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Origen de la Barbarie


Invasión de los bárbaros
Invasión de los bárbaros





Autor: Dr. Antonio Guimaraes Brito
Traductora: Nancy Estrella


1 GENEALOGÍA HISTÓRICA DE LA BARBARIE

Me gustaría comenzar con un bosquejo de la antropología de la barbarie humana. (MORIN, 2009, p. 11​​),


1.1 LOS BÁRBAROS EN EL MUNDO GRECO-ROMANO


Porque si toda Grecia viene de Homero, todo Homero proviene de la barbarie (MATTÉI, 2002, p. 91).

Por lo tanto la Antigüedad confundía todo lo que no formaba parte de la cultura griega (después Greco-romana) con el nombre de bárbaro.

(Lévi-Strauss, 1952, p. 20).


El término "bárbaro" surgió en la época griega antigua para todos aquellos que no pertenecían al mundo griego, es decir, que no hablaban griego (NOVAES, 2004). La palabra bárbaro proviene del término "hablador" y apareció por primera vez en un texto de Homero (1962, p 83.), en el verso 867, del canto II de la Ilíada, como un indicador de la rudeza del lenguaje. Se refiere Homero a la lengua hablada por el pueblo Cario, que resultaba completamente incomprensible para los griegos. El obstáculo para la comprensión del lenguaje de las otras personas fue el sentido inicial del término bárbaro en la antigüedad griega. La impresión que producía la rudeza en el lenguaje con el tiempo se trasladó a la tosquedad observada en las costumbres de estos pueblos, y de allí al no reconocimiento de sus derechos.


Para Mattéi (2002), el término “bárbaro”, probablemente surgió de una onomatopeya de "bambaino", es decir, castañeteo de dientes, lo que se traduce en una pronunciación confusa y desarticulada. Más tarde, la idea de “barbarie” fue más allá de lo concerniente a la vulgaridad del lenguaje y de las costumbres, el término llegó a implicar una condición humana desvalorizada. La falta de comprensión de la lengua fue la primera fisura surgida en el proceso de integración entre “civilizados” y “bárbaros”, revelando la oposición histórica al Otro y cuyo comienzo estuvo en el lenguaje.


Para Mattei (2002, p. 73) en la Antigüedad, el Mundo Griego fundamentó esa oposición, limitando la esfera de los derechos civiles al círculo de la cultura helénica. La barbarie se resume como la síntesis de la negación del Otro, la exclusión de lo diferente, y el comienzo de este proceso estuvo en el idioma.



Para Mattéi (2002, p 73.), "[...] los griegos percibieron que la unidad de su civilización [...] provenía de la pureza de una lengua y un mundo al que los bárbaros no tenían acceso" . La distinción entre los griegos y los pueblos bárbaros, considerados inferiores, se consolidó en el pensamiento griego de tal manera que la vida esclava de los bárbaros se justificó, tanto por Platón como por Aristóteles.



Como destaca Poumaréde (2004, p. 46), "[...] el mundo habitado era una representación circular y etnocéntrica. El Ombligo del mundo era la ciudad de Delfos, en el centro los helenos y en el extremo los bárbaros. Fenicios, persas, egipcios, cartagineses, etruscos, y especialmente los distantes etíopes, todos eran bárbaros ". La condición de bárbaro implicada la ausencia del derecho al reconocimiento. En este sentido, el filósofo francés Mattei dice: (2002, p 73.), "[...] El mundo griego brilló desde su propio centro, como una prenda sagrada que expone el orden y la belleza del cosmos que había dominado el caos inicial".



En una tragedia de Eurípides, Ifigenia exclama: "El bárbaro debe obedecer al griego, a mi madre, y no al contrario, ellos son esclavos y nosotros somos hombres libres" (Mattei, 2002, p 83.).



Desde la antigüedad, la barbarie es un concepto que se relaciona con el otro, se construye sobre la miopía etnocéntrica y sirve como justificación para el establecimiento de relaciones de poder y dominación. Uno de los textos más antiguos y más completos sobre la relación entre la barbarie y la civilización fue escrito por el geógrafo griego Estrabón de Amisea (64 aC a 24 dC). Su obra se llama Geografía y constaba de 17 volúmenes. Plasma la visión del mundo romanizado en la que todos los demás pueblos, a excepción de los romanos y los griegos, eran bárbaros. Estrabón asoció a la condición de barbarie los diferentes modos de producción. Mientras los pueblos civilizados, aunque no urbanos, se dedicaban a la agricultura, comían pan y hacían vida en las llanuras fértiles, los bárbaros eran guerreros nómadas, se alimentaban de carne y leche, y estaban constantemente dispuestos a la guerra. Desde la perspectiva de Estrabón, los pueblos bárbaros sólo tenían como único recurso el saqueo ya que se les había prohibido el uso de la tierra cultivable y según el mismo autor, tres eran las características más resaltantes de estos pueblos: la vida fuera de las ciudades; su forma vandálica de actuar; y sobre todo, el modo de producción de acuerdo a su ubicación geográfica.



