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EL IMPERIO BIZANTINO


IES SIERRA DE GUADARRAMA DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES (2º ESO) 

TEMA 4: EL IMPERIO BIZANTINO

Cuando en el año 395 Arcadio se hizo cargo del Imperio Romano de Oriente supo mantener su autoridad y defender sus fronteras del ataque de los bárbaros, mientras que en Occidente, más pobre y debilitado, los pueblos germánicos entraron con facilidad. El imperio de Oriente, rebautizado como Imperio Bizantino sobrevivirá hasta el 1453, cuando los turcos toman la ciudad de Constantinopla. A pesar de su longevidad, o quizá debido a ella, su desarrollo no fue uniforme y se alternaron momentos de esplendor con otros de crisis políticas y religiosas.

El Imperio Bizantino, superviviente y heredero del antiguo Imperio Romano, se convertirá en el cruce de caminos entre Oriente y Occidente, entre Asia y Europa, y su capital, Constantinopla en el punto de conexión del mar Mediterráneo y el mar Negro. Este cruce de caminos entre dos mundos, permite que la civilización bizantina sintetice elementos cristianos, orientales, griegos y romanos. Como herederos del Imperio romano, mantuvieron ciertos aspectos sociales y administrativos y, como herederos de la cultura griega, el griego se convierte en la lengua oficial y la cultura griega en la base de su civilización. El cristianismo se convirtió en un elemento fundamental de la sociedad bizantina, aunque sus discrepancias con la Iglesia de Roma provocaran su desvinculación del Papado. En cuanto a los elementos orientales, la cercanía a Asia, le permite la introducción de elementos culturales y científicos procedentes de los persas y los árabes.

Territorialmente ocupó los Balcanes, Grecia, Egipto y Asia Menor, aunque estos territorios aumentaron en la llamada Edad de Oro, con Justiniano (527-565 d. C.) como cabeza del Imperio. Una de las razones que explican la larga duración del Imperio Bizantino es su sólida organización política y el hecho de que la autoridad del emperador procedía de Dios y, por consiguiente, en teoría no podía ser discutida. Por este motivo, la ceremonia de coronación se realizaba en la iglesia de Santa Sofía y, posteriormente todos los súbditos le prestaban juramento de fidelidad. Los símbolos de su autoridad eran la clámide (capa corta y ligera que usaban los griegos) y la corona, y el color que se le reservaba era el púrpura. A partir del s X, los zapatos rojos fueron considerados el signo más importante del poder.

El emperador bizantino, tiene un poder absoluto, es la cabeza del Imperio y su único administrador, ya que era el jefe del ejército, de la administración y además, jefe religioso. Aunque en su origen es un emperador romano, poco a poco fue tomando elementos que le llevan a aparecer como un poder oriental. La monarquía bizantina tenía un carácter cesaropapista —uno de los títulos del emperador era Isapóstolos ('Igual a los Apóstoles'), y ciertas prerrogativas de su cargo remiten al Rex sacerdos ('Rey sacerdote') de la monarquía israelita-. El emperador es un soberano de derecho divino, y ese carácter sagrado hace que se le represente siempre rodeado de una aureola, como los santos, a los que se les realizaba culto, de manera que cuando aparece sus súbditos le perfuman con incienso y se arrodillan ante él. El emperador Heraclio (610-641) abandona el título de emperador romano, para conservar únicamente el de Basileus griego. Al mismo tiempo, como monarca cristiano, recibe la corona del patriarca de Constantinopla. El emperador y el Patriarca tenían una relación de mutua dependencia, ya que si bien el emperador designaba al Patriarca, era éste el que sancionaba su acceso al poder mediante la ceremonia de coronación.

