buenos, pero se apartaron de su obligación de perfecta obediencia a Dios, y así cayeron en malos sentimientos, orgullo y malicia. De acuerdo con las palabras del Apóstol Judas Tadeo: “Éstos son ángeles que no guardaron su primacía, sino que abandonaron su propia morada...” (Judas 6).
Pregunta: ¿Qué quiere decir el nombre diablo?
Respuesta: Significa calumniador, seductor.
Pregunta: ¿Por qué a los ángeles malos se los llama diablos, es decir calumniadores o seductores?
Respuesta: Porque ponen trampas a los hombres, buscando atraerlos malignamente para inspirar-les falsas nociones y malos deseos. A propósito, sobre esto, hablando de los judíos escépticos, Jesucristo dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8:44).
Pregunta: ¿Qué nos revelaron las Sagradas Escrituras acerca de la creación del mundo?
Respuesta: En el principio creó Dios los cielos y la tierra: y la tierra era sin forma y vacía. Des-pués Dios sucesivamente produjo: en el primer día del mundo, la luz; en el segundo, el firma-mento o cielo visible; en el tercero, la reunión de las aguas y la tierra, las tierras emergidas y lo que crece en ellas; en el cuarto, el sol, la luna y las estrellas; en el quinto, peces y aves; en el sex-to, criaturas cuadrúpedas terrestres y al hombre. Con él finalizó la creación. En el séptimo día Dios descansó de todas sus obras. De aquí que el séptimo día se llamó sabbath, que en hebreo significa descanso (Gén 2:2).
Pregunta: ¿Las criaturas visibles fueron creadas como las vemos hoy?
Respuesta: No. En la creación todo era muy bueno, es decir, puro, hermoso y no agresivo.
Pregunta: ¿Estamos informados de algo particular sobre la creación del hombre? 14
Respuesta: Dios en la Santísima Trinidad dice: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen y seme-janza” (Gén. 1:26). Y Dios hizo el cuerpo del primer hombre, Adán, de la tierra. Sopló en su ca-ra el aliento de la vida, lo llevó al Paraíso y le dio por alimento, además de los frutos del Paraíso, el fruto del árbol de la vida. Y finalmente, habiendo tomado una costilla de Adán mientras dor-mía, formó de ella la primera mujer, Eva (Gén. 2:22).
Pregunta: ¿En qué consiste la imagen de Dios?
Respuesta: Consiste, como está explicado por el Apóstol San Pablo, “en rectitud y santidad de la verdad” (Ef. 4:24).
Pregunta: ¿Qué es el aliento de vida?
Respuesta: Es el alma, una sustancia espiritual e inmortal.
Pregunta: ¿Qué es el Paraíso?
Respuesta: La palabra Paraíso significa Jardín. Es el nombre dado a la hermosa y dichosa prime-ra morada del hombre, descripta en el Génesis como un jardín.
Pregunta: ¿El Paraíso donde el hombre vivió inicialmente fue material o espiritual?
Respuesta: Para el cuerpo del hombre el Paraíso era material, una morada visible y bienaventu-rada. Pero para el alma era espiritual, un estado de comunión con Dios por medio de la gracia y una contemplación espiritual de las criaturas (Greg. Theol., Serm. 38: 42; J. Damasc. Theol. li-bro 2, c. 12, v. 3).
Pregunta: ¿Qué es el árbol de la vida?
Respuesta: Un árbol del cual se nutría el hombre, y que lo libraba de la enfermedad y de la muer-te.
Pregunta: ¿Por qué fue hecha Eva con una costilla de Adán?
Respuesta: Para que toda la humanidad, por su origen, sea un mismo cuerpo, y para que los hom-bres, naturalmente, se inclinen a amar y cuidar el uno del otro.
Pregunta: ¿Con qué designios creó Dios al hombre?
Respuesta: Para que lo conozca, ame y glorifique, y así sea por siempre bienaventurado.
Pregunta: ¿Cómo se llama en la enseñanza de la fe el hecho de que Dios haya destinado al hombre para la eterna bienaventuranza?
Respuesta: Se llama la Predestinación de Dios.
Pregunta: ¿Permanece invariable la predestinación de Dios, ya que ahora el hombre no es bienaventurado?
Respuesta: Sí. Permanece invariable. Porque Dios en su precognición e infinita misericordia, predestinó para el hombre apartado del camino de bienaventuranza, un nuevo camino de biena-venturanza, por su Hijo Unigénito Jesucristo. “Nos escogió en Él antes de la fundación del mun-do,” palabras del Apóstol San Pablo (Ef. 1:4).
Pregunta: ¿Cómo debemos entender la predestinación de Dios, con respecto a los hombres en general, y a cada uno en particular?
Respuesta: Dios ha predestinado dar, y dio en realidad, a todos los hombres gracia y medios su-ficientes para alcanzar la bienaventuranza. Y a aquellos que reciben voluntariamente la gracia por Él dada, utilizan los medios de salvación por Él otorgados y van por el camino de la biena-venturanza por Él indicado, en particular los predestinó a la bienaventuranza.
Pregunta: ¿Qué se dice de esto en la Palabra de Dios?
Respuesta: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó...” (Rom. 8:29).
Pregunta: ¿Cómo comenta la Iglesia Ortodoxa este punto? 15
Respuesta: En la Exposición de la Fe de los Patriarcas Orientales se dice: “Como Él previó que algunos usarían bien su libre albedrío, mas otros lo usarían mal, predestinó a los primeros para la gloria y condenó a los últimos” (Art. 2).
Pregunta: ¿Luego de la creación del mundo y del hombre, qué acción de Dios prosiguió en relación con el mundo y especialmente para con el hombre?
Respuesta: La Divina Providencia.
Pregunta: ¿Que es la Divina Providencia?
Respuesta: La Divina Providencia es la constante acción del poder, sabiduría y bondad de Dios, por la cual Él preserva el ser y la fuerza de sus criaturas, los dirige a buen fin y los asiste en todo lo bueno. Y corta o corrige el mal que surge de apartarse del bien, y le hace producir buenos re-sultados.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de la Divina Providencia?
Respuesta: Jesucristo mismo dice: “Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni re-cogen en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mat. 6:26).
De estas palabras se demuestra la providencia general de Dios sobre las criaturas y la provi-dencia especial sobre el hombre. Todo el Salmo 91 [90] es una descripción de la providencia es-pecial y manifiesta de Dios sobre el hombre.


