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1ER PREMIO CONCURSO LITERARIO LA PEQUEÑA GRECIA 2016







KAZANTZAKIS
Por Dra. Cristina Tsardikos

“¡Mi alma íntegra es un grito y mi obra íntegra es la interpretación de ese grito!”


NIKOS KAZANTZAKIS, ESCRITOR GRIEGO 1883-1957.



Nikos Kazantzakis, es el filósofo griego de nuestros tiempos.

Su obra, poseedora de una conciencia cultural netamente helénica con impronta cretense, sigue los lineamientos del pensamiento occidental, y define con despiadada claridad, conceptos inherentes a la conducta humana.

Desde el implícito cuestionamiento existencial, busca la respuesta al sentido de la vida y la misión del hombre, desnudando las conductas humanas y las reglas de ética y moral que rigen el comportamiento individual, colectivo y social.

Para ello, Kazantzakis, viaja al interior de la esencia humana, la identifica y despoja de sus ataduras y le indica el camino posible hacia su redención. En ese camino la meta permanente y suprema es lograr la armonía, la libertad absoluta, la superación, es en definitiva la búsqueda y el encuentro con Dios.

En Ascesis escribió:

“Un solo deseo me posee: sorprender lo que se esconde detrás de lo visible, abrir el misterio que me da la vida y me la quita, y saber si una presencia invisible e inmutable se esconde más allá del flujo incesante del mundo”

Dios para Kazantzakis está dentro de cada ser. En el Pobrecillo de Asís dice; “cada hombre, aun el más ateo, tiene en el fondo de sí mismo, en su corazón a Dios”

Una búsqueda, un camino, un grito: la superación en Kazantzakis

Toda su obra está basada en la búsqueda comprometida y permanente de la única verdad posible: la libertad intrínseca del hombre. Una libertad que no existe si el hombre no la busca, y una salvación que no existe si el hombre no la encuentra.

Esta búsqueda es el mayor de los atributos del hombre y la realiza a través de la ascensión permanente del Gólgota de cada existencia.

Utiliza diferentes prismas amplificadores del pensamiento que intentan reconocer a Dios morando en el hombre o al hombre morando en Dios, en un largo camino hacia la libertad, que es la resultante del punto exacto en el que se unen el conocimiento y el reconocimiento de uno mismo. En el lugar de encuentro dice que...

...“Todo hombre tiene un grito que lanzar antes de morir, su grito. Hay que darse prisa para tener tiempo de lanzarlo. Ese grito puede dispersarse, ineficaz, en el aire; puede no hallarse ni en la tierra ni en el cielo un oído que lo escuche; poco importa. No eres un carnero, eres un hombre; y hombre quiere decir algo que no está cómodamente instalado, sino que grita. ¡Grita tú, pues! ¡Mi alma íntegra es un grito y mi obra íntegra es la interpretación de ese grito!”

El grito que clama Kazantzakis es un grito arcaico, de origen visceral, único, personal. Es la identidad del hombre, que como en la mayéutica socrática debe lograr el parto del pensamiento desde la oscuridad a la luz, en la permanente transmutación de la materia original en esencia espiritual. Este grito, en definitiva, es el grito del hombre lanzado en el infinito que reclama la recepción del eco en la raza.

La impronta de Creta, está marcada a fuego en la obra de Nikos Kazantzakis, que poseída por la fuerza del paisaje contagia al lector y lo invita a transitar por los cañadones laberínticos del ser, al son de un *pentozali tan rústico como intenso y fatalmente iluminado por la luz helénica.

Kazantzakis, danza entre sus versos partiendo como un hombre que no cree en nada, que no espera nada, que inicia la larga y dolorosa búsqueda desde la negación absoluta a todo lo preestablecido. Desestabiliza lo preestablecido utilizando la técnica de los opuestos, la tesis enfrenta a la antítesis, la síntesis a la aposíntesis. Formula e intercala cuestionamientos desafiando afirmaciones establecidas. Por el solo hecho de arribar a través de la lógica al pensamiento libre y creador.

