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La llama de Grecia, que no deja de arder

Vista del Partenón en la Acrópolis - Atenas


Vigencia de la fusión cultural de La Plata, Berisso y Ensenada con el universo griego. La integración y la nostalgia de los inmigrantes. Testimonios de Rafael Oteriño y Jorge Anagnostópulos. El legado de Horacio Castillo

18 de Junio de 2017 | 07:00 | Publicado en Edición Impresa

Por MARCELO ORTALE

Un antiguo mito dice que Dios terminaba de crear el mundo y que, cuando creyó concluida la obra, descubrió que le habían sobrado algunas piedras. Volvió a mirar unos instantes a la Tierra y encontró en ella un mar azul y muy bello. Entonces decidió arrojar esas piedras sobre aquel mar y así fue que nació Grecia junto al Mediterráneo.

De esas piedras acumuladas en un mar azul llegarían a nuestra región, a principios del siglo pasado, los primeros griegos que se nuclearon en la colectividad de Berisso, la más antigua asociación helénica de Sudamérica. Pero antes del bullicio humano que desembarcó enriquecido por hermosos bailes y cantos- había llegado, claro está, la Grecia sustantiva y sembradora de conceptos y formas. La Grecia generosa que regaló su filosofía, su humanismo, su arquitectura, su música, su poesía a todas las civilizaciones.

A poco de ser fundada se hablaba de La Plata como de una nueva Atenas. La rápida opción de los fundadores a favor de crear una ciudad universitaria, dedicada al conocimiento, al cultivo de las ciencias duras y de las humanísticas, basado fundamentalmente en la cultura griega, había consolidado esa idea. Los nombres de Sócrates, Platón, Aristóteles, Pitágoras, Homero, Arquímedes, Thales de Mileto o Hipócrates se hicieron familiares en las aulas universitarias y escolares de nuestra ciudad.

Los paralelismos y semejanzas, los acercamientos al helenismo nunca dejaron de existir en nuestra zona. Los griegos nativos que llegaron a Berisso se integraron rápidamente a la nueva patria, sin dejar de organizarse entre ellos. Sin embargo, debió ser un bar ensenadense -el de Nicolás Kalipolitis- el ágora que los reunió por primera vez el 16 de agosto de 1910 para cumplir con el propósito de trabajar en beneficio de la comunidad, y esa es la fecha que la Colectividad Helénica y Platón ha tomado como fundacional de la entidad.

Así entiende el poeta platense, Rafael Oteriño, una integración que aún persiste: “Grecia está muy lejos de la Argentina, pero muy cerca del corazón de los platenses. Para llegar a Grecia no hay vuelos directos, y entre el arribo a alguna capital europea, las consiguientes esperas, aduanas y trasbordos, hasta la llegada final a Atenas, su capital y puerta de entrada, pueden pasar más de veinticuatro horas. Un ininterrumpido día de viaje, pero lo vale. Cuando uno pisa la ciudad de Sócrates y de Pericles, descubre con unción que nada de lo que tiene ante sus ojos le es del todo desconocido, comenzando por la Acrópolis y el Partenón que la custodian desde lo alto”.

Añade que “incluso, la arquitectura civil contemporánea, con sus fachadas encaladas o de símil piedra, sus ventanas con postigos y zaguanes entreabiertos, adornados con malvones y Santa Ritas, recuerdan la edificación doméstica platense de las primeras décadas del siglo XX que, provinciana igual que Atenas, aún subsiste. A su vez, los edificios públicos –tanto las ruinas célebres como aquellos de fecha posterior que albergan la sede de los poderes y principales museos- guardan sorprendente semejanza con la de nuestros edificios públicos más emblemáticos: el Museo de Ciencias Naturales, en primer lugar. Sólo que en éstos puede observarse algún mayor eclecticismo, aunque siempre dentro un marco de cuño renacentista. Esto es, de indisimulado sabor griego. Sus frontis, metopas, triglifos, acanaladuras, simetrías y paralelismos, establecen un auténtico diálogo que habla de una aristotélica perennidad de las formas”.