Sobre el segundo artículo


Pregunta: ¿Cómo deben entenderse los nombres: Jesucristo, el Hijo de Dios?
Respuesta: Hijo de Dios se llama la segunda Persona de la Santísima Trinidad con respecto a su Divinidad. Hijo de Dios fue llamado Jesús cuando nació en la tierra como hombre.
Cristo es el nombre dado por los Profetas, que esperaban su advenimiento sobre la tierra.
Pregunta: ¿Qué significa el nombre Jesús?
Respuesta: Salvador.
Pregunta: ¿Por quién fue dado el nombre Jesús?
Respuesta: Por el Arcángel Gabriel.
Pregunta: ¿Por qué fue dado este nombre al Hijo de Dios en su nacimiento sobre la tierra?
Respuesta: Porque nació para salvar al hombre.
Pregunta: ¿Qué significa el nombre Cristo?
Respuesta: Ungido.
Pregunta: ¿De dónde viene este nombre Ungido?
Respuesta: De la unción con santos óleos, por los cuales se otorgan los dones del Espíritu Santo.
Pregunta: ¿Solamente Jesús, el Hijo de Dios se llama Ungido?
Respuesta: No. En tiempos antiguos, Ungido era título de Reyes, Sumos Sacerdotes y Profetas.
Pregunta: ¿Por qué entonces Jesús, el Hijo de Dios, es llamado el Ungido?
Respuesta: Porque en su naturaleza humana poseyó todos los dones del Espíritu Santo, en su más alto grado: el conocimiento de Profeta, la santidad de Sumo Sacerdote y el poder de Rey.
Pregunta: ¿En qué sentido se llama a Jesucristo, Señor?
Respuesta: En el sentido que Él es verdadero Dios, porque Señor es uno de los nombres de Dios.
Pregunta: ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras sobre la Divinidad de Jesucristo, el Hijo de Dios?
Respuesta: “En el principio era la Palabra, y la Palabra era en Dios, y Dios era la Palabra” (Juan 1:1).
Pregunta: ¿Por qué es llamado Jesucristo el Hijo Unigénito de Dios?
Respuesta: Esto significa que Él solamente es el Hijo de Dios, nacido de la sustancia de Dios Pa-dre y por ello es de una misma sustancia con Dios Padre; por lo tanto excede sin comparación a todos los santos ángeles y a todos los hombres santos, que son llamados hijos de Dios por la gra-cia (Juan 1:12).
Pregunta: ¿Llaman las Sagradas Escrituras a Jesús Unigénito?
Respuesta: Sí. Por ejemplo en las siguientes palabras del Evangelista Juan: “Y aquella Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como el Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). “A Dios nadie lo vio jamás; el Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer” (íd. 1-18).
1 Pregunta: ¿Por qué en el Símbolo de la fe está dicho que el Hijo de Dios es nacido del Padre?
Respuesta: Con esto se describe la propiedad por la cual Él se diferencia de las otras personas de la Santísima Trinidad.
Pregunta: ¿Para qué está escrito que Él es nacido antes de todos los siglos?
Respuesta: Para que nadie piense que hubo algún momento en el cual Él no existió. De otra for-ma: con esto se explica que Jesucristo es también eterno Hijo de Dios, como eterno es Dios Pa-dre.
Pregunta: ¿Qué significan en el Símbolo de la fe las palabras “Luz de Luz”?
Respuesta: Al igual que la luz visible, expresa un poco el inalcanzable nacimiento del Hijo de Dios del Padre. Por el sol vemos luz. De esta luz se genera la luz visible en todas partes, pero una y otra son la misma luz, indivisible y de una misma naturaleza; de la misma manera, Dios Padre es la Luz eterna (Juan 1: 5). De Él nace el Hijo de Dios, que también es Luz eterna. Dios Padre y Dios Hijo son una misma y eterna Luz, indivisible y de una misma sustancia Divina.
Pregunta: ¿Qué fuerza hay en las palabras del Símbolo de la fe “Dios verdadero de Dios verdadero”?
Respuesta: Esto es que el Hijo de Dios es llamado Dios en el mismo y propio sentido que Dios Padre.
Pregunta: ¿Son éstas palabras de las Sagradas Escrituras?
Respuestas: Sí. Son tomadas del siguiente pasaje de San Juan el Teólogo: “Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado luz y entendimiento para que conozcamos a Dios verdadero, y estemos en su verdadero Hijo, Jesucristo. Éste es el verdadero Dios y la vida eterna” (1Juan 5: 20).
Pregunta: ¿Por qué se agrega luego en el Símbolo de la fe que el Hijo de Dios es nacido, no creado?
Respuesta: Esto fue hecho contra Arrio, que impíamente pensaba que el Hijo de Dios fue creado.
Pregunta: ¿Qué significan las palabras: “consustancial con el Padre”?
Respuesta: Significan que el Hijo de Dios es de una misma y divina sustancia con Dios Padre.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de esto?
Respuesta: Jesucristo mismo habla de Sí y de Dios Padre de esta forma: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).
Pregunta: ¿Qué se demuestra por las siguientes palabras del Símbolo de la fe: “por quien todo fue hecho las cosas”?
Respuesta: Que Dios Padre creó todas las cosas por medio de su Hijo, su eterna Sabiduría y su eterna Palabra. “Todo fue por medio de Él, y sin Él nada de lo que fue, fue” (Juan 1:3).