El único valor que reconoce es la lucha: subir peldaño por peldaño, para llegar lo más alto posible hasta donde lo conduzcan la fe y la insistencia, hasta la cima del imaginario *Psiloriti, el elevado otero espiritual que le permitirá la mirada abarcativa que denomina “κρητική ματιά”,*mirada cretense*

Esa amplia “mirada cretense” replantea y escrudiña permanentemente, sin vergüenza, sin límite, las reglas humanas de opresión moral, utilizando la rebeldía como único camino ético posible para lograr el anábasis espiritual.

Con una visión cosmoanalítica, abarcativa y extensa, analizará la agonía del hombre en su lucha mortal contra el minotauro que mora en su laberinto interior, donde simultáneamente convive el hombre con la bestia, en una pelea en la que el hombre vence sin matar al toro, y logra que el espíritu domine la carne.

Esta lucha sobrenatural, desigual, asi planteada por Kazantzakis, sugiere una travesía en el tiempo, en un mar mitológico que transporte al hombre y a Dios, náufragos eternos, hacia el destino final común se manifiesta claramente en su obra “la Odisea” de Kazantzakis, un poema de 33.333 versos desarrollada con una admirable riqueza lingüística el camino del anábasis del Ulises homérico, deshaciendo el viaje del nostos del regreso y reformulándolo hacia una nueva búsqueda del destino final.

En esta Odisea contemporánea, Ulises ha regresado a Ítaca, ha matado a los pretendientes de Penélope, ha recuperado el reino y desde lo alto de un monte se sienta a contemplar su vida: una vida vacía, sin sobresaltos, sin metas, sin proyectos ni complicaciones. Atrás quedaron las hazañas y la agonía del viaje de regreso… Todo es absolutamente previsible, y sofocante. Vivir en Ítaca no tiene sentido, el desencanto y el hastío son devastadores. Kazantzakis encarna en este Ulises que decide abandonar la comodidad del hogar y volver al mar contra el que lucha por sobre los designios de los dioses, una vez más.

Los vientos, que en otras obras como Alexis Zorbas, están representados por la locura, lo llevan a diferentes lugares y épocas, conoce religiones y culturas diferentes, rapta a Helena, genera una revolución, construye una ciudad que luego destruirá un cataclismo. Conoce a Lenin, a Don Quijote, a Cristo. Es marino, guerrero y asceta. Su travesía en busca de la libertad culmina en el polo, sobre un bloque de hielo que se transforma en la barcaza de Caronte, que lo conduce a la única morada absoluta: la muerte.

El viaje de este Ulises es el desafio del espíritu en rebelión constante, y la nueva travesía de este viajero errante, configura la parábola de la existencia humana que transcurre entre dos abismos: el nacimiento y la muerte.

"Venimos de un abismo oscuro, terminamos en un abismo oscuro. Al espacio de luz entre esos dos abismos lo llamamos Vida.

Asi como nacemos, comienza nuestro regreso, al mismo tiempo, el inicio y el regreso, en cada instante morimos. Por eso muchos dijeron, el objetivo de la vida es la muerte.

Pero tambien, así al nacer, comienza el intento de crear, de componer, de transformar la materia en vida, en cada minuto nacemos. Por eso muchos dijeron: La misión de la vida efímera es la inmortalidad…

En nuestra corporalidad temporal, estas dos corrientes luchan: la ascendente, hacia la composición, la vida, la inmortalidad, y la descendente, hacia la descomposición, hacia la materia, hacia la muerte” (Ascética, Salvatori Dei).

El motivo del viaje (la vida) es la exploración, la desmembración de la realidad con todos los sentidos alertas hasta el último segundo de vida.

Esto es la libertad: no conformarse con haber logrado el triunfo; sino la incansable búsqueda de emociones y razones, que dignifiquen nuestra trayectoria por la vida.

Dios, el hombre, el sinónimo de “libertad” en Kazantzakis

“Le dije a un almendro: Háblame de Dios! Y el almendro floreció”

(El pobrecillo de Asís)

La naturaleza toda encierra una parte de espíritu y depende de Dios. Para él, la simple hoja de un árbol lleva en sí  todo cuanto es el universo, testimonio del milagro de la creación toda.