PRESENCIAS SINGULARES

Oteriño reseñó luego la irradiación helenística del Colegio Nacional –”nuestro Partenón en pleno bosque”- y la bonhomía del profesor de historia del arte, Estanislao de Urraza, que sacaba a los alumnos a recorrer las calles para reconocer los estilos clásicos de los edificios, sin dejar de aludir a expresas presencias griegas como la del conjunto escultórico Laooconte y la vida siempre activa de la Colectividad Helénica y Platón en Berisso.

“En cuanto a otras imágenes de neto perfil griego que poblaron nuestra ciudad, quiero recordar dos muy singulares que me llegan desde la infancia. Una es un comercio que ya no existe, próximo a los cines, cuyo nombre era “Salónica” (alusión a la capital de la región de Macedonia e importante puerto del Egeo). Lo atendía un hombre adusto que se encontraba siempre de pie detrás de una vitrina encristalada, preparando en bolsitas de celofán los caramelos que llevaríamos a la función de la tarde. La otra es un puesto móvil de golosinas –caja cuadrada empujada por una bicicleta de dos ruedas frontales y una trasera de tracción- emplazado en la puerta de la escuela primaria. Su dueño se llamaba Karides, era robusto, algo calvo, y estaba enfundado en un delantal blanco no demasiado distinto del que vestíamos sus ruidosos clientes. Ambos eran griegos y su lengua pétrea sonaba como una música indisolublemente unida al sabor y color de las delicias que vendían. La palabra extranjero no existía en nuestro vocabulario, y en las cabezas todavía vírgenes, el gentilicio griego estaba sólo limitado a esos dos hombres y al rapsoda ciego de nombre Homero”.

En la literatura platense existen varias presencias griegas o fuertemente influenciadas por la cultura helénica. Acaso la más enigmática –la más exótica, también- fue la de un comerciante griego, Pericles Siafás, que publicó una obra de teatro (inhallable en estos días, más que agotada extinguida), llamada “Seamos fieles al amor”, en la que dialogan como si fueran contemporáneos Platón, Mozart, Beethoven, científicos, sabios y algunos próceres de nuestra de la historia.

Entre tantos otros, merece memoria el novelista Andrés Homero Atanasiú, que, tal como se dijo, se preocupaba casi obsesivamente de la pulcritud de su prosa y poesía, de lo cual hacía todo un estilo. Propuso siempre una narrativa de fuerte contenido reflexivo. Había nacido el 7 de enero de 1925 en Ensenada, donde vivió su juventud en un hogar de artistas. Su hermano menor, Héctor -muerto prematuramente-, fue un talentoso dramaturgo; Pablo, su hermano mayor, un destacado poeta ensenadense. Atanasiú, profesor de letras, fue uno de los que introdujo a Kazantzakis en La Plata.

En la actualidad, la llama de la literatura griega arde en los libros del berissense Jorge Anagnostópulos, autor de “Cartas griegas” (2009); “El viaje de los días” (2012) y “La moneda del tiempo” (2014). La presencia de Grecia, el país de sus padres, es intensa. Escribe una narración sobre la muerte de su madre en el hogar de Berisso, en la que ésta, ya agonizante y tomándolo de la mano, le dice: “Pienso en viajar, quiero ir a Grecia, quiero ver a mi madre. Hace tanto tiempo que no la veo...Querido Jorge, debo viajar sola. ¿Te molesta esto? No puedo llevarte...”. Ella muere “y el silencio profundo me envolvía. La muerte era respetuosa y magnífica. Y sentí la belleza en los versos que el ciego poeta me revelara sobre el instante último de otro griego, Sócrates: Y la muerte azul le subió de los pies a la cabeza”.