Sobre el Tercer artículo


Pregunta: ¿De quién se dice en el Símbolo de la fe que descendió de los cielos?
Respuesta: Del Hijo de Dios.
Pregunta: ¿Cómo descendió de los cielos siendo que Dios está en todas partes?
Respuesta: Es verdad que está en todas partes, en la tierra y en el cielo; pero en la tierra Él era antes invisible y luego apareció en cuerpo. En este sentido se dice que descendió de los cielos.
Pregunta: ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras respecto de esto?
Respuesta: He aquí las propias palabras de Jesucristo: “Nadie subió al cielo, sino el que descen-dió del cielo; el Hijo del Hombre que está en el cielo” (Juan 3:13).
Pregunta: ¿Para qué descendió de los cielos el Hijo de Dios?
Respuesta: Por nosotros los hombres y para nuestra salvación, como dice el Símbolo de la fe.
Pregunta: ¿En qué sentido se dice que el Hijo de Dios descendió de los cielos por nosotros los hombres?
Respuesta: En el sentido de que vino a la tierra no para una nación ni para algunos hombres so-lamente, sino para todos.
Pregunta: ¿A salvarnos de qué vino el Hijo de Dios a la tierra?
Respuesta: Del pecado, de la maldición y de la muerte.
Pregunta: ¿Qué es el pecado?
Respuesta: La transgresión de la Ley. “El pecado es la transgresión de la Ley” (1 Juan 3:4).
Pregunta: ¿De dónde le viene el pecado al hombre, visto que éste fue creado a imagen de Dios, y Dios no puede pecar?
Respuesta: Del diablo. “El que comete pecado es del diablo; porque el diablo pecó desde el principio” (1 Juan 3:8).
Pregunta: ¿Cómo pasó el pecado del diablo al hombre?
Respuesta: El diablo sedujo a Eva y Adán, y los indujo a transgredir el mandamiento de Dios.
Pregunta: ¿Qué mandamiento?
Respuesta: Dios mandó a Adán en el Paraíso no comer el fruto del Árbol del conocimiento del bien y del mal, y le advirtió que tan pronto como lo comiere, morirá con muerte.
Pregunta: ¿Por qué traería la muerte al hombre el hecho de comer del Árbol del conoci-miento del bien y del mal?
Respuesta: Porque representaba desobediencia a la voluntad divina, y así separaba al hombre de Dios y de su Gracia, y lo enajenaba de la vida de Dios.
Pregunta: ¿Qué propiedad había en el nombre del Árbol del bien y del mal?
Respuesta: Comiendo su fruto el hombre sabría lo que hay de bueno en obedecer la voluntad de Dios, y lo que hay de malo en desobedecerla.
Pregunta: ¿Cómo pudieron Adán y Eva escuchar al diablo contra la voluntad de Dios?
Respuesta: Dios, en su bondad, en la creación del hombre, le dio la voluntad naturalmente dis-puesta a amar a Dios, pero libre; y el hombre usó de esa libertad para el mal.
Pregunta: ¿Cómo sedujo el diablo a Adán y Eva?
Respuesta: Eva vio en el Paraíso una serpiente, que le aseguró que si el hombre comiera el fruto del Árbol del conocimiento del bien y del mal, conocería el bien y el mal, y serían como dioses. Eva fue tentada por esta promesa y por la belleza del fruto, y comió de él. Adán comió después, siguiendo su ejemplo.
Pregunta: ¿Qué es lo que sucedió al pecado de Adán?
Respuesta: La maldición y la muerte.
Pregunta: ¿Qué es la maldición?
Respuesta: Es la condenación del pecado por el recto juicio de Dios, y del mal que el pecado tra-jo a la tierra para el castigo del hombre. Dios dijo a Adán: “Maldita es la tierra por tu causa” (Gén. 3:17).
Pregunta: ¿Cuál es la muerte que vino por el pecado de Adán?
Respuesta: Es doble. Corporal, cuando el cuerpo pierde el alma que la anima. Y espiritual, cuan-do el alma pierde la gracia de Dios, que la anima con la más alta vida espiritual.
Pregunta: ¿Puede entonces el alma morir, como el cuerpo?
Respuesta: Puede morir, pero no como el cuerpo. El cuerpo, cuando muere, pierde sentido y se disuelve. El alma, cuando muere por el pecado, pierde la luz espiritual, la felicidad y la biena-venturanza, pero no se disuelve ni es aniquilada, sino que permanece en un estado de oscuridad, angustia y sufrimiento.
Pregunta: ¿Por qué mueren todos los hombres, y no murieron únicamente los primeros hombres?
Respuesta: Porque todos venimos de Adán desde su infección por el pecado, y además todos pe-camos. Como de una fuente infectada naturalmente fluye una corriente infectada, así de un padre infectado por el pecado, que es consecuentemente mortal, naturalmente procede una posteridad infectada por el pecado, y como él, también mortal.
Pregunta: ¿Cómo hablan de esto las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Dicen: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muer-te, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5:12).
Pregunta: ¿Tuvo el hombre algún beneficio del fruto del Árbol de la vida, después de haber pecado?
Respuesta: Después que pecó, el hombre no pudo comer más de él, pues fue expulsado del Paraí-so.
Pregunta: ¿Quedó entonces al hombre alguna esperanza de salvación?
Respuesta: Cuando nuestros primeros padres confesaron ante Dios su pecado, Dios, en su mise-ricordia, les dio una esperanza de salvación.
Pregunta: ¿En qué consiste esta esperanza?
Respuesta: Dios prometió que “la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente” (Gén. 3:15).
Pregunta: ¿Qué significa esto?
Respuesta: Que Jesucristo vencería al diablo que tentó al hombre, y libraría al hombre del peca-do, de la maldición y de la muerte.
Pregunta: ¿Por qué Jesucristo es llamado la simiente de la mujer?
Respuesta: Porque nació en la tierra sin hombre, de la Santísima Doncella María.
Pregunta: ¿Qué beneficio hubo en esta promesa?
Respuesta: Que desde el tiempo de la promesa, el hombre podía creer salvamente ***en el Sal-vador que iba a venir, como ahora nosotros creemos que el Salvador ha venido.
Pregunta: ¿Creía realmente la gente, en los tiempos antiguos, que iba a venir un Salvador?
Respuesta: Algunos sí, pero la mayor parte olvidaron la promesa de Dios sobre un Salvador.
Pregunta: ¿Repitió Dios su promesa?
Respuesta: Muchas veces. Por ejemplo, hizo a Abraham la promesa sobre el Salvador en las siguientes palabras: “En tu semilla, todas las naciones de la tierra serán benditas” (Gén. 22:18). La misma promesa la repitió a David en las siguientes palabras: “Yo afirmaré tu simiente tras de ti, y estableceré Su trono para siempre” (2 Samuel 7:12-15).
Pregunta: ¿Qué debemos entender por la palabra Encarnación?
Respuesta: Que el Hijo de Dios tomó para Sí cuerpo humano, sin pecado, y se hizo Hombre sin dejar de ser Dios.
Pregunta: ¿De dónde se tomó la palabra Encarnación?
Respuesta: De las palabras del Evangelista San Juan: “Y la Palabra se hizo carne” (Juan 1:14).
Pregunta: ¿Por qué el Símbolo de la fe, después que se dice que el Hijo de Dios fue encar-nado, se agrega que se hizo Hombre?
Respuesta: Para que nadie pueda imaginar que el Hijo de Dios tomó solamente una carne y cuer-po, sino que se reconozca en Él un Hombre perfecto e integrado en cuerpo y alma.
Pregunta: ¿Tenemos de éste algún testimonio en las Sagradas Escrituras?
Respuesta: El Apóstol San Pablo escribe: “Hay un sólo Mediador entre Dios y los hombres, Je-sucristo Hombre” (1 Tim. 2:5).
Pregunta: ¿Entonces hay una sola naturaleza en Cristo?
Respuesta: No, en Él hay, sin separación y sin confusión, dos naturalezas: la divina y la humana.
Pregunta: ¿No hay, entonces, dos personas?
Respuesta: Hay una persona, Dios y Hombre a la vez. En una palabra, un Dios-Hombre.
Pregunta: ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras sobre la Encarnación del Hijo de Dios por el Espíritu Santo, de la Doncella María?
Respuesta: El Evangelista San Lucas relata que cuando la Doncella María preguntó al Ángel que le anunció la concepción de Jesús “¿cómo será esto? pues no conozco varón,” el Ángel le res-pondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:34-35).
Pregunta: ¿Quién era la Doncella María?
Respuesta: Una Santa Doncella del linaje de Abraham y de David, de cuya estirpe el Salvador habría de venir por la promesa de Dios. Estaba comprometida con José, un hombre del mismo tronco familiar, para que él fuese su guardián, pues Ella estaba dedicada a Dios con un voto de perpetua virginidad.
Pregunta: ¿Permaneció María siempre Virgen?
Respuesta: Permaneció y permanece siempre Virgen, antes del parto, durante el parto y después del parto del Salvador; y por ello es llamada la siempre Doncella.
Pregunta: ¿Con qué otro gran título honra la Iglesia Ortodoxa a la Santísima Doncella María?
Respuesta: Con el de Madre de Dios.
Pregunta: ¿Puede demostrarse el origen de este título por las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Está tomado de las siguientes palabras del Profeta Isaías: “He aquí que la doncella concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel, esto es Dios con nosotros” (Isaías 7:14; Mateo 1:23). Así también la recta Elizabeth llama a la Santísima Doncella como Madre del Señor, es decir la Madre de Dios: “¿De dónde es esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?” (Lucas 1:43).
Pregunta: ¿En qué sentido es llamada la Santísima Doncella como Madre de Dios?
Respuesta: Pese a que Jesucristo nació de Ella no en su Divinidad, que es eterna sino en humani-dad, ella es justamente llamada Madre de Dios; porque el que nació de ella era ambas cosas en la concepción misma (Dios y Hombre), y en su nacimiento carnal de ella, era Verdadero Dios.
Pregunta: ¿Qué debemos pensar sobre la dignidad de la Santísima Doncella María? 20
Respuesta: Como Madre del Señor, ella excede a toda criatura en gracia y cercanía a Dios, y no sólo en dignidad. Por ello, la Iglesia Ortodoxa la honra mucho más que a los Querubines y los Serafines.
Pregunta: ¿Qué otro argumento existe para remarcar el nacimiento de Jesucristo de la San-tísima Doncella María?
Respuesta: Que ese nacimiento fue perfectamente santo y exento de pecado, y sin dolor (J. Da-masc. Teólog. libro 4, cap. 14, 6.).
Pregunta: ¿Qué providencia preparó Dios para que la humanidad conociese el nacimiento del Salvador?
Respuesta: Hubo muchas predicciones exactas sobre las circunstancias de su nacimiento y vida sobre la tierra. Por ejemplo, el Profeta Isaías predijo que el Salvador nacería de una doncella (Is. 7:14). El Profeta Miqueas predijo que el Salvador iba a nacer en Belén. Y esto lo comprendieron los judíos aun antes de que se enterasen de su cumplimiento (Miqueas 5:1-4 y Mateo 2:4-6). El Profeta Malaquías, después de la construcción del segundo templo de Jerusalem, profetizó que la venida del Salvador estaba cerca, y que Él vendría a este templo, y que antes que Él sería envia-do un Precursor semejante al Profeta Elías, entendiéndose éste como claramente referido a San Juan Bautista (Mal. 3:1 y 4:5). El Profeta Zacarías predijo la entrada triunfal del Salvador en Je-rusalem (Zac. 9:9). El Profeta Isaías, con maravillosa claridad, predijo los sufrimientos del Sal-vador (Is. 53:3-12). David, en el Salmo 22 [21], describe los sufrimientos del Salvador en la Cruz con tanta exactitud como si lo hubiera escrito al pie de la Cruz misma. Y Daniel, 490 años antes de Jesucristo, predijo la aparición del Salvador, su muerte en la Cruz y la subsecuente des-trucción del Templo y de Jerusalem, y la abolición de los sacrificios del Antiguo Testamento (Daniel 9).
Pregunta: ¿Reconocieron en realidad los hombres a Jesucristo como el Salvador en la épo-ca que nació y vivió en la tierra?
Respuesta: Muchos lo reconocieron, y de varias maneras. Los sabios de Oriente lo reconocieron por la estrella que apareció en Oriente antes de su nacimiento. Los pastores de Belén lo supieron por los ángeles, que dijeron que el Salvador había nacido en la ciudad de David. Simeón y Ana, por revelación especial del Espíritu Santo, lo conocieron cuando Él fue llevado al Templo, cua-renta días después de su nacimiento. San Juan Bautista, al bautizarlo en el río Jordán, lo recono-ció por revelación, por el descenso del Espíritu Santo sobre el Salvador, en forma de paloma, y por la voz de Dios Padre que provino del cielo: “Éste es mi Hijo amado, en quien me complaz-co” (Mat. 3:17). Una voz semejante fue oída por los Apóstoles Pedro, Santiago (Jacobo) y Juan durante la Transfiguración: “Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; a Él oíd” (Marcos 9:7). Además, muchos lo reconocieron por la excelencia de su enseñanza y especialmente por los milagros que obró.
Pregunta: ¿Qué milagros obró Jesucristo?
Respuesta: Curó personas poseídas por demonios y a enfermos incurables, por una simple mira-da suya, por una palabra, o por el toque de su mano, e incluso fueron curadas al tocar ellos su ropa. Una vez con cinco y otra vez con siete panes, alimentó en el desierto a varios miles de per-sonas. Caminó sobre las aguas y con una palabra calmó la tormenta. Resucitó a los muertos: al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo y a Lázaro al cuarto día después de su muerte.
Pregunta: ¿En qué forma efectuó el Hijo de Dios nuestra salvación?
Respuesta: Por su enseñanza, su vida, su muerte y su resurrección.
Pregunta: ¿Cuál era la enseñanza de Cristo?
Respuesta: El Evangelio del reino de Dios, o, en otras palabras, la enseñanza de la salvación y bienaventuranza eterna, la misma que es profesada en la Iglesia Ortodoxa (Marcos 1:14-15).
Pregunta: ¿Cómo tenemos salvación por la enseñanza de Cristo?
Respuesta: Cuando la recibimos con todo nuestro corazón, y actuamos de acuerdo con ella. Por-que así como las palabras mentirosas del diablo recibidas por nuestros ancestros, se convirtieron en ellos en semilla del pecado y la muerte, por el contrario la verdadera Palabra de Cristo, reci-bida de corazón por los cristianos, se convierte en ellos en semilla de vida santa e inmortal. En las palabras del Apóstol San Pedro: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de inco-rruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23)
Pregunta: ¿De qué manera es salvadora para nosotros la vida de Cristo?
Respuesta: Imitándola. Porque Él dice: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor” (Juan 12:26).