Si el hombre es dueño y artífice de su vida, y a la vez morada divina, es él quien debe encarnar el bien, y por lo tanto es suya toda responsabilidad ética.

Si Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, entonces la representación figurativa de la imagen divina se asemejara morfológicamente y en espejo al alma del hombre, un alma que busca alcanzar lo imposible, que insiste en desafiar el limite impuesto, en traspasar la frontera invisible de la naturaleza humana en si, desde el cuestionamiento permanente, pone a prueba a Dios y al hombre, en igualdad de condiciones.

Para los griegos la palabra que define al hombre es άνθρωπος, (ánthropos), el que mira desde arriba, con mirada contemplativa, de pie, se yergue sobre la bestialidad y el instinto animal para tener una vision amplia e inteligente.

Su conciencia, es lo que lo diferencia del resto de los seres vivos. La conciencia de saberse creado para la libertad y no sólo para la subsistencia.

En Zorba, distingue tres tipos de hombre:

-Los que eligen por meta vivir su propia vida, como ellos dicen: comer, beber, amar, enriquecerse y convertirse en célebres,

-Después, los que eligen no su propia vida sino la de todos los hombres, y que sienten que todos los hombres solo hacen uno y se esfuerzan en iluminarlos, amarlos como ellos puedan y hacerles el bien.

-En fin, existen otros cuyo objetivo es vivir la vida del universo entero, todos, hombres, animales, plantas, astros y nosotros solo hacemos, solo hacemos una misma sustancia que conduce al terrible combate: ¿Cuál combate? Transformar la materia en Espíritu.

Y en Carta al Greco, define los tres tipos de alma en diálogo con Dios

- Señor, un arco soy en tus manos, estírame si no, me pudriré.
- Señor, no me estires, me romperé
- Señor, estírame aunque me rompa

En sus pensamientos, surge una trilogía divina inseparable.


“DIOS-HOMBRE-LIBERTAD”


Un único camino posible: la ascensión,

y una misión: la superación

El hombre siempre debe luchar, superarse para acceder a Dios, es decir, alcanzar la libertad absoluta.

En “Carta al Greco”, precisa el escritor:

"Tenemos el deber, más allá de nuestras preocupaciones personales, más allá de nuestros hábitos cómodos, de fijarnos un objetivo por sobre nosotros mismos, y esforzarnos por alcanzarlo, desdeñando las risas, el hambre y la muerte. No sólo alcanzarlo. Un alma altiva cuando alcanza su objetivo, lo desplaza aun más lejos. No alcanzarlo, sino no detenernos nunca en nuestra ascensión. Es el único medio de dar nobleza y unidad a la vida".

La libertad para Kazantzakis significa primero ausencia de temor y de esperanza. El hombre no debe tener temor del perfeccionamiento personal y de la vida futura. No puede esperar nada de los hombres; no debe buscar recompensas y honores. Este es el aspecto más importante de su pensamiento y no es una casualidad que figure sobre su tumba el siguiente epitafio:

"¡No espero nada, no temo nada, soy libre!"

Él busca ser liberado de todas las supersticiones; las trabas, de la religiosidad impregnada del miedo, del castigo, de la subordinación espiritual y moral, coercitiva, y ejercida por las leyes éticas que impusieron algunos hombres que creen en un Dios del castigo y del horror. Es un mensaje de liberación y de libertad.

La concepción de la divinidad en Nikos Kazantzakis, no acepta fisuras ni condicionamientos ni concesión alguna, siente la preocupación constante por la conservación de la sublime obra divina. Es la idea permanente de sentirse parte y protagonista de la obra de Dios, de la vida. en definitiva de llevar a Dios en uno mismo y protegerlo.

Si por algo es conocido Kazantzakis es por algunas de sus obras como “La última tentación de Cristo” o “Cristo de nuevo crucificado” en las que manifiesta su interés casi obsesivo por la figura de Jesús de Nazaret no desde un plano religioso, sino como la tragedia del hombre en Cristo, con todas sus limitaciones y necesidades, llamado sin quererlo a una misión que claramente le excede y que le llena de remordimientos y de frustraciones. Esa postura de agitada espiritualidad y de un perfecto revisionismo religioso universal, le genera problemas con la Iglesia.

