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Aristóteles Onassis

Aristóteles Sócrates Onassis


Conocido como “el griego de oro”, el hombre más rico del mundo Aristóteles Sócrates Onassis, alias “ARI”, nació en Esmirna, imperio otomano en ………..Y aquí empiezan las leyendas que ni sus biógrafos pudieron determinar con exactitud la fecha de nacimiento, la historia oficial indica 15 de enero de 1906, en la ciudad de Esmirna, que por aquellos infaustos días era parte del Imperio Otomano, condenado a la diáspora tras la Primera Guerra Mundial.


La buena posición de su padre Sócrates le permitió darle una sólida y elitista educación a sus 4 hijos, así Aristóteles a los 16 años hablaba 4 idiomas: griego, turco, español e inglés. La primera guerra mundial terminó con la riqueza familiar y regresaron a Grecia como refugiados.

A los 17 años Ari buscó nuevos aires y se marchó a Uruguay y de ahí a Buenos Aires con la esperanza de vender tabaco.


Para legalizar su estadía falsificó varios documentos y se agregó seis años; así encontró empleo como lavaplatos, vivía en la azotea de un hotel de la Calle Corrientes y en las noches –a la luz de un candil– estudiaba finanzas.

El motor de la ambición lo impulsó a buscar trabajo en la cocina de un ferrocarril; probó como peón de albañilería y más tarde consiguió un puesto de electricista, en una compañía telefónica.

Fue en ese empleo donde comenzó a gestar su capital. Un compañero le pasó el santo de que en las noches podía espiar las conversaciones de los apostadores. Una madrugada captó la de dos financistas, quienes comentaban el impacto de la venta de una empresa frigorífica, en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

El día después Onassis compró 2,500 acciones, de esa empresa, que luego liquidó a un precio tres veces mayor, lo cual le generó al aprendiz de brujo una ganancia de $7.000, así empezó la importación de tabaco.

Con el dinero sobrante alquiló un departamento, se compró la mejor ropa que consiguió y en el día aparentaba, como gran mentiroso fabulador que fuera, ser un magnate que vivía en la mejor suite, pero en las noches era un telefonista.

En 1925, recibió la doble nacionalidad, griega y argentina.

Fue en esa época que a Onassis se le ocurrió una idea que pronto demostraría ser muy rentable. Advirtió que las mujeres, especialmente en los altos círculos sociales de Buenos Aires, comenzaron a fumar cigarrillos (a veces incluso en público).

Pero los cigarrillos eran muy fuertes entonces, Onassis le pidió a su padre que le enviase tabaco suave turco. Primero probó vender la hoja a los fabricantes locales, pero pronto se dio cuenta de que lo mejor era fabricar sus propios cigarrillos, así nacieron las marcas “OSMAN” Y “PRIMEROS”, con publicidades sutiles dirigidas al emergente mercado femenino.

Al principio le fue muy mal porque nadie le compraba los cigarros; pero en lugar de amilanarse decidió apelar a su don de gentes y convenció a Juan Enrique Gaona, dueño de la más importante empresa tabacalera argentina (piccardo), para que mezclara el tabaco griego en sus pitillos. (Y cómo lo hizo es digno de otro programa)

El primer contrato que obtuvo fue por $10 mil; el segundo por $50 mil; para evitar que los barcos regresaran vacíos a Grecia comenzó a exportar pieles, granos y lana, con lo cual inició su segundo gran negocio: el transporte marítimo.

Fue así que se dio cuenta de que una parte muy grande de sus costos estaban asociados con los gastos de envío e impuestos, por lo que consiguió ser designado cónsul en Buenos Aires y asi quedó excluido del pago de impuestos.

Con usd 20.000 compró a los ferrocarriles canadienses una flota de 6 viejos barcos a vapor, luego vinieron negocios poco claros con los seguros, préstamos sin garantías reales, etc.

Se hizo rico aplicando a rajatabla el antiguo principio fenicio de los negocios:
Compra barato, vende caro y cobra rápido.

A los 28 años era millonario, sorteó con éxito la Gran Depresión de 1929 y más bien consolidó sus operaciones, porque compró y construyó buques de carga a bajo precio hasta formar una armada que se la deseaba hasta Inglaterra.

