Ir al contenido principal

Sobre las Mujeres en la Antigua Grecia




AUTORA: ALBA SÁNCHEZ VARELA


Se nos presentan varios artículos que versan sobre la situación y estatus de las mujeres en la antigua Grecia. Hemos empleado para este comentario cuatro de ellos, a saber The Labour of Women in Classical Athens (1994) de Roger Brock, Spartan Wives: Liberation or Licence? (1981) de Paul Cartledge, No Woman, No War: Women's Participation in Ancient Greek Warfare (2004) de Pasi Loman y The "Female Intruder" Reconsidered: Women in Aristophanes' Lysistrata and Ecclesiazusae (1982) de Helene Foley. En base a ellos trataremos de construir un argumento lo más coherente posible para hacernos una idea de qué significaba ser una mujer en la Grecia antigua, cuál era su estatus y cómo vivían las griegas su día a día.

Mientras que los tres primeros artículos nos dan una visión de la realidad griega respecto de las mujeres, el cuarto nos introduce en el mundo del teatro y podemos ver en él a las féminas de las tragedias y de las comedias, y su forma de actuar y de introducirse en la esfera típicamente masculina de la vida pública. Los argumentos que cada uno de estos autores exponen nos permiten establecer una serie de ideas básicas que iremos poco a poco desarrollando. Primero, las mujeres tenían, sin duda, su propio espacio en el conjunto del Estado, y este espacio es la casa. Segundo, sus derechos y deberes derivan de su condición natural y, por tanto, las actividades que llevan a cabo y el estatus de las mismas dependen siempre de ello. Tercero, su situación y consideración no es la misma en toda Grecia: en Esparta las cosas son ciertamente diferentes. Y cuarto y último, dado que su espacio natural es la casa, cuando lo traspasan las causas y las consecuencias son muy variadas.

Parece fundamental que empecemos nuestra argumentación otorgando a las mujeres un espacio propio que, como ya hemos dicho, es la casa, el οἴκος (oikos). En el oikos era donde las mujeres pasaban la mayor parte de su tiempo, si no todo, ocupándose del cuidado de su familia y del mantenimiento de la casa. Abastecían al núcleo familiar de alimentos y ropa fabricada por ellas mismas y distribuían entre sus esclavos, si los tenían, las diversas tareas. La labor más característica de las mujeres era el cardado de la lana y el tejido de prendas con este material. Todas, independientemente de la clase social a la que perteneciesen, aprendían a trabajar la lana y a tejer, y se hacían verdaderas expertas en ello. También se ocupaban de cuidar y educar a sus hijos y enseñaban a sus hijas las tareas del hogar y las labores que ellas mismas conocían, además de distribuir los bienes materiales de la familia para poder cubrir las necesidades básicas de todos sus miembros.

Se hace necesario decir que el oikos en sí era considerado por algunos, como Aristóteles, como una institución económica cuyo funcionamiento era básico para la prosperidad de la ciudad, por lo que tanto hombres como mujeres defendían sus intereses. Pero esta defensa no era conjunta, es decir, no se hacía en el mismo plano, pues cada uno tenía su lugar asignado. Esta estructura social responde a la división entre sexos tan marcada que imperaba en las poleis griegas, que veremos a continuación.

La cuestión de las mujeres y su consideración en el mundo de la Grecia antigua ha sido muy debatida a lo largo de los siglos, pero todos los estudiosos coinciden en algunos puntos básicos como son el hecho de que socialmente se las consideraba inferiores a los hombres y por lo tanto estaban sometidas a su autoridad, primero a la de su padre y más tarde a la de su marido, una vez casadas y abandonada ya la casa paterna. ¿Por qué esta fuerte separación? Los griegos pensaban que las mujeres eran por naturaleza inferiores, más dadas a la satisfacción de los placeres que a la razón, y por lo tanto la ley las trataba como perpetuas menores de edad (de ahí que siempre hubiera un hombre que ejerciese autoridad sobre ellas). De esta condición derivan ciertos impedimentos que se les imponían, como el hecho de no poder poseer propiedades a excepción de una cantidad mínima de objetos personales. No poseían tierra y por tanto no la administraban, tampoco poseían dinero y en consecuencia no podían llevar a cabo ciertas transacciones o negocios. Su vida se limitaba al cuidado de la familia y a la administración de los bienes del oikos. Por otro lado, los hombres tenían también su espacio y sus funciones: si ellas se encargaban de la buena marcha de la casa, ellos hacían lo propio con el Estado. Su entorno era el exterior, la vida pública, la política y las relaciones sociales, así como la agricultura y la guerra. Ostentaban el poder político y social y eran los cabezas de familia. ¿Y en cuánto a la religión? ¿Era también una esfera propiamente masculina? Hombres y mujeres participaban en los ritos religiosos de la polis, y aunque cada uno tenía sus prerrogativas religiosas, todo el mundo tomaba parte en los festivales en honor a los dioses. Las mujeres tenían un papel especialmente importante en las celebraciones en honor de Atenea y Ártemis, así como en los ritos funerarios.