En el prefacio de La última tentación, Kazantzakis escribió a propósito de Cristo:

"Es necesario que podamos seguir a fondo, conocer su combate, que vivamos su agonía; que sepamos cómo desbarató las trampas floridas de la vida; cómo sacrificó las grandes y pequeñas alegrías del hombre; cómo subió, de sacrificio en sacrificio, de proeza en proeza, hasta la cima de la prueba, hasta la Cruz. Nunca seguí con tal intensidad, con tal comprensión y amor la vida y la Pasión de Cristo, como a lo largo de esos días y esas noches cuando escribía La última tentación. Al escribir esta confesión de la angustia y de la gran esperanza del hombre, estaba yo tan conmovido que mis ojos se llenaban de lágrimas; no había sentido nunca la sangre de Cristo, con tanta dulzura y tanto dolor, caer gota a gota a mi corazón".

Kazantzakis no es un teólogo, es un escritor, un pensador, un filósofo. Como un niño juega con Dios a las escondidas y al descubrimiento. lo deja indefenso y al desnudo varias veces e intenta reconocerlo en los múltiples rostros tras los cuales se esconde:

Nos dice en Carta al Greco:

"El rostro más visible de la desesperación es Dios; el rostro más visible de la esperanza es Dios".

“Dios no tiene nombre, no entra Dios en un nombre, un nombre es cárcel y Dios es libre”

como lo es la obra de Nikos Kazantzakis: Un canto a la libertad, un canto a la vida, un canto al hombre. Al que desafía a vivir la vida con intensidad, dignidad y en búsqueda permanente de la superación para como él dice, crear tu solo, con tu propia fuerza un mundo que no avergüence a tu corazón. Asumir como propia toda la responsabilidad.

Para ello, les dejo una pequeña cita de Carta al Greco,


- Abuelo amado, dame una orden.

Mi abuelo sonrió y puso la mano sobre mi cabeza, y no era una mano sino un fuego. Y ese fuego llegó hasta las raíces de mi espíritu. Mi abuelo, entonces, me dijo: Llega hasta donde puedas, hijo mío...

Abuelo, grité entonces, dame una orden más difícil, más cretense. Y bruscamente, no bien lo había dicho, una llama desgarró el aire silbando, el antepasado indómito de cabellera entrelazada con raíces de tomillo desapareció de mi vista. Sólo quedaba en la cumbre una voz hecha para ordenar y que hacía temblar el aire. Y me dijo, potente: ¡Llega hasta donde no puedas!".


Dra. Cristina Tsardikos
Presidente Sociedad Internacional Amigos de Nikos Kazantzakis
(SIANK, sección Argentina)
siankargentina@gmail.com



2DO PREMIO CONCURSO LITERARIO LA PEQUEÑA GRECIA 2016

LOS MISTERIOS EN LA ANTIGUA GRECIA



Misterios eleusinos


En la antigua Grecia nunca dejaron de lado los Misterios filosóficos y sobrenaturales que fueron la base de sus dogmas. De ellos entresacamos aspectos ocultos de una doctrina denominada esotérica para los eruditos, con unas enseñanzas de mayor profundidad y sentido para los que son capaces de penetrar en la esencia de las cosas. La gran religión de Grecia ofrecía un amplio abanico tanto para sus neófitos como para personas con un desarrollo superior. En otras palabras, había dos marcos de actuación bien definidos: uno público o exotérico, comprensible para todos; y uno secreto o esotérico, comprensible para los iniciados.

Hay que mencionar que en los antiguos Misterios había  pocas ceremonias inmorales u obscenas. Es cierto que hay algunas clases de Misterios relacionados con el culto a Baco y las festividades populares, que en los últimos tiempos del paganismo degeneraron obscenamente, pero que no tenían nada que ver en absoluto con los Misterios de Eleusis. Por lo tanto, hay que destacar dos clases de misterios: los misterios mayores y los menores. La mayoría de las personas tenían conocimientos de la existencia de los misterios menores, ya que estaban al alcance del pueblo;  también se conocían, a menor escala, los misterios mayores que guardaban determinadas enseñanzas para algunos privilegiados, como por ejemplo los misterios que seguían sigilosamente los pitagóricos (para saber más sobre los pitagóricos, pincha en el siguiente enlace: pitagorismo).