Con paciencia, tesón y elevadas dosis de ambición cimentó un imperio de inmuebles, salas de espectáculos, hoteles, una aerolínea y casinos, entre ellos el de Montecarlo, asociado con su amigo el Príncipe Rainiero.

Ari podía oler el dinero y las oportunidades de ganarlo. Una vez le preguntaron cuál era el secreto de su éxito y contestó: “¿Ve usted esa silla de ahí? Pues yo la vi primero”.

Siguiendo el principio O.P.M. (Other People Money, el dinero de otros), Onassis, dueño de una pequeña flota de barcos mercantes viejos comprados al ejercito canadiense y norteamericano, con la cual hacía transportes para una compañía petrolífera, convenció a la Metropolitan Life Insurance Company de que le hiciera un préstamo de 40 millones de dólares para la construcción de barcos nuevos, ofreciendo como garantía su contrato con la petrolera. El préstamo sería de la misma duración que su contrato con la petrolera. Onassis evocaba a menudo aquel episodio crucial en su carrera "Era como si le prestaran dinero a alguien que se proponía alquilarle una propiedad a Rockefeller. Que la casa tuviera agujeros en el techo no tenía importancia alguna, si Rockefeller consentía en alquilarla, con eso le bastaba al prestamista".

Onassis eran tan obscenamente rico que si hubiera vendido todos sus activos, Wall Street se habría venido a pique. Como buen hiper-mega-super millonario pensaba que la plata no da la felicidad, la compra hecha.

El gran seductor

Como un Zeus tonante enamoró a las mujeres que quiso, a las otras las compró. Verónica Lake, Gloria Swanson, Margot Fonteyn y Greta Garbo fueron algunas de las que se rindieron a sus encantos: culto, políglota, chistoso, afable, entretenido y espléndido.

Aunque feo como Hefaistos, sentía en el pecho el fuego de Marte. Pregonaba sin pudor sus acrobacias sexuales y mezcló como pocos los negocios y el placer, ya que pasaba parte de su tiempo rodeado de mujeres descocadas, ebrias y banales en su yate Christina o en Skorpios, su isla privada.

De todas las mujeres que conoció solo tres lo impactaron: Tina Lívanos; María Callas, la gran diva de la ópera; y Jackie Kennedy, la viuda de América.

De su primer matrimonio con Lívanos brotaron dos hijos: Alejandro, muerto en un accidente aéreo a los 23 años, y Christina, consumida por las drogas, la adicción a la Coca-Cola y la depresión. La pobre se casó cuatro veces con hombres que era mejor perderlos que encontrarlos. Era fea, bipolar, con sobrepeso, llevaba una dieta diaria de licor y anfetaminas, además tomaba 30 Coca-Colas diarias. La encontraron muerta en el baño de su amiga Dodero, en 1988 en Argentina.

En el libro Némesis, de Peter Adams, este afirmó que Onassis odiaba a Bob Kennedy, porque cuando fue Fiscal General –en el gobierno de su hermano– decretó la confiscación de los buques del magnate por comerciar ilegalmente con China. Según Adams, Ari financió con 1 millón de usd a una facción palestina y estos mataron al político, en agradecimiento a su benefactor.

Las esperanzas de Onassis estaban cifradas en su guapo hijo Alejandro, pero se acabaron en 1973 cuando este murió en un accidente aéreo. Hasta ahí llegó el ánimo del naviero, quien abandonó los negocios y el gusto por la vida.

Padecía una enfermedad neuromuscular degenerativa que se complicó con una infección en la vesícula; como los médicos griegos lo desahuciaron Jackie decidió enviarlo a París a finales de 1974, como un mueble viejo, donde murió a los 69 años el 15 de marzo de 1975. Dejó una herencia de casi 2.000 millones de usd.


Lic. Sergio Delicostas oct./14

NOMBRE DE LA MADRE: PENÉLOPE Dologlu
Enterrado en Skorpio junto a sus 2 hijos
El padre al enviudar engendró dos hijas más: Karilloi y Merope.
 
 

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