Ir al contenido principal

Catecismo Ortodoxo Parte II

Sobre el Décimo artículo


Pregunta: ¿Por qué el Símbolo de la fe menciona al Bautismo?
Respuesta: Porque la fe es sellada por el Bautismo y los otros misterios o Sacramentos.
Pregunta: ¿Qué es un misterio o Sacramento?
Respuesta: Un misterio o Sacramento es un acto sagrado, por el cual la Gracia, o en otras palabras, el poder salvador de Dios, actúa misteriosamente sobre el hombre.
Pregunta: ¿Cuántos son los Sacramentos?
Respuesta: Siete:
1. Bautismo;
2. Unción con Miro (Confirmación);
3. Comunión;
4. Arrepentimiento;
5. Sacerdocio ;
6. Matrimonio;
7. Unción con Santos Óleos.
Pregunta: ¿Qué fuerza hay en cada Sacramento?
Respuesta: 1. En el Bautismo el hombre nace misteriosamente a la vida espiritual. 2. En la Unción con Miro recibe la gracia de crecimiento espiritual y fortaleza. 3. En la Comunión es nutrido espiritualmente. 4. En el Arrepentimiento es sanado de las enfermedades espirituales, es decir, del pecado. 5. En el Sacerdocio recibe la gracia espiritual para regenerar y educar a otros, por la enseñanza y los Sacramentos. 6. En el Matrimonio recibe la gracia que santifica la vida de casados, la procreación natural y la educación de los hijos. 7. En la Unción con los Santos Óleos, se cura incluso de las enfermedades del cuerpo, por medio de la curación de las enfermedades espirituales.
Pregunta: ¿Por qué el Símbolo de la fe menciona solamente el Bautismo y no los demás Sacramentos?
Respuesta: Porque sobre el Bautismo existía la duda de si era necesario o no rebautizar a algunas personas que salieron de la herejía; y por eso era necesaria una resolución que fue incluida en el Símbolo de la fe.

Sobre el Bautismo
Pregunta: ¿Qué es el Bautismo?
Respuesta: Es un Sacramento por el que a una persona que cree, se la sumerge tres veces en agua en el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, muriendo a la vida carnal de pecado, y naciendo nuevamente del Espíritu Santo a una vida espiritual y santa: “El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Juan 3:5).
Pregunta: ¿Cuándo y cómo comenzó el Bautismo?
Respuesta: Primero, “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en Aquél que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” (Hechos 19: 4). Luego, Jesucristo por su propio ejemplo santificó el bautismo, cuando lo recibió de Juan. Finalmente, después de su Resurrección, dio a los Apóstoles este solemne mandamiento: “Id y enseñad a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat. 28: 19).
Pregunta: ¿Qué es lo más esencial en la administración del Bautismo?
Respuesta: La triple inmersión en agua, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Pregunta: ¿Qué se requiere de quien desea ser bautizado?
Respuesta: Arrepentimiento y fe. Por esta causa, también antes del Bautismo se recita el Símbolo de la fe: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2: 38); “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16: 16).
Pregunta: ¿Por qué son, entonces, bautizados los niños?
Respuesta: Por la fe de sus padres y padrinos, que están obligados a enseñarles la fe, tan pronto como estén en edad de aprender.
Pregunta: ¿Cómo puede demostrarse por las Sagradas Escrituras que debemos bautizar a los niños?
Respuesta: En los tiempos del Antiguo Testamento los niños eran circuncidados al octavo día de su nacimiento; pero el Bautismo tomó el lugar de la circuncisión en el Nuevo Testamento y por lo tanto, los niños también deben ser bautizados.
Pregunta: ¿De dónde es tomado que el Bautismo ocupó el lugar de la circuncisión?
Respuesta: De las siguientes palabras del Apóstol San Pablo a los creyentes: “Fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha por mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo, sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él, perdonándoos todos los pecados” (Colos. 2: 11-12).
Pregunta: ¿Para qué hay padrinos en el Bautismo?
Respuesta: Para que respondan ante la Iglesia por la fe del bautizado, y después del Bautismo se ocupen de confirmarlo en la fe (Dion. Areop. sobre Jer. Ecles. c. 2).
Pregunta: ¿Para qué antes del Bautismo se hace el exorcismo?
Respuesta: Para alejar al diablo, que desde la caída de Adán tiene acceso al hombre y ejerce poder sobre él, lo cautiva y esclaviza. El Apóstol San Pablo dice que todos los hombres sin gracia “andan de acuerdo con la maldición de este mundo, de acuerdo con el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de la adversidad” (Efes. 2: 2).
Pregunta: ¿Dónde radica la fuerza del exorcismo?
Respuesta: En el nombre de Jesucristo invocado con oración y con fe. Jesucristo dio a los creyentes esta promesa: “En mi nombre expulsarán demonios” (Marc. 16: 17).
Pregunta: ¿Qué fuerza tiene la señal de la Cruz usada en ésta y otras ocasiones?
Respuesta: Lo que representa el nombre de Jesucristo Crucificado cuando los labios lo pronuncian con fe, vale igual cuando la señal de la Cruz se hace con fe por el movimiento de la mano, o es representada de cualquier otra manera. San Cirilo de Jerusalem escribe: “No nos avergoncemos de confesar al Crucificado; hagamos fervientemente la señal de la Cruz sobre la frente, y sobre todo: sobre el pan que comemos, sobre las copas en que bebemos; hagámosla en nuestras idas y venidas; cuando nos acostamos a dormir y cuando nos levantamos; cuando viajamos y cuando descansamos: es una gran salvaguarda, dada al pobre sin costo alguno, al débil sin esfuerzo. Porque ésta es la Gracia de Dios, un signo para los fieles y terror para los malos espíritus” (Cat. Lect. 13: 36).
Pregunta: ¿Desde cuándo usamos la señal de la Cruz?
Respuesta: Desde los mismos tiempos de los Apóstoles (Dion. Areop. sobre la Jer. Ecles. c. 2 y 5. Tertuliano de Coron. cap. 3, de Resurr. cap. 8).
Pregunta: ¿Qué significa la ropa blanca que es puesta después del bautismo?
Respuesta: La pureza del alma y de la vida cristiana.
Pregunta: ¿Por qué se le cuelga al bautizado una cruz?
Respuesta: Como expresión visible y continua evocación del mandamiento de Cristo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mat. 16:24).
Pregunta: ¿Qué significa la procesión del bautizado alrededor de la fuente con una vela?
Respuesta: Alegría espiritual, unida con iluminación espiritual.
Pregunta: ¿Qué significa confesar en el Símbolo de la fe un Bautismo?
Respuesta: Que el Bautismo no puede ser repetido.
Pregunta: ¿Por qué no puede ser repetido el Bautismo?
Respuesta: El Bautismo es un nacimiento espiritual: el hombre nace sólo una vez, por eso es bautizado sólo una vez.
Pregunta: ¿Qué puede decirse de aquellos que pecan después del Bautismo?
Respuesta: Son más culpables en sus pecados que los no bautizados, desde que tienen de Dios una ayuda especial para obrar bien, y la dejan de lado. “Si habiéndose escapado ellos de las contaminaciones del mundo con el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, y enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2:20)
Pregunta: ¿Hay algún medio de conseguir perdón para el que pecó después del Bautismo?
Respuesta: Sí. El Arrepentimiento.

Sobre la Unción con miro.

Pregunta: ¿Qué es la Unción con Miro?
Respuesta: La Unción con Miro es un Sacramento por el cual el creyente bautizado, al ser ungido con santo miro en ciertas partes del cuerpo, en el nombre del Espíritu Santo, recibe los dones del Espíritu Santo para el crecimiento y fortalecimiento en la vida espiritual.
Pregunta: ¿Este Sacramento es mencionado en las Sagradas Escrituras?
Respuesta: La acción interior de este Sacramento es expresada por el Apóstol San Juan, de la siguiente forma: “Vosotros, en cambio, tenéis unción recibida del Santo y todos tenéis conocimiento. En cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de Él permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe; sino que tal como su unción os enseña sobre todo - y es verdad y no mentira -, tal como os enseño, permaneced en Él” (1 Juan 2: 20 y 27). De la misma manera dice el Apóstol Pablo: “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió es Dios, el cual también nos ha signado, y nos ha dado compromiso del Espíritu a nuestros corazones” (2 Cor. 1: 21-22). De aquí son tomadas las palabras pronunciadas en la Unción, el signo del don del Espíritu Santo.
Pregunta: ¿Es mencionada la forma visible de la Unción con Miro en las Sagradas Escrituras?
Respuesta: Debe entenderse que las palabras de San Juan se refieren a la unción visible tanto como a una unción interior; pero es más certero pensar que los Apóstoles, para impartir al bautizado los dones del Espíritu Santo, usaron la imposición de las manos (Hechos 8: 14-16). Los sucesores de los Apóstoles, sin embargo, en lugar de esto introdujeron la Unción con Miro, tomándola aparentemente del precedente de la unción usada en el Antiguo Testamento (Éxodo 30: 25; I Reyes 1: 39; Dion. Areop. de Jer. Ecles. cap. 4).
Pregunta: ¿Qué debe remarcarse sobre el Santo Miro?
Respuesta: Que su consagración corresponde únicamente a las más altas autoridades eclesiásticas, como sucesores de los Apóstoles, que usaban la imposición de sus propias manos para comunicar los dones del Espíritu Santo.
Pregunta: ¿Qué dignifica la unción de la frente?
Respuesta: La santificación de la mente, de los pensamientos.
Pregunta: ¿Y la unción del pecho?
Respuesta: La santificación del corazón o deseos.
Pregunta: ¿Qué significa la unción de los ojos, orejas y labios?
Respuesta: La santificación de los sentidos.
Pregunta: ¿Qué significa la unción de las manos y los pies?
Respuesta: La santificación de las obras y de todo comportamiento del cristiano.