Esto no quiere decir que las mujeres estaban perpetuamente encerradas en sus casas, al menos no las de clase media o baja. Aquí es donde entra en acción la idea del trabajo sugiriendo la pregunta de si las mujeres trabajaban o no. Parece ser que entre los ricos predominaba la idea del trabajo como algo vergonzoso. Los pobres, no obstante, debían trabajar para sobrevivir y de hecho las fuentes nos dicen que parecían orgullosos de ello. Aristóteles nos dice que no se puede evitar que las mujeres pobres salgan de sus casas e interactúen entre ellas para proporcionarse ayuda mutua, y de hecho lo hacían, visitándose y asistiéndose. Así las griegas libres podían trabajar a cambio de dinero. Los trabajos más comunes entre las mujeres griegas eran aquellos que hallaban sus raíces en las habilidades y conocimientos que tenían para llevar a cabo las labores del oikos. Como ya hemos dicho lo más habitual era el cardado de la lana; podían tejer ropa para luego venderla, así como teñirla o hacer otros trabajos de costura. La cocina evidentemente era también una labor típicamente femenina, sin embargo los chefs que aparecen en la Comedia Media solían ser hombres y sus únicos equivalentes femeninos serían las pasteleras o confiteras. Hay en las fuentes mujeres que venden en el mercado productos obtenidos de la tierra o manufacturados en casa, como son las verduras, la sal, la miel, el pan, la ropa y algunos adornos. También el lavado de la ropa se convirtió en una profesión y hallamos algunas menciones a lavanderas. El trabajo femenino por excelencia habría sido el de comadrona. Hacia mediados del siglo IV a. C. algunas mujeres se convirtieron también en obstetras llegando a alcanzar un estatus bastante considerable. Por supuesto también eran niñeras y aunque se ha querido ver como un trabajo considerado de bajo estatus lo cierto es que no es probable que fuese así, dado que se establecían relaciones de afecto entre la niñera y el niño a su cuidado. Las encontramos también haciendo perfumes, aunque se trata de un trabajo de baja consideración que además habría requerido de cierto capital. Al respecto de esto debemos retomar la idea anterior de que ellas no manejaban dinero y por tanto había áreas profesionales de las que estaban excluidas. Gran parte del comercio que llevaban a cabo era a pequeña escala y de hecho debía por ley ser así, dado que una mujer no tenía capacidad suficiente para entrar en ese tipo de contratos. Otros trabajos de los que estaban excluidas eran los de pescadera o carnicera, y tampoco las encontramos vendiendo libros o armas. No todo el trabajo que realizaban derivaba de sus habilidades para las labores del oikos, también habrían trabajado en los baños y algunas tenían oficios como alfareras, zapateras o mozas de cuadra.

Debemos tener siempre en cuenta que, aunque de hecho las mujeres podían trabajar y ganar algún dinero con ello, el ideal femenino de los hombres griegos siempre era el de la mujer que pasa su tiempo en casa. Eso sí, en tiempos de crisis todo el mundo se veía obligado a hacer lo posible por sobrevivir y es entonces cuando podemos ver a todo tipo de mujeres realizando algún trabajo para contribuir en la medida de lo posible al bienestar de la polis.

