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Primer Premio Concurso Literario







PRIMER PREMIO DEL CONCURSO LITERARIO "LA PEQUEÑA GRECIA" 2015
PARA LA AUTORA MARISA FABIANA CRAVINO

"MELINA MERCURI Y LA RESTITUCIÓN DE LOS MÁRMOLES DEL PARTENÓN"

Nada fue más emocionante para mí que ascender lentamente por las laderas de la colina que conduce a la Acrópolis de Atenas.  Caminar por los mismos senderos que, sin dudas, recorrieron hace siglos, Sócrates, Platón y Aristóteles entre otros.  Mirar el mismo cielo azul que ellos miraron, escuchar el viento silbar entre los olivos, tal como también ellos habrán oído…..Y llegar a la cumbre, en la que se alza, majestuoso, el Partenón.  El maravilloso templo dórico dedicado a la diosa protectora de Atenas, Palas Atenea, se levanta allí, orgulloso, imponente, desafiando el paso del tiempo, más allá de sus heridas. Heridas propiciadas en algunos casos por caprichosos movimientos de la tierra. Pero en su mayoría, estas heridas fueron provocadas por la incomprensión de aquellos que no ven la cultura como una manifestación social sino como un objeto exótico de apropiación.  El Partenón sigue en pie y en su lugar, pero sus frisos ya no.  Thomas Bruce, conde de Elgin, diplomático británico ante el imperio otomano durante su dominación  en Grecia, se los llevó de Atenas en el siglo XIX y desde entonces los conocidos como Mármoles de Elgin se exhiben en el Museo Británico en Londres.

 Y no es el único caso.  A su lado, a poca distancia, se encuentra el Erectión, magnífico templo que se destaca  por sus columnas. Las Cariátides son seis doncellas, todas ella parecidas pero diferentes.  En el Erectión hay réplicas que buscan evitar el deterioro de las Cariátides genuinas, las que se encuentran en el Museo de la Acrópolis.  Pero allí no están las seis. Una de ellas fue arrancada del lado de sus hermanas y yace lejos y solitaria en un país extranjero.

Muchos son los ejemplos que aluden al ultraje del que fueron víctimas las culturas antiguas.  Los pueblos reclaman, pero son ignorados. La lucha continúa.

Y si de luchar se trata, existió en Grecia una incansable luchadora, que dedicó gran parte de su vida a lidiar con los inescrupulosos.  Me refiero a Melina Mércuri.

Melina Mercuri - Nunca en domingo (1960), por Jules Dassin


Esta ateniense nacida en 1920 era nada menos que la nieta del Gran Spyros Mércuri, alcalde de Atenas por varias décadas.  Su hermano también incursionó en el mundo de la política, pero fue su abuelo quien le sirvió de guía y ejemplo. Pese a esto, Melina no fue conocida en un principio por la política sino por su carrera de actriz y cantante.  Protagonizó filmes nominados para distintos premios, como Stella y  Nunca en domingo. 

Cuando se instaló en Grecia el Régimen de los Coroneles en 1967, Melina se comprometió activamente en la lucha contra la dictadura.  Vivió exiliada en Francia entre  los años 1967 y 1974, tiempo que duró dicha dictadura. Estando en aquel país,  el coronel Stylanos Pattakos le retiró la ciudadanía griega. Cuando Melina se enteró de este hecho, manifiestó  enérgicamente: "Yo nací griega y moriré griega. Stylanos Pattakos  nació siendo fascista y morirá siendo fascista”. Justamente, “Nací griega” (Γεννηθηκα Ελληνιδα) es el nombre de su autobiografía.

Tras la caída del régimen, Melina volvió a su amada Grecia. Entonces si se dedicó al mundo de la política, abandonando definitivamente los escenarios y los camarines.  Formó parte del PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico) y en 1981 se convirtió en la primera mujer griega en ocupar el cargo de Ministra  de Cultura, nombrada por el primer ministro socialista Andreas Papandreu,  cargo que cubriría hasta 1989 y volvería a ocupar más tarde entre 1993 y 1994. Desde ese cargo propuso la creación de la Capital Europea de la Cultura.  Atenas fue elegida como tal en 1985. También desde ese cargo, Melina luchó incansablemente por la recuperación de los frisos del Partenón.  Gran Bretaña había prometido devolver los mármoles y otras obras en distintas oportunidades, por ejemplo “tan pronto Grecia alcanzara la independencia”, hecho que ocurrió en 1822.  Entonces, Gran Bretaña sostuvo que en Grecia no estaban dadas las condiciones adecuadas para cuidar tales objetos.  Por eso es que la construcción de un nuevo y moderno Museo de la Acrópolis se convirtió en el objetivo número uno para Melina. Desde el ministerio convocó a un concurso arquitectónico para la construcción de un nuevo museo.  Hablaba de este tema a cada país adonde viajaba, explicando que… “la Acrópolis es un monumento único perteneciente a la Humanidad y debe de conservarse y preservarse entero”, y quelos mármoles son griegos y deben de volver a su cuna”.

Melina y su esposo, el cineasta Jules Dassin crearon la Fundación Melina Mercuri,  la cual, con los beneficios obtenidos por sus películas,  ayudaba a la conservación de los monumentos de la Acrópolis y a las iniciativas para la recuperación de las esculturas.

El proyecto del museo finalmente fue adjudicado al arquitecto suizo Bernard Tschumi quien junto a un socio griego, Mijalis Fotiadis, diseñaron un magnífico edificio; grande, luminoso, vidriado de cara al Partenón, para que los visitantes sintieran que mientras que caminan por los pasillos del museo, están a la vez  ascendiendo la colina hacia la Acrópolis. Y al llegar al piso superior, una moderna reconstrucción del Partenón muestra los frisos del Templo, con una clara identificación de cuáles faltan por culpa del conde de Elgin.  Pese a la construcción de este magnífico museo, Gran Bretaña siguió mirando para otro lado, ignorando sus promesas y obligaciones morales.  Es más, el año pasado entregó al gobierno ruso una de las obras pertenecientes al Partenón para que aquellos la exhibieran en el Hermitage en San Petersburgo, generando con esta actitud el entendible enojo del pueblo griego.

 Los trabajos en el museo se demoraron debido al hallazgo de restos arqueológicos de una ciudad enterrada justo en el lugar donde se emplazaría el mismo.  Estas demoras impidieron que Melina pudiera ver y disfrutar de su idea.  Muere en Nueva York en 1994 a los 73 años víctima de cáncer de pulmón.

Melina fue sin dudas un personaje de esos que no se olvidan y que perdura en la memoria popular mas allá del tiempo y de las circunstancias políticas.  Fue y es amada por todos los griegos a pesar de los colores partidarios y las crisis económicas.  Es un ícono de lucha, de perseverancia y de amor a la patria y a su legado cultural.  Es digna de admiración y debería ser tomada como ejemplo a seguir no solamente por los griegos sino también por otros pueblos.  Conocer su vida y su lucha me hicieron admirarla. Escribir sobre ella para que otros la conozcan, fue  un verdadero honor.

MARISA FABIANA CRAVINO