Sobre la Comunión

Pregunta: ¿Qué es la Comunión?
Respuesta: La Comunión es un Sacramento por el cual el creyente ingiere, bajo la forma de pan y vino, el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo para la vida eterna.
Pregunta: ¿Cómo fue instituido este Sacramento?
Respuesta: Jesucristo, inmediatamente antes de su Pasión, lo consagró por vez primera, exhibiéndolo por anticipación a la imagen viviente de sus sufrimientos para nuestra salvación; y después de haberlo administrado a los Apóstoles, les dio al mismo tiempo un mandamiento para perpetuar este Sacramento.
Pregunta: ¿Qué debe advertirse sobre el Sacramento de la Comunión con respecto al santo oficio cristiano?
Respuesta: Que conforma la parte esencial y principal del santo oficio.
Pregunta: ¿Cuál es el nombre del santo oficio en el cual el Sacramento de la Comunión es consagrado?
Respuesta: La liturgia.
Pregunta: ¿Qué significa la palabra liturgia?
Respuesta: Oficio colectivo. Pero la palabra liturgia es especialmente apropiada para el santo oficio en el que se consagra el Sacramento de la Comunión.
Pregunta: ¿Qué debe hacerse notar sobre el lugar donde se celebra la liturgia?
Respuesta: Debe ser consagrada siempre en un templo. Este Sacramento es oficiado sobre la santa mesa o el antimension, los cuales deben haber sido consagrados anteriormente por un obispo.
Pregunta: ¿Por qué se llama Iglesia al templo?
Respuesta: Porque los fieles que componen la Iglesia se reúnen en él para la oración y participar de los Sacramentos.
Pregunta: ¿Por qué se llama trono a la mesa donde se consagra el Sacramento de la Comunión?
Respuesta: Porque Jesucristo está presente en él como Rey, místicamente.
Pregunta: ¿Qué orden se puede observar en el oficio de la liturgia?
Respuesta: Primero, se preparan los elementos para el Sacramento; segundo, los fieles se preparan para el Sacramento; tercero, el Sacramento mismo es consagrado.
Pregunta: ¿Cuál es el nombre de la parte de la liturgia en la que se preparan las sustancias para el Sacramento?
Respuesta: Proscomidia.
Pregunta: ¿Cuál es el significado de la palabra Proscomidia?
Respuesta: Ofrenda, u ofrecimiento.
Pregunta: ¿Por qué se dio este nombre a la primera parte de la liturgia?
Respuesta: Por la costumbre de los primitivos cristianos de traer a la iglesia pan y vino como ofrenda para la celebración del Sacramento. De la misma manera, este pan es llamado Prósfora, que significa oblación.
Pregunta: ¿En qué consiste la Proscomidia como parte de la Liturgia?
Respuesta: En que con la recordación de las profecías y prototipos, y parcialmente de los sucesos mismos de antes del nacimiento y sufrimiento de Jesucristo, se toma una porción de la prósfora para usarla en el Sacramento, y una porción de vino es mezclada con agua y vertida en el santo Cáliz, mientras el celebrante hace conmemoración de toda la Iglesia, honra a los santos glorificados, ruega por los vivos y los muertos, ruega también especialmente por los gobernantes y por los que, a medida de su fe y su esfuerzo, trajeron prósforas u oblaciones.
Pregunta: ¿Cómo debe ser el pan para el Sacramento?
Respuesta: Como el nombre mismo de pan, la santidad del misterio y el ejemplo de Jesucristo y los Apóstoles lo requieren, esto es: pan leudado, puro y de trigo.
Pregunta: ¿Qué significa que es sólo uno el pan que se usa para la Comunión?
Respuesta: Significa, como lo explica el Apóstol San Pablo, que “siendo uno sólo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos comulgamos de aquel mismo pan” (1 Cor. 10: 17).
Pregunta: ¿Por qué se lo llama el Cordero al pan preparado para la Comunión?
Respuesta: Porque es la figura de Jesucristo sufriente, como era en el Antiguo Testamento el Cordero Pascual.
Pregunta: ¿Qué era el Cordero Pascual?
Respuesta: El Cordero que los israelitas, por mandamiento de Dios, mataban y comían en memoria de su liberación de la destrucción en Egipto.
Pregunta: ¿Por qué se mezcla con agua el vino para el Sacramento de la Comunión?
Respuesta: Porque toda esta celebración está ordenada de acuerdo con los sufrimientos de Cristo; y cuando Él sufrió, fluyó sangre y agua de su costado atravesado por la lanza.
Pregunta: ¿Qué nombre tiene la parte de la liturgia en la que los fieles son preparados para el Sacramento?
Respuesta: Los antiguos la llamaban liturgia de los catecúmenos, porque aparte de los comulgantes, también los catecúmenos que se están preparando para el Bautismo, y los penitentes, que no son admitidos para la Comunión, pueden estar presentes en ella.
Pregunta: ¿Con qué comienza esta parte de la liturgia?
Respuesta: Con la bendición, o glorificación del Reino de la Santísima Trinidad.
Pregunta: ¿En qué consiste esta parte de la liturgia?
Respuesta: En oraciones, cantos y lecturas de los libros de los Apóstoles y los Evangelios.
Pregunta: ¿Con qué termina?
Respuesta: Con la orden dada a los catecúmenos de salir de la Iglesia.
Pregunta: ¿Cuál es el nombre de esta parte de la liturgia, en que el Sacramento mismo es celebrado y consagrado?
Respuesta: La liturgia de los fieles. Porque sólo los fieles, es decir los bautizados, tienen derecho de estar presentes en este oficio.
Pregunta: ¿Cuál es el acto esencial en esta parte de la liturgia?
Respuesta: La pronunciación de las palabras que Jesucristo dijo al instituir el Sacramento: “Tomad y comed, éste es mi Cuerpo; bebed de ella todos, pues ésta es mi Sangre de la Nueva Alianza” (Mat. 26: 27-28). Después de esto, la invocación del Espíritu Santo y la bendición de los dones, es decir del pan y el vino, que fueron ofrecidos.
Pregunta: ¿Por qué es tan esencial?
Respuesta: Porque en este momento el pan y el vino son convertidos o transustanciados en el verdadero Cuerpo de Cristo y en la verdadera Sangre de Cristo.
Pregunta: ¿Cómo debemos entender la palabra transustanciación?
Respuesta: En la exposición de la fe de los Patriarcas Orientales se dice que la palabra transustanciación no debe ser tomada para definir la manera en que el pan y el vino son convertidos en el Cuerpo y la Sangre del Señor, porque esto nadie lo puede comprender, sino Dios. Sólo muestra que verdadera, real y sustancialmente el pan se hace el verdadero Cuerpo del Señor y el vino se hace la misma Sangre del Señor. De igual manera San Juan Damasceno, tratando sobre los Santos e Inmaculados Misterios del Señor, escribe: “Es verdaderamente aquel Cuerpo unido con la Divinidad, que tuvo su origen en la Santísima Doncella; no porque ese Cuerpo que ascendió, descienda del cielo sino porque el pan y el vino mismos se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Dios. Pero si tú buscas la forma en que esto ocurre, sea suficiente para ti que te diga que es por el Espíritu Santo; de la misma manera, por el mismo Espíritu Santo, el Señor se encarnó a Sí mismo, y en Sí mismo, de la Madre de Dios; más aun, sabemos y es suficiente que la palabra de Dios es verdadera y poderosa, pero su manera de obrar es inescrutable” (L. 4 cap. 13. 7).
Pregunta: ¿Qué es requerido individualmente de quien desea aproximarse al Sacramento de la Comunión?
Respuesta: Que examine su conciencia ante Dios y la limpie con el arrepentimiento de sus pecados; para lo cual tiene ayuda en el ayuno y la oración: “Examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe para sí su propio juicio” (1 Cor. 11: 28-29).
Pregunta: ¿Qué beneficios recibe el que comulga con el Cuerpo y la Sangre de Cristo?
Respuesta: Que está unido en la manera más íntima a Jesucristo, y en Él se hace partícipe de la vida eterna: “El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, permanece en Mí y Yo en él” (Juan 6: 56); “El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre tiene vida eterna” (Juan 6: 54).
Pregunta: ¿Debemos comulgar frecuentemente de los Sagrados Misterios?
Respuesta: Los primitivos cristianos comulgaban cada día del Señor. Pero ahora muy pocos tienen tal pureza de vida como para estar siempre preparados para aproximarse a tan grande Misterio. La Iglesia, con voz maternal, llama a los celosos de la vida en veneración, a confesarse ante su padre espiritual y comulgar en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, mensualmente, si no es posible, cuatro veces al año, pero requiere de todos sin excepción recibirlo al menos una vez al año (Ver Orthod. Confess. 1° parte, preg. 90).
Pregunta: ¿Qué participación tienen en la divina liturgia aquellos que sólo la oyen, sin aproxi-marse a la Santa Comunión?
Respuesta: Ellos pueden y deben participar en la liturgia con oración y fe, y especialmente con la continua conmemoración de Nuestro Señor Jesucristo, que expresamente nos mandó: “Haced esto en conmemoración Mía” (Lucas 22: 19).
38
Pregunta: ¿Qué debemos recordar en el momento de la liturgia en que se hace la Procesión con el Evangelio?
Respuesta: A Jesús apareciendo para predicar el Evangelio. Por ello, cuando se lee el Evangelio debemos tener la misma atención y reverencia que si estuviésemos escuchando a Jesucristo mismo.
Pregunta: ¿Qué debemos recordar en el momento de la liturgia en que se hace la Procesión con los Dones al altar?
Respuesta: A Jesucristo yendo a sufrir voluntariamente, como víctima del sacrificio, mientras más de doce legiones de ángeles lo rodean para cuidarlo y escoltarlo como a su Rey: “El Rey de reinantes y Señor de los señoreadores, viene para ser sacrificado” (Himno de la Liturgia del Gran Sábado).
Pregunta: ¿Qué debemos recordar en el momento de la consagración del Sacramento, y cuando el clero comulga en el altar?
Respuesta: La Cena Mística de Jesucristo mismo con sus Apóstoles, sus sufrimientos, muerte y sepultura.
Pregunta: ¿Qué representa después de esto la apertura del velo, de las puertas reales, y la aparición de los Santos Dones?
Respuesta: La aparición de Jesucristo mismo después de su resurrección.
Pregunta: ¿Qué representa la última aparición de los Santos Dones a los fieles, después de lo cual son retirados de su vista?
Respuesta: La Ascensión de Jesucristo a los cielos.
Pregunta: ¿Continuará el uso del Sacramento de la Santa Comunión en la verdadera Iglesia de Cristo?
Respuesta: Continuará siempre, hasta la nueva venida de Cristo, de acuerdo con las palabras del Apóstol San Pablo: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis de esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga” (1 Cor. 11: 26).

Sobre el Arrepentimiento

Pregunta: ¿Qué es el arrepentimiento?
Respuesta: El arrepentimiento es un Sacramento en el cual, quien confiesa sus pecados, por la visible manifestación sacerdotal de perdón, es liberado de éstos invisiblemente por Jesucristo mismo.
Pregunta: ¿Cuál es el origen de este Sacramento?
Respuesta: Los que se llegaban a San Juan Bautista, que predicaba el bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados, confesaban sus pecados (Marcos 1: 4-5). A los Apóstoles, Jesucristo les prometió poder para perdonar los pecados, cuando Él dijo: “Todo lo que atareis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mat. 18: 18). Y después de su resurrección, Él realmente les dio ese poder, diciendo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retuviereis, les serán retenidos” (Juan 20: 22-23).
Pregunta: ¿Qué se requiere por parte del arrepentido?
Respuesta: Contrición por sus pecados, con un pleno propósito de enmendar su vida, fe en Jesucristo y esperanza en su misericordia: “La tristeza, pues, de ofender a Dios, produce arrepentimiento para salvación, de lo cual no hay que arrepentirse” (2 Cor. 7:10); “Y cuando el impío se apartare de su impiedad y obrare juicio y verdad, en ellos vivirá” (Ezeq. 33:19). “De Éste (de Jesucristo) dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en Él creyeren recibirán perdón de pecados por su Nombre” (Hechos 10:43).
Pregunta: ¿Hay algún medio de preparación y ayuda para el arrepentimiento?
Respuesta: Sí: son el ayuno y la oración.
Pregunta: ¿Utiliza la Iglesia algún otro medio especial para la purificación y pacificación de la conciencia del pecador arrepentido?
Respuesta: Sí. Este medio se llama epitimia.
Pregunta: ¿Qué es epitimia?
Respuesta: Esta palabra griega indica prohibición, o bien, ejercicio espiritual con el fin de vencer o dominar a las costumbres pecaminosas (ver 2 Cor. 2:6). Bajo este nombre se prescriben al arrepentido, de acuerdo con la necesidad, diversos ejercicios de piedad, y diversas abstinencias y privaciones que sirven para dominar hábitos pecaminosos. Por ejemplo, ayunar más de lo que está prescrito para todos; o, por pecados gravísimos, la suspensión de la Santa Comunión por un tiempo determinado.

Sobre el Sacerdocio

Pregunta: ¿Qué es el Sacerdocio?
Respuesta: El Sacerdocio es un Sacramento por el cual el Espíritu Santo, mediante la imposición de las manos del obispo, ordena al que ha elegido correctamente para administrar Sacramentos, y apacentar al rebaño de Cristo: “Téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los Misterios de Dios” (1 Cor. 4:1); “Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor y Dios, la cual Él se adquirió por su propia Sangre” (Hechos 20:28).
Pregunta: ¿Qué es apacentar a la Iglesia?
Respuesta: Instruir al pueblo en la fe, en la devoción y en las buenas obras por amor a Jesucristo.
Pregunta: ¿Cuántos grados necesarios hay del Sacerdocio?
Respuesta: Tres: Obispo, Presbítero y Diácono.
Pregunta: ¿Qué diferencia hay entre ellos?
Respuesta: El Diácono sirve en la consagración de los Sacramentos; el Sacerdote consagra los Sacramentos bajo la dependencia del Obispo; el Obispo no sólo consagra los Sacramentos por sí mismo sino que tiene poder para impartir a otros, por imposición de sus manos, el gracioso don para consagrarlos. Sobre el poder episcopal, el Apóstol San Pablo escribe a Tito: “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses presbíteros en cada ciudad” (Tito 1:5). Y a Timoteo: “No impongas con ligereza las manos a ninguno” (1 Tim. 5:22).

Sobre el Matrimonio

Pregunta: ¿Qué es Matrimonio?
Respuesta: Es un Sacramento mediante el cual, por la libre promesa de mutua fidelidad del novio y la novia ante el Sacerdote y la Iglesia, se bendice su unión conyugal en imagen de la unión espiritual de Cristo con la Iglesia, y se ruega para que se les conceda la gracia de una pura unión, una bendecida procreación y educación cristiana de sus hijos.
Pregunta: ¿De dónde sabemos que el Matrimonio es un Sacramento?
Respuesta: De las siguientes palabras del Apóstol San Pablo: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este Sacramento; mas yo digo esto por Cristo y por la Iglesia” (Efes. 5:31-32).
Pregunta: ¿Es obligación para todos casarse?
Respuesta. No. La virginidad es mejor que el matrimonio, si alguno tiene el don de mantenerla inmaculada. Sobre esto, Jesucristo mismo dijo expresamente: “No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba” (Mat. 19:11-12). Y el Apóstol San Pablo dice: “Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen el don de continencia, cásense... El soltero tiene cuidado de lo del Señor, de cómo agradarle; pero el casado tiene cuidado de lo mundano, de cómo agradar a su mujer... El que da para casamiento a su virgen hace bien, y el que no la da para casamiento hace mejor” (1 Cor. 7:8-9, 32-33 y 38).

Sobre la Unción con Óleo

Pregunta: ¿Qué es la Unción con Óleo (aceite)?
Respuesta: La Unción con Óleo es un Sacramento en el cual, mientras el cuerpo es ungido con aceite, se invoca la gracia de Dios sobre el enfermo, para curarlo de enfermedades del cuerpo y del alma.
Pregunta: ¿Dónde se origina este Sacramento?
Respuesta: De los Apóstoles, que habiendo recibido poder de Jesucristo, ungían con aceite a muchos que estaban enfermos, y los curaban (Marc. 6:13). Los Apóstoles dejaron este Sacramento a los sacerdotes de la Iglesia, como una evidencia de las siguientes palabras del Apóstol Santiago (Jacobo): “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Santiago 5:14-15).