El radio de acción de las mujeres era todavía más amplio. Ya hemos dicho que tenían vedada la política, la guerra y las relaciones de Estado, pero cuando la polis estaba en peligro por motivo de un conflicto bélico, ellas participaban en su defensa. Está claro que no se armaban y salían de sus casas para combatir, ese era el trabajo de los hombres, y de hecho el mito de las Amazonas, vencidas por hombres griegos, ayudó a reforzar la ideología de que las mujeres griegas decentes debían casarse y dejar a sus maridos la guerra. Pero eran patrióticas y leales a su polis y proporcionaban apoyo moral a sus maridos, para quienes debía ser un alivio pensar que sus esposas seguían haciéndose cargo de la casa y de los hijos y que cumplían con sus obligaciones religiosas; aparte, para un hombre probablemente sería grato aparecer ante su esposa como un guerrero valeroso y con éxito, por lo que la opinión de las mujeres seria también un factor importante. Además, ellas ayudaban a financiar las guerras con donativos de dinero o joyas y suministraban a las tropas comida y ropa. Si la defensa de la ciudad estaba próxima a romperse, las mujeres iban a dar asistencia directa a sus maridos haciéndose cargo de sus heridas o proporcionándoles armas para seguir combatiendo. Loman (2004) nos cuenta que si sucedía que el enemigo traspasaba los muros, algunas de ellas eran muy capaces de actos heroicos. Conservamos datos de mujeres que se subían a los tejados y arrojaban piedras a los enemigos, y muchas de ellas contribuían al mantenimiento del honor de la polis, de sus maridos y de ellas mismas suicidándose: preferían el suicidio a la violación, la deshonra y la esclavitud a las que se verían sometidas si se dejaban capturar por los enemigos. Con todo, se hace necesario mencionar hay mujeres que, sobre todo en época helenística, sí participaron directamente en batallas luchando o dirigiéndolas. Todas ellas pertenecían al entorno de las casas reales y demostraron inteligencia y capacidad de dirección, aunque no tuvieron mucho éxito. Tras la muerte de Alejandro se hizo muy común que las mujeres "normales" acompañaran a sus maridos mercenarios en las campañas de guerra a fin de traer al mundo niños que fueran ciudadanos. En estas campañas las mujeres tenían también un papel fundamental, pues cocinaban y tejían, y mantenían en buen estado las armas de sus maridos limpiándolas y afilándolas. También acudían profesionales del entretenimiento que mantenían aliviados y contentos a los soldados.

Aunque todos los griegos compartían una serie de ideas básicas sobre las mujeres, su situación no era la misma en toda Grecia. Podemos decir que lo que hemos visto corresponde más bien al modelo de mujer de Atenas, pero si nos acercamos a Esparta vemos que las cosas cambian. Las espartanas, como las atenienses, dejaban el hogar paterno al casarse, pero gozaban de mucha más libertad y participaban en la vida social de su polis. Recibían una educación en la que se incluían el ejercicio físico y el desarrollo de las capacidades intelectuales, y si hacemos caso a Platón, se jactaban de ello: estaban orgullosas de su cultura y sobre todo de sus capacidades para el discurso. Por supuesto también aprendían las labores de la casa, que les enseñaban sus madres, pero desde luego no se limitaban a ello. Esta educación, también es importante mencionarlo, tenía fines eugenésicos: había que educar a madres fuertes para que estas proveyesen a Esparta de hijos que más tarde serían guerreros también fuertes y valerosos. La cobardía estaba muy mal vista y parece ser que las mujeres especialmente la aborrecían. Su aspecto físico, asimismo, era muy valorado por las atenienses, que admiraban su piel y sus cabellos.

Las mujeres participaban igualmente en carreras y danzas corales, y lo hacían desnudas siendo representadas en algunas estatuillas de bronce, dato importante teniendo en cuenta que el desnudo femenino en el arte antes del siglo V a. C. es muy raro y sobre todo está muy mal visto: antes de esta época la representación del desnudo femenino está reservada a las mujeres de baja reputación. Pero no todo era un camino de rosas para las espartanas. Por supuesto estaban también obligadas a casarse y ese matrimonio podía estar ritualizado en forma de rapto. La noche de bodas también era simbólica, puesto que se rapaba la cabeza a la novia y se la vestía con ropa masculina para hacer más fácil al hombre la transición entre la interacción homosexual del cartel y la vida sexual de casado que llevaría con su esposa.

Aristóteles, nos dice Cartledge (1981), sobre todo critica mucho a las espartanas por lo que él consideraba su licencia e indisciplina, por el daño que ejercían al Estado y por dominar, nuevamente según él, a sus maridos (nos apunta además que esto es típico de las sociedades militares). Tampoco ve bien la importancia que se le daba a la riqueza en Esparta ni el hecho de que las mujeres pudiesen heredar y poseer tierras, pues algunas espartanas ricas poseían los dos quintos de todo el territorio.

