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El demonio surgió de Pan y Dionisos

 
Estatua de Dionisos



“12 Moisés derramó óleo sobre la cabeza de Aarón y lo ungió para consagrarlo. (…) 14 Después hizo traer el novillo para el sacrificio por el pecado, y Aarón y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza del novillo.

15 Moisés lo sacrificó. Mojando sus dedos en la sangre, untó con ella las esquinas del altar, para consagrarlo. Después derramó el resto de la sangre al pie del altar; de esta manera lo consagró, haciendo por él la expiación. 16 Moisés tomó luego toda la grasa que cubre las entrañas, el hígado y los dos riñones con su grasa y la quemó sobre el altar. 17 En cuanto al novillo con su piel, carne y excrementos, los quemó fuera del campamento, como Yavé lo había ordenado.”

Levítico. Capítulo 8.

Éste es un pasaje de la Biblia donde se expone la manera como es llevado a cabo el sacrificio de un novillo. También se nos habla en la Biblia del sacrificio del macho cabrío cuando todo el pueblo de Israel ha cometido pecado. Ésta es una introducción a la figura de la cabra y su simbología. Justamente es un novillo o macho cabrío objeto de expiación para la comunidad, como si matando a este animal se purgaran todos sus pecados. También llama la atención el hecho de expulsar fuera de los límites del asentamiento los restos del animal. Allí podríamos darnos cuenta de la suciedad, quizás, del novillo con sus entrañas y excrementos. Después de haber proyectado sobre él las culpas por el pecado, mediante la imposición de manos, es muerto y despedazado. Lo que de él queda es llevado fuera del campamento, de la ciudad o del poblado.

Otro hecho en la narración del Levítico es la imposición de manos en ceremonia de expiación por el pecado. De esta manera se liberan las culpas o se redimen de alguna forma, por lo menos simbólicamente. Asimismo, aunque no sea expresado de manera directa, el animal, en este caso el novillo o macho cabrío, es utilizado como objeto de expiación o como objeto en el que residen y se proyectan las culpas del pueblo de Israel. Por esto y según la tradición cristiana, el macho cabrío encarna algo de lo prohibido o censurado en la comunidad por la autoridad o jefes de tribu. Pero como nos dice el Dr. Alfonso Fernández Tresguerres, en la pasaje que sigue a continuación, la mitología griega es pionera en cuanto a daemonización de lo carnal, o lo carnal como daemon.

El Dr. Alfonso Fernández Tresguerres, de la Universidad de Oviedo, en uno de sus libros publicados nos muestra una conexión que nos interesa entre el Diablo o Satán y Pan y Dionisos:

“Ahora bien, Dios tal vez pudiese haber creado al Diablo de la nada, pero el hombre (que es quien realmente lo ha hecho), no. Y por eso la figura de Satán no surge de la nada, sino del resto de figuras demoníacas presentes en las formas anteriores de religiosidad. Esas figuras confluyen en el Diablo siguiendo dos líneas fundamentales: Ahriman, por un lado, y Dionisos y Pan, por el otro (con la importante asistencia y apoyo, desde luego, de otras entidades divinas y demoníacas).

En realidad, casi podría afirmarse que el Diablo judeocristiano es prácticamente un calco del persa, porque el segundo ámbito al que aparece asociado Satán, esto, la fecundidad y el deseo sexual, son patrimonio también de Ahriman. Sin embargo, en este segundo aspecto, que consolida plenamente la figura del Diablo, más importante que la mitología persa, parece haberlo sido la griega. Satán será enseguida asimilado a todas aquellas divinidades ctónicas o subterráneas que los cristianos seguramente percibían, sin más, como demonios (no olvidemos que, en el peculiar dualismo cristiano, el cuerpo y la materia son el reino del Diablo). Y entre esas divinidades resultan absolutamente claves las griegas: Hermes, desde luego, el dios del falo y mensajero de los dioses (recordémoslo), al igual que lo fue inicialmente Satán; pero sobre todo Dionisos y Pan. A imagen de Dionisos, el Diablo será una entidad cornuda, símbolo de la fecundidad (como lo han sido siempre los cuernos, ya desde el Paleolítico), más bien de la orgía, la lascivia y la vida instintiva. Por su parte, Pan transmite al Diablo el deseo y el impulso sexual sin límite alguno, así como su aspecto cabruno, pezuñas y cuernos incluidos.”

(Alfonso Fernández Tresguerres; Satán. La otra historia de Dios)

De esta forma, contamos con una exposición breve pero verosímil acerca del origen de lo demoníaco. Según lo que recién hemos leído, podemos deducir que el Diablo es producto fundamentalmente de las figuras de Pan y Dionisos, figuras paganas de las que veremos un tanto sus convergencias y divergencias.

Según la mitología griega, Zeus llevó a su hijo Dionisos fuera de Grecia, al país llamado Nisa y allí se lo confió a las ninfas. Además, para impedir que su mujer Hera le reconociese, lo transformó en un cabritillo. Esto suena quizá a los amoríos entre Pan y las ninfas campestres en la novela Dafnis y Cloe de Longo (II siglo d.C.). Ya aquí una semejanza entre Dionisos y Pan.