En uno de sus libros, Anagnostópulos dice: “Todos somos Odiseo, el hijo dilecto imaginado por Homero regresando a Itaca, al íntimo hogar”.

“Nostos” es palabra amada de los griegos: quiere decir nostalgia. Pero esa nostalgia se ha transmitido un poco a los habitantes de todos los países. La influencia de Grecia no es sólo intelectual. Anagnostópulos rescata ejemplos literarios de esa nostalgia por Grecia. La detecta en esta frase de Eduardo Gudiño Kieffer: “En Grecia la belleza es obligatoria y es bello todo lo que se ilumina desde adentro; es bello el tuerto cuando sonríe, es bello el desdentado cuando sonríe, son bellas las arrugas del viejo que sonríe y es bella la fealdad del feo que sonríe. También es obligatoria la buena fe”.

HORACIO CASTILLO

Pero en la historia común nadie fue tan griego y platense como Horacio Castillo, poeta consagrado, traductor de los autores griegos contemporáneos más conocidos y, a la vez, periodista durante muchos años en la redacción de El Día. Su aporte fue tan relevante que en 2011 la embajada de Grecia le rindió homenaje, en un acto al que asistieron principales figuras de la literatura argentina.

El embajador griego Michael B. Christides reseñó con emoción la circunstancia en que él se encontró con la obra poética de Castillo y, muy particularmente, la amistosa relación que trabó con el homenajeado.
Castillo publicó los libros de poesía Descripción (1971); Materia acre (1974); Tuerto rey (1982); Alaska (1993), y Los gatos de la Acrópolis(1998), así como varios volúmenes de traducciones del griego: Epigramas de Calímaco (1979), Poemas (de Odysseas Elytis, 1982), María la Nube (también de Elytis, en colaboración con Nina Anghelidis, 1986), Romiosini (de Yannis Ritsos, 1988) y Poesía griega moderna (más de treinta poetas griegos, de Costantino Kavafis a las nuevas promociones, 1997). Prologó los libros Páginas de Alberto Girri seleccionadas por el autor (1983) y Aldea millonaria (de Enrique Loncán, 1994); fue autor, además, de la biografía Ricardo Rojas (1999). Entre otros galardones obtuvo el Premio Nacional, Región Buenos Aires (1978), y el premio Consagración de la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires (1983) y el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes en Traducción Literaria.

Uno de sus poemas más memorables –que tiene, por cierto, referencias helenísticas- es el que se titula “Anquises sobre los hombros” y dice así: “Todos llevamos, como Eneas, a nuestro padre sobre los hombros./ Débiles aún, su peso nos impide la marcha, / pero luego se vuelve cada vez más liviano,/ hasta que un día deja de sentirse/ y advertimos que ha muerto./ Entonces lo abandonamos para siempre/ en un recodo del camino/ y trepamos a los hombros de nuestro hijo”.

Fuente:
http://www.eldia.com/nota/2017-6-18-7-0-26-la-llama-de-grecia-que-no-deja-de-arder-septimo-dia


Oraciones a la Madre de Dios, Ildefonso de Toledo

Nuestra Señora de Vladímir. Venerada en Rusia. Templo: Iglesia de San Nicolás de Tolmachí en Moscú.
Fecha de la imagen: siglo IX o XII. Tipo de imagen: icono.



Oraciones a la Madre de Dios, Por San Ildefonso de Toledo (607-667), de su libro “SOBRE LA PERPETUA VIRGINIDAD DE MARÍA”,

uno de los tratados teológicos sobre la Madre de Dios más importantes jamás escrito. 