Para ejercer su poder se apoya en dos grandes pilares: el palacio imperial y el ejército. Una extensa red de funcionarios especializados y con una gran formación intelectual, se encargaban de cobrar los impuestos y hacer cumplir sus órdenes en todo el territorio, dividido en provincias dirigidas por un estratega. Además, Bizancio contaba con un importante cuerpo diplomático que se encargaba de las relaciones con otros pueblos y de mantener informado al emperador. Y, por supuesto, disponía de un poderoso ejército al que pagaba regalando tierras fronterizas, themas, a los soldados. De esta manera los soldados defendían algo que era suyo, frenando de esta manera el avance de los pueblos invasores. “[…] Si bien los bizantinos preferían la diplomacia a la guerra, podían, cuando era preciso, hacer la guerra muy científicamente… Mientras que sus enemigos se lanzaban a la batalla sin ningún orden, los bizantinos movían su infantería y su caballería por medio de maniobras complejas y ordenadas. Al ejército le seguía multitud de auxiliares: sirvientes, exploradores, cuerpo de “ambulancias” que recogía a los heridos y el botín, etc. Había incluso un servicio de información, la “oficina de los bárbaros”, que contenía informes sobre los sarracenos, los turcos y los búlgaros que rodeaban el Imperio[…]”

Cada emperador tenía la potestad de elegir a su sucesor, al que asociaba a las tareas de gobierno confiriéndole el título de césar (nuestro actual príncipe). En algún momento de la historia de Bizancio llegó a haber hasta 5 césares simultáneos. El sucesor no era necesariamente hijo del emperador, en muchos casos la sucesión fue de tío a sobrino, en otros llegaron al poder al ser proclamados emperadores por el ejército, o gracias a las intrigas cortesanas, a veces aderezadas con numerosos crímenes.

El ejército bizantino fue durante siglos el más fuerte de Europa. La superioridad naval de Bizancio le proporcionó el dominio del Mediterráneo oriental hasta el siglo XI, cuando empezó a ser sustituida por el incipiente poder de algunas ciudades-estado italianas, en especial Venecia. En un primer momento existían dos tipos de tropas: los limitanei (guarniciones de frontera) y los comitatenses. A partir del siglo VII el Imperio fue organizado en themata, divisiones tanto administrativas como militares dirigidas por un strategos, cuya existencia mejoró sustancialmente la capacidad defensiva de Bizancio frente a sus numerosos enemigos exteriores. En la defensa de Bizancio jugó un importante papel la hábil diplomacia de sus emperadores. Los pagos de tributos mantuvieron mucho tiempo alejados a los enemigos del Imperio, y su servicio de espionaje logró salvar situaciones que parecían desesperadas. El arte de la estrategia alcanzó un gran auge en época bizantina, e incluso varios emperadores, como es el caso de Mauricio escribieron tratados sobre el arte militar. Estas doctrinas ensalzaban el sigilo, la sorpresa y el liderazgo de los comandantes.

El emperador bizantino más importante y conocido es Justiniano. Adoptado por su tío, destacó primero como cónsul y general. En el 527 se convirtió en emperador, heredando una difícil situación política y social que provocó una fuerte revuelta popular (532) Una vez sofocada inició una serie de reformas y campañas militares que hicieron de su reinado la época de mayor gloria y esplendor militar y económico de todo el Imperio. Intentó recomponer el Imperio romano conquistando diversos territorios en el Norte de África, península Itálica e, Ibérica. Pero su dominio fue corto, en la segunda mitad del s VI los lombardos les arrebataron el norte y centro de la península Itálica, a comienzos del s VII los visigodos los expulsaron de la península Ibérica y a lo largo de los s VII y VIII los musulmanes conquistaron Siria, Palestina y toda la costa mediterránea africana.

En el s X Bizancio vivió otra etapa de esplendor, conocida como la “segunda edad de oro”. Pero duró poco, en el s XI se produjo una crisis religiosa, el Cisma de Oriente, que aceleró la decadencia de Bizancio. A partir de este momento sus fronteras fueron sucesivamente atacadas por persas, árabes, húngaros, … y su territorio fue reduciéndose paulatinamente. A comienzos del s XII se vivió una “tercera edad de oro”, pero las guerras civiles y los ataques turcos fueron reduciendo la extensión del imperio hasta que la ciudad de Constantinopla fue tomada por el sultán Mehmet II, jefe de los turcos otomanos, en el 1453. Con la formación del Imperio turco, Constantinopla (antigua Bizancio) fue rebautizada con el nombre que aún conserva, Estambul.