Los bárbaros no eran agricultores, vivían en las montañas, en las tierras menos fértiles. Según Peschanski (1993), el primer rasgo que los griegos observaron en estos pueblos fue su belicosidad en comparación con la de ellos.



Tucídides comenta (1966, p. 169), "[...] todo lo que había, mujeres, niños, murieron en el acto, junto con las bestias y todos los seres vivos. Pues este pueblo bárbaro es el más sanguinario cuando no tiene nada que temer ". Jenofonte (1967, p. 28) también informa que "[...] los bárbaros carecen de organización, en ellos reina la falsedad y la mentira, y de allí la imposibilidad de progresar."



Evidentemente, tanto los griegos, los romanos y los futuros cristianos latinos, actuaron muchas veces con extrema barbarie en lo relativo a que en sus acciones mostraron absoluta crueldad. Pero, como señalara Mattei (2002, p. 135), "[...] los griegos se condujeron a veces como bárbaros, los romanos asumían prácticas brutales en cuanto a sus invasores, y los cristianos por su parte, parecían a veces desertar de su fe y se mostraban menos fieles y más inmorales que los bárbaros ".



Comparados con los griegos, hasta cierto punto, los romanos tuvieron una expectativa más pluralista. Roma se sentía y se veía tan plena y soberana que las relaciones con los bárbaros llegaron a ser hasta amables, esto en contradicción con su cultura etnocéntrica romana. El otro, el bárbaro, llegó a ser casi invisible ante los ojos de Roma ya que todo giraba en torno a los intereses del gran imperio.



Los pueblos subyugados por el poder militar romano conservaban la libertad de creencias, sus costumbres y la soberanía en la política local. El problema radicaba en los impuestos estipulados por el imperio. Por lo demás, éste no se involucraba en la vida íntima y política de los pueblos dominados. Los matrimonios entre romanos y bárbaros, ocurrían, y el título de la ciudadanía romana fue concedida en casos particulares.



Cómo Poumaréde (2004, p. 59) señala: "[...] los romanos no renunciaron a un cierto pragmatismo en sus relaciones con los otros pueblos. Trataron de integrarlos en su sistema sin utilizar la fuerza. Se sentían seguros dentro de su cultura [...] ". Ejemplo de ello son las monedas romanas encontradas en tumbas germánicas que revelaron el intercambio comercial existente, así como la introducción de los godos como colonos entre el 268-270 en las provincias cercanas al Danubio, y la instalación de los francos en el 296 en la región de Champagne por orden del emperador Constancio (Giordano, 1985). Esta actitud romana tuvo sus efectos legales a lo largo de los siglos, pues derivó en la formación de una ley común entre los romanos y peregrinos: el jus gentium (POUMARÉDE, 2004). Esto se evidencia claramente en el Edicto de Caracalla o Antoniniana Constitución del 212 dC, en el que el emperador concedió a todos los peregrinos "el derecho de la ciudad romana", lo que permitía ejercer privacidad sobre lo que desearan poseer (POUMARÉDE, 2004).



Estos ejemplos ponen de manifiesto el carácter pluralista de los romanos. Según Mattei (2002, p. 133) "Durante siglos, Roma permitió a las tribus bárbaras que hicieran vida en el mundo romano, mediante acuerdos en lo que se refiere a los territorios ocupados por los invasores, concediéndoles así su autonomía."



La relación entre Roma y los pueblos bárbaros a.C, tuvo lugar tanto de manera pacífica como beligerante. De hecho, hay dos actitudes romanas tradicionales hacia los bárbaros. La primera, y según las circunstancias y los hombres, aceptaban a las personas que se les acercaban, y de acuerdo a lo convenido, ellos, los romanos, respetaban sus leyes, costumbres y la originalidad de los pueblos bárbaros, de ese modo moderaban su agresividad y además aprovechaban esta situación para aliviar la crisis de mano de obra militar y rural existente entre los soldados y campesinos. Esta política practicada por algunos emperadores, nunca consiguió el apoyo entre los tradicionalistas, para ellos los bárbaros eran más bestias que seres humanos - y esta segunda actitud fue la más frecuente (LE GOFF, 1995, p 31.).



Durante las invasiones los romanos, para protegerse, permitieron que los bárbaros les dieran apoyo militar a cambio de trigo y otras provisiones. Los pueblos bárbaros peleaban entre ellos pero también establecieron alianzas (POUMARÉDE, 2004).