Sobre el Cuarto artículo


Pregunta: ¿Cómo ocurrió que Jesucristo fue crucificado siendo que sus enseñanzas y sus obras debían haber impulsado a los hombres a reverenciarlo?
Respuesta: Los jefes de los judíos y los escribas lo odiaban, porque Él rebatía sus falsas enseñanzas y sus malas vidas. Y le envidiaban, porque el pueblo que escuchaba sus enseñanzas y ve-ía obrar sus milagros, lo estimaba más que a ellos. Por ello lo acusaron falsamente y lo condena-ron a muerte.
Pregunta: ¿Por qué se dice que Jesucristo fue crucificado en tiempos de Poncio Pilatos?
Respuesta: Para indicar en qué momento histórico fue crucificado.
Pregunta: ¿Quién fue Poncio Pilatos?
Respuesta: El gobernador romano de Judea, que estaba sujeta al Imperio Romano.
Pregunta: ¿Por qué es digna de remarcarse esta circunstancia?
Respuesta: Porque en ella vemos el cumplimiento de la profecía de Jacobo: “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga el Reconciliador; y a él se le congregarán los pueblos” (Gén. 49:10).
Pregunta: ¿Por qué no se dice solamente en el Símbolo de la fe que Jesucristo fue crucifi-cado, sino que también sufrió?
Respuesta: Para mostrar que su crucifixión no fue sólo una apariencia de sufrimiento y muerte, como dicen algunos herejes, sino un real sufrimiento y muerte.
Pregunta: ¿Por qué se menciona también que fue sepultado?
Respuesta: Esto también es para reafirmarnos que realmente murió y que resucitó, pues sus ene-migos pusieron una guardia ante su sepulcro y lo sellaron herméticamente.
Pregunta: ¿Cómo pudo Jesucristo sufrir y morir, siendo Dios?
Respuesta: Sufrió y murió, no en su Divinidad, sino en su humanidad. Y esto no porque no pu-diese evitarlo, sino porque quiso sufrir. Él mismo dijo: “Yo entrego mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que Yo por mí mismo la entrego. Tengo poder para entregarla y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10: 17-18).
Pregunta: ¿En qué sentido se dice que Jesucristo fue crucificado para y por nosotros?
Respuesta: En el sentido de que, por su muerte en la Cruz, nos libró del pecado, la maldición y la muerte.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de esta liberación? 22
Respuesta: Se refieren a la liberación del pecado: “En Quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia” (Efes. 1:7). Se refieren, asimismo, a la liberación de la maldición: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gál. 3:13). Y a la liberación de la muerte: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebr. 2: 14-15).
Pregunta: ¿De qué manera la muerte de Jesucristo en la Cruz nos libra del pecado, la maldición y la muerte?
Respuesta: Para que podamos comprender más rápidamente el misterio, la palabra de Dios hace la comparación de Jesucristo con Adán. Adán es, por naturaleza, la cabeza de toda la humanidad, que es una con él por ser su descendencia. Jesucristo, en quien la divinidad está unida a la huma-nidad, graciosamente hizo de sí mismo la nueva y todopoderosa cabeza del hombre, al que unió a sí mismo por la fe. Es así que, como en Adán caímos en el pecado, la maldición y la muerte, en Jesucristo nos liberamos para siempre del pecado, la maldición y la muerte. Su sufrimiento vo-luntario y la muerte en la Cruz por nosotros, siendo de infinito valor y mérito, como muerte del Único Sin Pecado, Dios y Hombre en una misma persona, es una perfecta satisfacción a la justi-cia de Dios, que nos condenó a muerte por el pecado. Es un mérito infinito, que nos otorgó gra-cias a Él el derecho sin discriminación a la justicia, para darnos a nosotros los pecadores el per-dón por nuestros pecados y la gracia para obtener la victoria sobre el pecado y la muerte.
“Pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:26-27); “Pues si por la transgresión de uno sólo reinó la muerte, mucho más re-inarán en vida por uno sólo, Jesucristo” (Rom. 5:17); “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme con la carne, sino conforme con el Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, en-viando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme con la carne, sino conforme con el Espíritu” (Rom. 8:1-4).
Pregunta: ¿Estrictamente hablando, fue por todos nosotros que Jesucristo sufrió?
Respuesta: Él se ofreció a Sí mismo como sacrificio estrictamente para todos, y obtuvo para to-dos gracia y salvación; pero esto beneficia sólo a aquellos de nosotros que, por nuestro propio libre albedrío tenemos “participación de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a Él en su muerte” (Filip. 3:10)
Pregunta: ¿Cómo podemos tener participación en los padecimientos y muerte de Jesucris-to?
Respuesta: Tenemos participación en los padecimientos y muerte de Jesucristo por una viva y sincera fe, por la participación en los Sacramentos, en los que están contenidas y selladas las vir-tudes de sus salvadores sufrimientos y muerte. Y, finalmente, por la crucifixión de nuestra carne con sus concupiscencias y pasiones. Dice el Apóstol: “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí” (Gal. 2:19-20); “¿O no sabéis que todos los que hemos si-do bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Rom. 6:3); “Así pues, todas las veces que comiereis este pan y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga” (1 Cor. 11:26); “Los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus con-cupiscencias y pasiones” (Gál. 5:24).
Pregunta: ¿Cómo podemos crucificar la carne con sus concupiscencias y pasiones?
Respuesta: Refrenando las concupiscencias y pasiones, y haciendo lo que es contrario a ellas. Por ejemplo, cuando la ira nos impulsa a atacar a un enemigo y a hacerle daño, si entonces resis-timos ese deseo recordando que Jesucristo en la Cruz oró por sus enemigos, y rogando igualmen-te por los nuestros, crucificamos nuestra pasión de la ira.