Por esta razón, los Misterios de Eleusis tenían dos ceremonias: por un lado, los misterios menores se celebraban en el mes de marzo. Los sacerdotes purificaban a los suplicantes para la iniciación. Sacrificaban un cerdo a Deméter y entonces se purificaban a sí mismos; por otro lado, los misterios mayores tenían lugar en el mes de septiembre y duraban nueve días. El primer acto de los misterios mayores era el traslado de los objetos sagrados desde Eleusis hasta el Eleusinion, un templo en la base de la Acrópolis de Atenas.

Cualquiera de los atenienses o de los demás griegos que lo desea es iniciado. (Heródoto 8.65. 4)

No obstante, sea cual fuere la envergadura de los misterios (eleusinos, pitagóricos, órficos, etc.), la palabra misterios menciona la atracción de lo secreto y la promesa de aportar las respuestas existenciales de la vida. Éste era el elemento principal. Otro elemento muy común es el de que las religiones de los misterios procedían de la antigüedad tardía con una destacada influencia de Oriente, Egipto y Mesopotamia. Por ejemplo, Dionisio fue destrozado y despedazado, igual que Osiris por los egipcios; también hay un paralelismo entre Atenea, que salvó el corazón de Dionisio insuflándole de nuevo vida, e Isis, en Egipto, al recoger los miembros de Osiris que Seth, dios de la fuerza bruta de la naturaleza, había esparcido por la tierra, y los volvió a juntar.

Cabe recordar que los misterios de la antigüedad pagana, el culto de Eleusis, floreció sin interrupción desde el siglo VI a.C. hasta el siglo IV d. C. Cuando se menciona que Eleusis era espiritual, se refiere a  un cambio fundamental en la actitud religiosa, en búsqueda de una espiritualidad superior. Esta visión le daba al individuo la Vía de la salvación. La iniciación en Eleusis no suponía la adhesión a una religión en el sentido que nos es familiar, aunque puede haber ciertos perfiles comunes con el judaísmo, cristianismo y el islamismo.

Los misterios de Eleusis estuvieron dedicados a Deméter y a su hija Perséfone, conocida también como Core (la Doncella). Estos misterios estaban organizados por la polis de Atenas. Tuvieron un gran prestigio literario lo que aseguró su fama y su continuidad. El famoso mito describe a Deméter buscando a Core, que había sido raptada por Hades, el dios del inframundo. Finalmente, Core regresa sólo por un periodo de tiempo limitado a Eleusis. En resumen, los atenienses celebraban el gran festival de Otoño, los Mysteria. La procesión recorría de Atenas a Eleusis y culminaba con una celebración nocturna en la sala de iniciaciones, el telesterion, albergando a miles de iniciados, donde el hierofante revelaba las respuestas sagradas. Había dos dones que Deméter concedía: el trigo como base de la vida civilizada, y los misterios que guardaban la promesa de las mejores esperanzas para una vida futura más feliz y próspera. El iniciado recibía el don de la eterna bienaventuranza en el más allá en su camino sagrado al otro mundo. Además, se le otorgaba el sentido de ver en su interior la contemplación de la verdad. Para ampliar más información sobre los Misterios de Eleusis, os recomiendo este enlace: Eleusis.

En síntesis, los misterios son una forma de religión personal, llevado al plano más íntimo, donde se busca una dimensión espiritual más profunda que depende de una decisión privada con el fin de aspirar a alguna forma de salvación. También existe otra forma de religión personal, muy elemental y extendida, que constituye otra vertiente para la práctica de los misterios: la “religión votiva”. Es decir, la que practican aquellas personas que están enfermas, en peligro o en cualquier tipo de necesidad y, a la inversa, aquellos que alcanzan cualquier clase de beneficio, realizando promesas a los dioses y normalmente las cumplen ofreciendo donaciones, promesas, más o menos valiosas.