Fragmentos tomados del volumen 320 de la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos) de 1971 “Santos Padres Españoles. San Ildefonso de Toledo”

Oración al inicio del tratado, Páginas 49-54 del volumen 320 de la BAC:

“Señora mía, dueña y poderosa sobre mí, madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del que creó el mundo, a ti te ruego, te oro y te pido que tenga el espíritu de tu Señor, que tenga el espíritu de tu Hijo, que tenga el espíritu de mi Redentor, para que yo conozca lo verdadero y digno de ti, para que yo hable lo que es verdadero y digno de ti y para que ame todo lo que sea verdadero y digno de ti. Tú eres la elegida por Dios, recibida por Dios en el cielo, llamada por Dios, próxima a Dios e íntimamente unida a Dios. Tú, visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendita y glorificada por el ángel, atónita en tu pensamiento, estupefacta por la salutación y admirada por la enunciación de las promesas. 

Escuchas que has encontrado gracia ante Dios, se te manda que no te02122001111mas, se te confirma en tu confianza, se te instruye con el conocimiento de los milagros y se te conduce a la gloria de un nuevo milagro nunca oído. Sobre tu prole es advertida tu pureza, y del nombre de la prole tu virginidad certifica: se te predice que de ti ha de nacer el Santo, el que ha de ser llamado Hijo de Dios, y de modo milagroso se te da a conocer el poder que tendrá el que nacerá de ti. ¿Preguntas sobre la manera de realizarse? ¿Preguntas sobre el Origen? ¿Indagas sobre la razón de este hecho? ¿Sobre cómo ha de llevarse a cabo? ¿Sobre el orden en que ha de realizarse? Escucha el oráculo nunca oído, considera la obra desacostumbrada, fíjate en el arcano desconocido y atiende al hecho nunca visto: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará con su sombra. Invisiblemente, toda la Trinidad obrará en ti la concepción, pero sola la persona del Hijo de Dios, que nacerá en cuerpo, tomará de ti su carne. Por consiguiente, lo que será concebido y nazca de ti, lo que salga de ti, lo que se engendre de ti, lo que tú des a luz, será llamado Santo, Hijo de Dios. Éste será grande, Dios de las virtudes, rey de los siglos y creador de todas las cosas. 

He aquí que tú eres dichosa entre las mujeres, íntegra entre las recién paridas, señora entre las doncellas, reina entre las hermana. He aquí que desde ese momento te dicen feliz todas las gentes, te conocieron feliz las celestiales virtudes, te adivinan feliz los profetas todos y celebran tu felicidad todas las naciones. Dichosa tú para mi fe, dichosa tú para mis predicciones y mis predicaciones. Te predicaré cuanto debes ser predicada, te amaré cuanto debes ser amada, te alabaré cuanto debes ser alabada, te serviré cuanto hay que servir a tu gloria. Tú, al recibir sólo a Dios, eres posterior al Hijo de Dios; tú, al engendrar a un tiempo a Dios y al hombre, eres antes que el hombre hijo, al cual, al recibirle solamente al venir, recibiste a Dios por huésped, y al concebirle tuviste por morador, al mismo tiempo, al hombre y a Dios. En el pasado eres limpia para Dios, en el presente tuviste en ti al hombre y a Dios, en el futuro serías madre del hombre y de Dios; alegre por tu concepción y tu virginidad, contenta por tu descendecia y por tu pureza y fiel a tu hijo y a tu esposo. Conservas la fidelidad a tu Hijo, de modo que ni El mismo tenga quien le engendre; y de tal modo conservas fidelidad a tu esposo, que él mismo te conozca como madre sin concurso de varón. Tanto eres digna de gloria en tu Hijo cuanto desconoces todo concurso de varón, habiendo sabido lo que debías conocer, docta en lo que debías creer, cierta en lo que debías esperar y confirmada en lo que tendrías sin pérdida alguna.(…) 

He aquí que es virgen de Dios, virgen del hombre, virgen atestiguándolo el ángel, virgen juzgándolo así su esposo, virgen antes de tener esposo, virgen con su esposo, virgen, sin duda alguna, aun en el tiempo que lo dudaba su esposo. Virgen antes de la venida del Hijo, virgen después de la generación del Hijo, virgen en el nacimiento del Hijo, virgen después de nacido el Hijo. 