Sobre el Quinto artículo


Pregunta: ¿Cuál es la primera y más seria prueba dada por Jesucristo, de que sus padecimientos y muerte trajeron salvación para nosotros hombres?
Respuesta: Que resucitó, y así puso los cimientos para nuestra también bendita resurrección. “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, haciéndose primicia para los muertos” (1 Cor. 15:20).
Pregunta: ¿Qué podemos pensar del estado en que Jesucristo estuvo después de su muerte y antes de su resurrección?
Respuesta: Esto está descrito en el siguiente himno de la Iglesia: “Corporalmente, en el sepulcro; como Dios, en el hades con el alma; en el paraíso con el malhechor, asimismo estabas en el Tro-no, Cristo, con el Padre y el Espíritu, ¡oh! Indescriptible, que todo lo llenas.”
Pregunta: ¿Qué es el hades o infierno?
Respuesta: Hades es una palabra griega que significa lugar privado de luz. En teología se entien-de por este nombre una prisión espiritual, es decir, el estado de aquellos espíritus que están sepa-rados, por el pecado, de la visión del semblante de Dios y de la luz y bendición que ello confiere (Judas 1:6; Octoecos tono 5; Stijarion 2. 4).
Pregunta: ¿Para qué descendió Jesucristo al Hades?
Respuesta: Para proclamar allí también su victoria sobre la muerte y liberar a las almas que con fe aguardaban su venida.
Pregunta: ¿Hablan de esto las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Se refieren a ello en el siguiente pasaje: “Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el Recto por los no rectos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu. En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados” (1Pedro 3:18-19).
Pregunta: ¿Qué debemos remarcar en las siguientes palabras del Símbolo de la fe: “y resu-citó al tercer día conforme con las Escrituras”?
Respuesta: Estas palabras están en el Símbolo de la fe, tomadas del siguiente pasaje de la Epísto-la a los Corintios: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo mu-rió por nuestros pecados, conforme con las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme con las Escrituras” (1Cor. 15:3-4).
Pregunta: ¿Qué significado hay en las palabras “conforme con las Escrituras”?
Respuesta: Por estas palabras se muestra que Jesucristo murió y resucitó, precisamente como fue escrito de Él, proféticamente, en los libros del Antiguo Testamento.
Pregunta: ¿Dónde, por ejemplo, hay algo escrito sobre esto?
Respuesta: En el capítulo 53 del libro del Profeta Isaías, los sufrimientos y muerte de Jesucristo se prefiguran particularmente: “Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus heridas hemos sido curados” (Is. 53: 5). Sobre la resurrección de Cristo, el Apóstol San Pedro toma las palabras del Salmo 16 (15):
..”. no abandonarás mi alma en el hades ni permitirás que tu santo experimente la corrupción” (Hechos 2: 27).
Pregunta: ¿Está en algún otro lugar del Antiguo Testamento que Jesucristo resucitaría pre-cisamente al tercer día?
Respuesta: Una profecía sobre ello está prefigurada en el Profeta Jonás: “Y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches” (Jon. 2: 1).
Pregunta: ¿Cómo se supo que Jesucristo había resucitado?
Respuesta: Los soldados que montaban guardia en su sepulcro supieron de ello, se aterrorizaron cuando un Ángel del Señor apartó la piedra que cerraba la tumba y al mismo tiempo hubo un gran terremoto. Asimismo, hubo Ángeles que anunciaron la Resurrección de Cristo a María Magdalena y otras santas mujeres. Jesucristo mismo, el día de su Resurrección, se apareció a muchos, como a las mujeres miróforas, a San Pedro, a los dos discípulos en el camino de Emaús y finalmente a todos los Apóstoles en la casa, estando cerradas las puertas. Después se mostró varias veces a ellos en el período de cuarenta días; y un día fue visto por más de quinientos cre-yentes a la vez (1 Cor. 15:6).
Pregunta: ¿Por qué se mostró Jesucristo a los Apóstoles por espacio de cuarenta días?
Respuesta: En este tiempo continuó enseñándoles los misterios del reino de Dios (Hechos 1:3).


Sobre el Sexto artículo


Pregunta: ¿Está tomada de las Sagradas Escrituras la descripción de la Ascensión de Nuestro Señor en el sexto artículo del Símbolo de la fe?
Respuesta: Está tomada de los siguientes pasajes de las Sagradas Escrituras: “Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo” (Ef. 4:10); “Tenemos un Sumo Sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (Hebr. 8:1).
Pregunta: ¿Fue en su divinidad o en su humanidad que Jesucristo ascendió a los cielos?
Respuesta: En su humanidad. En su divinidad siempre estuvo, está y estará en el cielo.
Pregunta: ¿Por qué se dice que Jesucristo está sentado a la diestra del Padre, siendo que Dios está en todas partes?
Respuesta: Esto debe ser entendido espiritualmente. Jesucristo tiene una misma e igual majestad y gloria con Dios Padre.