Un ejemplo que sintetiza mis palabras es el miedo a la muerte. El miedo a la muerte es un hecho de la vida inevitable, un cordón común que nos une a todos los seres humanos. Cuando uno ve la muerte de cerca, aparece el miedo y la preocupación por cosas que no se pensaban antes. No reflexionamos sobre los acontecimientos hasta que nos toca. Por eso, cuando se llega al último escalón de la vida terrenal, uno piensa que algún tipo de purificación u oración le ayudará. Una vez limpiado su interior, creen que continuarán en el Hades sin que las sombras o la oscuridad le acechen. De este modo, los misterios eran la llave maestra para una vida futura de promesas y de paz. La raíz intrínseca de los misterios podía dividirse en dos líneas: curaciones e inmunizaciones, por un lado; y supuesta beatitud después de la muerte, por otra.

Entre los pitagóricos, la metempsicosis se presenta como la principal novedad en conexión con una auténtica vida ascética; en el orfismo, el culto fue, en lo esencial, a Dionisos como dios del inframundo, del que se esperaba la purificación de las almas y su beatitud final. Los órficos practicaban una vida de asceta muy rigurosa, bien su adherencia fuera por una preocupación del más allá, bien por un sentimiendo de pecado interior que tenían que purificar, perpetrada por una idea de culpa, las opiniones sobre el mal y una vida pesimista. La iniciación órfica debió de ser un misterior privado, ya que no se practicaba en el templo y con ninguna ceremonia popular como la de Eleusis. Más adelante los órficos se fusionarían con los pitagóricos hasta que estas corrientes desembocaron en el neoplatonismo.

Orfeo, cuyo nombre significa “el que cura con la luz” fundó los Misterios de Dionisio y difundió su culto. Dionisio representa el Yo cósmico que fue destrozado y despedazado (Ver siguiente enlace: Titanes) por los Titanes o fuerzas de la naturaleza. Atenea, la sabiduría divina nacida del pensamiento de Zeus, salvó su corazón y le devolvió a la vida entregándoselo a Zeus. De los vapores del cuerpo destrozado de Dionisio que arde en la pira nace la humanidad, caída y sin corazón, que custodia Zeus, y que se puede pues alcanzar por medio de Atenea, la sabiduría: así nacen los genios y los héroes, según afirma Orfeo. Asimismo, Orfeo despertó el sentido de la divinidad con su lira de siete cuerdas, que simbolizan el saber vibrar en las siete notas fundamentales del universo, las cuales, en música, corresponden a las siete notas musicales, en el hombre a los siete chakras principales, mientras que en el sistema solar corresponden a los siete planetas sagrados tradicionales.

Por último, aprovecho para recordar que había dos divisiones muy definidas con respecto a los dioses: los dioses del Olimpo (Zeus, Hera, Apolo, Atenea, etc.) y la de las divinidades ctónicas o infernales (Deméter, Perséfone, Hécate, Hades, etc.). Cabe destacar que las divinidades ctónicas son las que atañen a  las profundidades interiores del alma y que con sus Misterios te introducen en sus secretos (Misterios menores).

Y en las cuatro grandes divinidades se simbolizan los elementos principales: Zeus, el aire, que corresponde a los sentimientos humanos; en Poseidón el agua, que corresponde en el hombre a la sangre; en Hades la tierra, que corresponde a la conciencia del Yo, que está también escondida en la tierra y oculta en el hombre no despertado; Hefesto, el fuego, que corresponde con la purificación y el cambio en el interior en el hombre.

ALEJANDRO MIÑANO (http://animasmundi.wordpress.com/)

3ER PREMIO CONCURSO LITERARIO LA PEQUEÑA GRECIA 2016


POEMA EN HONOR A LOS MARINOS GRIEGOS DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA

César Augusto Villamayor Revythis





MENCIÓN DE HONOR CONCURSO LITERARIO LA PEQUEÑA GRECIA 2016



ENVÍO PARA LA PEQUEÑA GRECIA

Por Profa. Marisa Cravino



Muchas son las cosas que la cultura occidental en general y los argentinos en particular heredamos de los griegos. Palabras, costumbres, comidas, conocimientos…. La lista es inagotable.