Fecunda por el Verbo, llena del Verbo, copiosísima en el Verbo, digna de dar a luz por el Verbo; por el nacimiento de hombre por las leyes humanas, por las costumbres humanas, por la humana condición, por la humana verdad; sin falta, incorrupta, inviolada, pura y verdaderamente integérrima. 

Por divino obsequio, por divino favor, por colación divina, por divino hallazgo, por don divino, por divino consentimiento, por nueva obra, por eficacia divina, por nuevo modo, por nuevo efecto, por nuevo parto, virgen con la concepcción, virgen después de la concepción, virgen durante el parto, virgen en el parto, virgen con el parto, virgen después del parto. Virgen con el que había de nacer, virgen con el que nace, virgen después del nacimiento del Hijo. Llamada esposa y virgen, tomada como esposa y virgen, tenida por esposa y virgen, con esposo y con descendencia virgen perdurable. Nunca conociste varón, ni contacto carnal, ni abrazo, ni compañía marital. Y entonces ciertamente, entonces sin niguna duda, con verdad y veracidad eres virgen santa, virgen feliz, gloriosa y honesta virgen. Pero después de la generación del Verbo hecho carne, después del nacimiento de Dios hecho hombre, después de la generación de la humanidad en Dios, después del nacimiento del Hombre unido a Dios, eres más santa y Santísima Virgen, más bienaventurada y muy bienaventurada virgen, más gloriosa y gloriosísima virgen, más noble y nobilísima virgen, más honesta y honestísima virgen, más augusta y augustísima Virgen.” 

Oración hacia el final del tratado, páginas 147-149 del volumen 320 de la BAC: 

“Pero ahora me llego a ti, la única virgen y madre de Dios; caigo de rodillas ante ti, la sola obra de la encarnación de mi Dios; me humillo ante ti, la sola hallada madre de mi Señor; te suplico, la sola hallada esclava de tu Hijo, que logres que sean borrados mis pecados, que hagas que yo ame la gloria de tu virginidad, que me encuentres la magnitud de la dulzura de tu Hijo, que me concedas hallar y defender la sinceridad de la fe en tu Hijo, que me otorgues también consagrarme a Dios, y ser esclavo de tu Hijo y tuyo y servir a tu Señor y a ti. 

A Él como a mi Hacedor, a ti como Madre de nuestro Hacedor; a Él como señor de las virtudes, a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios, a ti como a Madre de Dios; a Él como a mi Redentor, a ti como a obra de mi redención. Porque lo que ha obrado en mi redención, lo ha formado en la verdad de tu persona. Él que fue hecho mi Redentor fue Hijo tuyo. Él que fue precio de mi rescate tomó carne de tu carne. Aquel que sanó mis heridas, sacó de tu carne un cuerpo mortal, con el cual suprimirá mi muerte; sacó un cuerpo mortal de tu cuerpo mortal, con el cual borrará mis pecados que cargó sobre sí; tomó de ti un cuerpo sin pecado; tomó de la verdad de tu humilde cuerpo mi naturaleza, que Él mismo colocó en la gloria de la mansión celestial sobre los ángeles como mi predecesora en tu reino. 

Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso tú eres mi señora, porque eres esclava de mi Señor. Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Por esto yo he sido hecho esclavo, porque tú has sido hecha Madre de mi Hacedor. 

Te suplico, Virgen santa, que yo reciba a Jesús de aquel Espíritu de quien tú engendraste a Jesús; que mi alma reciba a Jesús con aquel Espíritu por el cual tu carne recibió al mismo Jesús. Por aquel Espíritu que me sea posible conocer a Jesús, por quien te fue posible a ti conocer, concebir y dar a luz a Jesús. Que exprese conceptos humildes y elevados a Jesús en aquel Espíritu en quien confiesas que tú eres la esclava del Señor, deseando que se haga en ti según la palabra del ángel. 