Sobre el Séptimo artículo


Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de la segunda venida de Cristo?
Respuesta: “Éste mismo Jesús que se ha elevado desde vosotros al cielo, volverá de la misma manera que le habéis visto irse al cielo” (Hechos 1:11). Esto fue dicho por los Ángeles a los Apóstoles en el momento mismo de la Ascensión del Señor.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de su futuro Juicio?
Respuesta: “Porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, irán a re-surrección de condenación” (Juan 5:28-29). Éstas son palabras de Cristo mismo.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras del reino que no tendrá fin? 25
Respuesta: “Éste será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacobo para siempre y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32-33). Éstas son palabras del Ángel a la Madre de Dios.
Pregunta: ¿Será la segunda venida de Cristo semejante a la primera?
Respuesta: No, será muy diferente. Vino para sufrir por nosotros con gran humildad, pero vendrá para juzgarnos: “En su gloria, y todos los santos ángeles con Él” (Mat. 25:31).
Pregunta: ¿Juzgará a todos los hombres?
Respuesta: A todos sin excepción.
Pregunta: ¿Cómo los juzgará?
Respuesta: La conciencia de cada hombre será expuesta ante todos, y serán revelados todos los actos que hizo durante su vida en la tierra, las palabras que pronunció y sus deseos y pensamien-tos secretos. “Hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Cor. 4:5).
Pregunta: ¿Nos condenará incluso por las malas palabras y pensamientos?
Respuesta: Sin duda, a menos que las borremos por el arrepentimiento, por la fe y que enmen-demos nuestra vida: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta el día del juicio” (Mat. 12:36).
Pregunta: ¿Vendrá pronto Jesucristo para el Juicio?
Respuesta: No lo sabemos, y por lo tanto nos corresponde vivir de tal forma para estar siempre preparados a ello. “El Señor no retarda su promesa, como algunos piensan, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepenti-miento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (2 Pedro 3:9-10). “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mat. 25:13).
Pregunta: ¿Nos han sido revelados algunos signos de la proximidad de la venida de Cristo?
Respuesta: En la palabra de Dios nos fueron revelados algunos signos, como la pérdida de fe y el amor entre los hombres, la abundancia de iniquidad y calamidades, la predicación del Evangelio a todas las naciones y la venida del Anticristo.
Pregunta: ¿Qué es el Anticristo?
Respuesta: El adversario de Cristo, que tratará de vencer a la cristianismo, pero en lugar de ello obtendrá para sí mismo un fin terrible (2 Tes. 2:8).
Pregunta: ¿Qué es el Reino de Cristo, o sea el Reino de Dios?
Respuesta: Es el Reino de los creyentes en Cristo fundado por Él y de los que se esfuerzan por cumplir con la voluntad del Padre celestial. Este Reino de Dios, abierto con la venida de Cristo Salvador a la tierra, fija su morada en el alma de la gente en forma imperceptible y la prepara en la tierra para el recibimiento del Reino de los cielos, que se manifestará en el fin de los siglos.
Pregunta: ¿De cuál de éstos se dice en el Símbolo de la fe que no tendrá fin?
Respuesta: Del Reino de Gloria.


Sobre el Octavo artículo


Pregunta: ¿En qué sentido es llamado Señor el Espíritu Santo?
Respuesta: En el mismo sentido que el Hijo de Dios, esto es, como Dios verdadero.
Pregunta: ¿Hay testimonio de ello en las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Está claro en las palabras del Apóstol San Pedro para amonestar a Ananías: “¿Por qué entró Satanás en tu corazón para hacerte mentir al Espíritu Santo?,” y más adelante: “Le has mentido a Dios, no a los hombres” (Hechos 5:3-4).
Pregunta: ¿Qué debemos entender cuando el Espíritu Santo es llamado el Vivificador?
Respuesta: Quiere decir que Él, junto con Dios Padre y el Hijo, dan vida a toda criatura, y espe-cialmente vida espiritual al hombre: “El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (San Juan 3:5).
Pregunta: ¿De dónde sabemos que el Espíritu Santo procede del Padre?
Respuesta: Lo sabemos por las siguientes palabras de Jesucristo mismo: “Cuando venga el Con-solador, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, y que Yo os enviaré desde el Trono del Padre, el que da testimonio de Mí” (San Juan 15:26).
Pregunta: ¿La enseñanza de la procedencia del Espíritu Santo admite algún cambio o agre-gado?
Respuesta: No. Primero, porque la Iglesia Ortodoxa en su enseñanza repite las verdaderas pala-bras de Jesucristo, y sus palabras sin ninguna duda son la exacta y perfecta expresión de la ver-dad. Segundo, porque el Segundo Concilio Ecuménico, cuyo objetivo principal fue establecer la verdadera enseñanza respecto del Espíritu Santo, lo puso suficientemente de manifiesto en el Símbolo de la fe; y la Iglesia Católica (Universal) lo reconoció tan decididamente que el Tercer Concilio Ecuménico, en su séptimo canon, prohibe la composición de cualquier nuevo Símbolo de la fe. Por esta causa San Juan Damasceno escribe: “Acerca del Espíritu Santo decimos que es del Padre y lo llamamos Espíritu del Padre, mientras que de ninguna manera decimos que pro-cede del Hijo, sino que sólo lo llamamos Espíritu del Hijo” (Theol. lib. 1 c.2 v. 4).
Pregunta: ¿De dónde surge que el Espíritu Santo es igual al Padre y al Hijo, y debe ser, junto con ellos, adorado y glorificado?
Respuesta: Surge de que Jesucristo mandó bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíri-tu Santo (Mat. 28:19).
Pregunta: ¿Por qué se dice en el Símbolo de la fe que el Espíritu Santo habló por los profe-tas?
Respuesta: El Apóstol San Pedro escribe: “Porque nunca profecía alguna ha venido por volun-tad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo han hablado de parte de Dios” (2 Pedro 1:21).
Pregunta: ¿Habló también el Espíritu Santo por los Apóstoles?
Respuesta: Ciertamente lo hizo. “Les fue revelado a los profetas que, no a sí mismos, sino a no-sotros servían con este mensaje que ahora es anunciado por los que evangelizan por medio del Espíritu Santo enviado del cielo” (1 Pedro 1:12).
Pregunta: ¿Por qué, entonces, no se menciona a los Apóstoles en el Símbolo de la fe?
Respuesta: Porque en el tiempo cuando fue compuesto el Símbolo de la fe nadie dudaba de la inspiración de los Apóstoles.
Pregunta: ¿Se manifestó el Espíritu Santo a algunos hombres en una manera especial?
Respuesta: Sí. Descendió sobre los Apóstoles en forma de lenguas de fuego, al quincuagésimo día después de la resurrección de Jesucristo.
Pregunta: ¿Se comunica hoy el Espíritu Santo a los hombres?
Respuesta: Es comunicado a todos los verdaderos cristianos: “¿No sabéis que sois santuarios de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?” (1 Cor. 3:16).
Pregunta: ¿Cómo podemos ser partícipes del Espíritu Santo? 27
Respuesta: Por la oración ferviente y por los Sacramentos. “Si pues, vosotros, siendo malos, sa-béis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que lo pidan!” (Lucas 11: 13); “Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó, no por obras de rectitud que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que Él derramó con abundancia sobre nosotros por medio de Jesucristo Nuestro Salvador” (Tito 3:4-6).
Pregunta: ¿Cuáles son los principales dones del Espíritu Santo?
Respuesta: Los principales y más generales son, según el Profeta Isaías, los siguientes siete:
1) El espíritu de temor de Dios.
2) El espíritu de conocimiento.
3) El espíritu de fuerza.
4) El espíritu de consejo.
5) El espíritu de inteligencia.
6) El espíritu de sabiduría.
7) El espíritu del Señor o el don de piedad e inspiración en su máximo grado (Isaías 11:2).