Para finalizar, vamos a ver algunos ejemplos de las ideas sobre las mujeres y su papel en el funcionamiento de las poleis en las obras de teatro. Habíamos dicho que se tenía una idea general de las mujeres de que eran frágiles y propensas a la satisfacción de los placeres. En su artículo, Foley (1982) nos cuenta que ocurre frecuentemente que en la tragedia la mujer se ve caracterizada no por su devoción a la casa sino por su resistencia al matrimonio, su vulnerabilidad al adulterio y su interés en los miembros de su propia familia, sobre todo padres y hermanos. Esto lo vemos por ejemplo en la Antígona de Sófocles. También hemos hablado de que hombres y mujeres comparten un interés en los valores del oikos y aquí de nuevo Foley nos advierte que en los dramas, cuando un personaje masculino actúa contra estos intereses sufre un castigo devastador porque está actuando en contra de sus intereses naturales. Las tragedias tratan de hacer ver que la separación entre hogar y Estado no es tan clara ni sencilla como podría parecer puesto que el orden del uno está ligado al orden del otro, así que si el oikos está amenazado las mujeres se ven en la necesidad de salir de él y entrar en la esfera masculina para protegerlo. Hay una distinción clara entre tragedia y comedia: en la tragedia, cuando las mujeres salen de casa y entran en el mundo típicamente masculino adoptan los roles de los hombres y dejan de actuar por el interés del oikos y de defender sus valores, sin embargo en la comedia las mujeres que se introducen en la política lo hacen con el claro objetivo de restaurar el bienestar del oikos a través de la aplicación de los valores domésticos a la vida pública.

En la comedia Lisístrata, de Aristófanes, las mujeres hacen una huelga sexual y se encierran en el ágora dispuestas a gobernar la ciudad. Los hombres han malgastado los impuestos y han dejado que los límites entre el mundo privado y el público se desdibujen permitiendo que los comerciantes entren en sus casas y corrompan a sus esposas. Una de estas mujeres, Lisístrata, ve el ágora como una esfera doméstica agrandada en la que los hombres han dejado penetrar la guerra. Foley sugiere que tras haber convertido efectivamente el ágora en un oikos improvisado debemos entender que se nos está intentando decir que las mujeres no han traspasado el límite entre esferas de acción sino que han conducido su intrusión contenidas por los límites y valores que reinan en el hogar. Así la intrusa Lisístrata se mueve en respuesta a la violación por parte de los hombres de los valores domésticos que defienden la supervivencia del oikos y de Grecia, y sus acciones derivan de poderes religiosos y domésticos propios de su sexo, no tiene ambiciones políticas ni pretende un cambio de estatus permanente.

En la comedia Ecclesiazusae o Las Asambleístas, también de Aristófanes, las mujeres no responden a una amenaza directa al oikos sino al fallo de los hombres en llevar los asuntos políticos y económicos, pues se han gastado el dinero público en satisfacer su propia codicia. La líder de las mujeres, Praxágora, impone un sistema de comunismo social en el que todo se compartirá, incluidos los compañeros sexuales. No harán falta pues leyes ni dinero, ya que las mujeres se encargarán de la manufactura de la ropa y de la cocina y habilitarán los edificios públicos para que sirvan de comedores. También asignan los trabajos de agricultura a los esclavos para que así los hombres se puedan dedicar a una vida de placer y relajación mientras ellas gobiernan por la paz, lo que supone en última instancia una feminización de sus maridos. El sistema de Praxágora, así, es absurdo, opina Foley, porque las mujeres toman elementos de multitud de teorías utópicas para hacer un esquema que reduce el mundo de la polis al oikos.

Así pues, podemos extraer de todos estos datos una serie de conclusiones que aquí resumiremos. Hemos visto cómo las mujeres tienen en la antigua Grecia un lugar propio, el oikos, en el que se dedican a cuidar de su familia y a producir bienes de consumo que contribuyen a su supervivencia. Al mismo tiempo, esta esfera se ve ampliada ante la perspectiva del trabajo, que con toda seguridad ejercían las mujeres de pocos recursos económicos y que casi siempre derivaba de las habilidades que ya poseían para las labores del hogar. Las mujeres están consideradas como inferiores y sus acciones están supeditadas a la autoridad de su padre o de su marido. No participan en la vida pública y las obras de teatro tratan de advertir de las consecuencias que traería el que lo hicieran, aunque el tratamiento es distinto en la tragedia y en la comedia, donde hemos visto que los movimientos de las mujeres dentro de la esfera masculina se producen como respuesta a un fallo de los hombres en cumplir con sus responsabilidades para con el Estado y en consecuencia para con el oikos. Aunque su mundo era la casa, en caso de guerra contribuían con donativos, alimentos, ropa y apoyo moral, y a pesar de no luchar directamente sí eran capaces de actos heroicos para defender a su polis y a ellas mismas. El caso de las espartanas, sin embargo, es distinto, porque disfrutaban de una mayor libertad y consideración y no sólo podía poseer tierras y dinero sino que también recibían una educación parecida a la de los hombres.

En definitiva, la situación de las mujeres en la antigua Grecia nunca se ha considerado como demasiado buena y no se ha defendido mucho la idea de que su participación en el bienestar del Estado fuese crucial, pero ahora podemos ver que no actuaban como simples espectadoras en su polis y que participaban activamente en su crecimiento y desarrollo.