La larga supervivencia del Imperio Bizantino se debió fundamentalmente a su superioridad económica y a su desarrollo urbano. Aunque la agricultura, de régimen latifundista fue su principal base económica, su situación estratégica y su condición de gran urbe lo convirtieron en el mercado del mundo. El comercio bizantino era fundamentalmente un comercio de lujo, basado en el trasiego de las especias, la seda y otros productos provenientes de Asia que luego eran vendidos en occidente con grandes beneficios. Su moneda, el sólido, fue la más utilizada y valorada en todo el Mediterráneo medieval. Creada por el emperador Constantino pesaba 4,5 gramos de oro.

Por otro lado, las ciudades bizantinas siguieron teniendo una gran importancia, eran sede de las instituciones religiosas, de gobierno y del ejercito. Además eran el centro de las actividades económicas, ya que en ellas se concentraban los talleres artesanales y se celebraban los mercados y ferias. Las ciudades bizantinas eran grandes y populosas. La más importante de todas ellas fue Constantinopla, construida por el emperador Constantino en el 330, sobre el emplazamiento de la antigua Bizancio.

Situada en el estrecho del Bósforo, su situación le permite controlar las rutas comerciales entre Asía y Europa. Fue la ciudad más rica y populosa de la Edad Media, contabilizando en ocasiones el millón de habitantes. Estaba protegida por un doble cinturón de murallas y en su interior se levantaban majestuosos edificios públicos, palacios e iglesias.

En cuanto a la cultura, el imperio Bizantino fue el heredero del imperio romano y, aunque en un principio mantuvo sus tradiciones, poco a poco fue adoptando influencias griegas, orientales y cristianas fusionándolas con la base romana. Los resultados de esta síntesis fueron un arte rico y espiritual símbolo de un cristianismo propio (el ortodoxo), la invención de un nuevo alfabeto y una importantísima recopilación del derecho romano.

En el s VI el emperador Justiniano compiló y actualizó las leyes romanas desde el s II en lo que se llamó Código de Justiniano. Este código es la base de las leyes posteriores de Europa y de nuestro derecho moderno.

En el s XI, los monjes Cirilo y Metodio evangelizaron a los pueblos eslavos del este de Europa. Para poder trasmitirles en su lengua el mensaje de Dios inventaron un alfabeto, el cirílico. Este alfabeto se sigue utilizando hoy en día en Rusia y muchos otros países del este de Europa.

El arte bizantino es fundamentalmente religioso, destacando la construcción de iglesias y la elaboración de mosaicos. También se levantaron palacios, admirados por los extranjeros debido a su gran riqueza, pero no se conservan. Las iglesias tiene planta de cruz griega (cuatro brazos con igual longitud) cubierta con una cúpula y decorada con materiales lujosos, destacando las Basílicas de Santa Sofía en Constantinopla y San Marcos en Venecia.

Santa Sofía de Constantinopla fue un encargo del emperador Justiniano en el siglo VI, Sofía es una traducción fonética del latín de la palabra griega, que significa sabiduría. Sus arquitectos eran además matemáticos y físicos (Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles). Lo más espectacular es su enorme cúpula, y el sistema de descarga de pesos formada por las medias cúpulas que generan un efecto en cascada. En la base de la cúpula se abren ventanas, que crean un efecto interior mágico, pues la cúpula parece flotar en el espacio. Además los mosaicos de fondo dorado del interior generan un juego de luces muy espectacular. 

Cuando los turcos tomaron la ciudad, la basílica fue convertida en mezquita, añadiéndole unos minaretes exteriores. El modelo de Santa Sofía les gustó tanto a los turcos que las mezquitas que se hicieron posteriormente, imitaron el estilo de la basílica.

Los edificios bizantinos eran sobrios al exterior, pero estaban ricamente decorados al interior con mosaicos e iconos. Los mosaicos, están formado por teselas de colores y fondos dorados que adornaban los muros de las iglesias. Normalmente se representaban escenas religiosas, pero en ocasiones los emperadores o las familias importantes que pagaban la construcción de la iglesia, eran representados en el interior del edificio. El emperador Justiniano y su esposa Teodora fueron representados en el interior de la Iglesia de San Vital en Rávena, junto con su corte, funcionarios, altos cargos de la iglesia… En ellos podemos observar la riqueza con la que vestían el emperador y su esposa, los adornos, las joyas…

Los iconos son las tablas pintadas con imágenes de santos y figuras sagradas. También se realizaron objetos de marfil en forma de dípticos.