Que ame a Jesús en aquel Espíritu en quien tú lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo. Que tema a este mismo Jesús tan verdaderamente como verdaderamente él mismo, siendo Dios, es obediente a sus padres. 

¡Oh premio extremadamente grande de mi salvación y de mi vida y al mismo tiempo de mi gloria! ¡Oh título nobilísimo de mi libertad! ¡Oh excelsa condición de mi carácter de hombre libre! ¡Oh seguridad de mi nobleza, indisolublemente gloriosa y rematada con la eternidad de la gloria! ¡Cómo yo, que fui torpemente engañado, deseo para mi reparación hacerme esclavo de la madre de mi Jesús! ¡Cómo yo, en el primer hombre separado al principio de la comunión angélica, voy a merecer ser considerado como esclavo de la esclava y de la Madre de mi Señor! ¡Cómo yo, obra apta en las manos del sumo Dios, voy a conseguir estar ligado en la servidumbre continua de la Virgen Madre con devoción de su esclavitud!” 

Catecismo Ortodoxo 


El mito de las amazonas

Aquiles dando muerte a Pentesilea, reina amazona  
 


Las amazonas eran un pueblo solamente de mujeres, descendían de Ares dios de la guerra, y de la ninfa Armonía. A veces se ubicaban al norte o en las llanuras del Cáucaso, otras en las llanuras a la izquierda del Danubio.

No intervenían hombres en su gobierno, su jefa era una reina. Sólo se unían a los hombres para perpetuar la especie, pero lo hacían con extranjeros, si tenían hijos varones se dice que los mutilaban o los mataban, si nacían niñas por decreto se les cortaba un seno, para poder manejar mejor el arco y el mejor manejo de la lanza.

El vocablo amazonas viene del vocablo griego “amanzwn” que quiere decir las que no tienen seno.

Era un pueblo muy guerrero, por eso su diosa era Artemisa la diosa cazadora. Se les atribuyó la fundación de Éfeso y la construcción del Gran Templo de Artemisa.

Sobre ellas hay muchas leyendas porque muchos héroes tuvieron que enfrentarse a las amazonas.

Una de las leyendas es cuando Heracles (Hércules) cumple con la misión que le encargara Euristeo, de adueñarse del cinturón de Hipólita reina de las amazonas, ésta se lo entregó, pero celosa Hera provocó una rebelión entre las amazonas, y Heracles tuvo que matar a Hipólita. Teseo que lo acompañaba raptó a una de las amazonas a Antíope, ellas furiosas por ese rapto iniciaron la guerra contra Atenas. Fueron derrotadas por el ejército comandado por Teseo.

Otra hazaña fue la ayuda que brindaron a los troyanos en la guerra de Troya. Pentesilea reina amazona envió un grupo de apoyo a Príamo rey troyano, Aquiles dio muerte a Pentesilea, pero ésta antes de morir hizo que se enamorara de ella, luego al morir quedó con un gran sufrimiento.

Fuente: Absolut Viajes

El mito de la caja de Pandora explicado

 

Cuando Prometeo osó robar el fuego que portaba el dios Sol en su carro, Zeus entró en estado de cólera y ordenó a los distintos dioses crear una mujer capaz de seducir a cualquier hombre. Hefesto la fabricó con arcilla y le proporcionó formas sugerentes, Atenea la vistió elegante y Hermes le concedió facilidad para seducir y manipular. Entonces Zeus la dotó de vida y la envió a casa de Prometeo. Allí vivía el benefactor de los mortales junto a su hermano Epimeteo que, a pesar de estar advertido de que Zeus podría utilizar cualquier estrategia para vengarse, aceptó la llegada de Pandora y, enamorándose perdidamente de sus encantos, la tomó por esposa.