Sobre el Noveno artículo


Pregunta: ¿Qué es la Iglesia?
Respuesta: La Iglesia es la comunidad humana instituida por Dios, unida por la fe ortodoxa, la Ley de Dios, la jerarquía y los Sacramentos.
Pregunta: ¿Qué es creer en la Iglesia?
Respuesta: Es honrar piadosamente a la verdadera Iglesia de Cristo, y obedecer su enseñanza y mandamientos, por la convicción de que la Gracia habita en ella, y que obra, enseña y gobierna para la salvación, que fluye por ella de su única cabeza, el Señor Jesucristo.
Pregunta: ¿Cómo puede la Iglesia, que es visible, ser objeto de fe, cuando la fe, según dice el Apóstol, es la demostración de lo que no se ve?
Respuesta: Primero, pese a que la Iglesia es visible, la Gracia de Dios que está en ella y en los que ella santifica, no lo es. Y esto es lo que propiamente constituye el objeto de la fe en la Igle-sia. Segundo, la Iglesia, pese a ser visible porque está sobre la tierra y contener a todos los cris-tianos ortodoxos que viven sobre la tierra, es al mismo tiempo invisible, porque está parcialmen-te en el cielo y contiene a todos aquellos que han partido en verdadera fe y santidad.
Pregunta: ¿En qué basamos la idea que la Iglesia es al mismo tiempo de la tierra y del cie-lo?
Respuesta: En las siguientes palabras del Apóstol San Pablo dirigidas a los cristianos: “Os habéis acercado al Monte Sión, a la ciudad de Dios vivo, la Jerusalem celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne y asamblea de los primogénitos inscriptos en los cielos, y a Dios, Juez universal, y a los espíritus de los rectos llegados ya a su consumación, y a Jesucristo, mediador de la nueva Alianza” (Heb. 12:22-24).
Pregunta: ¿Cómo podemos estar seguros de que la Gracia de Dios está en la verdadera Iglesia?
Respuesta: Primero, porque su cabeza es Jesucristo, Dios y Hombre en una sola persona, lleno de gracia y de verdad, que llena su cuerpo — es decir la Iglesia — con igual gracia y verdad (Juan 1: 14-17). Segundo, porque Él prometió a sus discípulos que el Espíritu Santo estaría con ellos
para siempre, y que se acuerdo con su promesa, el Espíritu Santo señala a los pastores de su Igle-sia. El Apóstol San Pablo dice de Jesucristo que Dios Padre “nos lo dio como cabeza de todas las cosas de la Iglesia, que es su cuerpo” (Ef. 1:22-23). El mismo Apóstol dice a los pastores de la Iglesia: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Es-píritu Santo como obispos, para apacentar la Iglesia de nuestro Señor y Dios, que Él se adquirió con su propia sangre” (Hechos 20:28).
Pregunta: ¿Cómo podemos estar seguros que la Gracia de Dios está en la Iglesia hasta aho-ra, y que continuará en ella hasta el fin del mundo?
Respuesta: De esto estamos seguros por las siguientes palabras de Jesucristo mismo y de sus Apóstoles: “Yo construiré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18); “Estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo. Amén” (Mat. 28:20); “A Él, Dios Padre, la gloria en la Iglesia por Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiem-pos” (Ef. 3:21)
Pregunta: ¿Por qué la Iglesia es Una?
Respuesta: Porque ella es un cuerpo espiritual, tiene una cabeza, Cristo, y está animada por un Espíritu, el de Dios: “Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos” (Ef. 4:4-6).
Pregunta: ¿Tenemos otra seguridad más de que Jesucristo es la única cabeza de la Única Iglesia?
Respuesta: “Edificio de Dios... Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está pues-to, el cual es Jesucristo” (1 Cor. 3:9-11). Por ello, la Iglesia como Cuerpo de Cristo, no puede tener otra cabeza que Jesucristo. Estando la Iglesia destinada a estar eternamente por todas las generaciones, necesita una cabeza también eterna, y ésta es sólo Jesucristo. Por ello, los Apósto-les no tomaron títulos más altos que el de servidores de la Iglesia (1 Col. 1:24-25).
Pregunta: ¿Qué obligación nos impone la unidad de la Iglesia?
Respuesta: El “esforzarse en guardar la unidad del Espíritu en unión de paz” (Ef. 4:3).
Pregunta: ¿Cómo se hace concordar con la unidad de la Iglesia el que haya muchas iglesias separadas e independientes, como las de Jerusalem, Antioquía, Alejandría, Constantinopla, Ru-sia?
Respuesta: Éstas son iglesias particulares o partes de una Iglesia Católica (Universal); la visible separación de su estructura no quita que todas ellas sean miembros del cuerpo de la Iglesia Uni-versal, que tiene una cabeza, Cristo, y un espíritu de fe y de gracia. Esta unidad está expresada exteriormente por la unidad del Símbolo de la fe y por la comunión en la oración y los sacramen-tos.
Pregunta: ¿Hay una unidad semejante entre la Iglesia terrestre y la celestial?
Respuesta: Sin duda que la hay. Por su común relación con la cabeza única, Nuestro Señor Jesu-cristo, y por la comunión mutua.
Pregunta: ¿Qué tipo de comunión tiene la Iglesia en la tierra con la celestial?
Respuesta: La oración de fe y amor. El fiel que pertenece a la Iglesia militante sobre la tierra, ofreciendo sus oraciones a Dios, llama al mismo tiempo en su ayuda a los santos que pertenecen a la Iglesia del cielo; y éstos, por estar en la proximidad de Dios, por sus oraciones e intercesio-nes purifican, fortalecen y ofrecen ante Dios las oraciones de los fieles que viven sobre la tierra, por la voluntad de Dios, graciosamente y benéficamente, sea por virtud invisible, por distintas apariciones y otros medios.
Pregunta: ¿En qué se basa la regla de la Iglesia sobre la tierra de invocar en oración a los santos de la Iglesia en el cielo?
Respuesta: En Santa Tradición, el principio de la cual puede verse también en las Sagradas Es-crituras. Por ejemplo, el Profeta David clama en plegaria: “¡Oh!, Dios de Abraham, Isaac y de Israel, nuestros padres,” haciendo mención de santos en ayuda de su oración, exactamente como ahora la Iglesia Ortodoxa, ruega a Cristo nuestro verdadero Dios, por las oraciones de su Purísi-ma Madre y de todos sus Santos (1Crón. 29:18). San Cirilo de Jerusalem, en su explicación de la Divina Liturgia, dice: “Hacemos mención también de aquellos que han partido, primero de los Patriarcas, Profetas, Apóstoles y Mártires, para que por sus súplicas e intercesión Dios reciba nuestras oraciones” (Cat. Myst. 5. c. 9). San Basilio el Grande, en su sermón sobre el día de los Cuarenta Santos Mártires, dice: “Cualquiera que esté afligido recurra a los Cuarenta, y cual-quiera que está contento acuda a los mismos. Unos, para encontrar alivio para su dolor, y los otros para conservar su felicidad. Así, la mujer piadosa ruega por sus hijos, otra pide el retorno de su esposo ausente, otra la restauración de la salud para el enfermo. Que vuestras peticiones sean hechas con los Mártires.”
Pregunta: ¿Hay algún testimonio en las Sagradas Escrituras sobre la oración mediadora de los santos en el cielo?
Respuesta: El Evangelista San Juan, en el Apocalipsis, muestra en el cielo un Ángel, al cual “se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del Ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos” (Apoc. 8:3-4).
Pregunta: ¿Hay algún testimonio en las Sagradas Escrituras sobre apariciones de santos del cielo?
Respuesta: El Evangelista San Mateo relata que después de la muerte de Nuestro Señor Jesucris-to en la Cruz “se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos, que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mat. 27:52-53). Y como un milagro tan grande no podía ocu-rrir sin un fin adecuado, debemos suponer que dichos santos aparecieron para anunciar el des-censo de Jesucristo a los infiernos, y su triunfal resurrección, y así impulsar a los hombres naci-dos en la Iglesia del Antiguo Testamento a pasar más rápidamente a la del Nuevo, recién funda-da.
Pregunta: ¿Qué testimonios hay que nos confirmen la creencia de que los santos, después de su partida, obran milagros por ciertos medios terrenales?