Aparece la figura de la cabra o cabritillo, tal como es nombrado. Parece que era común en la mitología griega la figura de la cabra, no sólo para celebrar a Pan sino también para narrar historias de Dionisos. Si recordamos en Dafnis y Cloe hay un episodio en el que es raptada la joven Cloe por unos piratas. Ante las súplicas de Dafnis, amante de Cloe, Pan aparece en el barco de los piratas y los atemoriza infundiéndoles pánico, hasta que ellos entienden que el dios quiere la devolución a su tierra de la pastora Cloe. Ahora veamos un poco la relación de los piratas con otra divinidad, esta vez una divinidad olímpica, Dionisos, que es tomada de una vieja leyenda griega:

“Narra otra leyenda que cierto día Dionisos fue raptado por unos piratas que navegaban a lo largo de la costa. El dios se hallaba descansando en un promontorio cuando fue apresado por los piratas y conducido al barco. Pero el piloto, reconociendo en el raptado a un dios, aconsejó a sus compañeros:

-Desembarcadle al punto si queréis evitar grandes males.

Pero los piratas se rieron de él, aunque no por mucho tiempo, pues Dionisos empezó inmediatamente a hacer de las suyas. Primero hizo correr por la cubierta de la nave olas de un vino exquisito que exhalaba un olor embriagador. A continuación vieron trepar por el mástil y enroscarse una viña que comenzó a invadirlo todo con sus ramas, junto a una hiedra fresca y pujante.

Los piratas, aterrados al contemplar tanto prodigio y comprendiendo al fin que el piloto tenía razón, le instaron a que hiciera regresar el barco a la costa.

Pero Dionisio se transformó en un león y creó incluso una osa, con la que sembró el espanto entre los piratas, que corrían aterrados a refugiarse junto al timonel.

Entonces el león saltó sobre el jefe de los ladrones; los demás, al huir, enloquecidos, se tiraron de cabeza al mar, donde fueron transformados por el dios en delfines. Dionisos salvó al piloto por haber reconocido su naturaleza divina.”

Igualmente que en la narración de Dafnis y Cloe, en este caso es sólo el piloto del barco quien descubre o siquiera intuye la naturaleza divina de Dionisos. Ya hemos visto cómo la fecundidad está asociada a Dionisos mientras que el impulso sexual ilimitado está asociado a Pan. Hemos hallado cierta semejanza y diferencia en ambos dioses. No solamente Dionisos es terminado de concebir en el muslo del Gran Padre Zeus sino que al igual que Pan, tiene una conexión con las ninfas que, en el caso de Dionisos se llaman bacantes y en el caso de Pan se llaman así: ninfas. Se cuenta que Dionisos fue criado por Sileno, que:

Era un dios campestre hijo de Hermes o Pan y de una ninfa o Gea, según las diferentes versiones. Indistintamente la versión que se utilice aquí, existe una relación simbólica de parentesco entre los dos dioses implicados; o sea, Dionisos y Pan.

Finalmente, existe una similitud en la forma como la doctrina cristiana fue asimilada en los primeros años de la cristiandad y cómo fue decayendo el fervor en los adoradores de Pan y Dionisos. Recordemos un poco que al principio el pensamiento de Jesús fue censurado por la mayoría, aun cuando los milagros hechos por él nos hablaban de su divinidad. Mientras que el chivo expiatorio fue en el siglo V a.C. un macho cabrío o un novillo, más adelante en tiempos del Mesías, Jesucristo fue quien lo encarnó. Con la figura de Redentor se fundieron la antigua teoría religiosa judía y el revolucionario pensamiento del Señor Jesucristo, enviado divino por excelencia. Lo que ocurrió fue un cambio del objeto en el que recaían los males cometidos por el pueblo. Por ejemplo, según la mitología:

“Se dice que Orfeo introdujo la expiación de los crímenes y el culto de Baco”. (Dioses y héroes de la mitología. Edicomunicación. Barcelona, 1996).

Del culto de Baco o de Dioniso Baquio es que sucede un hecho bien conocido. Se da un sincretismo o asimilación entre los antiguos rituales órficos, báquicos y pánicos con la incipiente promesa cristiana. La figura del diablo va a ser representada desde entonces como un macho cabrío, cornudo y con la corporalidad de los antiguos dioses grecorromanos. Como hubo para los griegos un dios Pan, así también para los romanos Fauno y otras deidades campestres. Pero retomando un poco lo dicho anteriormente hubo un tiempo en que se prohibió el culto a Dionisos así como durante buena parte de nuestra historia lo fue el cristianismo. Pero no hay duda al respecto, los dos cultos arrastraron masas ingentes de personas. Asimismo, los dos se asemejan por empezar con pocos adoradores.

Sócrates Tsokonas (2005)


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