Sobre el Undécimo artículo


Pregunta: ¿Qué es la Resurrección de los muertos, que según las palabras del Símbolo de la fe esperamos o aguardamos los cristianos?
Respuesta: Es un acto de Dios Todopoderoso, por el cual todos los cuerpos de los muertos, reunidos con sus almas, retornarán a la vida y serán, de ahí en más, espirituales e inmortales. “Se siembra cuerpo con alma, se levantará cuerpo espiritual” (1 Cor. 15:44); “Es necesario pues, que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (Id. 53).
Pregunta: ¿Como resucitará el cuerpo después de corrompido y descompuesto en la tierra?
Respuesta: Dado que Dios formó originariamente el cuerpo de la tierra puede igualmente restaurarlo después que se haya descompuesto en ella. El Apóstol San Pablo ilustra esto por la analogía de una semilla, que perece en la tierra, pero de la cual nace luego una planta, o árbol: “Lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes” (1 Cor. 15:36).
Pregunta: ¿Exactamente todos resucitarán?
Respuesta: Todos los que murieron, sin excepción; mas los que en tiempos de la resurrección general estén vivos, tendrán sus cuerpos carnales instantáneamente transformados en espirituales e inmortales: “No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al sonar la trompeta final, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Cor. 15:51-52).
Pregunta: ¿Cuándo ocurrirá la Resurrección de los muertos?
Respuesta: Al final de este mundo visible.
Pregunta: ¿Entonces el mundo entero llegará a su fin?
Respuesta: Sí. Este mundo corruptible llegará a su fin y será transformado en otro incorruptible: “También la creación misma será liberada de la esclavitud de la corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rom 8:21); “Nosotros esperamos, según Su promesa, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la verdad” (2 Pedro 3:13).
Pregunta: ¿Cómo será transformado el mundo?
Respuesta: Por el fuego. “Los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3:7).
Pregunta: ¿En qué estado estarán las almas de los muertos hasta la resurrección general?
Respuesta: Las almas de los rectos están en la luz y el reposo, parecido a la bienaventuranza eterna. Y las almas de los impíos en un estado contrario a éste.
Pregunta: ¿Por qué no se adscribe a las almas de los rectos bienaventuranza perfecta inmediatamente después de la muerte?
Respuesta: Porque está ordenado que la completa retribución de acuerdo con las obras sea recibida por el hombre completo, después de la resurrección del cuerpo, después del último juicio de Dios. El Apóstol San Pablo dice: “Por lo demás, me está guardada la corona de verdad, la cual me dará el Señor, Recto Juez, en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que aman su venida” (2 Tim. 4:8); y “Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Cor. 5:10).
Pregunta: ¿Por qué adjudicamos a las almas de los rectos un anticipo de gloria antes del último juicio?
Respuesta: Por el testimonio de Jesucristo mismo, que dijo en la parábola que el recto Lázaro fue al seno de Abraham inmediatamente después de su muerte (Lucas 16:22).
Pregunta: ¿Este anticipo de gloria está unido con la gracia gloriosa de ver a Jesucristo mismo?
Respuesta: Es así más especialmente con los santos, como nos fue dado a entender por el Apóstol San Pablo: “Teniendo deseo de partir, y estar con Cristo” (Filip. 1:23)
Pregunta: ¿Qué debe señalarse respecto de aquellas almas que partieron con fe, pero que no tuvieron tiempo de realizar dignas obras de arrepentimiento?
Respuesta: Que pueden ser ayudadas para alcanzar una bendita resurrección por las oraciones ofrecidas en su sufragio, especialmente aquellas que son ofrecidas en unión con la oblación del Sacrificio Incruento del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y por las obras de misericordia hechas con fe, en su memoria.
Pregunta: ¿En qué esta basada esta enseñanza?
Respuesta: En la constante tradición de la Iglesia Católica (Universal), las fuentes de lo cual pueden ser vistas incluso en la Iglesia del Antiguo Testamento. Judas Macabeo ofreció sacrificio por los soldados caídos (2 Mac. 12:43). La oración por los que han partido es parte fija de la Divina Liturgia, desde la primera liturgia del Apóstol Santiago (Jacobo). San Cirilo de Jerusalem dice: “Grandes serán los beneficios para aquellas almas por las cuales se ofrece oración en el momento en que el Santo y Terrible Sacrificio es expuesto” (Lec. Myst. 5, cap. 9). San Basilio el Grande, en sus oraciones de Pentecostés, dice: “El Señor concede recibir de nosotros oraciones
propiciatorias y sacrificios por aquellos que están en el hades, y permite la esperanza de obtener para ellos paz, alivio y libertad.”


Sobre el duodécimo artículo


Pregunta: ¿Qué es la vida del mundo por venir?
Respuesta: La vida que será después de la resurrección de los muertos y el juicio general de Cristo.
Pregunta: ¿Qué clase de vida será?
Respuesta: Para aquellos que creen, que aman a Dios y hacen lo bueno, será tan bienaventurada, que no podemos concebir ahora tal bienaventuranza: “Y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser” (1 Juan 3: 2). “Conozco a un hombre en Cristo — dice el Apóstol San Pablo — que fue arrebatado al Paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Cor. 12: 2-4).
Pregunta: ¿De dónde procede tan grande bienaventuranza?
Respuesta: De la contemplación de Dios en luz y gloria, y de la unión con Él: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Cor. 13:12). “Dios sea todo en todos” (1 Cor. 15:28); “Entonces los rectos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mat. 13:43).
Pregunta: ¿Participará también el cuerpo en la bienaventuranza del alma?
Respuesta: Sí. El cuerpo también será glorificado con la luz de Dios, como lo fue el Cuerpo de Cristo en su Transfiguración en el Monte Tabor: “Se siembra en deshonra, resucitará en gloria” (1 Cor. 15:43); “Y así como hemos traído la imagen de lo terrenal (por Adán), traeremos también la imagen de lo celestial” (Id. 49).
Pregunta: ¿Serán todos igualmente felices?
Respuesta: No. Habrá diferentes grados de bienaventuranza, en proporción a los esfuerzos de cada uno aquí en fe, amor y buenas obras: “Una es la gloria del sol, otra la de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos” (1 Cor. 15:41-42).
Pregunta: ¿Pero, cuál será el destino de los incrédulos y transgresores?
Respuesta: Serán entregados a la muerte eterna, es decir, al fuego eterno, al tormento eterno, con los diablos: “Y el que no se halló inscripto en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apoc. 20: 15); “Ésta es la segunda muerte” (íd. 14); “Apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mat. 25:41); “E irán éstos al castigo eterno, y los rectos a la vida eterna” (íd. 46); “Mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos, ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:47-48).
Pregunta: ¿Por qué será usada tal severidad con los pecadores?
Respuesta: No porque Dios quiera que perezcan, sino que “ellos mismos sucumben por cuanto no aceptaron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tes. 2:10).
Pregunta: ¿Qué beneficio obtendremos al meditar sobre la muerte, la resurrección, el último juicio, la bienaventuranza eterna y el tormento eterno?
Respuesta: Estas meditaciones nos ayudan para abstenernos del pecado, y para quitar nuestras aficiones a las cosas terrenas. Nos consuelan por la ausencia o pérdida de bienes terrenales, nos incitan a guardar nuestras almas y cuerpos puros, a vivir para Dios y la eternidad, y así alcanzar salvación eterna.


La Segunda parte
del Catecismo Ortodoxo


Sobre la esperanza
Definiciones de la esperanza cristiana, sus fundamentos
y medios para lograrla.


Pregunta: ¿Qué es la esperanza cristiana?
Respuesta: Es la tranquilidad del corazón en Dios, con la verdadera confianza de que Él siempre cuida por nuestra salvación, y nos dará la bienaventuranza que prometió.
Pregunta: ¿Cuál es la base de la esperanza cristiana?
Respuesta: El Señor Jesucristo es nuestra esperanza, o el fundamento de nuestra esperanza (1 Tim. 1:1). “Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1 Pedro 1:13).
Pregunta: ¿Cuáles son los medios para alcanzar una esperanza salvadora?
Respuesta: Los medios para esto son: primero, la oración y segundo, la verdadera enseñanza sobre la bienaventuranza y el real seguimiento o aplicación de la misma.

Sobre la oración

Pregunta: ¿Hay algún testimonio de la palabra de Dios sobre la oración como medio de alcanzar la esperanza salvadora?
Respuesta: Jesucristo mismo une la esperanza de recibir nuestros deseos con la oración: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14: 13).
Pregunta: ¿Qué es la oración?
Respuesta: La elevación de la mente y el corazón manifestada por las palabras devotas del hombre hacia Dios.
Pregunta: ¿Qué debe hacer el cristiano cuando eleva su corazón y su mente hacia Dios?
Respuesta: Primero, glorificarlo por su divina perfección; segundo, agradecerle por sus misericordias; tercero, rogarle por lo que necesita. Así, hay tres géneros principales de oración: Alabanza, Agradecimiento y Petición.
Pregunta: ¿Puede el hombre orar sin palabras, en silencio?
Respuesta: Puede, con la mente y el corazón. Un ejemplo de esto puede verse en Moisés antes del pasaje por el Mar Rojo (Éx. 14:15).
Pregunta: ¿Tiene este tipo de oración un nombre especial?
Respuesta: Es la llamada espiritual, u oración del corazón y la mente, en una palabra, oración interior; mientras, por otra parte, la oración expresada en palabras y acompañada por otros signos de devoción, es llamada oral o externa.
Pregunta: ¿Puede haber oración exterior sin la interior?
Respuesta: Puede. Cuando alguien emite palabras de oración sin atención ni fervor.
Pregunta: ¿Alcanza la oración exterior para obtener la gracia?
Respuesta: Está tan lejos de obtener la gracia que, por el contrario, ofende a Dios. Dios mismo declaró su desagrado por tal plegaria: “Este pueblo me honra con los labios, mas su corazón está lejos de Mí, pues en vano me honran” (Mat. 15:8-9).
Pregunta: ¿Es suficiente la oración interior sin la exterior?
Respuesta: Esto es como preguntar si el alma sola le alcanza al hombre, sin el cuerpo. Dios tuvo complacencia en crear al hombre consistente de alma y cuerpo; de la misma manera, es innecesario preguntarse si la oración interior es suficiente sin la exterior. Dado que tenemos cuerpo y alma, debemos glorificar a Dios en nuestros cuerpos y en nuestras almas, que son de Dios, siendo natural que de la abundancia del corazón habló la boca. Nuestro Señor Jesucristo era espiritual en grado sumo, pero incluso Él expresó su oración espiritual por palabras y gestos devotos del cuerpo; a veces, por ejemplo, elevando sus ojos al cielo, a veces arrodillándose o postrando su rostro en el suelo (1 Cor. 6:20; Mat. 12:34; Juan 17:1; Lucas 22:41; Mat. 26:39).

Sobre la Oración del Señor

Pregunta: ¿Hay una oración que puede ser definida como oración general del cristiano, y modelo de todas las oraciones?
Respuesta: Sí. Ésta es la Oración del Señor.
Pregunta: ¿Qué es la Oración del Señor?
Respuesta: Una oración que Nuestro Señor Jesucristo enseñó a los Apóstoles, y que ellos extendieron a todos los creyentes.
Pregunta: ¿Cómo dice esa oración?
Respuesta: Padre nuestro que estás en los cielos,
1. santificado sea tu Nombre,
2. venga a nosotros tu reino,
3. hágase tu voluntad así como es en el cielo, en la tierra.
4. El pan nuestro sustancial de cada día dánosle hoy.
5. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
6. No nos dejes caer en la tentación,
7. mas líbranos del maligno.
Pues tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. (Mateo 6: 9-13).
Pregunta: ¿Para considerar mejor la Oración del Señor, cómo podemos dividirla?
Respuesta: En la Invocación, Siete Peticiones y la Doxología.

Sobre la Invocación

Pregunta: ¿Por qué nos atrevemos a llamar a Dios “Padre”?
Respuesta: Por fe en Jesucristo, y por la gracia de la regeneración.
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13).
Pregunta: ¿Debemos decir “Padre Nuestro” incluso cuando oramos solos?
Respuesta: Ciertamente, debemos.
Pregunta: ¿Por qué?
Respuesta: Porque el amor fraterno cristiano requiere nombrar a Dios y pedirle cosas buenas para todos nuestros hermanos, no menos que para nosotros mismos.
Pregunta: ¿Por qué en la invocación decimos “que estás en los cielos”?
Respuesta: Porque entrando en la oración, debemos dejar de lado todo lo terreno y corruptible, y elevar nuestras mentes y corazones a lo celestial, eterno y divino.


Sobre la primera petición


Pregunta: ¿Es santo el Nombre de Dios?
Respuesta: Ciertamente es santo en sí mismo, “Santo es su Nombre” (Lucas 1:49).
Pregunta: ¿Cómo, entonces, puede ser santificado?
Respuesta: Puede ser santificado en el hombre, es decir, su eterna santidad puede ser manifestada en ellos.
Pregunta: ¿Cómo?
Respuesta: Primero, cuando nosotros, teniendo en nuestros pensamientos y corazón el Nombre de Dios, vivimos como su santidad lo requiere, y por ello glorificamos a Dios; segundo, cuando otros, viendo nuestras buenas vidas, glorifican a Dios. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:16).


Sobre la segunda petición


Pregunta: ¿Qué es el Reino de Dios, expresado en la segunda petición de la Oración del Señor?
Respuesta: El Reino de Gracia que, como dice San Pablo, es “verdad, paz y bienaventuranza en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17).
Pregunta: ¿Vino ya este Reino?
Respuesta: Para algunos todavía no vino en su plenitud; mientras que para otros ni siquiera vino, en tanto que el pecado reina en sus cuerpos mortales: “De modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias” (Rom. 6: 12).
Pregunta: ¿Cómo viene?
Respuesta: Secretamente, interiormente: “El Reino de Dios no vendrá con advertencia, porque el Reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:20-21).
Pregunta: ¿Puede el cristiano pedir por algo más, bajo el nombre del Reino de Dios?
Respuesta: Puede pedir por el Reino de Gloria, es decir, por la perfecta bienaventuranza del fiel: “Teniendo deseo de partir y estar con Cristo” (Filip. 1:23).


