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San Nicolás El Taumaturgo - El Milagroso



Presentación Gráfica

Iconografía



San Nicolás el Taumaturgo, es un Santo muy venerado por los cristianos ortodoxos. Él por su amor y su entrega al Señor recibió la gracia de ayudarnos rápidamente con el poder del Espíritu Santo en los momentos más difíciles.


Biografía

Nació en Asia Menor, desde su temprana edad era muy piadoso. Su tío, el obispo de Pátara viendo la fe del joven lo ordenó sacerdote.

Después de la muerte de sus padres el Santo heredó una gran fortuna la cual la puso al servicio de los necesitados. Él trataba de ayudar los necesitados en forma anónima, para que no se lo agradecieran. En la ciudad de Pátara vivía un hombre rico, quien tenía tres hijas. Cuando sus hijas crecieron, su padre perdió sus negocios y se le ocurrió la mala idea de utilizar la belleza de sus hijas para conseguir los medios de la vida. El Santo supo sobre sus planes y decidió salvarlos. Se acercó en la noche a su casa y tiró por la ventana una bolsita con monedas de oro. Cuando él encontró la bolsita casó a su hija mayor, dándole una buena dote. Poco tiempo después tiró la segunda bolsita con monedas de oro y con esta plata caso su segunda hija. Cuando el Santo tiró la tercera bolsita para la hija menor, el comerciante lo esperaba. Arrodillándose delante del Santo, él le agradecía llorando por la salvación de su familia del tremendo pecado y deshonor. Después el comerciante mejoró sus negocios y empezó a ayudar a otros imitando a su benefactor.

El Santo quiso visitar los Lugares Santos. El viaje con el barco fue tranquilo, pero el Santo supo por revelación divina que encontrarían una tormenta y lo dijo a sus compañeros de viaje. Y pronto empezó la tormenta y la nave se convirtió en un juguete de las olas. Sabiendo que él era sacerdote todos le pidieron rezar y con las oraciones del Santo el viento se calmó y todos se salvaron y cuando uno de los tripulantes se cayó y murió con la oración del Santo resucitó.

Después el Santo pensaba irse al desierto y vivir lejos en soledad. Pero el Señor le indicó que lo necesitaba en el mundo y obedeciendo regresó a su patria para servir a la gente.

No queriendo vivir en la ciudad donde la gente lo conocía y lo elogiaba, el Santo se fue a la cercana ciudad de Mira que era la sede episcopal. San Nicolás vino como un pobre. Amando la Iglesia él iba todos los días. En aquel tiempo falleció el obispo de la ciudad de Mira y todos los obispos se reunieron para elegir al sucesor. No se ponían de acuerdo hasta que uno de ellos aconsejó: “El Señor Mismo debe mostrar Su elección. Recemos, ayunemos y esperaremos la decisión de Dios.” El Señor reveló al obispo que aquel quien entrara primero a la Iglesia debía ser el obispo. El obispo comentó a los otros obispos la revelación y antes de la Divina Liturgia se paró en la entrada esperando al preferido del Señor. Según su costumbre Nicolás entró primero para rezar. Cuando el entraba el obispo le dijo que le acompañara. Le tomó la mano y le comunicó la voluntad del Señor, ser el obispo de Mira. El Santo obedeció a voluntad del Señor y olvidándose de sí mismo, se convirtió en el padre de los huérfanos y de los pobres, defensor de los ofendidos y benefactor de todos. Fue una persona de carácter suave, no se enojaba, se vestía con ropa sencilla y comía una vez por día.

Cuando empezó la persecución del emperador Diocleciano (284-305) el Santo fue encarcelado. En la cárcel con sus palabras y su ejemplo fortalecía a los otros cristianos que sufrían junto con él. Pero el Señor no quiso que él muriera como mártir. El nuevo emperador San Constantino fue bueno con los cristianos y les dio el derecho de expresar abiertamente su fe.

Así el Santo regresó a su obispado. Es difícil enumerar a los que ayudó y los milagros que hizo. Entre otros milagros cuando en su obispado empezó una severa hambruna el Santo se presentó en un sueño a un comerciante, quien estaba en Italia con su barco comprando pan, trigo, y comida, el Santo le entregó en su sueño monedas de oro y le ordenó navegar hacia su ciudad y traerle la comida. Al despertarse el comerciante capitán, viendo en sus manos las monedas de oro se asustó y para cumplir lo que le ordenaba el Santo, trajo la comida al país hambriento del Santo, contando a todos la visión milagrosa que lo trajo hasta su región.

En aquella época en la Iglesia había disturbios a raíz de la falsa herejía de Arrio, que negaba la Divinidad del Señor Jesucristo. Para apaciguar a la Iglesia, el emperador San Constantino llamó al primer Concilio Ecuménico en Nicea, el año 325. Entre los 318 santos obispos asistió también San Nicolás. El Concilio Ecuménico condenó al arrianismo y fueron compuestos los primeros siete artículos del Símbolo de nuestra Fe, en el cual se expuso en palabras exactas la fe ortodoxa, la fe en el Señor Jesucristo, quien es el Hijo de Dios, tiene la misma naturaleza de Dios Padre y no es su mejor criatura. Durante los debates del Concilio, cuando San Nicolás escuchó las blasfemias del Arrio, se indignó tanto que le dio una bofetada delante de todos. El Concilio le retiró su cargo como obispo por violar el orden. Pero algunos obispos tuvieron una visión en la cual veían al Señor entregando a San Nicolás el Evangelio y la Madre de Dios lo cubría con Su velo. Todos los obispos del Concilio comprendieron que el arrianismo era desagradable a Dios y devolvieron su cargo a San Nicolás.

En otros milagros del Santo, el emperador condenó, a raíz de una falsa denuncia, a muerte a tres jefes militares. Acordándose de los milagros de San Nicolás, ellos le pidieron que les ayudara. Después de rezar, el Santo se presentó en un sueño al emperador ordenándole dejar en libertad a sus fieles servidores, en caso contrario sería castigado. "¿Quién eres tú que te atreves a exigirme algo así? le preguntó el emperador, Soy Nicolás, el obispo de Mira le contestó el Santo. Y el emperador revisó el caso y con honor dejó en libertad a los jefes militares.

Una vez navegaba un barco de Egipto a Libia. Se levantó una gran tormenta y el barco estaba a punto de naufragar. Algunos se acordaron de San Nicolás y en sus oraciones le pidieron ayuda. Y vieron que el Santo llegó apurado sobre el mar enfurecido, sube al barco y toma el timón. La tormenta se calma y el barco llega bien al puerto.

San Nicolás falleció siendo anciano. Pero con su muerte no se terminó su ayuda, por el contrario se incrementó. Desde entonces él es quien ayuda rápidamente a todos los que están en peligro y le piden rezando. Hay muchos libros sobre su ayuda y el amor de los ortodoxos sigue aumentando.

 ¡Con cariño para ti, sobrino!