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LUIS SEGALÁ Y ESTALELLA (1873-1938)

                                       
         

NOTA SOBRE EL TRADUCTOR 

LUIS SEGALÁ Y ESTALELLA (o LLUÍS SEGALÀ I ESTALELLA, 1873-1938) nació en Barcelona, en cuya universidad, tras una estancia de varios años en la de Sevilla (1899-1906), ocupó la plaza de catedrático de Griego desde 1906 hasta la guerra civil española. Miembro fundador de la Sección Filológica del Instituto de Estudios Catalanes (1911) y la Real Academia de Buenas Letras (1912), dirigió diversas colecciones de clásicos griegos y latinos, y fue maestro de figuras tan relevantes como Lluís Nicolau d'Olwer (1888-1961) y Pere Bosch-Gimpera (1891-1974), así como de buena parte de la primera hornada de traductores de la colección Bernat Metge, el vasto proyecto de publicar en ediciones bilingües los clásicos grecolatinos al catalán. En su magisterio, supo transmitir unos sólidos conocimientos de la lengua, unos excelentes principios sobre la traducción (basados en la adhesión fiel al original, en términos poco frecuentes para la época) y, por encima de todo, la convicción de que la abnegada tarea de los traductores tenía un rol crucial a la hora de superar el atraso y las seculares limitaciones del humanismo peninsular. El prestigio de Segalà está vinculado principalmente a sus traducciones de la épica griega al castellano: la Ilíada (1908); la Teogonía de Hesíodo (1910), con el texto griego, algo relativamente insólito por entonces; la Odisea (1910); los Himnos homéricosBatracomiomaquia, Epigramas y fragmentos de poemas cíclicos (1927), hasta culminar en las Obras Completas de Homero (1927), un poderoso volumen in quarto que, además de reunir las traducciones anteriores revisadas, contiene un resumen de la «cuestión homérica», un elenco de las traducciones de Homero aparecidas en la Península e Hispanoamérica, así como una bibliografía. El conjunto constituye uno de los mayores hitos del homerismo hispánico moderno. Sus traducciones presentan importantes aciertos, derivados ante todo de la fidelidad y una férrea honradez científica; y constituyen un avance muy considerable respecto a las anteriores. Sin embargo, pecan de cierto prosaísmo y no están exentas de ocasionales tropiezos de la sensibilidad literaria. La fortuna póstuma de tales versiones merece algún comentario, pues es posible llegar a la conclusión —difícil de probar, pero no carente de base— de que han sido algunos de los textos en castellano objeto de mayor número de ediciones no autorizadas, abusivas o piratas de todo el siglo XX. Durante más de cincuenta años, hasta el alud de traducciones clásicas de finales de la década de 1980, Homero habló en castellano por la boca de Segalà; se trata, en el fondo, de un impresionante homenaje para unas traducciones concebidas y maduradas en unas circunstancias tan distintas de las que vinieron después. Semejante desbarajuste fue probablemente perpetuado por la muerte del traductor en 1938, durante uno de los bombardeos de los que fue objeto Barcelona por parte de la aviación italiana, aliada a la causa franquista, así como por las miserias del período posterior. En la faceta de Segalà como historiador de la traducción y la tradición humanística, conviene mencionar la lectio inauguralis del curso académico 1916-1917, titulada El renacimiento helénico en Cataluña, un extenso repertorio de traducciones de autores griegos al castellano y al catalán que habían visto la luz en Barcelona a partir de 1836, fecha del retorno de la universidad desde Cervera a Barcelona. Segalà también tradujo al catalán, en una prosa muy literal, Hero i Leandre, un pequeño poema tardío atribuido a Museo; siete epigramas de la Antologia griega; una serie de Facècies del Philogelos (compilación de anécdotas y chistes de la Antigüedad tardía que gozó de un gran prestigio entre los humanistas); y el primer canto de la Iíada (1929), como primicia de un Homero en catalán que no pudo ser. [JAUME PÒRTULAS] 






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