Sobre la tercera petición


Pregunta: ¿Qué significa la petición “hágase tu voluntad”?
Respuesta: Por ella pedimos a Dios que todo lo que hacemos y todo lo que nos acontece sea ordenado no según nuestra voluntad, sino como le complazca a Él.
Pregunta: ¿Por qué necesitamos pedir esto?
Respuesta: Porque muchas veces erramos en nuestros deseos, pero Dios es infalible, e incomparablemente más que nosotros mismos, Él desea para nosotros todo lo bueno, y está siempre listo para proveerlo, pese a nuestra terquedad y obstinación: “A Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia” (Efes. 3:20-21).
Pregunta: ¿Por qué pedimos que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra como en el cielo?
Respuesta: Porque en el cielo los Santos Ángeles y los Santos en gloria, todos sin excepción, siempre y en todo, cumplen con la voluntad de Dios.


Sobre la cuarta petición


Pregunta: ¿Qué es el “pan sustancial”?
Respuesta: El pan que necesitamos para subsistir o vivir, tanto material como espiritualmente.
Pregunta: ¿Con qué pensamiento debemos pedir a Dios este pan?
Respuesta: En primer lugar, de acuerdo con la instrucción de Nuestro Señor Jesucristo, debemos pedir el pan para la subsistencia, es decir, el alimento necesario, y la vestimenta y abrigo igualmente necesarios para vivir. Todo lo que en lo material sobrepase esto y no sirve tanto a la necesidad como a la gratificación, debemos dejarlo a la voluntad de Dios; y si nos lo da, agradecerle; y si no nos lo da, estar contentos sin ello.
Pregunta: ¿Por qué se pide pan para la subsistencia sólo para este día?
Respuesta: Porque no debemos estar demasiado ansiosos sobre el futuro, sino confiar en Dios: “Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propia preocupación” (Mat. 6:34); “Pues vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas” (Mat 6:32).
Pregunta: ¿Qué más debemos pedir bajo el nombre del pan de la subsistencia?
Respuesta: Dado que el hombre está hecho de sustancia corporal y espiritual y que la sustancia del alma es mucho más excelsa que la del cuerpo, en segundo lugar debemos pedir para el alma también el pan de la subsistencia, sin el cual el hombre interior perece de hambre (ver Ciril. Hier. Lect. Mit. 4: 15); (Orthod. Confes. p. 2 preg. 19).
Pregunta: ¿Cuál es el pan de la subsistencia para el alma?
Respuesta: La palabra de Dios, y el Cuerpo y la Sangre de Cristo. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4). “Mi Cuerpo es alimento verdadero, y mi Sangre bebida verdadera” (Juan 6:55).


Sobre la quinta petición


Pregunta: ¿Qué se entiende en la Oración del Señor por “nuestras deudas”?
Respuesta: Nuestros pecados.
Pregunta: ¿Por qué nuestros pecados son llamados deudas?
Respuesta: Porque nosotros, habiendo recibido todo de Dios, estamos obligados a devolver todo a Él, es decir, estamos sujetos a su voluntad y ley; y si no lo hacemos, quedamos como deudores de su justicia.
Pregunta: ¿Quiénes son nuestros deudores?
Respuesta: Gente que no nos dio lo que debía según la ley de Dios. Por ejemplo, los que no nos mostraron amor, sino enemistad.
Pregunta: ¿Cómo podemos quedar perdonados por Dios de nuestras deudas?
Respuesta: Por la mediación de Jesucristo. “Porque hay un sólo Dios, y un sólo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo Hombre, que se entregó a Sí mismo para la liberación de todos” (1 Tim. 2: 5-6).
Pregunta: ¿Cuál sería la consecuencia, si pedimos a Dios que perdone nuestros pecados sin perdonar nosotros los de nuestros deudores?
Respuesta: En ese caso ninguno será perdonado: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mat. 6:14-15).
Pregunta: ¿Por qué Dios no nos perdona a nosotros, si no perdonamos a los demás?
Respuesta: Porque así mostramos nuestra propia maldad, y nos alejamos de la bondad y misericordia de Dios.
Pregunta: ¿Qué disposición debemos tener, entonces, para usar correctamente las palabras de la Oración del Señor “así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”?
Respuesta: Estas palabras exigen absolutamente que cuando oremos no tengamos malicia ni odio sino que tengamos paz y amor con todos: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mat. 5:23-24).
Pregunta: ¿Pero, qué debo hacer si no puedo encontrar prontamente a aquel que me odia, o si él se muestra sin deseo de reconciliarse?
Respuesta: En tal caso, es suficiente reconciliarse con él en el corazón, ante los ojos de Dios que todo lo ve. “Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, guardad paz con todos los hombres” (Rom. 12:18).


Sobre la sexta petición


Pregunta: ¿Qué se entiende en la Oración del Señor por “tentación”?
Respuesta: Todas las circunstancias en las que hay inminente peligro de perder la fe o de caer en gran pecado.
Pregunta: ¿De dónde provienen tales tentaciones?
Respuesta: Del diablo, de nuestra carne, del mundo y de otras personas.
Pregunta: ¿Qué pedimos en las palabras de la Oración “no nos dejes caer en la tentación”?
Respuesta: Primero, que Dios no permita que seamos llevados a la tentación; segundo, que si es necesario que seamos probados y purificados a través de la tentación, Él no nos entregue enteramente a ella ni permita que caigamos.


Sobre la séptima petición


Pregunta: ¿Qué pedimos en las palabras de la Oración “líbranos del maligno”?
Respuesta: Pedimos por la liberación de todo mal que pueda alcanzarnos en el mundo, el que desde la caída de Adán está bajo el maligno (1 Juan 5: 19). Pero más especialmente del mal del pecado, y de las malas sugestiones y trampas del espíritu del mal, que es el diablo.

Sobre la Doxología

Pregunta: ¿Por qué después de la Oración del Señor agregamos la Doxología?
Respuesta: Primero, porque cuando pedimos misericordia para nosotros mismos a nuestro Padre celestial, debemos al mismo tiempo rendirle el honor que le es debido; segundo, que por el pensamiento de su eterno Reino, Poder y Gloria, estamos más establecidos en la esperanza de que Él nos dará lo que pedimos, porque esto está es su poder, y hace a su gloria.
Pregunta: ¿Qué significa la palabra “Amén”?
Respuesta: Significa “verdadero” o “así es.”
Pregunta: ¿Por qué se añade esta palabra a la Doxología?
Respuesta: Para expresar que ofrecemos la oración en plena fe y sin dudar, como nos dice que hagamos el Apóstol Santiago (Santiago 1: 6).

Sobre la enzeñanza de la bienaventuranza

Pregunta: ¿Qué debemos unir a la oración, para estar fundamentados en la esperanza de salvación y bienaventuranza?
Respuesta: Nuestros propios esfuerzos para alcanzar la santidad. Sobre este punto el Señor mismo dice: “Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis las cosas que digo?” (Lucas 6:46); “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mat. 7:21).
Pregunta: ¿Qué enseñanza debemos tomar como guía en nuestros esfuerzos?
Respuesta: La enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo, que está brevemente expuesta en sus bienaventuranzas.
Pregunta: ¿Cuántas son estas bienaventuranzas?
Respuesta: Las nueve siguientes:
1. Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
2. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
3. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
4. Bienaventurados los hambrientos y sedientos de la verdad, porque ellos serán saciados.
5. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia.
6. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
7. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
8. Bienaventurados los perseguidos por causa de la verdad, porque de ellos es el Reino de los cielos.
9. Bienaventurados sois cuando os injurian y persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos (Mat. 5:3-12).
Pregunta: ¿Qué debe observarse sobre todas estas bienaventuranzas, para su correcta comprensión?
Respuesta: Que el Señor propuso en estas palabras la enseñanza para alcanzar la bienaventuranza como está expresamente dicho en el Evangelio: “Abrió su boca y enseñó”; mas siendo humilde de corazón y manso, propuso su enseñanza no en forma de mandato, sino de bendición a aquellos que por su propia libre voluntad la reciben y cumplen. Consecuentemente, en cada bienaventuranza debemos considerar, primero, la enseñanza o mandamiento, y segundo, el ensalsamiento o promesa de recompensa.


Sobre la primera bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el primer mandamiento del Señor para lograr la bienaventuranza?
Respuesta: Aquel que desee bienaventuranza deberá ser pobre en espíritu.
Pregunta: ¿Qué es ser pobre en espíritu?
Respuesta: Es tener la convicción espiritual de que no tenemos nada propio, nada sino lo que Dios nos concede, y que no podemos hacer nada bueno sin la ayuda y la gracia de Dios, y poniéndonos en todo bajo la misericordia de Dios, considerándonos a nosotros mismos como nada. En resumen, como explica San Juan Crisóstomo “pobreza espiritual es humildad” (Hom. in Mat. 15).
Pregunta: ¿Puede el rico también ser pobre en espíritu?
Respuesta: Sin duda puede, si considerara que las riquezas visibles son corruptibles y pasan pronto, y que no pueden compensar nunca la búsqueda de bienes espirituales: “Porque, ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O, qué recompensa dará el hombre por su alma” (Mat. 16:26).
Pregunta: ¿Sirve la pobreza física a la perfección de la espiritual?
Respuesta: Sirve, si el cristiano la elige voluntariamente, por la causa de Dios. Sobre esto, Jesucristo mismo dijo al rico: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mat. 19:21).
Pregunta: ¿Qué promete el Señor al pobre en espíritu?
Respuesta: El Reino de los cielos.
Pregunta: ¿Cómo es suyo el Reino de los cielos?
Respuesta: En la vida presente, internamente, y en primer grado por fe y esperanza; pero en la vida venidera lo será perfectamente, por haber sido hechos partícipes de la beatitud eterna.


Sobre la segunda bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el segundo mandamiento del Señor para la bendición?
Respuesta: Que el que desea bienaventuranza debe saber llorar.
Pregunta: ¿Qué se entiende en este mandamiento por la palabra llorar?
Respuesta: Dolor y contrición del corazón, con lágrimas genuinas, por lo imperfectamente que servimos al Señor y porque merecemos su cólera por nuestros pecados. “La tristeza, pues, de ofender a Dios, produce arrepentimiento para salvación, de lo cual no hay que arrepentirse” (2 Cor. 7:10).
Pregunta: ¿Qué promesa especial hizo el Señor a los que lloran?
Respuesta: Que serán consolados.
Pregunta: ¿Qué clase de consuelo debe entenderse aquí?
Respuesta: El de la Gracia, consistente en el perdón de los pecados y la paz de la conciencia.
Pregunta: ¿Por qué esta promesa está unida a un mandamiento sobre el llanto?
Respuesta: Para que el dolor por el pecado no llegue a la desesperación.


Sobre la tercera bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el tercer mandamiento del Señor para la bienaventuranza?
Respuesta: Que el que desea bienaventuranza debe ser manso.
Pregunta: ¿Qué es mansedumbre?
Respuesta: una calma disposición del espíritu, unida con el cuidado de no irritar a nadie ni irritarnos por nada.
Pregunta: ¿Cuáles son los especiales efectos de la mansedumbre cristiana?
Respuesta: Que nunca murmuremos contra Dios ni contra los hombres, cuando algo sale contra nuestros deseos, ni dar lugar a la ira ni a la obstinación.
Pregunta: ¿Qué promete el Señor a los mansos?
Respuesta: Que heredarán la tierra.
Pregunta: ¿Cómo debe entenderse esta promesa?
Respuesta: Referida a los fieles cristianos, es una predicción que se ha cumplido generalmente, pues los mansos cristianos, en lugar de haber sido destruidos por la furia de los paganos, heredaron el mundo, que los paganos anteriormente poseían. Pero el otro sentido de esta promesa referida a los cristianos, general e individualmente, es que recibirán una herencia, como dice el salmista, en el país de los vivos; es decir, donde los hombres viven y nunca mueren. En otras palabras, que recibirán la beatitud eterna (Salmo 27 (26): 13).