El mundo romanizado y luego cristianizado es influenciado también por los bárbaros. Como señaló Mattei (2002, p. 136), "Todos saben en lo profundo de su corazón que la barbarie y el sentido común son las dos cosas mejor compartidas por el mundo integrado de los romanos y los pueblos bárbaros” [...]" y añade: "[.. .] el circo romano o las conversiones forzadas de los cristianos no tuvieron nada que ver con alguna acción de los bárbaros”. Obsérvese, por ejemplo, el culto cristiano que llegó a ser perseguido y prohibido por Diocleciano en el año 304 dC, pasando a ser lícito en el año 313 mediante el Edicto de Milán, y luego fue impuesto por medio de métodos bárbaros.



A pesar de las relaciones de amistad entre romanos y bárbaros, muchas batallas se libraron principalmente en la frontera del Rin, en el propio frente de guerra de los pueblos germánicos. Tiberio llegó a renunciar en el margen derecho del Rin y adoptó una política defensiva, lo que indica la imposibilidad de romanizar a la Germania (GIORDANI, 1985, p. 29).



Por otra parte, el Rin fijaba de manera natural la frontera entre lo romano y lo germánico, y de acuerdo a la percepción romana, establecía la diferencia entre los dos pueblos: el civilizado y el bárbaro (LOT, 1945). Esa región fría y llena de gente de los bosques, habitada por germanos, se asoció a la imagen del bárbaro, guerrero y cruel.



El mismo San Ambrosio exhortaba a los cristianos a luchar contra los enemigos y bárbaros a los que consideraba desprovistos de humanidad (LE GOFF, 1995).



Cuando se menciona a los pueblos germánicos, se habla de numerosos grupos de diferentes identidades, tales como los cimbrios, teutones, queruscos entre otros (Giordani, 1985).



Es importante destacar la inmensa variedad de pueblos que eran considerados “bárbaros”, tales como los hunos, alanos, visigodos, ostrogodos, vándalos, suevos, borgoñones, francos, alamanes, bávaros, lombardos, ávaros, celtas y anglosajones, entre muchos otros subgrupos que se extendían desde el norte de África a Gran Bretaña y Asia.



En el siglo IV de la era cristiana comienzan significativamente las invasiones bárbaras y el proceso de decadencia casi absoluto del vasto Imperio Romano. De acuerdo a Giordani (1985), la primera migración de esos pueblos se relaciona con la presencia de los hunos en las llanuras del sur de Rusia. Según el autor, huyendo de los hunos, los godos entraron en el Imperio Romano; poco después los visigodos en el sur de la Galia y España (418 dC); los vándalos y los alanos cruzaron la Península Ibérica y se establecieron en África (AD 429); y por último, los alemanes, francos y borgoñones ocuparon los Países Bajos. Este proceso avanzó desde el siglo V, y ya en 488 dC, los ostrogodos se extendieron a Italia, los francos por toda la Galia y los borgoñones se establecieron en el valle del Ródano.



Bretaña también tuvo que ser defendida, no sólo de los sajones, sino también de diversos pueblos celtas, como los escoceses y los pictos (Giordani, 1985).



Como señala Le Goff (1995, p. 34), tal vez de todos los bárbaros, los hunos representaron la imagen más cercana a la barbarie. En la historia de China aparece este pueblo turco-mongol nómada que destaca por su carácter fiero en la guerra y su espíritu libre e independiente. "Vestidos de piel, cuerpo robusto, baja estatura, cabeza grande y redonda, siempre afeitados, grandes bigotes, ojos almendrados y acampando en carpas; fueron descritos por los chinos como los hunos" (GIORDANI, 1985, p. 49).



La presencia de los hunos en el sur de Rusia representó serias amenazas para el Imperio Romano. En el siglo V de nuestra era, el principal líder de los hunos, Atila, arrasó con ciudades y pueblos romanizados. Según Giordani (1985), en el año 447 dC, al sur del Danubio, en una larga franja desierta abandonada que separaba a los hunos del imperio de oriente, y después de cinco días de marcha, Atila exige un enorme tributo a cambio de la paz. Sin embargo, en el año 450 dC, se va a Francia e Italia y llega cerca de Roma, después de cercar y quemar muchas ciudades.



Como menciona Said (1990, p. 68): "Tanto en Grecia como en Roma clásicas, los geógrafos, historiadores, figuras públicas como César, oradores y poetas contribuyeron para que en la base del saber taxonómico hubiera una separación de razas, regiones, naciones y las mentes de unos y otros. [...]. "Es importante señalar que esta catalogación fue siempre para su propio beneficio, a fin de demostrar la superioridad de griegos y romanos. Es a partir del pensamiento greco-romano que se comenzó a pensar en el concepto de “barbarie” que se desarrolló a lo largo de la historia de Occidente, como una idea antropológica que representaba la negación del Otro, excluyéndolo de la humanidad reconocida, y carente de status legal.