Respuesta: El Segundo Libro de los Reyes testifica que, por tocarlo con las reliquias del Profeta Eliseo, un muerto fue traído nuevamente a la vida (2 Reyes 13:21). El Apóstol San Pablo obró curaciones y milagros no sólo en persona, sino por pañuelos y delantales tomados de su cuerpo (Hechos 19:12). Por este ejemplo, podemos entender que los santos, incluso después de su muer-te, pueden obrar benéficamente por medios terrenales que Dios les otorgó por sus santas virtu-des. San Gregorio el Teólogo, en su primer discurso contra Juliano, dice: “Tú no reverenciaste los sacrificios ofrecidos por Cristo ni temiste a los grandes ascetas, Juan, Pedro, Pablo, Santiago (Jacobo), Esteban, Lucas, Andrés, Tecla y el resto que antes y después de éstos sufrieron por la verdad, que soportaron fuego y espada, torturas y todos los sufrimientos, como si su cuerpo no fuese de ellos, o como si no tuviesen cuerpo. ¿Por qué? Para no traicionar ni con una palabra su devoción a Dios. Para los cuales hay, con justa razón, grandes honores y triunfos: son expulsados diablos, se curan enfermedades, aparecen en visiones y profetizan. Cuyos cuerpos, aunque sepa-rados, al ser tocados o reverenciados, tienen poder como sus santas almas. Y gotas de cuya san-
gre, tomadas de sus sufrimientos, tienen poder como en sus cuerpos.” San Damasceno escribe: “Las reliquias de los santos nos fueron dadas por Nuestro Señor Jesucristo como fuentes de sa-lud, de las que fluyen múltiples bendiciones.” Y como una explicación de esto subraya que a tra-vés de la mente sus cuerpos también estaban habitados por Dios (Theol. lib. 4 cap. 15, v. 3-4).
Pregunta: ¿Por qué es Santa la Iglesia?
Respuesta: Porque está santificada por Jesucristo, por su pasión, por su enseñanza, por su ora-ción y por los Sacramentos. “Como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella, pa-ra santificarla, habiéndola purificado en la palabra con baño de agua, a fin de presentársela a Sí mismo, una Iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:25-27). En su oración a Dios Padre por los creyentes, Jesucristo dice entre otras cosas: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Y por ellos yo me santi-fico a Mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:17-19).
Pregunta: ¿Por qué es santa la Iglesia si tiene dentro de ella a hombres pecadores?
Respuesta: Los hombres que pecan, pero que se purifican por el verdadero arrepentimiento, no hacen que la Iglesia deje de ser santa, pero los pecadores impenitentes son separados del cuerpo de la Iglesia por acto visible de la autoridad eclesiástica o por el juicio invisible de Dios. Por ello es que también respecto a eso se conserva santa. “Quitad, pues, a ese perverso de entre voso-tros” (1 Cor. 5:13); “El fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: conoce el Señor a los que son suyos; y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Tim. 2:19)
Pregunta: ¿Por qué la Iglesia es llamada Conciliar, o Católica, o Ecuménica?
Respuesta: Porque no está limitada a ningún lugar ni tiempo ni pueblo, sino que contiene a los verdaderos creyentes de todos los lugares, tiempos y pueblos. El Apóstol San Pablo dice que “el Evangelio existe en todo el mundo, y crece y da fruto” (Colos. 1:5-6), y que en la Iglesia cristia-na “no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos” (Colos. 3:11). “Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gál. 3:9).
Pregunta: ¿Qué gran privilegio tiene la verdadera Iglesia Universal?
Respuesta: Sólo ella tiene la promesa que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”; que el Señor estará con ella hasta el fin del mundo; que en ella habitará la gloria de Dios en Jesucristo por todas las generaciones, eternamente; y consecuentemente, que ella nunca será apóstata de la fe, ni pecará contra la verdad de la fe, ni caerá en error. “Nosotros confesamos sin duda, que la Iglesia Universal no puede pecar ni errar ni proferir falsedad en lugar de verdad: porque el Espíritu Santo actuando a través de sus fieles ministros los Padres y Doctores de la Iglesia, la preservan de todo error” (Misiva de los Patriarcas Orientales sobre la Fe Ortodoxa, Art. 12).
Pregunta: ¿Si la Iglesia Católica Ortodoxa contiene a todos los verdaderos creyentes del mundo, debemos entender como necesario para la salvación que todo creyente debe pertenecer a ella?
Respuesta: Es exactamente así. Desde que Jesucristo, en las palabras de San Pablo, es la cabeza de la Iglesia, y Él es el Salvador del cuerpo, se deduce que para tener parte en su salvación, de-bemos necesariamente ser miembros de su cuerpo, esto es, de la Iglesia (Efes. 5:23). El Apóstol San Pedro escribe que el bautismo salva conforme con la imagen del Arca de Noé. Todos los que fueron salvados del Diluvio Universal, lo fueron sólo en el Arca. Así pues, todos los que obtie-nen salvación eterna, la obtienen sólo en la única Iglesia Universal.
Pregunta: ¿Qué pensamientos y rememoraciones debemos asociar con el nombre de Igle-sia Oriental?
Respuesta: En el Paraíso, plantado en el Este, se fundó la primera Iglesia de nuestros Padres en inocencia; y en el Este, después de la caída, se puso una nueva fundación de la Iglesia de los re-dimidos, en la promesa de un Salvador. En el Este, en el país de Judea, Nuestro Señor Jesucristo, habiendo finalizado la obra por nuestra salvación, fundó su propia Iglesia cristiana, que desde allí se expandió por todo el universo. Y hasta hoy la fe Católica (Universal) Ortodoxa Ecuméni-ca, confirmada por los Siete Concilios Ecuménicos, es conservada sin cambios en su pureza ori-ginal en las antiguas Iglesias del Este, como lo hace, por la gracia de Dios, la Iglesia Rusa.
Pregunta: ¿Por qué es llamada Apostólica la Iglesia?
Respuesta: Porque tiene de los Apóstoles, sin interrupción ni cambio, su enseñanza y la sucesión de los dones del Espíritu Santo, por la imposición de las manos consagradas. En el mismo senti-do, la Iglesia es llamada también Ortodoxa (o de alabanza o creencia correcta): “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efes. 2:19-20).
Pregunta: ¿Qué nos enseña el Símbolo de la fe cuando dice que la Iglesia es Apostólica?
Respuesta: Nos enseña a guardar firmemente la enseñanza y tradición apostólica, y evitar ense-ñanzas y maestros que no se afirmen en la de los Apóstoles. El Apóstol San Pablo dice: “Así que, hermanos, estad firmes y retened la enseñanza que habéis aprendido, sea por palabra o por carta nuestra” (2 Tes. 2:15); “Al hombre que es un hereje, después de una y otra amonestación, deséchalo” (Tito 3:10); “Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y enga-ñadores, mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso taparles la boca; que tras-tornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene” (Tito 1:10-11); “Y si no oyere a la Iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mat. 18:17).
Pregunta: ¿Qué institución eclesiástica existe para preservar y conservar la sucesión del ministerio apostólico?
Respuesta: La Jerarquía Eclesiástica.
Pregunta: ¿Dónde se originó la Jerarquía de la Iglesia Cristiana Ortodoxa?
Respuesta: De Jesucristo mismo, y del descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, desde cuyo tiempo continuó en sucesión ininterrumpida por la imposición de las manos, en el Sacra-mento del Sacerdocio. “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo” (Efes. 4:11-12)
Pregunta: ¿Qué autoridad jerárquica es capaz de extender su esfera de acción por sobre toda la Iglesia Católica (Universal)?
Respuesta: El Concilio Ecuménico.
Pregunta: ¿Bajo qué autoridades jerárquicas están las principales partes de la Iglesia Cató-lica (Universal)?
Respuesta: Bajo los Patriarcas Ortodoxos y el Santísimo Sínodo.
Pregunta: ¿Bajo qué autoridad jerárquica están las provincias ortodoxas menores y ciuda-des?
Respuesta: Bajo metropolitanos, arzobispos y obispos.
Pregunta: ¿Qué rango en la jerarquía tiene el Santísimo Sínodo?
Respuesta: El mismo rango que el de los Santos Patriarcas Ortodoxos (Ver las Epístolas de los Santos Patriarcas sobre la institución del Santísimo Sínodo).
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Pregunta: ¿Si alguno quiere cumplir sus deberes de obediencia a la Iglesia, cómo puede aprender lo que ella requiere de sus hijos?
Respuesta: Lo puede aprender de las Sagradas Escrituras, de las Reglas de los Santos Apóstoles, de los Santos Concilios Ecuménicos y locales, de los Santos Padres y de los Reglamentos Ecle-siásticos.



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