Sobre la cuarta bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el cuarto mandamiento del Señor para la bienaventuranza?
Respuesta: Que aquel que desea la bendición debe ser hambriento y sediento de verdad.
Pregunta: ¿Qué significa aquí la palabra verdad?
Respuesta: Pese a que esta palabra puede usarse para cualquier virtud que el cristiano desee, como si fuere su comida y su bebida, debemos entenderla especialmente como la verdad de que nos habla el libro de Daniel: “Para traer la verdad perdurable.” Es decir, la justificación del hombre culpable ante Dios, por la gracia y fe en Jesucristo (Dan. 9:24). El Apóstol San Pablo dice sobre esto: “La verdad de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él. No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están privados de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por la Gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como la purificación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su verdad, para el perdón de los pecados pasados” (Rom. 3:22-25).
Pregunta: ¿Quiénes son los hambrientos y sedientos de verdad?
Respuesta: Los que amando hacer el bien, no se cuentan a sí mismos como rectos ni descansan en sus buenas obras, mas se reconocen a sí mismos como pecadores y culpables ante Dios; y que por el deseo y la oración de fe, tienen hambre y sed de justificación de Gracia por Jesucristo, como de comida y bebida espiritual.
Pregunta: ¿Qué promete el Señor a los hambrientos y sedientos de verdad?
Respuesta: Que serán satisfechos.
Pregunta: ¿Qué significa aquí ser satisfechos?
Respuesta: Como la satisfacción del cuerpo produce, primero, el fin de la sensación de hambre y sed, así la satisfacción del alma significa, primero, la paz interior del pecador perdonado; segundo, la adquisición de la fortaleza para hacer el bien, dada por la Gracia justificadora. Sin embargo, la perfecta satisfacción del alma creada para disfrutar el bien eterno se alcanzará en la vida eterna, de acuerdo a las palabras del salmista: “En cuanto a mí, seré satisfecho en cuanto me presente ante tu Gloria” (Salm. 17 (16): 15)


Sobre la quinta bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el quinto mandamiento del Señor para la bienaventuranza?
Respuesta: Que los que deseen bienaventuranza deben ser misericordiosos.
Pregunta: ¿Cómo debemos cumplir este mandamiento?
Respuesta: Por obras de misericordia corporales y espirituales; porque, como dice San Juan Crisóstomo: “Las formas de la misericordia son múltiples, y este mandamiento amplio” (Hom. in Mat. 15).
Pregunta: ¿Cuáles son las obras corporales de misericordia?
Respuesta: 1. Dar de comer al hambriento;
2. Dar de beber al sediento;
3. Vestir al desnudo, o a aquel que no tiene ropa necesaria o decente;
4. Visitar al enfermo, servirle, procurar su mejoría o ayudarle a una cristiana preparación para la muerte;
5. Mostrarse hospitalario con los extranjeros;
6. Visitar a los que están en prisión;
7. Sepultar a los que han muerto en pobreza.
Pregunta: ¿Cuáles son las obras espirituales de misericordia?
Respuesta:
1. Mediante la exhortación, convertir al pecador del camino equivocado (Santiago 5: 20);
2. instruir al ignorante en la verdad y la virtud;
3. Dar a nuestro prójimo buen consejo en la dificultad, o en cualquier peligro en que esté inadvertidamente;
4. Rogar por otros a Dios;
5. Consolar al afligido;
6. No devolver el mal que otros nos hayan cometido;
7. Perdonar de corazón las ofensas.
Pregunta: ¿Es contrario a la misericordia el castigo de los criminales por la justicia civil?
Respuesta: No del todo, si se hace como según la ley y con buena intención, es decir, para corregirlo o para preservar a los inocentes de sus crímenes.
Pregunta: ¿Qué prometió el Señor a los misericordiosos?
Respuesta: Que ellos obtendrán misericordia.
Pregunta: ¿Qué se entiende aquí por misericordia?
Respuesta: Ser librado de la condenación eterna por el pecado, en el Juicio de Dios.


Sobre la sexta bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el sexto mandamiento del Señor para la bienaventuranza?
Respuesta: El que quiera bienaventuranza debe ser puro de corazón.
Pregunta: ¿No es la pureza del corazón lo mismo que la sinceridad?
Respuesta: La sinceridad, que no finge buenas disposiciones ajenas al corazón, sino que muestra realmente la buena disposición del corazón por las buenas acciones, es sólo el grado inferior de la pureza del corazón. Esta última la obtiene el hombre por la constante vigilancia sobre sí mismo, alejando de su corazón todo pensamiento y deseo ilícito, y toda afición por las cosas terrenales, conservando siempre el recuerdo de Dios y Nuestro Señor Jesucristo con fe y amor.
Pregunta: ¿Qué prometió el Señor a los puros de corazón?
Respuesta: Que verán a Dios.
Pregunta: ¿Cómo debe entenderse esta promesa?
Respuesta: La palabra de Dios compara el corazón del hombre con el ojo, y dice que los perfectos cristianos tienen “iluminados ojos del corazón” (Efes. 1:18). Como el ojo que claramente puede ver la luz, así el corazón puro puede contemplar a Dios. Pero, dado que ver el semblante de Dios es la verdadera fuente de la bendición celestial, la antedicha promesa de que verán a Dios es la del más alto grado de bienaventuranza eterna.


Sobre la séptima bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el séptimo mandamiento del Señor para la bienaventuranza?
Respuesta: Que aquellos que quieran bienaventuranza deben ser pacificadores.
Pregunta: ¿Cómo debemos cumplir este mandamiento?
Respuesta: Debemos vivir amigablemente con todos los hombres y no dar ocasión para desavenencias. Si alguna aparece, debemos por todos los caminos detenerla, aun cediendo nuestro propio derecho, excepto que esto sea contra los deberes de otro o le sea lesivo. Si otros están enemistados, debemos hacer todo lo posible para reconciliarlos, y si fallamos debemos rogar a Dios por su reconciliación.
Pregunta: ¿Qué prometió el Señor a los pacificadores?
Respuesta: Que serán llamados Hijos de Dios.
Pregunta: ¿Qué significa esta promesa?
Respuesta: Significa la sublimidad de la recompensa por el esfuerzo de los pacificadores, dado que en su esfuerzo imitan al Hijo Unigénito de Dios, que vino al mundo para reconciliar al hombre caído con la justicia divina. Por ello, se les promete el bendito nombre de hijos de Dios, sin duda un grado de bendición acorde con él.


Sobre la octava bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el octavo mandamiento del Señor para la bienaventuranza?
Respuesta: Los que deseen la bienaventuranza deberán estar listos a padecer persecución por causa de la verdad.
Pregunta: ¿Qué cualidades son requeridas por este precepto?
Respuesta: Amor por la verdad, constancia y firmeza en la virtud, valentía y paciencia cuando se está sometido a calamidad o peligro por rehusarse a traicionar la verdad y la virtud.
Pregunta: ¿Qué promete el Señor a aquellos que son perseguidos por causa de la verdad?
Respuesta: El Reino de los cielos, como recompensa por lo que perdieron a causa de la persecución; de igual manera que lo prometió a los pobres en espíritu, para sostenerlos en la sensación de necesidad y privación.



Sobre la novena bienaventuranza


Pregunta: ¿Cuál es el noveno mandamiento del Señor para alcanzar la bienaventuranza?
Respuesta: Los que deseen bienaventuranza deberán estar listos para tomar con alegría reproches, persecución, sufrimientos y la muerte misma, por el nombre de Cristo y por la Fe Ortodoxa.
Pregunta: ¿Cuál es el nombre del esfuerzo espiritual requerido por este mandamiento?
Respuesta: El martirio.
Pregunta: ¿Qué prometió el Señor a los que sigan este camino?
Respuesta: Una gran recompensa en el cielo; es decir, un especial y alto grado de bienaventuranza.


Tercera parte del
Catecismo Ortodoxo

Sobre el amor
Sobre la unión en fe y amor


Pregunta: ¿Cuál será el efecto y el fruto de la verdadera fe en el cristiano?
Respuesta: Amor y buenas obras conformes con esto. “En Cristo Jesús - dice el Apóstol San Pablo - ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gál. 5:6).
Pregunta: ¿No es suficiente la fe sola para el cristiano, sin amor ni buenas obras?
Respuesta: No, porque la fe sin amor y buenas obras es inactiva y muerta, y así no puede conducir a la vida eterna. “El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1 Juan 3: 14); “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? ... Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:14 y 26).
Pregunta: ¿Puede un hombre ser salvado por el amor y las buenas obras, sin tener fe?
Respuesta: Es imposible que un hombre que no tiene fe en Dios realmente lo ame. Por otra parte, el hombre, arruinado por el pecado, no puede realmente hacer buenas obras si no recibe por la fe en Jesucristo la fortaleza espiritual o Gracia de Dios. “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que es, y que premia a los que le buscan” (Heb. 11:6); “Aquellos que son de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: maldito todo aquel que no preserva en todo lo escrito en el libro de la ley, y no lo lleva a la práctica” (Gál. 3:10); “Pues nosotros, por el Espíritu, aguardamos por fe la esperanza de la verdad” (Gál. 5:5); “Porque por Gracia sois salvados por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (Efes. 2:8-9).
Pregunta: ¿Qué debe pensarse de un amor que no es acompañado de buenas obras?
Respuesta: Tal amor no es real, porque el verdadero amor se muestra naturalmente por buenas obras. Jesucristo dice: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que Me ama... El que Me ama, guardará mi palabra” (Juan 14:21 y 23). El Apóstol San Juan escribe: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3); “No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad” (1 Juan 3:18).


Sobre la Ley de Dios
y los Mandamientos


Pregunta: ¿Qué medios tenemos para distinguir las buenas obras de las malas?
Respuesta: La ley interior de Dios, o sea el testimonio de nuestra conciencia, y la ley externa de Dios, o Mandamientos de Dios.
Pregunta: ¿Hablan las Sagradas Escrituras de la ley interna de Dios?
Respuesta: El Apóstol San Pablo dice acerca de los paganos: “Mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, testificándolo su propia conciencia y los razonamientos que unas veces los acusan y otras los defienden” (Rom. 2:15).
Pregunta: ¿Si hay en el hombre una ley interior, por qué fue dada la exterior?
Respuesta: Fue dada porque el hombre no obedece la ley interior, mas vive su vida carnal y pecadora, y acalla en sí la voz de la ley espiritual y así fue necesario poner manifiestamente la ley en su mente por medio de los mandamientos: “¿Para qué sirve la Ley? Fue añadida a causa de las transgresiones” (Gál. 3:19).
Pregunta: ¿Cuándo y cómo fue dada la ley exterior de Dios a los hombres?
Respuesta: Cuando el pueblo hebreo, descendencia de Abraham, fue liberado milagrosamente de la cautividad en Egipto, en su camino a la tierra prometida en el desierto sobre el Monte Sinaí, Dios manifestó su presencia en fuego y nubes por la mano de Moisés, su conductor.
Pregunta: ¿Cuáles son los mandamientos generales de esta ley?
Respuesta: Los siguientes diez, que fueron escritos sobre dos tablas de piedra:
1. Yo soy el Señor, tu Dios, no tengas otros dioses más que a Mí.
2. No hagas escultura, ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra, no te postres antes ellas ni les sirvas.
3. No tomes el nombre del Señor, tu Dios, en vano.
4. Recuerda el día sábado para santificarlo, seis días haz y ocúpate de todas tus tareas, más el séptimo día, sábado, dedícalo al Señor, tu Dios.
5. Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se prolonguen y sean buenos en la tierra.
6. No mates.
7. No cometas adulterio.
8. No robes.
9. No digas falso testimonio contra tu prójimo.
10. No codicies la mujer de tu prójimo, ni la casa de tu prójimo, ni sus campos, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que le pertenezca. (Deut. 5: 6-21)
Pregunta: ¿Estos mandamientos que fueron dados al pueblo de Israel, debemos también nosotros seguirlos?
Respuesta: Sí. Porque son en su sustancia las mismas leyes que, de acuerdo con las palabras de San Pablo, fueron escritas en el corazón de todos los hombres, para que todos marchen de acuerdo con ellas.
Pregunta: ¿Enseñó Jesús que los hombres deben guiarse por los Diez Mandamientos?
Respuesta: Él pidió a los hombres que si querían alcanzar la vida eterna debían guardar los mandamientos y nos enseñó a entenderlos y cumplirlos más perfectamente que cuando habían sido dados, antes de su venida (Mat. 19:17 y cap. 5)


Sobre la división de los
mandamientos en dos tablas


Pregunta: ¿Qué significa la división de los mandamientos en dos tablas?
Respuesta: Que contienen dos clases de amor: amor a Dios y amor al prójimo, y prescriben dos diferentes tipos de deberes correspondientes.
Pregunta: ¿Dijo Jesucristo algo sobre esto?
Respuesta: Cuando se le preguntó cuál es el mayor mandamiento de la Ley, El replicó: “Ama al Señor tu Dios con todo el corazón y con toda tu alma y con toda tu mente, éste es el primero y mayor mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: ama a tu prójimo como a ti mismo. Sobre estos dos mandamientos se basan toda la ley y los profetas” (Mat. 22: 36-40).
Pregunta: ¿Son todos los hombres nuestro prójimo?
Respuesta: Sí, todos, porque todos son la creación de un sólo Dios y descienden de un hombre; mas nuestros prójimos en la fe son doblemente prójimos para nosotros, siendo hijos de un Padre Celestial por fe en Jesucristo.
Pregunta: ¿Por qué no hay un mandamiento de amarnos a nosotros mismos?
Respuesta: Porque nos amamos a nosotros mismos naturalmente y sin ningún mandamiento. “Nadie aborreció jamás su propia carne, sino que la sustenta y la cuida” (Efes. 5:29).
Pregunta: ¿Qué relación hay entre nuestro amor a Dios, al prójimo y a nosotros mismos?
Respuesta: Debemos amarnos no por nosotros mismos sino por causa de Dios, y parcialmente por la de nuestro prójimo. Debemos amar a nuestro prójimo por la causa de Dios, pero debemos amar a Dios por Él mismo y por sobre todas las cosas. El amor propio debe ser sacrificado por el amor al prójimo y amores deben ser sacrificados por el amor a Dios. “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno dé su vida por sus amigos” (Juan 15:13). “El que ama a padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí, el que ama a hijo o hija más que a Mí, no es digno de Mí” (Mat. 10:37).
Pregunta: ¿Si toda la ley está contenida en dos mandamientos, por qué está dividida en diez?
Respuesta: Para que entendamos más claramente nuestras obligaciones hacia Dios y nuestro prójimo.
Pregunta: ¿En cuáles de los diez mandamientos somos enseñados acerca de nuestras obligaciones para con Dios?
Respuesta: En los cuatro primeros.
Pregunta: ¿Cuáles son éstas obligaciones?
Respuesta: En el primer mandamiento somos instruidos para conocer y adorar al verdadero Dios; en el segundo a abstenerse de las falsas adoraciones; en el tercero, a no pecar contra la adoración a Dios ni siquiera en palabra; en el cuarto, a guardar un cierto orden en el tiempo y actos de la adoración a Dios.
Pregunta: ¿En cuáles de los diez mandamientos somos instruidos acerca de nuestras obligaciones para con el prójimo?
Respuesta: En los últimos seis.
Pregunta: ¿Cuáles son estas obligaciones?
Respuesta: En el quinto mandamiento se nos enseña a amar y honrar al prójimo, principalmente a aquellos que están más próximos a nosotros, comenzando por nuestros padres; en el sexto, a no herir la vida de nuestro prójimo; en el séptimo, a no herir la pureza de su moral; en el octavo, a no lesionar su propiedad; en el noveno, a no herirlo por la palabra; en el décimo, a no desearles mal.
Pregunta: ¿No incluyen los diez mandamientos las obligaciones para con nosotros mismos?
Respuesta: Sí. Estas obligaciones están implícitas en los mandamientos de la segunda tabla relativos a nuestro prójimo, porque nuestra obligación es amar al prójimo como a nosotros mismos.