En el recientemente pasado julio de 2016 en mi país, la República Argentina, se celebró el Bicentenario de nuestra Independencia. La Independencia es, sin dudas, uno de los tesoros más grandes que pueda tener una Nación. La misma fue declarada en la provincia de Tucumán tras un proceso de varios años de idas y venidas, de acuerdos y desacuerdos. Los hombres que tuvieron en sus manos tan importante responsabilidad son recordados como grandes héroes y considerados ejemplos de patriotas.

Pero en este acontecimiento tan relevante para mi país y para mí como argentina, no solamente han participado hombres nacidos en esta amada tierra. Algunos héroes de la Independencia Argentina tenían otro origen. Me refiero en esta oportunidad al teniente de marina Pedro Samuel Spiro y al coronel de marina Nicolás Jorge Kolmaniatis, quienes fueron comandantes extranjeros del almirante Guillermo Brown desde la creación de la Armada al servicio de la Revolución Independentista en el Río de la Plata.

Pedro Samuel Spiro nació en la Isla de Hydra, Grecia, a fines del siglo XVIII. Hydra es una pequeña isla griega localizada en aguas del golfo Sarónico, en el mar Egeo, al sur de Atenas. Llegó a Buenos Aires, la entonces capital de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, junto a su hermano Miguel Teodoro Spiro. Al estallar la Revolución de Mayo de 1810 se puso al servicio de la causa patriota.

También oriundo de la Isla de Hydra, Giorgos "Jorge" Kolmaniatis, llegó a las Provincias Unidas del Rio de la Plata en 1811, contribuyendo fuertemente en la Guerra de la Independencia Argentina integrando la flota recién formada y liderada por el anteriormente nombrado Pedro Samuel Spiro.

Los marinos Pedro Samuel Spiro y Nicolás Jorge Kolmaniatis combatieron junto al almirante Guillermo Brown contra las escuadrillas realistas de Montevideo que controlaban en ese momento el Río de la Plata y sus afluentes. En 1814 el comandante de la escuadra Guillermo Brown enfrentó en aguas de Martín García a las flotas españolas. Durante esta acción la Hércules, nave capitana de Brown, varó, quedó a merced del fuego enemigo y fue abandonada por sus consortes, excepto por la pequeña Carmen de Spiro que avanzó para proteger a su barco insignia.

En el marco de su cuadragésimo quinto viaje de instrucción de guardiamarinas, la fragata Libertad, buque escuela de la Armada Argentina, llegó el 3 de septiembre de este año 2016 al puerto griego del Pireo. El 8 del mismo mes, la tripulación completa se dirigió a la Isla de Hydra, en donde rindió homenaje a estos dos valerosos marinos griegos que, hace dos siglos, expusieron lo más valioso que tenían, su vida, para luchar por la Independencia de la Nación que les dio cobijo.

La embajadora argentina Carolina Pérez Colman, autoridades y funcionarios griegos les dieron la bienvenida. Los homenajes se llevaron a cabo frente al monumento erigido en 1938 en la parte oriental del puerto de la Isla.

El diccionario dice que Patria es

“la tierra natal o adoptiva que está ligada a una persona por vínculos afectivos, jurídicos y/o históricos”. Patria no es, por tanto, necesariamente, el lugar en el que uno nació sino también el lugar que uno elige para vivir y para morir. Es la tierra en la que uno trabaja, lucha y construye un futuro mejor cada día. Spiro y Kolmaniatis dejaron por alguna razón su tierra natal, Grecia, para instalarse en Argentina y adoptarla como Patria, al punto de luchar por su Independencia hasta la muerte. Su lucha nos une a griegos y argentinos como pueblos ansiosos de vivir en libertad y de llevar esta lucha más allá de los límites del lugar donde nacimos. Porque la Libertad es un sentimiento que nos une y nos hermana.

Otro ítem más en la lista.