El mito de la caja de Pandora

Pero Pandora traía algo consigo: una caja que contenía todos los males capaces de contaminar el mundo de desgracias y también todos los bienes. Uno de los bienes era la Esperanza, consuelo del que sufre, que también permanecía encerrada en aquella caja. Y es que, por aquel entonces, cuentan que la vida humana no conocía enfermedades, locuras, vicios o pobreza, aunque tampoco nobles sentimientos.
Pandora, víctima de su curiosidad, abrió un aciago día la caja y todos los males se escaparon por el mundo, asaltando a su antojo a los desdichados mortales. Cuentan que los bienes subieron al mismo Olimpo y allí quedaron junto a los dioses. Asustada, la muchacha cerró la caja de golpe quedando dentro la Esperanza, tan necesaria para superar precisamente los males que acosan al hombre.
Apresuradamente corrió Pandora hacia los hombres a consolarlos, hablándoles de la Esperanza, a la que siempre podrían acudir pues estaba a buen recaudo.
Fuente: http://sobreleyendas.com/2008/01/13/el-mito-de-la-caja-de-pandora/ 

El mito del minotauro



El Minotauro (toro de Minos) es una figura mitológica creada en la antigua Grecia. Con cabeza y cola de toro en un cuerpo de hombre, este personaje había poblado el imaginario de los griegos, causando temor y terror. Según el mito, la criatura vivía en un laberinto en la isla de Creta, que fue gobernada por el rey Minos.

Cuenta el mito que nació por causa de la falta de respeto de sus padres al dios de los mares, Poseidón. El rey Minos, antes de volverse rey de Creta, había hecho un pedido al dios para que él se hiciera rey. Poseidón, acepta el pedido aunque pide a cambio que Minos sacrifique, en su homenaje, un toro blanco que saldría del mar. Al recibir el animal, el rey quedó tan impresionado con su belleza que decidió sacrificar otro toro en su lugar, esperando que el dios no lo percibiese.

Muy molesto con la actitud del rey, Poseidón decidió castigar al mortal. Con este propósito hace que la esposa de Minos, Pasifae, se enamorase del toro. No solamente eso, ella terminó quedando embarazada del animal. Nació de esta unión el Minotauro. Desesperado y con mucho temor, Minos solicitó a Dédalos construir un laberinto gigante para atrapar a la criatura en sus caminos. El laberinto se construyó en el sótano del Palacio de Minos, en la ciudad de Cnosos, en Creta.

Después de ganar y dominar en la guerra, los atenienses, que habían matado a Androceo (hijo de Minos), el rey de Creta ordenó que fuesen enviados todos ellos (en total siete hombres y siete mujeres de Atenas) hacia el laberinto del Minotauro para ser devorados por el monstruo.

Después del tercer año de sacrificios, el héroe griego Teseo decide presentarse voluntariamente para ir a Creta a matar al Minotauro. A su llegada en la isla, Ariadna (hija del rey Minos) se enamora del héroe griego y decide ayudarlo, dándole un ovillo de hilo para Teseo que pudiera marcar el camino a la entrada y no perderse en el laberinto enorme y peligroso. Tomando todos los cuidados necesarios, Teseo se había escondido entre las paredes del laberinto y atacó al monstruo por sorpresa. Utilizando una espada mágica, que había ganado un regalo de Ariadna, puso fin a la vida de esa terrible criatura. El héroe ayudó a salvar a otros atenienses que estaban vivos dentro del laberinto. Dejó la escena siguiendo la senda dejada por la bola de estambre.

El mito del Minotauro fue uno de los más contados para la época de la antigua Grecia. Fue transmitido de generación en generación, principalmente de forma oral. Los padres lo contaron a los niños, los niños a sus nietos y así sucesivamente. Era una forma de los griegos para enseñar lo que pasaría a aquellos que faltasen el respeto o tratasen de engañar a los poderosos dioses.


Nota: gracias a la colaboración desinteresada de la Sra. Liliana Salgado Alarcón.