Sobre el primer mandamiento


Pregunta: ¿Que significan las palabras “Yo Soy el Señor, tu Dios”?
Respuesta: Por estas palabras, Dios se presenta a Sí mismo al hombre y así le manda conocerlo como el Señor su Dios.
Pregunta: ¿Qué obligaciones particulares deducimos del mandamiento de conocer a Dios?
Respuesta: 1. Debemos buscar aprender el conocimiento de Dios como el más esencial de todos los conocimientos. 2. Debemos atender las instrucciones de Dios y sus obras en la Iglesia, y en las conversaciones de materia religiosa en el hogar. 3. Debemos leer o escuchar leer libros de instrucción en el conocimiento de Dios; en primer lugar las Sagradas Escrituras y segundo los escritos de los Santos Padres.
Pregunta: ¿Qué significa las palabras “no tengas otro Dios más que a Mí”?
Respuesta: Somos instruidos a volvernos al Único Verdadero Dios; en otras palabras a adorarlo devotamente.
Pregunta: ¿Qué obligaciones hay respecto a la adoración interior de Dios?
Respuesta: 1. Creer en Dios.
2. Andar delante de Dios; esto es tenerlo siempre en mente y en todas las cosas andar circunspectamente, a causa de que Él ve no sólo nuestros actos sino nuestros más secretos pensamientos.
3. Temer a Dios, es decir, pensar que la ofensa a nuestro Padre Celestial es el peor mal que puede acontecernos y por ello, cuidarse de no ofenderlo.
4. Tener esperanza en Dios.
5. Amar a Dios.
6. Obedecer a Dios; es decir estar siempre listo a hacer lo que nos mande y no murmurar cuando nos rige de manera distinta a los que deseamos.
7. Adorar a Dios como Ser Supremo.
8. Glorificar a Dios como Perfecto.
9. Agradecer a Dios como nuestro Creador, Sostenedor providencial y Salvador.
10. Invocar a Dios como nuestro Bueno y Poderoso Ayudador en toda buena obra que emprendamos.
Pregunta: ¿Qué obligaciones hay referentes a la adoración exterior a Dios?
Respuesta: 1. Confesar a Dios, es decir reconocer que es nuestro Dios y no negarlo, inclusive si por confesarlo debemos sufrir e incluso morir.
2. Tomar parte en los Divinos Servicios instituidos por Dios y oficiados por la Iglesia Ortodoxa.
Pregunta: ¿En el sentido de comprender y guardar mejor el primer mandamiento, podemos saber qué pecados están contra él?
Respuesta: 1. El ateísmo, cuando los hombres llamados locos por el Salmista buscando alejarse del temor de Dios, dicen en su corazón: “No hay Dios” (Salmo 14 (13): 1).
2. Politeísmo, cuando en lugar de un Dios verdadero, los hombres reconocen un número de falsas deidades.
3. Incredulidad, cuando los hombres que admiten la existencia de Dios no creen en su Providencia y su revelación.
4. Herejía, cuando las personas mezclan con la enseñanza de la fe opiniones contrarias a la Verdad Divina.
5. Cisma, o sea el apartamiento voluntario de la unidad de los Divinos Servicios y de la Iglesia Católica Ortodoxa de Dios.
6. Apostasía, cuando alguien deja la verdadera fe por temor a los hombres.
7 Desesperación, cuando los hombres abandonan toda esperanza de obtener de Dios gracia y salvación.
8 Brujería, cuando los hombres dejando de lado la fe en Dios, ponen su confianza en poderes secretos y en su mayor parte malignos de criaturas, especialmente malos espíritus, y buscan actuar por sus medios.
9. Superstición, cuando el hombre pone su fe en cualquier cosa común como si tuviese poder divino y confía en ella en lugar de confiar en Dios, o la teme en lugar de temer a Dios, por ejemplo, cuando pone su confianza en un viejo libro y piensa que no puede ser salvado por ningún otro y que no debe usar uno nuevo, siendo que el libro nuevo contiene la misma enseñanza y la misma forma del Divino Servicio.
10. Pereza, con respecto a aprender religión o respecto a la oración y los públicos Servicios de Dios.
11. Amor a las criaturas más que amor a Dios.
12. Complacencia, cuando alguien busca complacer a los hombres, quedando descuidados sus deberes de complacer a Dios.
13. Confianza en los hombres, cuando alguno pone su confianza en sus propios medios y fortaleza y no en la misericordia y ayuda de Dios.
Pregunta: ¿Por qué debemos pensar que complacer a los hombres y poner en ellos la confianza está en contra del primer mandamiento?
Respuesta: Porque el hombre a quien complacemos, o a quien confiamos como para olvidar a Dios, es para nosotros en cierta manera otro Dios, en lugar del verdadero Dios.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de la complacencia de los hombres?
Respuesta: El Apóstol San Pablo dice: “Pues si todavía tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gál. 1: 10).
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de poner confianza en los hombres?
Respuesta: “Así ha dicho Dios: Maldito el varón que confía en los hombres y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Dios” (Jer. 17:5).
Pregunta: ¿Para alcanzar el mejor cumplimiento de sus obligaciones hacia Dios, cómo debe ser el hombre consigo mismo?
Respuesta: Debe negarse a sí mismo. “El que quiera venir en pos de Mí — dice Jesucristo — niéguese a sí mismo” (Marcos 8:34).
Pregunta: ¿Qué es negarse a sí mismo?
Respuesta: San Basilio el Grande lo explica así: “Se niega a sí mismo el que aparta al hombre viejo con sus obras porque es corrupto de acuerdo con los placeres de perdición; el que renuncia a todas las aficiones mundanas que puedan atentar contra sus intenciones de santidad. La perfecta negación de sí mismo consiste en que cese de tener afición por la vida misma y que lleve el juicio de muerte sobre sí mismo, para que no crea en sí mismo” (Can. Long. Resp. 8).
Pregunta: ¿Qué consuelo hay para aquel que negándose a sí mismo, pierde muchas gratificaciones naturales?
Respuesta: La consolación de la gracia, un divino consuelo que los sufrimientos mismos no pueden disminuir. “De la manera en que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación” (2 Cor. 1:5)
Pregunta: ¿Si el primer mandamiento nos enseña a adorar religiosamente sólo a Dios, cómo se concilia con este mandamiento el honrar a los ángeles y hombres santos?
Respuesta: Prestarles el debido honor es conciliable con este mandamiento, porque en ellos honramos la gracia de Dios, que está y obra en ellos, y por ellos buscamos la ayuda de Dios.


Sobre el segundo mandamiento


Pregunta: ¿Qué es una escultura, como se dice en el segundo mandamiento?
Respuesta: El segundo mandamiento mismo explica que una escultura o ídolo, es una semejanza con alguna criatura del cielo o de la tierra, o de las aguas, ante quien los hombres se inclinan y sirven en lugar de hacerlo con Dios.
Pregunta: ¿Qué prohibe, entonces, el segundo mandamiento?
Respuesta: Nos prohibe reverenciar esculturas o ídolos como supuestas deidades.
Pregunta: ¿No está prohibido así tener cualquier tipo de representación sagrada?
Respuesta: De ninguna manera. Esto aparece desde que el mismo Moisés, por el cual Dios dio los mandamientos, recibió de Dios al mismo tiempo una orden de emplazar en el Tabernáculo, o Templo portátil de los israelitas, representaciones sagradas de querubines en oro, y ubicarlas en la parte interior del Templo, hacia donde se tornaba el pueblo para adorar a Dios.
Pregunta: ¿Por qué este ejemplo es digno de remarcarse para la Iglesia Ortodoxa Cristiana?
Respuesta: Porque ilustra su uso de los santos íconos.
Pregunta: ¿Qué es ícono?
Respuesta: Es una palabra griega que significa imagen o representación. En la Iglesia Ortodoxa este nombre designa representaciones sagradas de Nuestro Señor Jesucristo, Dios encarnado, su Madre y sus Santos.
Pregunta: ¿El uso de íconos se concilia con el segundo mandamiento?
Respuesta: No lo haría si alguien hiciera de ellos dioses, pero honrarlos como representaciones sagradas y usarlos para la recordación religiosa de las obras de Dios y sus Santos es permitido. “Pues así los íconos son libros, escritos en la forma de personas y cosas en lugar de con letras” (ver Greg. Grande. Li. 9, carta 9 ad Serien. Episc.).
Pregunta: ¿Qué disposición de ánimo debemos tener cuando reverenciamos los íconos?
Respuesta: Así como los miramos con los ojos, mentalmente debemos mirar a Dios y los Santos que están representados en ellos.
Pregunta: ¿Qué nombre tiene, en general el pecado contra el segundo mandamiento?
Respuesta: Idolatría.
Pregunta: ¿Hay otros pecados contra el segundo mandamiento?
Respuesta: Aparte de la idolatría, hay una serie de pecados más sutiles, a los que pertenecen:
1. avaricia;
2. sensualidad, glotonería y ebriedad;
3. orgullo, al que pertenece también la vanidad.
Pregunta: ¿Cómo la avaricia está relacionada con la idolatría?
Respuesta: El Apóstol San Pablo dice expresamente que “avaricia es idolatría” (Col. 3: 5), porque el hombre avaro sirve al dinero antes que a Dios.
Pregunta: ¿Si el segundo mandamiento prohibe el amor al lucro, a qué nos enseña?
Respuesta: Al no amontonamiento de riquiezas y a la generosidad.
Pregunta: ¿Por qué los “servidores del vientre” son idólatras?
Respuesta: Porque buscan la gratificación sensual antes que cualquier otra cosa. Y por ello el Apóstol San Pablo dice que “su dios es el vientre” o, en otras palabras, que su vientre es su ídolo (Filip. 3: 19).
Pregunta: Si el segundo mandamiento prohibe el servicio al vientre, ¿qué obligaciones tenemos que cumplir por el contrario?
Respuesta: La templanza y el ayuno.
Pregunta: ¿Por qué el orgullo y la vanidad están referidos a la idolatría?
Respuesta: Porque el hombre orgulloso valora ante todo sus propias habilidades y excelencias, y así viene a ser su ídolo; el vanidoso quiere, además, que otros adoren ese mismo ídolo. Este orgullo y vanidad están sensiblemente ejemplificados en Nabucodonosor, rey de Babilonia, que hizo erigir un ídolo de oro de su persona y ordenó que todos lo adoraran (Daniel 3).
Pregunta: ¿Hay algún otro vicio cercano a la idolatría?
Respuesta: La hipocresía. Cuando un hombre usa los aspectos exteriores de la religión, como el ayuno y la estricta observancia de las ceremonias, para obtener el respeto de la gente, sin pensar en enmendar interiormente su corazón (Mat. 6:5-7).
Pregunta: Si el segundo mandamiento prohibe el orgullo, la vanidad y la hipocresía, ¿qué virtudes contrarias se prescriben?
Respuesta: La humildad, y hacer el bien en secreto.


Sobre el tercer mandamiento


Pregunta: ¿Cuándo es tomado el nombre de Dios en vano?
Respuesta: Es tomado o expresado en vano, cuando se cita su nombre en conversaciones vanas e inútiles, y aun más, cuando se lo expresa mintiendo o irreverentemente.
Pregunta: ¿Qué pecados prohibe el tercer mandamiento?
Respuesta: 1. Blasfemia, o emitir palabras contra Dios.
2. Murmuración, o sea quejarse contra la Providencia Divina.
3. Profanación, cuando las cosas divinas son tomadas en broma o insultadas.
4. Distracción en la oración.
5. Perjurio, cuando una persona afirma con un juramento algo falso.
6. Ruptura de juramento, cuando las personas no mantienen justa y legalmente los juramentos.
7. Ruptura de votos hechos a Dios.
8. Juramentos banales, o emitir juramentos irreflexivos en las conversaciones comunes.
Pregunta: ¿Están dichos juramentos expresamente prohibidos en las Sagradas Escrituras?
Respuesta: El Salvador dice: “Yo os digo: No juréis en ninguna manera, ni por el cielo, porque es el trono de Dios... Pero sea vuestro hablar: sí, sí, no, no, porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mat. 5:34 y 37).
Pregunta: ¿No prohibe esto todo juramento en materia civil?
Respuesta: El Apóstol Pablo dice: “Los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento” (Heb. 6: 16-17). De esto debemos concluir que, si Dios mismo por una manifestación inmutable usa un juramento, más aun nosotros, en ocasiones graves y necesarias, requeridos por autoridades legales, tomemos un juramento religiosamente con la firme intención de no romperlo.


