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Georgalos




La historia del apellido Georgalos encierra la fascinación de las historias que todos conocemos sobre los inmigrantes europeos. De la nada construyeron empresas y obtuvieron poder económico, cuando en su juventud padecieron frustraciones y necesidades.

La historia oficial cuenta que Miguel Georgalos en 1937, con 23 años, abandona la isla de Chíos para radicarse en Varsovia, Polonia, allí en la casa de su tía aprende el arte de hacer golosinas, al estallar la segunda guerra mundial, se sube a un barco sin saber muy bien hacia dónde lo lleva.

El 28 de agosto de 1939 Miguel arriba a Buenos Aires trayendo en su valija recetas de ricas golosinas como único activo.

Por aquellos años, como ya dijimos en otros programas ya había una importante comunidad griega afincada en la argentina, Demetrio Elíades comenzaba sus negocios en Mar del Plata, Onassis ya era millonario y llegaba a Berisso nuestro recordado Constantino Sioutis, Miguel consigue albergue en una habitación de la calle Muñiz y comienza a desarrollar su idea de fabricar golosinas, así en ese modesto cuarto elaboró los primeros 5 Kgs de pasta de maní que con la base del “halva” luego se convertiría en el maravilloso “MANTECOL”.

En 1941 la actividad de Georgalos se afinca en el barrio de Floresta y en zonas aledañas. En 1949, la empresa cumple el sueño del establecimiento propio y adquiere el inmueble de Segurola 1710, donde se encontraba la cancha de All Boys, y que hoy es sede de un supermercado coto. Hasta ese momento, la actividad fabril se realizaba bajo la razón social “La Greco-Argentina”.

En el año 1942 se casa con una muchacha santiagueña de espíritu emprendedor y muy trabajadora, doña Marcela Brandán y como fruto del amor nacen tres hijos, Marta, Cleopatra y Juan Miguel, actual presidente de la compañía.

Terminada la horrorosa 2da guerra mundial, Don Miguel comienza a traer a familiares directos y así entre los años 1947 y 1955 fueron llegando sus hermanos: Sófocles, Odiseas, Constantino y Timoleon, al igual que sus padres Juan y María Nomikós, como así también sus dos primos Miguel Nomikós y Alejandro Pantelos. Todos ellos contribuyeron a la “misión de aunar esfuerzos para que la empresa familiar continuara creciendo”.

En los inicios de la década del '50, Don Miguel se traslada a Córdoba, principal productora de la materia prima usada por la empresa: EL MANÍ. Se establece en un campo ubicado en la zona rural de Villa del Rosario y luego la firma adquiere un complejo industrial que pertenecía a la industria cervecera en la localidad de Río Segundo e inicia sus actividades a fines del año 1957. A partir de aquel momento el crecimiento de Georgalos Hnos fue constante, ayudando en gran medida al desarrollo económico del entonces pueblo y de sus alrededores. En 1968 la firma pasó a ser una Sociedad Anónima.

A fines de la década del '60 y a principios de la siguiente, Don Miguel comienza una lucha en defensa de aquella semilla que tantos frutos le había dado y tanto tiempo le había dedicado. EL MANÍ. Lucha contra políticas gubernamentales y productores particulares, que impedían el desarrollo de la industria manisera y el aumento de su cultivo y producción. Así nace en 1975, la Cámara Argentina de Seleccionadores de Maní desde donde tumbó paredes construidas en contra del progreso de la semilla oleaginosa, junto a otros respetables colegas. Fue Presidente de esta Cámara desde 1981 hasta 1986 y desde ese año y hasta 1988 Presidente de la Cámara Argentina de Maní. En 1988 fue nombrado Presidente Honorario Vitalicio de la mencionada Cámara.

Qué podemos decir en cuanto a su relación con la firma GEORGALOS HNOS SAICA… No sólo fue su creador y fundador, sino que se mantuvo como Presidente de la misma y de su Directorio desde su nacimiento hasta diciembre de 1988, que marcó su retiro ejecutivo.

En Acta de abril de 1990 es declarado Presidente Honorario Vitalicio de la firma que lleva su apellido. Tal como una tragedia griega una enfermedad lo golpea desde fines de 1989 y durante 6 años con esa otra lucha, esta vez por su vida. Lamentablemente, aquella luz que brillaba dentro de él se fue apagando año tras año y su enorme corazón - fuerte como un roble – y lleno de bondad resistió hasta que el cansancio del sufrimiento y de la pena de su condición lo vencieron. Su alma partió el 19 de julio de 1995 a la edad de 80 años, vividos más para el prójimo que para él mismo. Un año y medio antes, su esposa y compañera de toda la vida con quien compartió todas sus angustias y éxitos había pasado a mejor vida, también luego de una larga y penosa enfermedad.

Actualmente, gente que tuvo el placer de conocerlo y gente que nunca lo vio siquiera, lo admiran y reconocen por sus hechos. Pequeñas escuelas de barrio y clubes y otras instituciones a las que Don Miguel y Doña Marcela dedicaron mucho tiempo, cariño y algunos bienes, lo recuerdan no sólo por el ejemplo dejado, sino por todo lo que brindó, sin olvidar a la colectividad helénica y al culto Católico Ortodoxo Griego, pero también por enaltecer el honor y nombre de su patria de nacimiento. Don Miguel amaba nuestra bendita tierra como también a la que lo vio nacer y por sobre todo agradecía haberle permitido hacer y vivir en paz.

Un hombre fuera de lo normal, cuyos hechos llegaron más allá de lo común. Su espíritu partió, pero el recuerdo de su memoria y de su ejemplo permanecerá por siempre en nuestros corazones.

¨Por la vida contento voy saboreando el rico mantecol¨
uuuuuuhhhhhh, mantecol.

Aunque hoy día debemos decir NUCREM que es el nombre con que la familia Georgalos comercializa la formula original.


Lic. Sergio R. Delicostas Mar/15