Sobre el cuarto mandamiento


Pregunta: ¿Por qué se manda guardar el séptimo día, más que cualquier otro, como santo para Dios?
Respuesta: Porque Dios hizo el mundo en seis días y al séptimo descansó de la Creación.
Pregunta: ¿El Sabbath es guardado en la Iglesia Cristiana?
Respuesta: No es guardado, estrictamente hablando, como día santo, mas en memoria de la Creación del mundo y como continuación de su observancia original, se lo distingue de los demás días de la semana por una mitigación de las reglas de ayuno.
Pregunta: ¿Cómo obedece, entonces, la Iglesia Cristiana el cuarto mandamiento?
Respuesta: Después de seis días guarda un séptimo, sólo que no el último día de la semana, el Sabbath, sino el primer día de la semana, que es el Día de la Resurrección o Día del Señor (Domingo).
Pregunta: ¿Desde cuándo festejamos el día del Señor?
Respuesta: Desde el mismo tiempo de la Resurrección.
Pregunta: ¿Hay alguna mención en las Sagradas Escrituras acerca de festejar el Día de la Resurrección?
Respuesta: En el libro de los Hechos de los Apóstoles se menciona que los discípulos, es decir los cristianos, se reunían el primer día después del sábado, que era el primer día de la semana o Día de la Resurrección.
Pregunta: ¿Hay algo más para comprender bajo el nombre del séptimo día o Sabbath?
Respuesta: En la Iglesia del Antiguo Testamento el nombre de Sabbath se entendía aplicando a diversos otros días guardados como el Sabbath para festivales o ayunos, como la fiesta de la Pascua y el Día de la Expiación. Asimismo, nosotros en la Iglesia Cristiana guardamos algunos otros, aparte del Día del Señor, fechas instituidas como festivos para la gloria de Dios y para honrar a la Santísima Doncella y otros Santos, o como días de ayuno (Ver Orth. Confess. pág. 3, preg. 60 pág.1, preg. 88).
Pregunta: ¿Cuáles son las principales fiestas?
Respuesta: Las indicadas en memoria de los principales sucesos relativos a la Encarnación del Hijo de Dios para nuestra salvación, y las manifestaciones de la divinidad; después de ellas, las indicadas en honor a la Madre de Dios, la Santísima Siempre Doncella María, como instrumento del Misterio de la Encarnación. El orden de los sucesos es el siguiente:
1. El día del Nacimiento de la Santísima Madre de Dios.
2. El día de su Presentación en el Templo para su dedicación a Dios.
3. El día de la Anunciación; es decir, cuando el Ángel anunció a la Santísima Doncella la Encarnación de Ella del Hijo de Dios.
4. El día del Nacimiento de Jesucristo.
5. El día del bautismo de Nuestro Señor, y la Epifanía o manifestación de la Santísima Trinidad.
6. El día de la recepción en el Templo de Nuestro Señor por Simeón.
7. El día de la Transfiguración de Nuestro Señor.
8. El día de la Entrada de Nuestro Señor a Jerusalem.
9. La Pascua, fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, la fiesta de las fiestas, la anticipación de la fiesta eterna o bendición eterna.
10. El día de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos.
11. La fiesta de Pentecostés, en memoria del Descenso del Espíritu Santo, y en honor de la Santísima Trinidad.
12. El día de la Exaltación de la Cruz de Nuestro Señor, descubierta por la Emperatriz Elena.
13. El día del Reposo de la Santísima Madre de Dios (Dormición).
Pregunta: ¿Cuál la abstinencia más importante?
Respuesta: La Gran Cuaresma.
Pregunta: ¿Por qué se llama Cuaresma?
Respuesta: Porque dura cuarenta días, además de la semana de la Pasión de Cristo.
Pregunta: ¿Por qué se estableció que la Gran Cuaresma debe continuar cuarenta días?
Respuesta: Según el ejemplo de Jesucristo mismo, que ayunó cuarenta días (Mat. 4: 2).
Pregunta: ¿Por qué se estableció el ayuno los días miércoles y viernes?
Respuesta: Los miércoles, en recuerdo de la traición a Cristo Jesús para que sufriese, y los viernes, en recuerdo de sus sufrimientos y muerte.
Pregunta: ¿Por qué causa se ayuna antes de las fiestas de la Natividad, de la Dormición de la Madre de Dios y del Día de los Santos Apóstoles?
Respuesta: Las primeras dos como ejercicios preparatorios de abstinencia, para mejor honrar a esas fiestas; la última no sólo por igual razón sino por imitación de los Apóstoles, que ayunaban preparándose para la obra de predicar el Evangelio (Hechos 13: 3).
Pregunta: ¿Cómo debemos usar nuestro tiempo en los Domingos y demás grandes días santos, para cumplir el cuarto mandamiento?
Respuesta: Primero, en estos días no debemos trabajar u ocuparnos de negocios mundanos o temporales; segundo, debemos guardarlos como santos, es decir, usarlos para obras santas y espirituales, para la gloria de Dios.
Pregunta: ¿Por qué se nos prohibe trabajar en los días santos?
Respuesta: Para que los empleemos más completamente en obras buenas y santas.
Pregunta: ¿Qué cosa en particular deben cumplirse en los días santos?
Respuesta: Primero, ir a la iglesia, para la adoración pública y la instrucción en la palabra de Dios. Segundo, en el hogar, dedicarnos a la oración y la lectura o la conversación edificante. Tercero, dedicar a Dios una parte de nuestros medios, subvencionando las necesidades de la Iglesia y sus Ministros, y en limosnas a los pobres, y a visitar a los enfermos, los prisioneros, y otras obras de caridad cristiana.
Pregunta: ¿No debemos hacer estas obras en los días de labor también?
Respuesta: Es cierto, si se puede; pero aquel a quien sus ocupaciones no se lo permiten, debe a toda costa dedicar los días santos a esas obras. Pero la oración es nuestra ineludible obligación de cada día, a la mañana y a la noche, antes y después del almuerzo y de la cena, y en lo posible, al comenzar y finalizar cualquier trabajo.
Pregunta: ¿Qué debemos pensar de aquellos que en días santos se permiten juegos o exhibiciones obscenas, cantos inútiles y excesos en la comida y la bebida?
Respuesta: Esa gente desacraliza grandemente los días santos. Pues si hasta las obras inocentes y útiles para la vida presente son inadecuadas para estos días de fiesta, cuánto más lo serán estas otras obras inútiles, carnales y viciosas.
Pregunta: ¿Cuando el cuarto mandamiento habla de trabajar seis días, no condena con ello a los que no hacen nada?
Respuesta: Sin duda condena a aquellos que en días laborales no se entregan a obras convenientes, sino que pasan su tiempo en la pereza y la disipación.


Sobre el quinto mandamiento


Pregunta: ¿Qué obligaciones especiales están prescritas por el quinto mandamiento respecto a los padres, bajo la frase general de honrarlos?
Respuesta: 1. Guardarles respeto.
2. Obedecerlos.
3. Mantenerlos y consolarlos en la vejez y enfermedad.
4. Rogar por la salvación de sus almas, durante sus vidas y después de sus muertes; y cumplir fielmente su última voluntad, mientras no sea contraria a la ley divina y civil (ver 2 Mac. 12: 43-44; Jerem. 35: 18-19; J. Damasc. Serm. de Mort.).
Pregunta: ¿Qué grado de pecado hay en la deshonra a los padres?
Respuesta: Así como es fácil y natural amar y honrar a nuestros padres, a quienes debemos el ser, así de grave es el pecado de deshonra hacia ellos. Por esta causa, en la ley de Moisés se condenaba a muerte al que maldecía a su padre o a su madre (Éxodo 21: 17).
Pregunta: ¿Por qué este mandamiento en particular contiene una promesa de prosperidad y larga vida a los que honran a sus padres?
Respuesta: Para que los hombres tengamos una recompensa visible que nos impulse a mejor cumplir este mandamiento, sobre el cual se basa el orden de las familias y del cual depende, en consecuencia, toda la vida social.
Pregunta: ¿Cómo se cumple esta promesa?
Respuesta: Los ejemplos de los antiguos Patriarcas y Padres muestran que Dios da especial fuerza a la bendición de los padres (Gén. 27); “La bendición del padre afianza la casa de los hijos” (Eclesiástico 3: 9). Dios en su sabiduría y recta providencia protege especialmente la vida, y dispone la prosperidad de quienes honran a sus padres en la tierra; mas para el perfecto premio a la perfecta virtud, Él da vida eterna y bienaventurada en la patria celestial.
Pregunta: ¿Por qué en los mandamientos que enseñan a amar al prójimo se menciona primero a los padres?
Respuesta: Porque los padres están naturalmente más cerca de nosotros que el resto de la gente.
Pregunta: ¿Hay otras personas que debemos comprender en el quinto mandamiento bajo el nombre de padres?
Respuesta: Sí. Todos los que de alguna manera están relacionados con nosotros en lugar de nuestros padres.
Pregunta: ¿Quiénes están en lugar de nuestros padres?
Respuesta: 1. Nuestro mandatario y nuestro país, pues un Estado es como una gran familia en la que el mandatario debe ser como un padre y los ciudadanos como los hijos del mandatario y del país.
2. Nuestros pastores y maestros espirituales, porque mediante sus enseñanzas y los Sacramentos nos hacen nacer a la vida espiritual y nos nutren en ella.
3. Nuestros mayores en edad.
4. Nuestros benefactores.
5. Nuestros superiores en diferentes condiciones.

Pregunta: ¿De qué manera hablan las Sagradas Escrituras del honor debido a los mandatarios?
Respuesta: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que las hay, por parte de Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios se resiste” (Rom. 13:1-2); “Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón de la ira, sino también por causa de la conciencia” (Rom. 13:5); “Teme a Dios, hijo mío, y al rey, y no te opongas a ninguno de los dos” (Prov. 24:21); “Dad al César lo que es para el César, y a Dios lo que es para Dios” (Mat. 22:21); “Teme a Dios, honra al rey” (1 Pedro 2:17).
Pregunta: ¿Cuánto debemos amar a nuestro mandatario y a nuestro país?
Respuesta: Hasta estar dispuestos a dejar la vida por ellos (Juan 15: 13).
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras acerca de la obligación de honrar a nuestros pastores y maestros espirituales?
Respuesta: “Obedeced a vuestros instructores y someteos a ellos, pues velan sobre vuestras almas como quienes han de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y no lamentándose, cosa que no os traería ventaja alguna” (Heb. 13:17).
Pregunta: ¿Hay en las Sagradas Escrituras algún mandato acerca de honrar a los mayores en edad como a nuestros padres?
Respuesta: El Apóstol San Pablo escribe así a Timoteo: “Al anciano no lo reprendas con dureza, sino ruégale como a un padre; a los jóvenes como a hermanos y a las ancianas como a madres” (1 Tim. 5: 1-2); “Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano; teme a tu Dios” (Levít. 19: 32).
Pregunta: ¿Cómo sabemos que debemos honrar a nuestros benefactores como padres?
Respuesta: Por el ejemplo de Jesucristo mismo, que estaba sujeto a José, pese a que José no era su padre, sino sólo su tutor (Luc. 2:51).
Pregunta: Aparte de éstos ¿quiénes son nuestros superiores, a quienes debemos honrar como a padres?
Respuesta: A aquellos que toman el lugar de nuestros padres en la educación, como las autoridades y maestros en las escuelas; los que nos preservan de irregularidades y desórdenes de la sociedad, como los magistrados civiles; los que nos protegen de las ofensas por el poder de la ley, como los jueces; los que el mandatario encarga como defensores de la seguridad pública contra los enemigos, como los comandantes militares.
Pregunta: ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras sobre nuestros deberes hacia las autoridades en general?
Respuesta: “Dad a cada uno lo debido: a quien el tributo, el tributo; a quien el impuesto, el impuesto; a quien el respeto, el respeto; a quien el honor, el honor” (Rom. 13:7).
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras del respeto mutuo entre los empleados y sus patrones?
Respuesta: “Siervos, obedeced a vuestros amos según la carne con temor y respeto, en la sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviéndoles sólo para ser vistos, como quienes agradan a los hombres, sino como siervos de Cristo, que hacen la voluntad de Dios con toda el alma” (Efes. 6:5-6); “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar” (1 Pedro 2:18).
Pregunta: Si las Sagradas Escrituras prescriben deberes hacia los padres ¿prescribe de la misma manera deberes respecto de los hijos? 64
Respuesta: Sí. Prescriben obligaciones para con los hijos de acuerdo con la dignidad de padres: “Y vosotros, padres, no provoquéis la ira a vuestros hijos, sino criadlos en la enseñanza y amo-nestación del Señor” (Efes. 6:4).
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras acerca de los deberes de los pastores hacia su rebaño espiritual?
Respuesta: “Apacentad el rebaño de Dios que está entre vosotros, vigilando, no obligando por la fuerza, sino de buen grado, según Dios; y no por sórdida ganancia, sino por generosidad; no como tiranizando a vuestros propios fieles, sino siendo modelos para el rebaño” (1 Pedro 5:2-3).
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras acerca de los deberes de las autoridades?
Respuesta: “Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos” (Colos. 4:1).
Pregunta: ¿Cómo debemos actuar, si nuestros padres o gobernantes nos piden que hagamos algo contrario a la fe o a la ley de Dios?
Respuesta: En tal caso, debemos responder como lo hicieron los Apóstoles a los jefes de los judíos: “Juzgad si sería justo ante Dios obedeceros a vosotros más que a Dios” (Hechos 4:19). Y, por causa de la fe y de la ley de Dios, debemos estar preparados para soportar las consecuencias, cualesquiera sean.
Pregunta: ¿Cuál es el nombre de la virtud requerida por el quinto mandamiento?
Respuesta: Obediencia.


Sobre el sexto mandamiento


Pregunta: ¿Qué está prohibido por el sexto mandamiento?
Respuesta: El homicidio. Es decir, quitar la vida de nuestro prójimo en cualquier forma.
Pregunta: ¿Cómo debe considerarse el homicidio involuntario, cuando un hombre mata accidentalmente y no intencionadamente?
Respuesta: El hombre que es culpable de homicidio involuntario no puede considerarse inocente, a menos que haya tomado todas las precauciones contra el accidente; de todas maneras, debe limpiar su conciencia de acuerdo con los cánones de la Iglesia.
Pregunta: ¿Con qué casos deben relacionarse los asesinatos y violaciones de este mandamiento?
Respuesta: Aparte del homicidio, por cualquier medio, el mismo pecado puede ser cometido en los siguientes casos y otros similares:
1. Cuando un juez condena a un prisionero sabiendo que es inocente.
2. Cuando se oculta o facilita la fuga del asesino, y así se le da oportunidad de renovar sus crímenes.
3. Cuando alguien puede salvar la vida de un prójimo, pero no lo hace, como cuando un rico ve que un pobre se muere de hambre.
4. Cuando alguien carga excesivamente con trabajos pesados y castigos a los que le están sometidos, y así acelera su muerte.
5. Cuando alguien, por falta de templanza y otros vicios, acorta su propia vida.
Pregunta: ¿Qué debemos pensar sobre el suicidio?
Respuesta: Que es el más criminal de los homicidios. Porque si es contrario a la naturaleza matar a un hombre, tanto más lo es matarnos a nosotros mismos. Nuestra vida no nos pertenece sino de Dios, que nos la dio.
Pregunta: ¿Qué debemos pensar acerca de los duelos para decidir disputas privadas?
Respuesta: Desde que la resolución de las disputas privadas pertenece al gobierno, y los duelistas, en lugar de acudir a la ley, voluntariamente recurren a un acto que implica peligro manifiesto de muerte para ambos, es evidente que el duelo implica tres crímenes terribles: rebelión, asesinato y suicidio.
Pregunta: ¿Además de la eliminación física, existe el homicidio espiritual?
Respuesta: Sí. El homicidio espiritual es inducir al pecado; cuando uno provoca que el prójimo caiga en la incredulidad o la iniquidad, y así somete su alma a la muerte espiritual. El Salvador dice: “El que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más vale que se cuelgue al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y se hunda en lo profundo del mar” (Mat. 18:6)
Pregunta: ¿Existen formas sutiles de homicidio?
Respuesta: A este pecado pueden referirse todos los actos y palabras contra el amor, todo lo que injustamente afecte la paz y seguridad de nuestro prójimo, y, finalmente, toda la malicia contra él, aunque no se muestre abiertamente. “Todo el que aborrece a su hermano es un homicida” (1 Juan 3: 15).
Pregunta: Cuando se nos prohibe dañar la vida de nuestro prójimo, ¿qué se nos está ordenando?
Respuesta: Hacer todo lo que está a nuestro alcance para asegurar su vida y su bienestar.
Pregunta: ¿Qué deberes se desprenden de esto?
Respuesta: 1. Ayudar a los pobres;
2. asistir a los enfermos;
3. confortar a los afligidos;
4. aliviar la pena del desgraciado;
5. proceder atentamente con todos, con humildad y amor;
6. reconciliarnos con los ofendidos;
7. perdonar las ofensas, y hacer el bien a nuestros enemigos.


Sobre el séptimo mandamiento


Pregunta: ¿Qué está prohibido con el séptimo mandamiento?
Respuesta: El adulterio.
Pregunta: ¿Qué formas de pecado están prohibidas bajo el término de adulterio?
Respuesta: El Apóstol San Pablo aconseja que los cristianos ni siquiera hablen de tales impurezas (Efes. 5:3). Es sólo por necesidad de advertir a la gente contra estos pecados, que nombramos aquí algunos de ellos, como:
1. Fornicación, o amor carnal desvergonzado entre personas no casadas entre sí, o solteras;
2. adulterio, cuando personas casadas, ilegalmente dan el amor que mutuamente les corresponde, a extraños;
3. Incesto, cuando parientes próximos entran en unión semejante al matrimonio.
Pregunta: ¿Qué nos enseña el Salvador sobre el adulterio?
Respuesta: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mat. 5:28).
Pregunta: ¿Qué debemos hacer para guardarnos de este sutil adulterio interior?
Respuesta: Debemos evitar todo lo que pueda excitar sensaciones impuras en nuestro corazón, como cantos y danzas lascivas, conversaciones obscenas, juegos y bromas deshonrosas, miradas indecorosas, y la lectura de libros que contienen descripciones de amor impuro. Debemos tratar, de acuerdo con el Evangelio, de ni siquiera mirar aquello que pueda hacernos caer en el pecado:
“Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.”
Pregunta: ¿Debemos, literalmente, arrancarnos el ojo inductor?
Respuesta: Debemos arrancarlo, no con la mano, sino con la voluntad. El que decidió ni siquiera mirar lo que es ofensivo, ya arrancó de sí el ojo inductor.
Pregunta: ¿Estando prohibido el pecado del adulterio, que virtudes se relacionan con él?
Respuesta: Las del amor conyugal y la fidelidad y, para los que puedan recibirla, la pureza perfecta y castidad.
Pregunta: ¿Cómo hablan las Sagradas Escrituras de los deberes del hombre y de la mujer?
Respuesta: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella” (Efes. 5:25); “Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el Salvador del cuerpo” (Efes. 5:22-23).
Pregunta: ¿Qué motivos nos muestran las Sagradas Escrituras, para hacernos rechazar la fornicación y vivir castamente?
Respuesta: Nos dicen que mantengamos nuestros cuerpos en pureza, pues son los miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo; y el que comete fornicación peca contra su propio cuerpo, esto es, lo corrompe, lo infecta con enfermedades y además hiere sus facultades mentales como la imaginación y la memoria (ver 1 Cor. 6:15 y 18-19).


Sobre el octavo mandamiento


Pregunta: ¿Qué está prohibido con el octavo mandamiento?
Respuesta: Robar, o apropiarnos de lo que pertenece a otro.
Pregunta: ¿Qué pecados en particular están así prohibidos?
Respuesta: Los principales son:
1. Robo, es decir tomar lo que pertenece a otro por la fuerza.
2. Hurto, cuando algo es sustraído secretamente.
3. Fraude: la apropiación de cosas ajenas mediante artificios; dar moneda falsa por legítima, o mercadería de mala calidad por buena; usar falsos pesos y medidas, para entregar menos de lo vendido; ocultar los bienes, para evitar pagar las deudas; no cumplir honestamente contratos o ejecución de voluntades; ocultar a culpables de deshonestidades, y defraudar así a los injuriados impidiendo la acción de la justicia.
4. Sacrilegio: apropiarse de lo que fue dedicado a Dios o pertenece a la Iglesia.
5. Sacrilegio espiritual, cuando uno pecaminosamente da, y otro fraudulentamente recibe, algún cargo sagrado, no por merecimiento sino por ganancia.
6. Soborno, cuando alguien recibe una suma de quien está bajo su jurisdicción para promoverlo inmerecidamente, absolver al culpable, u oprimir al inocente.
7. Comer del pan de la ociosidad, cuando la gente recibe salario por sus obligaciones, o pago por el trabajo que no cumple, y así en realidad roba su paga, y el beneficio que la sociedad o aquel a quien sirve pudiera haber obtenido por su trabajo. De la misma manera, aquellos que podrían mantenerse a sí mismos trabajando, en lugar de vivir de limosnas.
8. Extorsión, cuando exhibiendo algún derecho, pero en realidad contra la equidad y la humanidad, algunos toman ventaja de la propiedad, los trabajos y hasta el infortunio de otros. Por ejemplo, cuando los acreedores oprimen a los deudores con la usura. Cuando los amos imponen a sus dependientes labores excesivas. Cuando en épocas de hambruna algunos venden pan a precios exorbitantes.
Pregunta: ¿Cuando se nos prohiben estos pecados, cuáles son las virtudes prescritas?
Respuesta:
1. Desinterés.
2. Fidelidad.
3. Recto juicio.
4. Misericordia con el pobre.
Pregunta: ¿Entonces, el que no muestra misericordia con el pobre peca contra el octavo mandamiento?
Respuesta: Ciertamente, si tiene los medios para asistirlo, pues todo lo que tenemos pertenece en realidad a Dios, y nuestra abundancia es dada por su Providencia para asistir a los pobres. Por ello, si no les damos de nuestra abundancia, en realidad estamos robándolos y defraudándoles de sus derechos y de los dones de Dios.
Pregunta: ¿Existe alguna otra virtud más elevada contraria a los pecados del octavo mandamiento?
Respuesta: Sí, la absoluta pobreza, o renunciación a toda propiedad, que es propuesta por el Evangelio no como una obligación para todos, sino como consejo para los que quieren ser perfectos: “Si quieres ser perfecto, vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos” (Mat. 19:21).


Sobre el noveno mandamiento


Pregunta: ¿Qué está prohibido con el noveno mandamiento?
Respuesta: El falso testimonio contra nuestro prójimo, así como mentir.
Pregunta: ¿Qué se prohibe bajo las palabras falso testimonio?
Respuesta: 1. El falso testimonio en una corte de justicia es cuando alguien presta testimonio, delata o acusa falsamente a otro.
2. Falso testimonio fuera de una corte de justicia es cuando alguien difama al prójimo, o lo inculpa de manera injusta.
Pregunta: ¿Está permitido censurar a alguien cuando realmente es censurable?
Respuesta: El Evangelio no nos permite juzgar ni los reales vicios o faltas de nuestro prójimo, excepto que seamos especialmente llamados para su castigo o enmienda (por un oficio judicial): “No juzguéis, para no ser juzgados” (Mat. 7:1).
Pregunta: ¿Están permitidas las mentiras que no tienen por propósito perjudicar a nuestro prójimo?
Respuesta: No, porque son incompatibles con el amor respecto a nuestro prójimo, y son indignas de un hombre, en especial un cristiano, que fue creado para la verdad y el amor: “Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros” (Efes. 4:25).
Pregunta: Si queremos evitar los pecados contra el noveno mandamiento, ¿qué reglas debemos seguir?
Respuesta: “Quien quiera amar la vida y ver días felices, guarde su lengua del mal, y sus labios de palabras engañosas” (1 Pedro 3:10); “Si alguno se cree hombre de fe, pero no pone freno a su lengua sino que engaña a su propio corazón, su fe es vana” (Santiago 1:26).


Sobre el décimo mandamiento


Pregunta: ¿Qué prohibe el décimo mandamiento?
Respuesta: Todos los deseos contrarios al amor hacia nuestro prójimo, y los pensamientos asociados con esos deseos.
Pregunta: ¿Por qué están prohibidos no sólo las malas acciones sino también los malos deseos y pensamientos?
Respuesta: Primero, porque cuando el alma hospeda algún deseo o pensamiento malos, es ya impura a la vista de Dios, e inmerecedora de Él. Como dice Salomón: “Abominaciones son a Dios los pensamientos malos” (Prov. 15:26). Por eso debemos purificarnos a nosotros mismos de estas impurezas interiores, como enseña el Apóstol San Pablo: “Purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios” (2 Cor. 7:1). Segundo, porque para prevenir actos pecaminosos, es necesario vencer los deseos y pensamientos pecaminosos, de los cuales como de semillas surgen tales acciones. Como está escrito: “Desde el corazón salen las intenciones malas, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias” (Mat. 15:19); “Cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que le arrastra y seduce. Después, la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado, y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte” (Santiago 1:14-15).
Pregunta: ¿Cuando se nos prohibe desear lo de nuestro prójimo, que pasión es condenada?
Respuesta: La envidia.
Pregunta: ¿Qué está prohibido por las palabras: “No codicies la mujer de tu prójimo”?
Respuesta: Todos los pensamientos y deseos lascivos, o adulterio interior.
Pregunta: ¿Qué está prohibido por las palabras: “no codicies la casa de tu prójimo, ni sus campos, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que le pertenezca”?
Respuesta: Todos los pensamientos de avaricia y ambición.
Pregunta: ¿Qué deberes, correspondientes a estas prohibiciones, nos prescribe el décimo mandamiento?
Respuesta: Primero, conservar la pureza del corazón; segundo, contentarnos con nuestra suerte.
Pregunta: ¿Qué es necesario para purificar el corazón?
Respuesta: La frecuente y fervorosa invocación del Nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

Conclusión

Aplicación de la enseñanza de fe y devoción

Pregunta: ¿Cómo debemos aplicar la enseñanza de fe y devoción?
Respuesta: Debemos cumplir en la práctica con aquello que conocemos bajo el temor del temible juicio por el incumplimiento. “Sabiendo esto, seréis dichosos si lo cumplís” (Juan 13:17); “Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni obrado conforme con su voluntad, recibirá muchos azotes” (Lucas 12:47).
Pregunta: ¿Qué debe hacer el hombre cuando es consciente de algún pecado?
Respuesta: No sólo debe arrepentirse inmediatamente, y resolver firmemente no volver a caer en ese pecado en el futuro, sino que debe tratar en lo posible de reparar el escándalo o injuria que produjo, por buenas acciones opuestas al mismo. Esto es lo que hizo Zaqueo el Publicano, cuando dijo al Señor: “Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres, y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo” (Lucas 19:8).
Pregunta: ¿Qué cuidado debemos tener cuando nos parece que hemos cumplido algún mandamiento?
Respuesta: Debemos disponer nuestro corazón de acuerdo con las palabras de Jesucristo: “Cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lucas 17:10).


Amplio
Catecismo Cristiano
de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa
Publicación de la Hermandad Ortodoxa “San Sergio”
PRIMERA EDICIÓN
Buenos Aires 1996
Missionary Leaflet # S02b Holy Protection Russian Orthodox Church 2049 Argyle Ave. Los Angeles, California 90068 Editor: Bishop Alexander (Mileant)
(catecismo.doc, 07-09-98)
70